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Las Siervas de María, Ministras de los Enfermos en Carcaixent (València)

Por: Antonio Sabater Mira | Publicado: 01/11/2013 21:28 |
 
 

LA CONGREGACIÓN DE LAS

SIERVAS DE MARÍA, MINISTRAS DE LOS ENFERMOS (*)

EN CARCAIXENT

(1875-1916)

 

 


Madre Alonsa BELLIDO

Superiora General

 

Bernardo DARÁS MAHIQUES

Archivero de la Parroquia de la Asunción

 

 

De la fundación de esta casa Hospital de Carcaixent es muy poco lo que puede decirse. Por iniciativa del Señor Orberá[2], amigo íntimo del Sr. [Gomis] Garrigues, se llevó a cabo, yendo a establecer las bases el Padre Juan Calvo de Valencia y la Madre Candelaria Sanz, como Superiora de aquella casa diocesana y representando la Congregación.

Fachada principal del antiguo Hospital (hoy Conservatorio de Música)

Aceptadas por una y otra parte las condiciones propuestas en presencia de dichos Padres y acompañados del que después fue su confesor nombrado por el Sr. Arzobispo, P. Enrique [Gomis] Garrigues[3] y de Doña Vicenta Tarragó de Ribera[4], protectora especial de las Siervas en esta fundación.

El 5 de Enero de 1875 fueron a instalarse las Hermanas siguientes:

 

Madre Dominica Alonso, Superiora

Madre María de Jesús Gómez

Madre Mercedes García

Madre Josefa Díaz

 

Habiéndose encargado del Hospital que, como en todos los de su clase, servidos por mercenarios, abundaba en el desorden y la miseria, tuvieron que trabajar muchísimo para que desapareciera su feo y repugnante aspecto.

Al poco tiempo, mandaron los Superiores a Madre Anunciación Gutiérrez de Superiora, pero sólo estuvo siete meses, por haber sido nombrada con el mismo cargo para la nueva fundación de Santander, quedando por segunda vez en su lugar la Madre Dominica Alonso.

En 1887 acordó el Ayuntamiento agregar al Hospital una especie de Asilo para niños y niñas en número determinado, a quienes se proporcionaba además de la educación moral y religiosa, la de letras y labores, creándose una escuela de párvulos externos, todo bajo la dirección de las Siervas de María, siendo necesario aumentar el número de éstas hasta ocho. Siete años duró esta forma de Beneficencia, hasta 1884, que por disposición de la autoridad local fueron expulsados del establecimiento todos los asilados, quedando sólo los enfermos y la escuela de los parvulitos.

Varios son los incidentes a que da lugar la administración de los Ayuntamientos en casi todos los Hospitales y a ellos necesariamente están sujetas las religiosas que tienen a su cargo esta clase de establecimientos, por lo que se renuncia a relatarlos, bastando sólo saber que son muchos los sufrimientos que por esta causa soportan las Hermanas. Más, así como no es discreción hacer públicos los defectos de personas particulares, ni siquiera de colectividades y corporaciones, es ciertamente muy hermoso hacer constar detalles que ponen de manifiesto los buenos sentimientos de todo un pueblo que sabe responder al llamamiento de caridad cuando ésta sabe llamar a sus puertas presentándose en nombre de Dios.

El Santo Hospital a principios del siglo XX

Desde el año 1875 que se fundó en este Hospital hasta Marzo de 1878 estuvo, como se ha dicho, al frente de él, la Madre Dominica Alonso, salvo los siete meses de la Madre Anunciación; desde el 1878 al 1888, la Madre Mercedes García; esta Madre pasó con el mismo cargo a Alcoy y después, con motivo de su enfermedad, a la enfermería de Madrid, donde después de sufrir con gran paciencia una dolorosa operación para extirparle un cáncer enel pecho, murió con los más crueles dolores de la misma, el día 20 de Noviembre de 1891.

A esta Madre sucedió Madre Petronila Salvador hasta 1890 y sucesivamente las Superioras siguientes: Madre Dolores Serrano, Madre Olvido Sivera, Madre Jesús González y desde 1897 hasta1898 la Madre Carolina Oneca que en el capítulo de este mismo año fue confirmada en su cargo y en 1901 vuelve a ser reelegida en el mismo cargo.

El Hospital tenía para su sostenimiento el producto de algunas láminas, que ascendía a 6.334 pesetas por año y con las limosnas de las almas piadosas juntamente con el Ayuntamiento podían atender a los gastos sin excederse a las reparaciones que de ordinario exigen estos locales para mantener el aseo y limpieza, por otra parte el tiempo que destruye desmorona todas las obras no pasaba en vano y el edificio en su parte interior no tenía la mayor comodidad.

Las Hermanas no se atrevían a tomar la iniciativa y bien atareadas con los enfermos no les sobraba tiempo que perder.

Cuando la Madre Dolores Serrano se hizo cargo del estado en que se hallaba el Hospital y las relaciones exteriores, pudo observar muy pronto que por descuido y apatía de unos y otros, se hallaba éste en una gran decadencia.

Activa, inteligente y perspicaz, se apercibió de que el presidente que formaba la Junta y algunos más, las miraban con prevención, hasta el punto de querer quitar a las Siervas, llevando otras religiosas, a pretexto decían de que las niñas de beneficencia no eran educadas según su deseo.

En este estado de cosas, el Hospital quedó casi aislado porque nadie lo visitaba. La Madre Dolores abarcó la situación de un golpe, previó las consecuencias y discurrió muy acertadamente lo qué convenía hacer, que era captarse el aprecio de los de la Junta y del pueblo. En este sentido fue a visitar al Presidente, que era el Cura Párroco, recibiéndolas muy atento, el que las dijo que procuraran esmerarse en la educación de las niñas, y ofreciéndoseles incondicionalmente para coadyuvar a sus esfuerzos en beneficio del Hospital, concediéndolas lo que hiciera falta.

No perdieron el tiempo las Hermanas: visitaron igualmente a las personas que tenían algo que ver con el Hospital y dieron principio a algunas rifas y en la fiesta de la Patrona del pueblo Nuestra Señora de Aguas Vivas, hicieron una rifa extraordinaria. No tenían dinero para comparar objetos que deseaban poner a la suerte, pero los bondadosos señores Don Vicente Maseres[5] y Don Francisco Albelda[6], Capellán y Médico del Hospital, respectivamente, adelantaron unos treinta duros, en los que se compraron varias cosas. Invitaron a las señoritas del pueblo para que asistiesen a la tómbola los tres días de fiesta, todas accedieron gustosísimas y llenas de satisfacción, dando este procedimiento tan buen resultado que, después de pagar los gastos originarios, emplearon el resto en poner cristales en los arcos del tránsito que da acceso a las salas de los enfermos, si bien no pudieron ser más que la mitad, pero suponiendo cada uno 25 duros de coste.

Carcaixent. Casa Consistorial a principios del siglo XX

El Ayuntamiento al ver esta disposición de la Madre y Hermanas, acordó en sesión extraordinaria, terminar de poner la cristaleríaen el tránsito y que dieran a las Hermanas cuanto pidieran para las necesidades del Hospital. Éstas, aprovechando tan favorable circunstancia, pidieron 1000 pesetas para ropas de camas y reparos que eran de mayor necesidad. Las pobres Hermanas tenían trabajo en exceso para dedicarse a la costura, y por esto, con muy buen criterio, la Madre suplicó a las mismas señoritas se encargasen en sus propias casas de cose almohadas, sábanas, camisas o lo que tuviesen el gusto de mandarles, y de este modo, consiguió el doble objeto que se proponía, que era lograr prontamente la ropa necesaria y atraer hacia el Hospital y hacia ellas, las miradas del pueblo y lo consiguió seguramente con estas piadosas industrias, pues todos cambiaron de actitud, desasiéndose las prevenciones y reparos; las niñas fueron mejor atendidas, les hicieron tres trajes a cada una para la iglesia, casa y paseo.

Todas las señoras, que tan retraídas se mostraban, fueron deponiendo su desagrado y por medio de dos piadosas jóvenes que tenían la santa costumbre de visitar el Hospital los días festivos, procuraron las Hermanas facilitar estas visitas y principalmente en la Comunión de los enfermos por el precepto Pascual, lo que hacían con mucho gusto, contribuyendo con sus limosnas a solemnizar el hermoso acto.

Tan solemne como esta vez del año 1891 no lo habían visto nunca; las señoras y señoritas de la villa se colocaron a la cabecera de cada enfermo, dándole después de recibir el Sacramento del Amor, el vasito de agua y ayudándole después a dar gracias a Dios tres veces Santo por la dignación de venir a visitar a su pobre criatura; ellas mismas les sirvieron el desayuno y más tarde una buena comida, lo mismo a los enfermos que a los asilados, hombres, mujeres y niños.

Era verdaderamente edificante ver aquellas señoras y señoritas con sus delantales blancos, unas repartiendo y otras sirviendo la comida con un orden admirable.

Contentísimas y satisfechas se retiraron a sus casas todas ellas por haber contribuido con sus limosnas y persona a establecer una costumbre que tanto enaltece a un pueblo culto y cristiano.

Por mucho tiempo duró la impresión, no hablándose en las reuniones de otra cosa que el combregar del Hospital, que así lo llaman en su idioma valenciano.

No satisfecho el celo de Madre Dolores, y queriendo mejorar todo lo posible el estado del Hospital, pidió al Ayuntamiento que tuviese a bien, llevar a efecto la colocación de una fuente que surtiese de agua en todo tiempo, pero especialmente en el verano que se secaban las fuentes de las enfermerías y cocina, costando un trabajo ímprobo proporcionar el agua al Hospital en la cantidad que se necesitaba. Accedieron muy gustosos y todo se hizo como lo deseaban las religiosas, para bien de los enfermos y comodidad de todos.

Santa Soledad Torres Acosta

A la Madre Dolores Serrano sucedió la Madre Olvido Civera, que estuvo cuatro años dirigiendo muy discretamente el gobierno del Hospital.

Del 1896 al 1897 fue Superiora Madre Jesús González y desde 1897 la Madre Carolina Oneca, a quien ya se dijo más arriba, la confirmaron en el cargo en el Capítulo general de 1898.

No se pude reducir a número los actos meritorios y los muchos sacrificios que las buenas religiosas practican y ellos, sin duda, un día sobre otro, obran sus efectos para santificarlas a ellas y para edificar a los que la rodean.

Entre muchos casos que pudieran referirse de los ocurridos con los enfermos, haremos mención de uno para probar que el trabajo no se limita a los bienes exteriores sino que penetra en el alma.

Dice la Madre Carolina Oneca, que tuvieron un enfermo que por su gravedad se le notificó debía prepararse para confesar, a lo que se negó resueltamente diciendo que no había más alma que la sangre, porque él tenía observado que cuando mataban un animal al paso que se desangraba se le marchaba la vida. Pudo la Hermana sacarlo de su grosero error y lo consiguió con sus reflexiones; mostrose él muy pensativo y a los pocos días pidió la confesión, quedando muy tranquilo y acabando con una muerte muy dulce en breve tiempo.

Las Hermanas eran muy estimadas en el pueblo por sus cariñosos cuidados con los enfermos y penosos sacrificios.

En el Capítulo General de 1904, cesó en su cargo la Madre Carolina Oneca y fue relevada por la Madre Felicitas Zubilaga. Esta Madre hizo mucha obra en Carcagente, transformando el Hospital y poniéndolo a la altura de los más adelantados y modernos establecimientos. El día 24 de octubre de 1906 cesó esta Madre siendo trasladada a El Escorial con el mismo cargo, le sustituyó la Madre Leopolda Pascal quien trabajó mucho y gobernó muy a gusto de todos tanto de las Hermanas como de los Señores.

En el Capítulo General de 1910 fue nombrada Superiora la Madre Felipa Gutiérrez[7].

[8]En el Capítulo General de 1916 se trató entre otros asuntos el de clarificar el fin específico del Instituto: la asistencia a los enfermos en sus domicilios, gratuita y exclusivamente; y, si bien en aquél entonces había mucha asistencia a domicilio, también es verdad que las Hermanas se hacían cargo de no pocos hospitales. Por lo que se dio inicio a la supresión de las casas-hospitales.

En carta al Sr. Vicario Capitular de la Sede de Valencia con fecha del mes de septiembre de 1916, Madre Alejandrina Cuevas, a la sazón Superiora Provincial de Cataluña, le escribía diciendo “Nuestra Madre General (Fernanda Iribarren) celosa del bien del Instituto por cuyos intereses tiene obligación de velar, quiere en todo ajustarse a la norma de las Constituciones y éstas ordenan que nuestros ministerios sean prestados exclusivamente en la asistencia de los enfermos en sus propios domicilios. Como tenemos algunos Hospitales, en Roma le han aconsejado que paulatinamente pueda ir retirando de ellos a las Hermanas, puesto que podemos ser sustituidas por otras religiosas, y ahora le ha tocado su vez al de Carcagente. A éste fin he comunicado al Sr. Alcalde el acuerdo de nuestra Madre General”.

D. Tomás Aracil Vilaplana

En Carcagente, nadie se esperaba tal noticia, ya que en la actualidad el Hospital estaba en auge en todo sentido, por lo que la sorpresa y el disgusto ocasionado fueron grandes.

Al comunicarle al Sr. Cura Párroco[9] y al Confesor de las Hermanas, la decisión tomada, dijeron que iban a rezar para que tal determinación no se llevara a afecto. Así mismo las personas bienhechoras de las Hermanas recibieron la noticia con pena y consternación.

Don Agustín Gay Lloret[10], Confesor extraordinario suplente y Director del establecimiento Hospital escribía con fecha 9 de septiembre de 1916, a la Madre General en estos términos:

“Es un poco tarde para implorar misericordia, pero como había otros más indicados por ello no lo hice, pero constándome que nada se ha hecho, ahora voy yo a implorarle clemencia.

Resulta muy contraproducente el levantamiento de esta Casa para V.V. por lo que nada se gana y mucho se habla sin ton ni son, ni ara el pueblo porque han demostrado gran cariño por las Siervas. Siendo así ¿Por qué se levanta la Casa? Ignoráis acaso cuanto hicieron para lograr la Capellanía para ellas en el Hospital... ¿Qué será de los enfermos sin Capellán?

Tengo preparada otra Comunidad para sustituirlas y la solicitud para el Vicario capitular, pero como veo la hecatombe que nos sobreviene... por el momento tengo detenida esta solicitud, ínterin no sepa vuestra final resolución... es objeto de mi pena y causa de llantos...”.

Don Agustín Gay Lloret

Madre general Fernanda Iribarren con fecha 20 de septiembre de 1916 le escribe a Don Agustín Gay Lloret diciendo:

“Quedo sumamente agradecida a los buenos sentimientos que V. abriga hacia este Instituto nuestro y tengo verdadero pesar de no poder complacer en lo que me pide pues el cumplimiento del deber se impone.

No dudo que V. en su claro talento comprende que esto es así y por tanto confío en que no llevará a mal mi negativa... Muy de veras se encomienda en sus santas oraciones...”.

En septiembre el Ayuntamiento comenzó a buscar a Religiosas que se pudieran hacer cargo del Hospital. No fue fácil encontrarlas pero al fin las Religiosas Capuchinas dijeron que se comprometerían a dirigir el Hospital.

Terminadas las gestiones pertinentes, la Casa de Carcagente fue suprimida el 13 de diciembre de 1916 por la Superiora General Fernanda Iribarren.

El 14 de diciembre de 1916, Madre Alejandrina Cuevas comunicaba a Madre General que el día 13 de diciembre, la Madre Nieves Garrido, Superiora de Valencia y la Madre Guillermina Garayoa, Superiora de Carcagente hicieron la entrega del Hospital de Carcagente; en presencia del Señor Administrador del Hospital, un Sacerdote, de la Madre Superiora de las Religiosas Capuchinas y de Superiora que ha de quedar al frente del establecimiento, se leyó el inventario y estando todos conformes, lo firmaron las dos Superioras.

Las hermanas fueron destinadas a:


Madre Guillerma Garayoa, a Barcelona.

Madre María Goñi, a Barcelona.

Madre Sofía Cano, a Valencia.

Madre Natividad Palacios, a Valencia.

Madre Salvadora Tirapu, a Alcoy.


Tanto amor y entrega generosa, tantos desvelos y sacrificios, por parte de las Madres y Hermanas que pasaron por esta Casa de Carcagente, todo habrá sido anotado en el Libro de la Vida, y, al atardecer de la vida, al ser examinadas sobre el amor... no nos cabe la menor duda, que todas habrán presentado sus manos llenas a Jesús.

 

SUPERIORAS DESDE EL INICIO HASTA LA SUPRESIÓN

 

1875-1878. Madre Dominica Alonso Alonso

En el siglo Marta. Nació en Filiel (León) el 27 de julio de 1838. Primera y tercera superiora de la comunidad de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos, al frente del Hospital Municipal[11], desde el 5 de enero de 1875 hasta 1878, excepto siete meses que estuvo Madre Asunción Gutiérrez. Falleció en la Casa de San Sebastián, el 30 de marzo de 1893.

1875. Madre Anunciación Gutiérrez Sempere

En el siglo Teresa. Nació en Onil (Alacant) el 27 de mayo de 1835. Falleció a la Casa Madre de Madrid, el 25 de noviembre de 1905.

1875-1878. Madre Dominica Alonso Alonso (Ya citada).

1878-1888. Madre Mercedes García Alcalde

En el siglo Gregoria. Nació en Villamentero (Burgos) el 24 de abril de 1847. Falleció en Madrid, el 20 de noviembre de 1895.

1888-1890. Madre Petronila Salvador Guargue

En el siglo Ana. Nació en Gelsu (Zaragoza) el 25 de febrero de 1854. Falleció en Lorca (Murcia), el 4 de enero de 1919.

1890-1893. Madre Dolores Serrano Moreno

En el siglo Isabel. Nació en Las Herencias (Toledo) el 8 de julio de 1850. Falleció en Zaragoza, el 9 de noviembre de 1923.

1893-1896. Madre Olvido Civera Garcés

En el siglo Isabel. Nació en Montcada (València) el 6 de noviembre de 1857. Falleció en Rioseco, el 16 de marzo de 1930.

1896-1897. Madre Jesús González Gutiérrez

En el siglo Inocencia. Nació en Gama (Burgos) el 27 de julio de 1850. Falleció en San Sebastián, el 15 de diciembre de 1901.

1897-1904. Madre Carolina Oneca Rodrigo

En el siglo Dorotea. Nació en Caseda (Navarra) el 13 de agosto de 1863. Falleció a Jeréz de la Frontera (Cádiz), el 15 de marzo de 1943.

1904-1906. Madre Felicitas Zubilaga

En el siglo Javiera. Nació en Goñi (Navarra) el 8 de enero de 1852. Falleció en San Sebastián, el 4 de noviembre de 1939.

1906-1910. Madre Leopolda Pascal Viar

En el siglo Gregoria. Nació en Artajona (Navarra) el 12 de marzo de 1863. Falleció a Zafra (Badajoz), el 10 de febrero de 1949.

191-1913. Madre Felipa Gutiérrez Urzainqui

En el siglo Luisa. Nació en Burlada (Navarra) el 8 de septiembre de 1864. Falleció en La Coruña, el 6 de octubre de 1936.

1913-1916. Madre Guillerma Garayoa Gurrindo

En el siglo Juana. Nació en Berriozar (Navarra) el 29 de agosto de 1866. Falleció a Pozuelo de Alarcón (Madrid), el 24 de febrero de 1926.

 

RELIGIOSAS RESIDENTES

 

Sor Loreto Barát Ortí

Nació en Torrent (València), por el año 1868. Documentada el 1909[12].

Sor Salud Cortina Chinestra

Nació en Barbastro (Huesca), por el año 1872. Documentada el 1909[13].

Sor Nieves Nieva Jurado

En el siglo Araceli. Nació en Lucena (Córdoba), por el año 1874, hija de Antonio y Dolores. Murió en Carcaixent el 17 de julio de 1891, a los diecisiete años[14].

Sor Fernanda Travér Vázquez

Nació en Bonrepós (València), por el año 1878. Documentada el 1909[15].

Sor Rosario Prieto Juárez

Nació en Madrid por el año 1880. Documentada el 1909[16].

Sor Genoveva Baztán Urroz

Nació en Tafalla (Navarra) por el año 1883. Documentada el 1909[17].

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

I

                                           

Relación de la Casa-Sucursal de Carcajente

El día cinco de Enero de mil ochocientos setenta y cinco, bajo la presidencia y superioridad del Rvdo. D. Juan de la Concepción Calvo Pbro. y de la M. Rvda. M.e Candelaria Sanz, Confesor y Director espiritual el primero y Superiora de las Siervas de María de la Casa Diocesana de Valencia la segunda, y acompañadas del Rvdo. Dr. D. Enrique Gomis Garrigues, Pbro. Confesor y Director espiritual de las Siervas de María que iban á fundar en Carcajente una casa sucursal de la de Valencia, nombrado para dicho cargo por el Excmo. é Ylmo. Sor. Dr. D. Mariano Barrio Fernández, Arzobispo de dicha ciudad de Valencia; así como igualmente acompañados de la Sra. D.a Vicenta Tarragó de Ribera, especial protectora de la fundación que iba á hacerse en esta villa de Carcajente, en el Hospital Municipal de la misma; salieron de Valencia por la tarde en el tren correo las Hermanas siguientes: Rvda. M.e Dominica Alonso, H.a María de Jesús Gómez, H.a Mercedes García y H.a Josefa Díaz.

Terminada la fundación de dicha casa sucursal en Carcajente, en el Hospital Municipal de dicha villa, con el personal anteriormente descrito, la Rvda. M.e Dominica Alonso quedó como Superiora de la Comunidad aquí establecida; y la Rvda. M.e Candelaria Sanz regresó á Valencia, á la casa Diocesana, de cuyo gobierno estaba encargada.

Esta fundación de Carcajente se contrató con el M. Y. Ayuntamiento local bajo la base de que hubiese seis Hermanas de Comunidad cobrando una dotación de una peseta diaria por cada una de ellas; y si no fuese posible que el Ynstituto ó Congregación de Siervas de María pudiese proveer de seis Hermanas, de todos modos se les abonarían seis pesetas diarias, ya que, aunque en menos número, ellas son las que habían de levantar las cargas. Además, el fondo común del Hospital venia obligado á sufragar á las Hermanas los gastos de alumbrado y carbón en particular para las mismas, así como también la asistencia facultativa y las medicinas.

Las Hermanas quedaban obligadas á asistir á los enfermos del Hospital y á prestar su servicio en asistencias de enfermos á domicilio siempre y cuando aquellas lo permitiesen.

El año1887 se hizo una nueva fundación en el Hospital de Carcajente, la cual formó con la del Hospital existente una misma administración. Tenía esta carácter de Beneficencia y al efecto al Hospital se le designó con el nombre de Hospital-Beneficencia, admitiendo un número limitado de niños y niñas asiladas, á quienes se les daba, además de la educación moral y religiosa la de letras y labores, creándose al poco tiempo una escuela de párvulos; todo bajo la dirección de las Siervas de María para lo cual se aumentó á ocho el número de Hermanas.

En esta forma vino sosteniéndose y gobernándose este establecimiento hasta el mes de Octubre del año 1894 en que por disposición de la autoridad local fueron arrojados del establecimiento los asilados, quedando tan sólo los enfermos y la escuela de párvulos.

El gobierno de la casa sucursal de Siervas de María de esta villa de Carcajente, desde su fundación hasta el mes de Marzo de 1878 estuvo bajo la superioridad de la Rvda. M.e Dominica Alonso. Desde marzo de dicho año hasta Mayo de 1888 bajo la de la Rvda. M.e Mercedes García. Desde dicha fecha hasta Mayo de 1890 bajo la de la Rvda. M.e Petronila Salvador. Desde igual fecha hasta Mayo de 1891 bajo la de la mencionada Rvda. M.e Mercedes García. Desde dicha fecha hasta el mes de Octubre de dicho año, bajo la de la Rvda. M.e Dolores Serrano. En Octubre y Noviembre del mismo año la Rvda. M.e Olvido Sivera. En Diciembre del mismo año la referida M.e Dolores Serrano. Desde Enero de 1892 hasta Octubre de 1896 la Rvda. M.e Olvido Sivera. Desde dicha fecha á Enero de 1897 la Rvda. M.e Jesús González. Y desde dicha fecha hasta la corriente la Rvda. M.e Carolina Oneca.

Desde el principio de esta fundación solo ha ocurrido una defunción, la de Madre Nieves Nieva y Jurado, fallecida el 17 de Julio de 1891 siendo depositado su cadáver en un nicho del cementerio común de esta villa.

Actualmente existen en esta casa de Carcajente las Hermanas siguientes: Rvda. M.e Carolina Oneca, superiora, Madre Salud Cortina, Madre Guillerma Sarayoa, Madre Lucila Carnicer, Madre Rosario Prieto y Madre Saturnina Fernández. Las tres primeras religiosas profesas con votos perpetuos, las dos siguientes con votos simples y la última novicia.

Hospital de Carcajente día 24 de febrero de 1898.- M.e Carolina Oneca[18].


Dr. D. Vicente Ribera Tarragó

 

II

 

D. Antonio Martínez Camarasa, Secretario del Ayuntamiento constitucional de la villa de Carcagente.

Certifico: Que en la mano de actas de las sesiones celebradas por el Ayuntamiento en el corriente año, que se custodia en la Secretaria de mi cargo, entre otros de los acuerdos tomados en la celebrada el día siete del actual, se encuentra el que á la letra dice así: En este estado y prévio el oportuno anuncio y permiso concedido, entraron en el salón de sesiones el Sr. D. Juan Calvo, presbítero, Director de la congregación de Siervas de María de la diocesana de Valencia, la reverenda madre Candelaria Sanz, superiora de dicho instituto en esta diócesis, y otra hermana, acompañadas de los presbíteros, doctores, D. Enrique Gomis, y D. Vicente Ribera; y después de tomado asiento en el consistorio, el espresado Sr. Director solicitó del Sr. Alcalde Presidente[19] le concediese hacer uso de la palabra, y obtenido manifestó: Que aceptado por lo que hace á su Eminencia Reverendísima el Cardenal arzobispo de Valencia el acuerdo tomado por este Ayun-/tamiento en sesión del treinta y uno de Diciembre último relativo á que se acudiera á la Muy Reverenda madre superiora general de la congregación de las Siervas de María, para solicitar de ella concediese vinieran á esta villa de Carcagente cuatro hermanas de la misma congregación á encargarse del cuidado, servir y administración económica del santo hospital y atender con sus desvelos al ausilio de los pobres enfermos que se acojan en dicho establecimiento y cuidar además de los vecinos enfermos de esta población que deseen utilizar sus servicios á domicilio, debía presentar por especial encargo de su Eminencia el señor Cardenal algunas observaciones encaminadas tan solo á asegurar la independencia y estabilidad de las referidas hermanas en este hospital, á lo que juzgaba contribuiría no poco el que en vez de la asignación por alimentos, retribución por vía de limosna y otros gastos que el Ayuntamiento ofreció sufragar en el precitado acuerdo para sostén de las espresadas hermanas se les consignara ó señalase la cantidad de una peseta por cada una de dichas hermanas, con la cual estas atenderían á su subsistencia y vestuario con más tranquilidad de conciencia y sin gravar los fondos del santo hospital; debiendo establecerse como base del personal para la ins-/talación de las hermanas espresadas en vez de cuatro, seis, por parecer insuficiente el número de cuatro para llevar con exactitud los benéficos servicios de su instituto; empero que aun cuando hoy tan solo fueren cuatro hermanas las que puedan quedar en el hospital, estas en el entretanto se completa el número de seis que se fija como base de su instalación, percibirán por dotación la suma de seis pesetas. Que para cubrirla y asegurar más y más su independencia y estabilidad aquí en la villa sería menester abrir una suscripción entre los vecinos en el modo y forma que la Corporación Municipal resolviera, de cuyo producto además de satisfacerse la dotación de las hermanas se pagarían los salarios de una criada que se dedique al servicio de las mismas. Que las hermanas se encargarían de recoger la suscrición llevando cuenta y razón de cuanto por este concepto recaudaren.

Que si los productos de dicha suscrición fuesen mayores que el importe de los relacionados gastos el remanente ó sobrante se podría invertir á discreción de la superiora y de la Junta administrativa del / santo hospital en la compra y confección de ropas ú otros gastos que fuesen necesarios é indispensables a dicho establecimiento.

Por último el referido Director manifestó, que en un todo salvaba y debianse salvar por todos las atribuciones y disposiciones de los Superiores Generales de la congregación, pues ninguna comisión había recibido de los mismos para representarles, siendo tan solo su cometido el de acompañar á las hermanas Siervas de María y exponer al Municipio en unión con los mencionados Sres. Sacerdotes la voluntad del Eminentísimo Sr. Cardenal; por lo que hacía constar que cuanto se había tratado y acordado debía someterse en un todo, á la aprobación de su Eminentísima y á la de los Reverendos Superiores Generales de la congregación, sin cuyo requisito las hermanas no debían ni podían aceptar acuerdo ni compromiso alguno.

Asimismo y por la madre superiora se hizo presente: que algunas veces suelen acogerse en el santo hospital pobres enfermos cuyas dolencias no pueden ser atendidas en toda su estensión por las hermanas sino han de faltar al debido recato y honestidad lo que pudiera suplirse nombrando un enfermero que asistiese en este solo caso á los referidos enfermos para que no careciesen del cuidado y ausilios / que tanto necesitan.

Y el Ayuntamiento habiendo oído con gusto y atención lo expuesto por el señor Director D. Juan Calvo, y Reverenda madre Superiora diocesana, y héchose cargo de las observaciones emitidas, después de haber deliberado con la mayor detención sobre los fundamentos de aquellas unánimente acoró: Que entre tanto y mientras que sean cuatro las hermanas de la congregación Siervas de María que se dediquen al servicio de los pobres enfermos acogidos en el santo hospital de esta villa, y al de los vecinos enfermos que puedan reclamar sus servicios á domicilio se les señala como dotación diaria por alimentos y vestuario la suma de una peseta, cincuenta céntimos á cada una, cuya dotación será satisfecha del producto de la suscrición voluntaria que se abrirá entre todos los vecinos de esta localidad sufragándoles también el menage de las hermanas, cocina y lavado y del remanente de la suscrición se pagarán los salarios que devengue la criada al servicio de las mismas, y el tanto que se señale al enfermero que ha de nombrarse para la asistencia y curación de enfermedades reservadas; y si aún resultare sobrante se invertirá á dis-/creción de la Junta del santo hospital y madre superiora del mismo en las atenciones que juzgue más apremiantes del espresado establecimiento; pues dado caso que en fin de año no se les diera inversión los productos de la suscrición ingresarán en arcas municipales como sobrante de aquella y en concepto de fondos peculiares del santo hospital, sin que nunca puedan distraerse para otra clase de atenciones.

Al propio tiempo acordaron: Que si por circunstancias imprevistas la suscrición fuere exigua y no produjese lo bastante para cubrir la dotación de las seis hermanas al tanto de una peseta diaria á cada una, salario de la criada y enfermero, el Ayuntamiento para que estas atenciones no queden ilusorias y se satisfagan con la dicha regularidad consignará en el presupuesto municipal hacedero y sucesivos las cantidades necesarias á cubrir tan benéficas como piadosas atenciones, no solo en la parte que se refiere á la manutención de las espresadas hermanas sino también á la suma que pueda invertirse en la manutención de pobres enfermos, que anualmente e acojan en dicho establecimiento.

Como quiera que la instalación de las hermanas de la congregación Siervas de María lleva como base de su independencia y estabilidad en la villa la asistencia de pobres / enfermos en el santo hospital y el de los vecinos á domicilio los gastos que origine la dotación de aquellas serán satisfechos de los productos que rinda la suscrición voluntaria de entre los vecinos; á este efecto la Corporación municipal deseando dar al acto de la instalación de las hermanas toda la publicidad que ha de menester tan benéfica institución acordó: Se redacte é imprima una carta-circular, la cual se pasará á domicilio de todos los vecinos, en la que se esprese los motivos que han impulsado al Cuerpo Municipal para instalar en el santo hospital de esta villa las hermanas de la citada congregación, los servicios que deben y pueden prestar á fin de que enterado el vecindario todo pueda manifestar con conocimiento de causa y en plena libertad la cantidad mensual porque guste suscribirse quedando encargadas las espresadas hermanas de pasar á domicilio y recojer aquellas, y formar con intervención de la Junta del santo hospital la lista de suscritores, de la cual, se pasará una copia integra anualmente al Cuerpo municipal estando á cargo de dichas siervas la recaudación mensual de las sumas que la suscrición produzca, y cubrir con estos fondos las aten-/ciones que quedan espresadas con más los gastos de pasaje que por razón de su ministerio y obedeciendo órdenes superiores puedan ó deban hacer las repetidas siervas en cumplimiento de las reglas de su instituto.

También acordaron: Toda vez que las hermanas de que se trata tienen á su cargo en cierto modo el gobierno económico del santo hospital de esta villa y en tal concepto han de recibir é invertir fondos de alguna consideración, ora procedan estos de la suscrición voluntaria entre vecinos, bien procedan de fondos municipales en ambos conceptos, las referidas hermanas se hallan en el deber de rendir anualmente y con la debida separación cuenta justificada de todas las cantidades que reciban é inviertan, á fin de que de sé pública satisfación cuando aquellas sumas procedan de la suscrición y cuando correspondan á municipales acompañar los debidos justificantes á las libranzas que al efecto se expidan.

Según así resulta y es de ver del espresado acuerdo á que me remito. Y para que conste en cumplimiento de lo mandado, expido la presente que el Señor Alcalde autoriza con su visto bueno en Carcagente á treinta de Enero de mil ochocientos setenta y cinco.- Antonio Martínez, secretario == V.º B.º Manuel Talens [20].

 

Nuestra Señora de la Salud



*El iniciador de la Congregación de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos fue D. Miguel Martínez y Sanz O.S.M. (Zaragoza, 1811-Madrid, 1890), cura párroco del barrio madrileño de Chamberí. El nuevo instituto tenía como fin específico el cuidado de los enfermos en sus casas, gratuitamente y bajo los auspicios de la Divina Providencia. La fórmula no podía ser más clara ni más evangélica “Estuve enfermo y me visitasteis... lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos a Mí me lo hicisteis” (Mt. 25, 26). En aquella época existían muchas Congregaciones que se dedicaban al cuidado de los enfermos en los hospitales, asilos, etc., no obstante, al menos en España, una laguna quedaba por llenar: un Instituto que cuidase a los enfermos en sus propias casas, tanto de día como de noche. Don Miguel influenciado por la espiritualidad mariana de los Siervos de María, quiso iniciar su obra con siete fundadoras. El 15 de agosto de 1851, festividad de la Asunción de Nuestra Señora, las siete fundadoras recibieron el santo hábito y emitieron los votos religiosos de castidad, pobreza y obediencia, en manos el Emmo. Cardenal-Arzobispo de Toledo, D. Juan José Bonel y Orbe. Nacían así las Siervas de María. Comienzan a vivir en la calle del Castillo. La comunidad llegó a tener, en 1853, veintidós miembros, pero pronto tiene problemas para subsistir, además, la dureza de la tarea hace que cuatro de las hermanas de la fundación inicial lo abandonen (dos ya habían muerto). Don Miguel, viendo vanos todos sus esfuerzos para dar cierta estabilidad al Instituto, decidió ir a misiones (1856), llevando consigo a algunas religiosas. También Sor María Soledad se ofreció, pero D. Miguel le dijo: “Quédate Soledad, que si te vas, la Congregación perece”. Madre Soledad, contaba con 30 años de edad, cuando quedó como Superiora General al frente del Instituto. Soledad es la Superiora y con su perseverancia, oración y paciencia logrará que poco a poco la situación cambie, multiplicándose las vocaciones y abriendo nuevas Casas desde las que realizar su misión caritativa. Así se ha resumido su labor “En su gobierno demostró sus dotes de exquisita prudencia y de una caridad sin límites y al mismo tiempo de humildad y mansedumbre avasalladoras con lo que supo captarse el amor sincero y la correspondencia voluntariosas de sus hijas. Dios le envió abundantes vocaciones y la Santa se consagró a formarlas espiritualmente, infundiéndoles su ardiente caridad a Dios y al prójimo, y a darles una capacitación técnica como exigia su delicada tarea”.

El nuevo párroco de Chamberí, D. Francisco Morales, creyó conveniente nombrar otra Superiora General: depuso de su cargo a Madre Soledad y la envió a Getafe el 13 de noviembre de 1856; mas, reemplazado al poco tiempo por el Padre Gabino Sánchez O.A.R., pronto fue restituida en su cargo de Superiora General, en enero de 1857. Entre los dos redactaron unos estatutos y, con el apoyo de la reina Isabel II, evitaron la supresión. Dos años más tarde, el Padre Ángel Barra (1809-1894), O.A.R., vino a ocupar el puesto del Padre Gabino; los dos colaboraron eficazmente en el desarrollo del naciente Instituto. La congregación fue aprobada en 1876 por el papa León XIII. Se difunden por toda España y América: en 1875 abrió casa en Cuba y, después en Santander, Almería, Zaragoza, Puerto Rico... En 1889 la Congregación contaba con 43 casas, 4 de ellas en Ultramar, y 468 religiosas, incluyendo las novicias. Actualmente está extendido por todo el mundo: Portugal, Francia, Italia, Reino Unido, Estados Unidos, México, Ecuardor, Colombia, Panamá, República Dominicana, Haití, Argentina, Perú, Bolivia, Brasil, Uruguay, Camerún, Filipinas...

María Soledad Torres Acosta, nació en Madrid en la desaparecida calle de la Flor Baja –hoy Gran Vía– el 2 de diciembre de 1826, en el seno de una familia modesta de honrados y cristianos artesanos. Fueron sus padres Manuel Torres y Antonia Acosta. Fue bautizada en la parroquia de San Martín –hoy, Templo Eucarístico Diocesano– el 4 del mismo mes con el nombre de Bibiana Antonia Manuela. De pequeña ya se sintió atraída por la vida religiosa. Ayuda a la congregación de las Hijas de la Caridad que mantienen una casa para personas mayores necesitadas en la parroquia de San Martín. Mientras asiste a una escuela gratuita. A los veinticinco años, quiso entrar en una comunidad de monjas dominicas. Oyó hablar entonces de la idea de un sacerdote de Chamberí, Miguel Martínez y Sanz O.S.M., que quería hacer un grupo de mujeres que tuvieran cuidado de los enfermos sin recursos, en los mismos domicilios de los necesitados y que, si llegaba el caso, les ayudaran a prepararse para una buena muerte. Fue admitida en el proyecto y, con seis compañeras más, tomó el hábito de la nueva congregación el 15 de agosto de 1851. Murió en Madrid el 11 de octubre de 1887. Fue beatificada por el papa Pío XII el 5 de febrero de 1950 y canonizada el 25 de enero de 1970 por el papa Pablo VI. Su fiesta litúrgica se celebra el 11 de octubre. La mujer que toda su vida destacó por su poca apariencia y mucha humildad ha sido colocada en las “Logias” Vaticanas de la plaza de San Pedro, junto con otros santos fundadores, siendo bendecida su imagen por el papa San Juan Pablo II, el Grande.

[2] José María Orberá y Carrión (Valencia, 1827-Madrid, 1886). Cursó sus estudios eclesiásticos en el Colegio de la Presentación y Santo Tomás de Villanueva, y fue ordenado sacerdote el 1 de diciembre de 1850. Fue capellán de la Colegiata de San Isidro de Madrid. El año 1861 fue nombrado Provisor de la Diócesis de Santiago de Cuba, de la cual fue también Vicario Capitular y Gobernador eclesiástico. El 12 de marzo de 1876 fue nombrado Obispo de Almería. Con motivo de las varias visitas a nuestra población confirió el sacramento de la Confirmación el 27 de marzo y del 11 al 15 de diciembre de 1876. Con la venerable Madre Antonia París de San Pedro (Vallmoll-Tarragona, 1813-Reus-Tarragona, 1885), fundó el Colegio de María Inmaculada en Carcaixent. Fue prelado doméstico de Su Santidad, miembro correspondiente de la Academia de la Historia, senador del Reino y poseía la Cruz de Carlos III y la Cruz de Isabel la Católica. Falleció en la Casa de las Siervas de María, de Madrid, que tanto había protegido, el 23 de noviembre de 1886.

[3] Enrique Gomis Garrigues (Carcaixent, 1841-1912). Ordenado de presbítero en 1866, fue doctor en Sagrada Teología y Camarero Secreto de Su Santidad. Beneficiado de la Parroquia de Carcaixent, fue nombrado Ecónomo(1878-79) y Regente (1892-93). Con la subvención de 10.000 pesetas, obtenida del Gobierno, promovió las obras de alineación del edificio de la parroquia por la parte del antiguo cementerio –hoy plaza de Quevedo– y larestauración de la Capilla de la Patrona. También hizo la balconada de hierro que recorre la cornisa de la nave central y la cúpula. En 1893 fue nombrado párroco de la Parroquia de San Bartolomé de Valencia. Legó a la Parroquia de Carcaixent su biblioteca.

[4] Vicenta María Tarragó Maseres (Carcaixent, 1824-1879). Fue hija de José Tarragó Marco y María Vicenta Maseres Cases, hija del escribano Carlos Maseres y Valencia, introductor del cultivo del Naranjo en Carcaixent, junto al párroco Vicente Monzó Vidal y el boticario Jacinto Bodí Esteve. Contrajo matrimonio con el carpintero José Ribera Piera (Quatretonda-València, 1820-Carcaixent, 1882) el año 1840. Fueron padres de: Sor Amalia Ribera Tarragó (1854-1914), religiosa dominica del Convento de Corpus Christi de Carcaixent; del Dr. D. Vicente Ribera Tarragó (Carcaixent, 1847-València, 1912), presbítero; D. José Ribera Tarragó (1848-1914), comerciante de naranja; D.ª Ascensión Ribera Tarragó (1854-1914), esposa de D. José Alberola Serra (Quatretonda-València, 1852-Carcaixent, 1927), abogado, presidente de la Diputación Provincial de València, y D. Julián León Ribera Tarragó (1858-1934), maestro de los arabistas españoles e hijo predilecto de Carcaixent.

[5] Vicente Maseres Daries. Nació en Carcaixent, el 4 de febrero de 1867, hijo del notario Carlos Maseres Taléns y Ramona Daries Bodí. Ordenado de presbítero en 1891, fue nombrado coadjutor de la Parroquia de Benigànim (València). Tomó posesión del Beneficio de San Bartolomé Apóstol (I) de la Parroquia de Carcaixent, el 11 de diciembre de 1895. Falleció en la Parroquia del Sagrado Corazón de María de Madrid, el 21 de abril de 1916.

[6] Francisco Albelda Serra (Carcaixent, 1864-1930). Médico. Fueron sus padres Antonio Albelda Vert y Leonor Serra David. Contrajo matrimonio con Cruz Vidal Martí, de Alfarrasí (València).

[7] La relación escrita hasta aquí está integralmente copiada del libro “Apuntes Historiales de las Siervas de María” y los dos últimos párrafos del libro de “Fundaciones de las Siervas de María”.

[8] La relación escrita hasta aquí está integralmente copiada del libro “Apuntes Historiales de las Siervas de María” y los dos últimos párrafos del libro de “Fundaciones de las Siervas de María”.

[9] Tomás Aracil Vilaplana. Nació en Alcoi (Alacant), el 11 de junio de 1864, hijo de Rafael Aracil y María Vilaplana. Fue ordenado de presbítero en 1877. Doctor en Sagrada Teología y Bachiller en Artes. Fue coadjutor de la Parroquia de Santa María de Alcoi (1896), párroco de la Parroquia de la Asunción de Denia (València), en 1909, y párroco de la Parroquia de la Asunción de Carcaixent (1913-1922). Murió el 26 de marzo de 1922, y sus restos mortales descansan en el cementerio de su ciudad natal.

[10] Agustín Gay Lloret. Nació en Carcaixent el 1 de noviembre de 1871, hijo de Agustín Gay Costa y Dolores Lloret García. Al día siguiente recibió las aguas bautismales de manos del coajutor de la Parroquia D. Pedro Taléns, siendo confirmado por el arzobispo Mariano Barrio y Fernández. Fue ordenado de presbítero en 1897, y cantó la primera misa solemne en la Parroquia de Carcaixent, el 24 de junio del mismo año, siendo apadrinado por Augusto Mayans y Amelia Mayans; encargandose del sermón D. Vicente Peretó Sapena, entonces arcipreste de Llíria (València). Ecónomo de las Parroquias de Llanera (València), y Benifairó de la Valldigna (València), en 1904. Desde el 11 de febrero de 1908 hasta el 14 de mayo de 1909, fue regente de la Parroquia de San Lorenzo de Alberic (València). Tomó posesión del Beneficio de Nuestra Señora del Rosario de la Parroquia de Carcaixent, el 31 de octubre de 1914. Fue el autor de una novena dedicada a San Benito Mártir, patrono de Benifairó de la Valldigna. Murió asesinado por milicianos frentepopulistas en el cementerio viejo de Carcaixent, el 4 de septiembre de 1936. Sus sobrinas trasladaron sus restos mortales al cementerio nuevo.

[11] Según el historiador Fogués Juan: “... Dada la importancia de este establecimiento y el deficiente servicio que prestaban los hospitaleros (enfermeros del mismo), pensó el Ayuntamiento en sustituirlos por una Comunidad religiosa, pero esta aspiración unánime estaba erizada de dificultades; sin embargo, pudieron orillarse todas con la venida y apoyo entusiasta que prestó a esta idea el Mártir de Cuba, señor Orberá.

Tenía el mentado Obispo de Almería decidido empeño en fundar en Carcagente un colegio de niñas dirigido por religiosas. Muy adelantados iban ya los trabajos preparatorios para ello, merced al entusiasmo y laboriosidad del entonces novel sacerdote, doctor don José María Navarro Darás, alma de toda acción social y religiosa de nuestro pueblo, y cuando todo parecía iba a llegar a un feliz término, pensaron los carcagentinos que entonces era la ocasión más oportuna para conseguir que el cuidado del Hospital pasara a manos de una Comunidad religiosa. Apoyaron pues, todos el pensamiento del Obispo, pero le exigieron que, para prestar tal ayuda, debía conseguir que de nuestro centro benéfico se encargaran las religiosas de una Orden determinada. Prometió el Obispo atender a sus deseos y no tardó mucho Carcagente en verlos realizados, ya que en 5 de Enero de 1875 se posesionaron del establecimiento las Siervas de María ministras de los enfermos.

La venida de esta Comunidad se realizó bajo la especial protección de dos almas grandes y generosas, según consta en el libro de Fundaciones de este Instituto: don Enrique Gomis y doña Vicenta Garrigues.

La esfera de acción de estas religiosas no se limitó tan sólo al cuidado de los enfermos, por cuanto en 1 de Enero de 1887 y con el apoyo del Ayuntamiento, establecieron en el mismo edificio un asilo de Beneficencia para niños y ancianos, que siete años más tarde fue suprimido por disposición del mismo Ayuntamiento.

En el año 1887 (...) se inauguró la escuela de párvulos, situada también en el mismo edificio y regentada por las Siervas de María... (...) . La salida de las Siervas de María de nuestro Hospital, de orden de sus superiores, se verificó en el año 1916”. Historia de Carcagente, 1934-1936, págs. 120-122.

[12] Archivo Histórico de la Parroquia de la Asunción de Carcaixent, en adelante AHPAC, Libro de Matrícula Parroquial 1900, sig. 14.20.0, fol. 83 v.

[13] AHPAC, Libro de Matrícula Parroquial 1900, sig. 14.20.0, fol. 83 v.

[14]“Como Racional de la Parroquial Yglesia de Carcajente, mandé dar sepultura eclesiástica en e día de hoy diez y ocho de Julio de mil ochocientos noventa y uno, al cadáver de Madre Nieves Nieva y Jurado (en el siglo Araceli Nieva y Jurado), hija de D. Antonio y D.ª Dolores, Religiosa novicia de la Comunidad de las Siervas de María, Ministras de los enfermos, de diez y siete años de edad, natural de Lucena (Provincia de Córdoba), residenciada en el S.to Hospital Beneficencia de esta villa. Falleció ayer de una peritonitis aguda por perforación intestinal. De que certifico.- Dr. Enrique Gomis, Pbro.”. AHPAC, Quinque Libri. Libro de Defunciones 1885-1891, sig. 7.7.0, fol. 138 v, part. 129.

[15] AHPAC, Libro de Matrícula Parroquial 1900, sig. 14.20.0, fol. 83 v.

[16] AHPAC, Libro de Matrícula Parroquial 1900, sig. 14.20.0, fol. 83 v.

[17] AHPAC, Libro de Matrícula Parroquial 1900, sig. 14.20.0, fol. 83 v.

[18] Archivo Histórico de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos. Curia General (Roma).

[19] Manuel Talens de la Riba Vernich. Nació en Carcaixent, el 14 de noviembre de 1834, hijo de Manuel Talens de la Riba Fluviá y Josefa Maria Vernich Amador. Contrajo matrimonio con María Francisca Garrigues Bort, el 21 de septiembre de 1854. Alcalde de Carcaixent (1875-1881). Murió el 1 de mayo de 1896.

[20] Archivo Histórico de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos. Curia General (Roma).

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