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Na Maria Antònia Talens i Mezquita, la Marqueseta, i el general francés Harispe

Por: Antonio Sabater Mira | Publicado: 16/02/2013 21:16 |
 
 La Marqueseta i el general Harispe
Dibuix de V. Sanz Castellanos
 
 
 

Amb motiu del Bicentenari de la Batalla de Carcaixent

a la Guerra del Francés (1813-2013)

 

 

MARIA ANTÒNIA

TALENS i MEZQUITA

“la Marqueseta”

 

 

Bernat DARÀS i MAHIQUES

 

 
 

Ta grandesa i blasó no menyspreuares

als peus d’aquell traidor; tant t’elevares

que ton nóm, d’allavors, tothom venera.

                Josep ARMINYANA i CANUT

 


Filla de Vicent Talens i Garrigues, primer marqués de la Calçada, i Antònia Mezquita i Cebrián, Na Maria Antònia Màxima Bernarda, nasqué a Carcaixent el 9 de gener de 1783. Fou batejada a l’esglèsia parroquial de l’Assumpció de la Mare de Déu el mateix dia, pel rector Vicent Monzó i Vidal. La partida de bateigs diu així:

“En 9 de enero de 1783, Yo el infrafirmado retor de la Parroquial de la villa de Carcaxente, Bauticé solemnemente según el Ritu de la Santa Madre Iglesia Catholica Romana una hija legítima y natural de don Vicente Taléns Garrigues y de doña Antonia Mezquita Cebrián, consortes; abuelos paternos, don Joseph Taléns y Colomina y doña Leonarda Garrigues y Roser, consortes; maternos don Gaspar Mezquita y doña Manuela Cebrián, consortes; nombres María Antonia, Máxima, Bernarda. Padrinos el hermano Assencio y Palau de las Monjas Capuchinas. Nació a 8 de la noche del mismo. Y por la verdad lo firmo.- Don Vicente Monzó, retor” [1].

 

Partida de bateig de Na Maria Antònia Talens i Mezquita

Arxiu Parròquia de l'Assumpció de Carcaixent

 

El 13 de juny 1813 la Vila era presa i ocupada pels francesos manats pel general francés Jean Isidore Harispe, que va manar el degollament de tota la població. És en aquest moment quant ocorregué el fet protagonitzat per la nostra heroïna, que ablaní el cor del general i, la degolla restà en saqueig[2]. Tenia aleshores trenta anys.

D’aquesta acció bèl·lica ens dona notícia la Gazeta extraordinaria de Valencia, apareguda el 14 de juny de 1813:

“Noticias de oficio comunicadas por el Sr. General Conde Harispe, Comandante en Gefe, al Sr. General Barón Mazzuchelli, Comandante Superior de esta Ciudad.

Ayer 13 por la mañana se presentó una columna enemiga de quatro á cinco mil hombres atacando la cabeza del puente del Xúcar, con el objeto de precisarnos á pasar a la orilla izquierda; pero todos sus esfuerzos fueron inútiles, y ni aun pudo tomarnos un palmo de terreno.

A las once de la mañana el Duque del Parque vino por Manuel á Carcaxente con una división de ocho mil hombres y quinientos caballos.

El Sr. General Habert partió de Alcira con un regimiento, cayó sobre el enemigo en las calles de Carcaxente, é hizo en él una carnicería. Mas de seiscientos muertos han quedado en las calles. Dos banderas y mas de dos mil fusiles han quedado en nuestro poder, como también seiscientos prisioneros, entre los quales hay catorce oficiales, sin que se sepa el paradero del Duque del Parque y del General Roche, de quienes sin embargo se sabe que estaban en Carcaxente al tiempo de la acción”.

 

Gazeta Extraordinaria de València

Arxiu Municipal de Xàtiva

General Luigi Mazzucchelli

(Brescia-Itàlia, 1776-Viena-Austria, 1868)

L. Basiletti

 

 

 

General Pierre-Joseph Habert

(Avallón, França,1773-Montréal-Yonne, França, 1825)

 

A Carcaixent, Na Maria Antònia Talens, amb quaranta-dos anys, es casà el 9 de març de 1826 amb Vicent Pasqual Gisbert i Colomina “natural y vecino de esta Villa, Ayudante Mayor que fue del Regimiento de Cavallería de Almanza”, fill de l’advocat doctor Vicent Gisbert i Mariño i Maria Narcisa Colomina i Garcia[3]. La partida diu així:

“En la Yglesia Parroquial de la villa de Carcaxente á los nueve días del mes de marzo de mil ochocientos veinte y seis, <el infra escrito>, en vista de las letras despachadas por el Señor Vicario General y refrendadas de su orden por el notario Josef Ramón de Laragarza en los días seis de dicho mes y año, sin preceder amonestación alguna por haber sido dispensados por dicho Sr. y no obstando impedimento alguno canónico y certificado de libertad de los contrayentes, de sus mutuos consentimientos con arreglo á la Real Pracmática y hallándose ynstruídos en la Doctrina Christiana, Desposé solemnemente por palabras aptas, legítimas y de presente que in facie Eclesie hasen verdadero matrimonio a Dn. Vicente Pascual Gisbert, natural y vecino de esta Villa, ayudante Mayor que fue del Regimiento de Cavallería de Almanza, retirado en clase de disperso; hijo legítimo del Dr. Dn. Vicente Gisbert y de D.ª María Narcisa Colomina, consortes; de una parte, y de la otra D.ª María Antonia Taléns, soltera, natural y vecina de esta Villa, hija legítima de Dn. Vicente Taléns, natural y vecino de esta Villa, y de D.ª Antonia Mesquita, consortes, naturales y casados en Rubielos y vecinos de esta Villa, los contrayentes dispensados en quarto grado de consanguineidad. Hicieron cartas el día antes ante Thomás Albelda, escrivano real de la misma Villa; fueron testigos Dn. Manuel Colomina, Dn. Carlos Tortosa y Fructuoso Taléns, de la misma, de que certifico. El infra escrito: interlineado valga.- Vicente Carbonell Pbro. == Este matrimonio ha cido celebrado por el referido Carbonell con hanuencia del Cura de la misma Parroquia == Juan Bautista Bixquert Rr.” [4].

El dia 3 de novembre de 1855, Vicent Gisbert i Colomina, “estando enfermo en cama”, va redactar el seu darrer testament davant Pasqual Martínez escrivà reial i notari públic. Diu així:

“En la villa de Carcagente á los tres días del mes de noviembre del año mil ochocientos cincuenta y cinco. En el nombre de Dios nuestro Señor, Todopoderoso, Amén. Sépase por esta pública escritura de testamento, última y final voluntad como don Vicente Gisbert y Colomina, teniente coronel retirado, natural y vecino de esta misma Villa, hijo de don Vicente y doña Narcisa, estando enfermo en cama, temeroso de la muerte que es precisa á toda criatura humana y por la misericordia de Dios nuestro Señor se halla en su libre juicio, voluntad constante y con tal disposición de sus potencias y sentidos que según parece á mí el Escribano y testigos infraescritos, puede disponer de sus bienes y ordenar su última voluntad. Por tanto creyendo como verdaderamente cree en el Misterio de la Santísima Trinidad, en el de la Encarnación del Hijo de Dios de las purísimas entrañas de María Santísima, quedando esta Señora siempre Virgen, antes del / parto, en el parto y después del parto; y en todo lo demás que conviene creer y confiesa nuestra Santa Madre Yglesia Católica, Apostólica Romana, en cuya verdadera fe y creencia ha vivido y protesta vivir y morir como católico cristiano y deseando salvar su alma, otorga su testamento en la forma siguiente.

[1] Primeramente manda y encomienda su alma á Dios nuestro Señor que la crió y redimió con el inestimable precio de su purísima sangre y suplica á Su Divina Magestad, le lleve consigo á la Gloria para donde fué criada y el cuerpo á la tierra de cuyo elemento fue formado.

[2] Otrosí: Quiere y es su voluntad que ocurrido su fallecimiento se vista su cuerpo con hábito del Padre San Francisco, su entierro sea general y celebradas las exequias de costumbre, se acompañara por el reverendo Clero de esta Villa, los exclaustrados de la misma y doce pobres con hachas encendidas hasta el cementerio en el que será enterrado en tierra y no en el pan-/teón, dando á cada uno de dichos pobres la limosna de diez reales por una vez.

[3] Otrosí: Manda, deja y lega por una vez solamente á los pobres de esta Villa doscientos reales de vellón, que se repartirán entre los mismos en el día de su entierro. A las Monjas Dominicas de la misma trescientos reales para la celebración de dos Aniversarios cantados en sufragio de su alma y de sus obligaciones. A las Monjas Capuchinas de la ciudad de Valencia otros trescientos reales, para que los inviertan en igual celebración. Doscientos reales al Santo Hospital de esta indicada Villa, igual cantidad al Santo Hospital General de la ciudad de Valencia. Cien reales á la Casa de Misericordia de la propia Ciudad; é igual cantidad de cien reales á la Casa Santa de Jerusalem, para que inviertan en alivio y socorro de estos píos y santos lugares.

[4] Otrosí: Asigna y señala de sus bienes para bien y sufragio de su alma, pago de legados y limosnas que deja señaladas, la cuan/tía de treinta mil reales, y sí de ella pagado todo cuanto deja referido con lo demás que fuese preciso y necesario sobrare algo es su voluntad que los infraescritos albaceas lo inviertan en celebración de misas resadas por su alma y de sus mayores obligaciones que se celebrarán por los Sacerdotes más necesitados, dando la limosna de seis reales por cada una.

[5] Otrosí: Para que todo lo que deja ordenado se cumpla y egecute con la devida exactitud nombra por sus albaceas á su esposa doña María Antonia Taléns y Mesquita y á don José Crespi y Roca, abogado de este mismo vecindario, á los dos juntos y cada uno de por sí, de modo que lo principiado por el uno se pueda proseguir y finalizar por el otro, á cuyo efecto concede los poderes y facultades á los mismos que en derecho correspondan, para que ocurrida la defunción del otorgante tomen de los bienes del mismo los mejores y bastantes y si fuere necesario los vendan en pública ó privada almoneda, satisfaciendo de su producto / todo cuanto queda indicado.

[6] Otrosí: Quiere y es su voluntad que todas sus deudas sean satisfechas y pagadas, y especialmente las que constaren por escrituras, testigos ú otras pruebas dignas de fe.

[7] Otrosí: Declara que es casado en único matrimonio con la mencionada doña Antonia Taléns y Mesquita y que no tiene hijos, ni herederos que forzosamente deben heredar sus bienes.

[8] Otrosí: manda, deja y lega por una vez á su primo don Jayme Colomina y Comta, hacendado, vecino de la ciudad de Valencia, un campo de tierra huerta comprensivo de diez anegadas, poco más ó menos, situada en el término de esta Villa, y partida de la Febrera, lindante entre otros con tierra de Vicente Guas, para que ocurrida la defunción del testador disponga de este legado á su libre voluntad, y en el caso de que premuriese al mismo otorgante pase á sus hijos en el mismo concepto.

[9] Otrosí: También manda, deja y lega á los hijos / y descendientes de su difunta prima doña Josefa Colomina y Abad, un campo de tierra olivar comprensivo de once anegadas, poco más ó menos, situado en el término de esta mencionada villa de Carcagente, partida de la Serguera, lindante entre otros con tierra de don Jayme Colomina y Comta; para que ocurrida también la muerte del otorgante disponga de este legado como de cosa suya propia.

[10] Otrosí: Ygualmente deja y lega a su prima doña Francisca Colomina y Abad, un campo secano, de unas seis anegadas, situado en el término de esta repetida Villa, partida de los secanos de Cogullada, que linda con tierras de José Amador y herederos de doña Dorotea Garcia; para que á la defunción del otorgante disponga la misma á su libre voluntad.

[11] Otrosí: Assimismo manda, deja y lega á su esposa doña Antonia Taléns y Mesquita, una casa que el otorgante posee en el poblado de esta respectiva villa / de Carcagente, calle de San Roque, lindante por un lado con la de Francisco Soriano, y por el otro con la de don Francisco Perpiñá, callejón en medio; como igualmente todo el dinero, créditos, efectos, muebles y ropas con todo lo demás que se encontrase en la casa mortuoria del otorgante pertenecientes á su propiedad, para que de todo lo referido ocurrida la defunción del mismo pueda disponer de ello á su libre voluntad como de cosa suya propia, debiendo pagar el bien de alma que deja señalado.

[12] Otrosí: En el remanente de todos sus bienes, derechos y acciones, instituye y nombra por su heredera usufructuaria á su consorte doña Antonia Taléns y Mesquita para que á la muerte del testador los haya y disfrute durante su vida natural tan solamente con la obligación que le impone de mandar celebrar un aniversario cantado en la Parroquial Yglesia de esta Villa y doce misas resadas cada año en los días que se cumpla el del fallecimiento del testador dando la limosna de costumbre, de hacer celebrar también anualmente una dobla á / la Purísima Concepción, en el día ocho de diciembre y veinte misas resadas de limosna de seis reales cada una. De invertir doscientos reales anuales en ropa para los pobres del Hospital de esta Villa; otros doscientos reales que se entregarán también anualmente á los Fabriqueros de esta Yglesia Parroquial, quienes los invertirán en ropas y ornamentos para la misma Parroquia; y á más si llegase el caso de imposibilitarse para trabajar José Navarro, entendido llavero de esta vecindad, la haya de entregar cuatro reales vellón diarios mientras dure su vida. Y después de ocurrida la defunción de dicha usufructuaria es su voluntad se pongan dichos bienes en administración por espacio de cuarenta años, contando desde la muerte de dicha su consorte; y para este efecto nombra por administradores al que fuese Cura-Párroco de esta Villa, al Confesor de las Monjas Dominicas del Convento de la misma y al primer Síndico del Ayuntamiento de la propia Villa, á todos juntos y á cada uno de / por sí y á solas; á los cuales concede todos sus poderes y facultades y los que por derecho se requieran, para que en el instante que fallezca la mencionada su esposa se encauten de los bienes que procedan de la herencia del testador, las concedan en arrendamiento cada una separadamente á voz de pregonero, por el tiempo de cuatro años, otorgando escrituras en favor del más ventajoso postor con fianzas competentes y obligación de renovar dichos contratos en tiempo oportuno de los cuatro años: percibirán sus rentas y pagadas las contribuciones y la décima que al otorgante señala á dichos administradores por el derecho de cobranza, lo que sobrase líquido del producto de sus rentas se invertirá por los mismos en la forma siguiente: Celebrar anualmente en la Parroquial Yglesia de esta Villa y día de la Asunción del Señor y hora doce á una misa con el Santísimo Sacramento de manifiesto. Hacer celebrar anualmente en / el día ocho de diciembre una dobla á la Purísima Concepción en el altar de la misma. Entregar cada año mientras dure este encargo á los Administradores del Santo Hospital de esta indicada Villa, doscientos reales vellón que se invertirán en ropa para los pobres de dicho Establecimiento; otros doscientos reales que también entregarán anualmente al Fabriquero de la Parroquial de esta Villa para que se inviertan en ropas para la misma; y si todavía viviese José Navarro, llamado Llavero, y estuviese imposibilitado le entregarán cuatro reales vellón diarios mientras dure su vida, y el sobrante que hubiese después de pagado todo lo referido quiere se invierta en celebración de misas resadas á su intención, dando la limosna de seis reales cada una.

[13] Otrosí: Quiere y es su voluntad que á los seis meses antes de concluirse los cuarenta años de la Administración que deja fundada se vendan por los referidos sus administradores todos sus bienes en pública subasta y finca por finca, adjudicándose / en el mejor postor de que se otorgará la escritura correspondiente; y del producto líquido que se sacase de estas fincas se harán cinco partes iguales, a saber: La una se invertirá en ropas y ornamentos para la Sacristía y Parroquial de esta Villa; la otra parte en ropas y demás que fuese preciso para el servicio del Santo Hospital de la misma, y si este no existiese, se repartirá de limosna para los pobres de la propia; la otra parte será para lucir y dorar la Capilla de San Bonifacio de la indicada Parroquial. la otra para lucir y dorar la Capilla y Altar del Santo Christo de la misma Parroquia. Y la otra parte la invertirán los mismos administradores en celebración de misas rezadas, dando por cada una la limosna de seis reales, a intención del otorgante.

[14] Otrosí: Por la total satisfacción y confianza que el otorgante tiene con don José Crespi y Roca, abogado, de esta vecindad, le nombra en Divisor y Partidor de los bienes de su herencia, y le concede los poderes / y facultades que en derecho sean bastantes para que ocurrida la defunción del otorgante proceda á la anotación y justiprecio de todos sus bienes, liquide el caudal común y los divida entre sus herederos, según lo deja dispuesto anteriormente y lo que en su virtud obrase valga como sí el mismo otorgante lo hubiese practicado.

[15] Otrosí: Últimamente. Este es su último testamento y final voluntad que quiere valga y se lleve á efecto ocurrida su muerte, y á mayor abundamiento, revoca y anula y ha por revocado y abolidos los testamentos, codicilos, poderes para testar y otras últimas voluntades que antes de este haya hecho ú otorgado por escritto, de palabra ó en otra cualquiera forma, para que no valga ahora ni en tiempo alguno, salvo el presente que quiere valga en aquella manera que más haya lugar en derecho. En cuyo testimonio así lo otorga, siendo presentes por testigos don Vicente Hernández, médico, Manuel Cogollos Ferrando, labrador, y José Tomás, barbero, de esta Villa vecinos. Y el otor-/gante (que yó el escribano conozgo) no firma por impedírselo la enfermedad y á sus ruegos lo hace uno de dichos testigos; de todo lo cual doy fé.- Vicente Hernández. Ante mí Pascual Martínez”.

Vicent Gisbert i Colomina, moria el mateix dia, als setanta-quatre anys, despres d’haver rebut els Sants Sagraments. La partida diu així:

“Como Racional de esta Yglesia Parroquial de la villa de Carcajente, provincia de Valencia, mandé dar sepultura ecclesiástica en el cementerio de la misma, en el día de la fecha, al cadáver de Dn. Vicente Gisbert, edad setenta y cuatro años. Teniente Coronel retirado, hijo del Dr. D. Vicente Gisbert, y D.ª Narcisa Colomina; estado casado con D.ª María Antonia Taléns, naturales todos de esta Villa; testó ante el escribano de la misma Pascual Martínez, el día tres de los corrientes; falleció hoy, enfermedad una obstrucción del higado. Y para que conste lo firmo en dicha Yglesia, día tres de noviembre año mil ochocientos cincuenta y cinco.- Fructuoso Taléns, pbro.”[5].

Na Maria Antònia Talens va fer testament el 20 de maig de 1857 davant Pasqual Martínez escrivà reial; i el dia 13 de març de 1858, als setanta-cinc anys, moria després d’haver rebut els Sants Sagraments. A l’endemà, passades les 24 hores reglamentàries era soterrada al cementeri municipal[6]. La partida diu així:

“Como Racional de la Yglesia Parroquial de la villa de Carcagente, provincia de Valencia, mandé dar sepultura eclesiástica en el cementerio de la misma, en el día de la fecha, al cadáver de D.ª María Antonia Taléns y Mezquita, de edad de 75 años, hija de Dn. Vicente y de D.ª María Antonia Mezquita, su estado viuda de Dn. Vicente Gisbert, todos vecinos de esta Villa; de estado nobles. Testó ante el escrivano D. Pasqual Martínez, vecino de ésta, en 20 de mayo de 1857; su enfermedad apoplegia; falleció ayer. Y para que conste lo firmo en dicha Yglesia, día catorce de marzo año mil ochocientos cincuenta y ocho.- José Serra, Pbro.” [7].

Amb el llegat atorgat per Na Maria Antònia Talens —valuat en més de 12.700 rals— es va finalitzar le decoració de la capella de la Mare de Déu d’Aigües Vives, sota la direcció del daurador de Xàtiva, Vicent Simarro i Oltra. També va fer donació a la nostra Patrona d’un mantell, fet del davantal del trage de núvia, que era dut als malalts i vint-i-quatre arracades de perles fines[8].


La Mare de Déu d'Aigües Vives amb els collars de la Marqueseta

Any 1901


GENEALOGIA DE LA FAMILIA TALENS

 

Josep Talens de Bartomeu (Carcaixent, 1596-1629), que va contraure matrimoni l’any 1580 amb Úrsula Lloret (Carcaixent, 1560-1637), i procrearen entre d’altres fills a:

Josep Talens i Lloret (Carcaixent, 1595-1678), metge i batle de Carcaixent. Al manuscrit “Guardianes deste Convt.o de S. Fran.co de Carcagent dende su fundación“, custodiat al fons de l’Arxiu Històrico Municipal, es diu d’ell que “...ha sido toda su vida apassionadissimo devoto deste Conv[en].to y le ha favorecido mucho en todas ocasiones y negocios que se ofrecen. Por su devoción da de comer cada año el Jueves Santo a los Religiosos. Y también el día de Todos Santos. Sin otras muchas limosnas ordinarias y extraordinarias“..., adquirint el dret de sepultura a l’interior de l’església del Convent. Va contraure matrimoni l’any 1614, en primeras noces, amb Teodora Albelda i Albelda (Carcaixent, 1596-1629), i l’any 1630, en segones, amb Elisabet Joan Albelda i Guerau (Carcaixent, 1609-1685), i procrearen entre d’altres fills a:

I. Frey Francesc Talens i Albelda (Carcaixent, 1633), que l’any 1650 va ingressar a la Reial Orde de la Mare de Déu de Montesa i Sant Jordi d’Alfama.

II. Joan Talens i Albelda (Carcaixent, 1644-1690), ciutadà, que fou batle de Carcaixent l’any 1678.

III. Salvador Talens i Albelda (Carcaixent, 1635-1678), ciutadà i batle de Carcaixent l’any 1666. En acció de gràcies a santa Anna fundà l’ermita “... que está a la salida de la villa, junto a la puerta de Xátiba ...” que fou inaugurada el 10 de setembre de 1673. Va contraure matrimoni l’any 1662 amb Caterina Albelda i Pablo (Carcaixent, 1642-1701), i procrearen entre d’altres fills a:

Salvador Talens i Albelda (Carcaixent, 1667-1756). Noble. Fou elegit batle de Carcaixent per “... Real Título de onze de febrero de mil setecientos y siete ...”. De militància austriacista durant la Guerra de Succesió “... fue creado Baile de la Villa de Carcagente en las turbaciones pasadas por el intruso gobierno y, abanando su casa, siguió el partido contrario, con nota de desafecto a Su Magestad ...”. Va rebre el privilegi de Noblesa, concedit pel rei Felip V, el 13 de abril de 1741. Va contraure matrimoni amb Raimunda Ferrando (+ Carcaixent, 1747), i procrearen entre d’altres fills a:

Salvador Talens i Ferrando (Carcaixent, 1692-1751). Alcalde de Carcaixent en 1733, que va contraure matrimoni l’any 1714 amb Dorotea Colomina i Amador (Carcaixent, 1690), i procrearen entre d’altres fills a:

Josep Talens i Colomina (Carcaixent, 1715-1780). Ciutadà. Regidor perpetu de Carcaixent. Fundador del Mayorazgo. Va contraure matrimoni l’any 1736 amb Lleonarda Garrigues i Roser (+ Carcaixent, 1792), i procrearen entre d’altres fills a:

Josep Vicent Talens i Garrigues (Carcaixent, 1738-1797). I marqués de la Calzada, títol de Castella, concedit pel rei Carles IV, el 9 de febrer de 1797. En 1766 va contraure matrimoni a Formiche Bajo (Terol), amb Antònia Mezquita i Cebrián (Rubielos, Terol?-Carcaixent, 1820), filla del baró de la Pobadilla, i procrearen entre d’altres fills a:

a) Maria Antònia Máxima Bernarda Taléns i Mezquita, La Marqueseta (Carcaixent, 1783-1858). En 1826 va contraure matrimoni amb el tinent coronel Vicent Pasqual Gisbert i Colomina (Carcaixent, 1781-1855), fill del doctor Vicent Gisbert i Mariño, advocat, i Maria Narcisa Colomina i Garcia, sense descendència.

b) Vicent Maria Talens i Mezquita (Carcaixent, 1773-València, 1826). II marqués de la Calzada (1801-1826). Baxiller en Filosofia per la Universitat de València, capitá del Cos de Voluntaris Honrats i Oïdor de la Reial Audiència de Sevilla. En 1809 va contraure matrimoni a Sevilla amb Maria del Carme de Ulloa i Remírez (Cadis, 1784-1811), el Sol de Andalucía, filla d’Antoni Ulloa de la Torre, tinent general de la Reial Armada i Comanador d’Ocaña de l’ Ordre de Sant Jaume, i de Francesca Melciora Remírez i Encalada, i neta de Francesc Remírez de Ordaz i Laredo, caballer de l’Ordre de Sant Jaume i conde de San Javier i Casa Laredo (Lima-Perú)[9] i procrearen entre d’altres fills a:

Maria del Carme Talens i Ulloa (Alcalá de Guadaira-Sevilla, 1803), que va contraure matrimoni amb Miquel Nicolau Galiano i Texedor Pascual i Ortíz (Xàtiva?-València, 1863), III marqués de Montortal, i procrearen entre d’altres fills a:

a) Miquel Eusebi Galiano i Talens, Texedor i Ulloa (Alacant, 1837-València, 1895), IV marqués de Montortal, sense descendència.

b) Maria del Carme Galiano i Taléns, Texedor i Ulloa (Alacant, circa 1839-València, 1919), V marquesa de Montortal. L’any 1867 va contraure matrimoni amb Ferran Núñez-Robres i Salvador Barnuevo i Barroso de Frías, a la Reial Capella de la Mare de Déu dels Desemparats a València, i procrearen entre d’altres fills a:

Ferran Núñez-Robres i Galiano, Salvador i Taléns (València, 1882-1969), VI marqués de Montortal (des del 12 de maig de 1920), VI marqués de la Calzada (des del 1912) i VI marqués de Montenuevo i baró d’Alcàsser. L’any 1907 va contraure matrimoni amb Pilar Rodríguez de Valcárcel i León Castillo i Liñán, VIII condesa de Pestagua i marquesa de la Roca, i procrearen entre d’altres fills a:

Josep Antoni Núñez-Robres i Rodríguez de Valcárcel, Galiano i León (València, 1915-1972), VII marqués de Montortal, VII marqués de la Calzada, VII marqués de Montenuevo, IX marqués de la Roca i IX conde de Pestagua. Va contraure matrimoni amb Pilar Escrivà de Romaní i Patiño, i procrearen entre d’altres fills a:

Ferran Lluís Núñez-Robres i Escrivà de Romaní (Madrid, 1963), VIII marqués de Montortal, de la Calzada y Montenuevo, X conde de Pestagua i baró d’Alcàsser.

 

 

SELECCIÓ DE TEXTOS SOBRE

NA MARIA ANTÒNIA TALENS i MEZQUITA

I LA BATALLA DE CARCAIXENT

 

 

 

HISTORIA DE ESPAÑA

Biblioteca de Gaspar i Roig (1853), tom III, pàg. 268

 

[...] Gozoso volvía Suchet á proseguir sus operaciones en la línea del Júcar, que en su ausencia habían atacado en vano los españoles, sufriendo los del duque del Parque un rudo golpe en Carcajente, cuando le llegó la noticia de la rota de Vitoria y la retirada a Francia de José y todos los ejércitos con que operaba...



El duc del Parque


 

HISTORIA GENERAL DE ESPAÑA

Modest Lafuente (1880), tom V, pàg. 217

 

[...] Durante esta malhadada expedición fueron atacados los franceses en la línea del Júcar, que era una de las combinaciones del plan, pero también sin éxito, ya que no se diga habernos sido desfavorable. Tomaron no obstante á los dos días los nuestros (13 de junio) unas alturas, de donde los contrarios no pudieron desalojarlos. El general Elio, jefe del segundo ejército, los cañoneaba desde allí. El duque del Parque, que mandaba el 3.º y había ido allá desde la Mancha cuando los franceses evacuaron á Madrid, tuvo un encuentro en Carcagente en que perdió más de 700 hombres...



 El general Elio

 

 

SERMÓN PREDICADO EL 16 DE OCTUBRE DE 1900

EN LA FIESTA DE LA MADRE DE AGUAS VIVAS,

PATRONA DE LA VILLA

DE CARCAGENTE EN SU IGLESIA PARROQUIAL

Josep Francesc Fogués i Cogollos

València, Tipografia Moderna a càrrec de Miquel Gimeno, 1900

 

[...] A los pies del trono de la Madre de Aguas Vivas se formaron ánimos esforzados como D.ª Antonia Taléns Mezquita, conocida por la “Marqueseta”, de quien he hecho mención, que se postra á los pies del general francés Suchet (sic), pidiendo derogue la orden de saqueo, que obtiene cuando ya sus soldados empezaban á derribar la puerta de la clausura de las monjas dominicas. Hijos eran de la Madre de Aguas Vivas, Vicente Blasco Vidal, Miguel Cucó, Francisco Bronda, Nicolás Albelda, Juan Bautista Darás, Domingo Úbeda, José Núñez y Leonardo Blanes, que con 22 soldados sellaron con su sangre la defensa que nuestro padres hicieron contra la invasión francesa el 13 de junio de 1813, para cuyos paisanos nuestros, Ilustrísimo Señor, pido un humilde azulejo, al menos, en una de nuestras calles ó plazas, con el nombre de “Héroes Carcagentinos de la Independencia”, á fin de que sepan siempre los hijos de nuestro pueblo, que sus ascendientes defendieron con verdadero valor la Religión y la Patria...

 

El mariscal Louis-Gabriel Suchet, Duque de la Albufera


 

EL ALTAR Y EL HOGAR

Josep M.ª Navarro i Daràs

Alma Joven, 14 juny 1908

 

Sin la fe de los Santos y el honor de español castizo no se comprende la temeraria bravura de los hijos de Carcagente en la Guerra de la Independencia.

Sólo el ideal cristiano que engendra santas locuras, y el entusiasmo patrio que templa héroes indomables, son capaces de darnos la clave misteriosa para descifrar los enigmas de tan épicas proezas.

Un puñado de hijos del pueblo, que después de cinco años de sangrientas refriegas, todavía se apresta á detener la marcha victoriosa de un grueso cuerpo del ejército invasor, ¿en que pensaba?

Un puñado de paisanos valerosos, restos afortunados que se habían salvado de continuas hecatombes, y á quienes todo lo que les sobraba de valor y arrojo, les faltaba de armamento poderoso, de táctica militar y de aguerridos capitanes, ¿qué esperaba?

Esta es la doble pregunta que hoy, por lo de hoy, no tiene cuerda explicación. Hay que remontarnos más alto.

Hoy, á la distancia de un siglo y a través de una atmósfera enturbiada, más que por el humo de la pólvora, por los egoístas de un escepticismo asfixiante, no podemos pensar y sentir aquellos arrestos de abnegación que empujaban á nuestros abuelos al sacrificio del bienestar y de la vida.

Hoy, después de una centuria de transformaciones en la faz de los pueblos, y después de haber achicado los vuelos de nuestras grandes aspiraciones á los menguados horizontes, cuyos confines quedan en torno nuestro, limitados por los convencionalismos de individuales ambiciones, hoy no es ya posible vislumbrar aquellas infinitas lontananzas de gloria que alentaron á nuestros mayores en sus legendarias bizarrías.

Los franceses de antaño, á pesar de su inmenso poderío, no lograron por entonces vencernos con las traiciones y alevosías de sus armas devastadoras, pero á la postre, evolucionando en los franceses de todo un siglo, han conseguido ogaño uncirnos al carro triunfal de sus ideas impías, de sus concupiscencias inmorales y de su positivismo cruel.

Por esto ya no pensamos ni esperamos con la elevación de objetivos que nuestros antepasados.

Nosotros sin sentirlo ni darnos cuenta hemos sufrido una metamorfosis psicológica, que causa espanto á los éticos impolíticos.

Nosotros, nos hemos inficionado de aquella atmósfera mefítica que envolvía á los conquistadores de rapiña y dejaron esparcida en nuestro suelo purísimo.

Así es que, mientras entonces á sangre y fuego no pudieron arrebatarnos el lábaro santo de nuestras creencias vigorosas ni la gloriosa bandera de nuestra nacionalidad, al presente nos han vencido y envilecido con el contagio de sus leyes revolucionarias, de sus sectarismos antirreligiosos; nos han vencido y esclavizado con el veneno de sus enciclopedistas y con el opio de su literatura sensual.

Por esto ya no pensamos, sentimos y esperamos con el tesón y magnanimidad que nuestros abuelos; y por esto no alcanzamos á comprender sus inverosímiles aventuras.

En nuestros días, pese á quien pese y dicho sea con rubor de pocos, porque ya muchos han perdido hasta la vergüenza de españoles auténticos, hoy digo y repito con honda pena, hay muchos, muchísimos, que son más afrancesados que aquellos traidores de nuestra raza, que por un puñado del botín robado, vendieron á nuestros abuelos, á nuestras leyes patrias, á nuestras tradiciones y dogmas divinos.

Los españoles de 1808, salvas ignominiosas excepciones, eran hombres de firmes convicciones, y en ellos la grandiosidad de sus empresas correspondía á la alteza de sus miras superiores.

Sólo así se explica la magnitud del holocausto de los hijos de Carcagente en la defensa de su fe, sus solares é independencia.

Porque, si bien es verdad que ellos no fueron en lo humano tan fanáticos que se lanzasen jamás al combate, previniendo la derrota para morir como gladiadores en el Coliseo, puesto que por el contrario contaban siempre con las ventajas de sus posiciones estratégicas, y tenían en caso adverso una fácil retirada á favor de la selvática cortina de pinares, carrascales y olivares que desde las sierras inmediatas se extendían entonces hasta las paredes del pueblo, es lo cierto, que sin la sublime concepción que ellos tenían del deber, tanto como cristianos cuanto como ciudadanos, no les hubieran quedado alientos para soportar tantos y tan sangrientos azares.

Ellos, es cierto, que van cayendo aquí unos hoy y otros allá mañana, bajo la impunidad de las balas enemigas, pero, también lo es que nuestros paisanos les hacían pagar con creces aquellas sensibles bajas internándose poco á poco en el bosque, donde no podían molestarles la artillería ni los escuadrones montados, llamándoles así á la lucha cuerpo á cuerpo, y era cosa segura que de cuantos franceses se internaban para hostilizarles en la espesura, apenas si jamás salía uno vivo.

Y de tal modo se portaban aquellos guerrilleros, lo mismo juntos que separados, que los viejos de mí juventud solían decir: que desde la Montañeta hasta la Serretella, todo era un gran cementerio de franceses.

Con estos precedentes, nada tiene de extraño el toque de saqueo y degüello que mandó el General Suchet en su asalto a Carcagente. ¡Lo milagroso fué cómo alcanzó la contra orden aquella Marquesita de Montortal, pequeña como una niña y apuesta como una reina.

Cuando yo la visitaba, aún se veía en su finura las cenizas de un diamante! ¡Tal era su corte nobiliario!

Pues bien; todo aquello no obstante, es natural que con tan primitivos elementos de ataque y defensa no hubieran perseverado nuestros paisanos sin capitular, si la profanación del altar santo, los atropellos de sus hijas y esposas, y el saqueo de sus hogares no hubieran atizado de continuo el fuego devorador de sus sentimientos más sagrados.

Para los españoles de hoy perder la vida es perderlo todo. Para los españoles de ayer perder la vida por Dios y por la Patria era ganarlo todo; era empuñar la palma de otra vida mejor en el cielo, y el laurel de sugestivos ejemplos para la posteridad en la Tierra.

Sus alientos en la pelea era la voz de Cristo que dijo, y repercutía en su conciencia: el que entregare su alma por mí y por el Evangelio, la hará salva.

Y, como esta sentencia era la divisa universal en toda España, de ahí se seguía que la unidad de pensamiento, y la igualdad de esperanzas produjera indefectiblemente la uniformidad de acción y de constancia.

De aquí que las heroicidades prodigiosas del Bruch, Gerona, Zaragoza y Bailén no son sino los monumentos gigantescos, que sintetizan en sus pináculos la fe y valor de todo el pueblo hispano personificados en las figuras de Berguez, Álvarez de Castro, Palafox y Castaños. Más no por esto, son menos admirables y dignos de loa eterna aquellos mil y mil héroes anónimos que cayeron en la brecha ó sucumbieron en el foso al dar sus caudillos victoriosos el asalto al alcázar de su gloria militar.

Cada pueblo y cada rincón de España fueron teatro en pequeño de cien episodios legendarios, aunque muchas veces desventurados. Pero así y todo, si el Dios Éxito no fuera la Divinidad que más se glorifica en las batallas, ya veríamos; cuantos vencidos serían coronados con la apoteosis de sus mismos vencedores: ¿Cómo no?

¿Somos acaso menos héroes los que murieron impávidos en la derrota que los que sobrevivieron á la victoria?

No. En manera alguna. Tal vez lo fueron mucho más. Justo, pues, y muy merecido es el homenaje espléndido que en estos días tributa Carcagente á sus hijos heroicos, víctimas sin ventura, que en la Guerra de la Independencia derramaron su sangre en defensa del Altar y su Hogar.

A todos y á cada uno de ellos, á los conocidos como á los ignorados sean dedicados nuestros vítores patrióticos, nuestra veneración filial y nuestro recuerdo imperecedero.

A todos y á cada uno de vosotros, patricios ínclitos, así á los que tenéis descendientes que celebren vuestra honrosa memoria, como á los que ya no os quedan hijos de vuestras entrañas que os recen y os bendigan, á todos, á todos séaos propicia y placentera la Hostia Sacrosanta que por vosotros elevo en estas fiestas centenarias al Dios de las bondades sin límites.

Y tú, Juan Bautista Darás, joven abuelo mío, que caíste en la brecha, como los fuertes de Israel, justo es, y á nadie sabrá inoportuno en la presente ocasión, que tu nombre, reservado en mi corazón como en un sagrario, lo ponga hoy de manifiesto al patriótico entusiasmo de mis paisanos y al cariño de tus descendientes.

Tú, que enardecido con los sublimes amores de la Religión y de la Patria, te hiciste superior á los del tálamo nupcial y á los de las deliciosas primicias de la paternidad; tú, que antes de inmolarte en el ara del Altar y del Hogar salvaste los vasos sagrados de la iglesia en las tinajas subterráneas del aceite turbio de tu morada; tú, que al toque de somatén del 13 de Junio aciago, pusiste precipitadamente á salvo la honra y la vida de varias niñas y ancianas escondiéndolas en alta cámara ignorada en la calle del Cadirer, y para cortar toda subida hundiste al instante la escalera de mano en pozo oscuro; tú, que sin tiempo á dar el último beso al angelito de tu alma, te lanzaste al combate, más fiado en tus bríos juveniles y potencia atlética que en la superioridad de tus armas; tú, que luchando á pecho franco contra veteranos de perfecto armamento caíste al fin acribillado de balazos con otros muchos denodados compañeros; tú, abuelo mío, que perdiendo una vida mortal, ganaste una inmortalidad dichosa, pide á Dios que los hijos de Carcagente no degeneren jamás de su castiza prosapia, y á todos, pero especialmente á tus nietos, biznietos y tataranietos que hoy vivimos, infunda en sus almas las virtudes cívicas que nos hagan dignos patricios, y el valor de confesar y defender sin cobardías aquella fe entera de nuestros aborígenes, que engendró mártires para la gloria del Cielo, y héroes para la historia de mi patria amada.

 

 

REMEMBRANZAS

F. P. Hernández

Alma Joven, 14 juny 1908

 

Muy niño aún, reuníame con mi familia durante las largas noches de invierno, al amor de la lumbre, y una vez agotada la conversación de los mayores, pedía con insistencia a mi ancianita abuela, me refiriera los sucesos de la guerra con el francés, e invariablemente nos hacía el siguiente relato, que quedó en mi memoria:

Al entrar los franceses en esta Villa, el general que los mandaba dió orden de degüello, y enterados los vecinos de tan atroz disposición, procuraron esconderse donde los apremios del caso permitían, y ella, niña de pocos años, fué metida por su madre entre los más altos cañizos de la cámara, único escondite de que disponía.

La primera víctima, lo fué de un sablazo en la cabeza, en el callejón situado al lado de la escuela o ex-ermita de la Sangre, frente a la única casa del mismo, continuando la matanza por la calle de los Santos, e indudablemente hubieran sucumbido la mayoría del vecindario, a no ser porque la respetable señora Doña María Antonia Taléns “la Marqueseta”, en cuya casa de la Plaza Mayor se hospedaba el general, tuvo la providencial y heroica determinación de salir al encuentro de su forzoso huésped que, presenciando la distribución de fuerzas estaba en la acera de enfrente de su casa, y arrojándose a sus pies, le suplicó entre sollozos revocara la orden de degüello, trocándola por la de saqueo, consiguiéndolo su abnegada y viril actitud.

Reconocida a Nuestra Excelsa Patrona por la fortaleza de que la revistiera para llevar a efecto su hermoso y noble rasgo, y por la solución favorabilísima, le regaló el rico delantal que llevaba en tan críticos momentos y que luego se utilizó para manto de la venerada Imagen...

Placa de marbre "Plaza de la Independencia" (1908)

Jardí Convent de Sant Francesc d'Assís

 

 

HISTORIA DE CARCAGENTE

COMPENDIO GEOGRÁFICO-HISTÓRICO DE ESTA CIUDAD

Francesc Fogués i Juan

¡Juventud! Carcaixent, Imp. B. Cuenca (1934-36), pàgs. 135 i ss.

 

No fué Carcagente de los que menos sufrieron durante la Invasión francesa, a primeros del siglo pasado.

Y no es que nuestro pueblo se resignara a sufrir la suerte del vencido, sometiéndose al invasor, porque en junio de 1808 ya se amotinó, siguiendo el gesto gallardo del “Palleter” de Valencia, y dispuesto a vender cara su libertad, formó una guerrilla que se dirigió hacia Valldigna, pero en este punto el Abad del Monasterio, pensando que se encaminaban a una muerte cierta, después de obsequiarles con unos calderos de arroz, les disuadió de su empresa, consiguiendo que volvieran a la población.

A primeros de julio de 1808 Moncey desistió de tomar Valencia y se dirigió hacia el Júcar, por lo que los carcagentinos, viendo que había llegado el momento de jugar caras sus vidas, se aprestaron a la defensa, pero todas las medidas que se tomaron resultaron ineficaces, porque Moncey, sin entrar en Carcagente, siguió su marcha hacia Madrid.

Entre las alternativas de victorias y derrotas de nuestro ejército y presa siempre de la mayor zozobra, vivió nuestra población hasta diciembre de 1811 en que al ser sitiada Valencia de nuevo, parte del ejército francés se corrió hacia el Júcar. Ante el peligro que se aproximaba, otra vez los carcagentinos se aprestaron a defenderse, pero al tener noticias de que la capital se había rendido, y no contando con medios para una larga resistencia, depusieron su actitud.

No tardó muchos días Carcagente en caer bajo el poder de los franceses y desde el primer momento, el ejército invasor entró a saqueo en las iglesias, llevándose toda la plata de las mismas. Solamente pudieron salvarse las alhajas de la Parroquia porque el Clero tuvo buen cuidado de esconderlas antes en unas tinajas de aceite que habían en los sótanos de la calle del Torner y cubrir con estiércol sus entradas.

Sin embargo, aun pudieron robar la lámpara de plata del altar de Santo Tomás y la de la Virgen del Rosario, así como también otra grande del mismo metal, rodeada de otras seis pequeñas, que un marinero había regalado a Nuestra Señora de la Salud de Cogullada.

Entre tanto Carcagente hallábase agobiado por los numerosos gravámenes y tributos que por fuero de conquista exigía el invasor.

Y llegó la memorable fecha de la Acción de Carcagente. Fué esta el 13 de junio de 1813[10]. Unos días antes de la misma, el general Elio trató de ocupar la orilla derecha del Júcar, por lo que hubo de combatir al general Harispe, al que logró detener. Mientras esto ocurría, el duque del Parque[11] dirigióse precipitadamente con el ejército español hacía Carcagente para ayudar a Elio, pero al llegar a nuestra población, vióse sorprendido por los franceses que venían a su encuentro.

En medio de la calle de la Marquesa de Montortal desarrollóse la mayor parte de la acción, la que desgraciadamente no fué victoriosa para los nuestros, pues además de ocho carcagentinos[12], murieron 22 soldados y quedaron prisioneros otros 700, por lo que el del Parque hubo de replegarse hacia Castalla.

Los héroes carcagentinos que perdieron la vida en esta acción fueron: Vicente Blasco, Miguel Cucó, Francisco Bronda, Nicolás Albelda, Juan Bautista Darás (abuelo del Deán Navarro), Domingo Úbeda, José Núñez y Leonardo Blanes.

Los de Carcagente habían echado al vuelo las campanas a la llegada del Duque del Parque, pero no lo hicieron así cuando a los pocos momentos entraban también los franceses, por lo que enojado el general Harispe, así como por la resistencia que nuestra población había ofrecido a sus tropas, dió orden de saqueo y degüello.

Entonces fué cuando la “Marqueseta”, en medio de la plaza Mayor, se arrodilló a los pies del general demandando clemencia, demanda que fué atendida por el francés, por lo que retiró la orden de degüello.

Subsistió, sin embargo, la de saqueo, y entonces fué de ver el espectáculo lamentable que ofreció nuestro pueblo ante el temor de semejante orden. Veíase a las doncellas, locas de terror, huir por las calles en busca de algún refugio; los vecinos lívidos, ocultar en los establos sus alhajas y ahorros, las mujeres y los niños llorando desesperadamente, y entretanto, grupos de soldados franceses iban asaltando las casas, descerrajando las puertas a culatazos y revolviendo con las bayonetas las camas, los graneros y pajares, y esto en medio de la gritería más espantosa y de las mayores blasfemias.

Cuatro horas duró tal estado de consternación y durante este tiempo que de rapiñas, brutalidad y desenfreno. Todo lo robaron, todo lo maltrataron y escarnecieron; incontables doncellas perdieron el honor en medio de una lucha desesperada; pero también fueron incontables los franceses que desaparecieron misteriosamente de sus hospedajes sin que se pudiera dar razón de ellos. Si el pozo del huerto de don José Escrich de la Montañeta y el estiércol de los establos pudieran contarnos sus secretos, nos dirían, sin duda alguna, de su paradero.

El general Harispe hospedóse entretanto en la casa de la “Marqueseta”, conservándose aún de su estancia en ella la cama donde durmió.

Poco tiempo permanecieron los franceses en Carcagente después de esta acción, porque a primeros de julio marcharon a Alicante en donde comenzó la fortuna ya francamente adversa.

 

LA MARQUESETA

Bernat Gil i Garcia

Estilo, núm. 1, 14 octubre 1943

València, Tip. Levante, 1943.

 

[...] Nos hallamos ante la fecha memorable de junio de 1813. Las tropas españolas, al mando del general Elio, intentaban detener a los invasores en la margen derecha del Júcar, el duque del Parque, con su ejército, acude también al lugar de la lucha y ello anima a los carcagentinos, que lanzan las campanas al vuelo.

El emplazamiento de la cruenta batalla estuvo situado en la entrada de la población; el general francés Harispe avanza con sus tropas, procedente de Alcira, y el primer choque se produce desde el altozano donde hoy radica el caserío de Santa Bárbara; la vanguardia francesa quedó diezmada y los mayores oficiales de Harispe sucumbieron ante el coraje de los carcagentinos, que vendieron caras sus vidas. A la llegada del grueso de las fuerzas francesas, se bate en retirada nuestro ejército, y desde Santa Bárbara hasta el convento de las Dominicas, se desarrolla la sangrienta lucha, con pérdidas por ambas partes. El duque del Parque, con sus soldados, se retira hacía Alicante, y el francés entra en Carcagente rugiente de rencor bélico y con propósitos de exterminio de los vencidos.

Vivía en aquella fecha en nuestra población una mujer, pequeña de cuerpo, pero gigante de espíritu, la cual haciendo honor a sus blasones, hizo efectiva la máxima de “nobleza obliga”. Fué esta mujer, doña María Antonia Taléns Mezquita, nacida el 9 de enero de 1783 e hija del primer Marqués de la Calzada, don Vicente Taléns Garrigues, conocida y apellidada por sus convecinos y coetáneos con el sobrenombre de “La Marqueseta”. En aquel entonces, había terminado de edificar su mansión señorial y casa solariega, en el sitio más céntrico de la población, en la hoy plaza del Caudillo, frente a la Iglesia Parroquial, ornamentándola con el arte exquisito de aquella época.

El general Harispe, con sus ayudantes llega a nuestra plaza Mayor, e inmediatamente hace publicar la orden de pasar a cuchillo y saquear a todos los habitantes. La consternación y el terror hace presa en los carcagentinos; únicamente doña Antonia Taléns Mezquita, conserva en aquellos trágicos momentos la serenidad. Vístese, con premura, sus mejores galas, cual otra Judith libertadora de su pueblo y saliendo de su casa, se abre paso a codazos entre la soldadesca, que contempla, admirada, su juventud (contaba solamente 30 años) y rozagante atavío, y llegada a la presencia del general, se postra de rodillas y con emocionadas lágrimas le dice: “Perdonad, señor, a Carcagente que, enardecido por la pasión, ha hecho armas contra vuestro soldados”. “Que sufran merecidas represalias ─ contesta el general─ y caigan con villanía los que con artera emboscada han hecho caer a algunos de mis mejores oficiales”. ─ Señor, perdón ─ insiste la heroína─. Al menos conmutad el degüello por una hora de saqueo”. ─ No puedo ni debo otorgar piedad cuando mi ejército está enfurecido y clama venganza”.

Ante tan rotunda negativa, se yergue la noble dama y con la mayor entereza añade: “Bien, general, que se cumpla vuestra orden. Mas os hago saber que soy española y carcagentina y como a tal no acato otra soberanía que la de mi legítimo monarca, el Rey Fernando, y quiero ser la primera en someterme a las armas de vuestros soldados; que comience por mi persona y casa, antes que por la de cualquier otro carcagentino, el cumplimiento de vuestra orden”.

Heroísmo de tan subidos quilates unido a la nobleza y distinción de la ilustre dama hizo presa en el ánimo del general Harispe, cuya caballerosidad no le permitía ser aventajado en hidalguía por una señora, y tras unos instantes de indecisión mandó revocar la orden según los deseos de nuestra heroína, conmutando el degüello por una hora de saqueo. Agradecida doña Antonia, ofrécele al general su señorial mansión para hospedarle, y aun se conserva la cama, con valioso pabellón de época, donde durmió Harispe durante su estancia en nuestra ciudad.

Carcagente quedó libre de horrorosa matanza a manos de una soldadesca enfurecida, merced al rasgo heroico de su ilustre hija doña Antonia Taléns Mezquita, conocida por “La Marqueseta”.

Nuestra ciudad no olvida a sus heroicos hijos, y en su representación, el M. I. Ayuntamiento, en el año 1908, centenario de la Independencia, tomó el acuerdo de perpetuar la memoria de este hecho, colocando una lápida en la fachada de la casa solariega de “La Marqueseta”, con la siguiente inscripción: Carcagente a Doña Antonia Taléns Mezquita, agradecido por su heroico acto ante el invasor en 13 de junio de 1813. Centenario de la Independencia. Junio de 1908. Y, además rotular la calle que fue escenario de la memorable batalla, con el nombre de “Marquesa de Montortal”, como reconocimiento y homenaje a la digna heredera de tan preclara estirpe, la sobrina-nieta de nuestra heroína, la entonces Marquesa de Montortal...

 

LA MARQUESETA

Soleriestruch

Estampas Biográficas de la Villa de Carcagente

Fàbregues, impressor, Carcaixent, 1950, pàgs. 121-133

 

[...] El Señor no tuvo a bien darle descendencia en la que emplear el ansia maternal de sus entrañas. Y ella la vertió en su pueblo y en sus cosas.

Un abrasamiento interior la predispuso al vuelo seguro y alto, a desasirse de todo lo que no fuera guía y camino que la encaminase a decisivas culminaciones. Que no fué heroísmo, no: no fué heroísmo tan sólo lo que le llevara a ofrecerse como víctima propiciatoria al general francés, ansioso de revancha. Todo un pueblo estaba sentenciado... ¡Y era el suyo precisamente!

Aquel trece[13] de junio de mil ochocientos trece, estimó el Señor la tenía destinada para tan alto menester. Los señores no lo son, si, la ocasión llegada, no patentizan el señorío del espíritu.

¡Y ella quiso serlo! Quiso además pasar por la vida, dejando en ella huella entrañable, florecida en gratitud, abierta como el alma estaba a toda entrega, a toda renuncia. Quiso dejar hondo surco en la generosa tierra del afecto para que en ella prendiera la siembra que, en el futuro, brindara madura cosecha de cariño.

¡Sólo Dios y ella sabían cuán encontrados sentimientos se debatían en su alma, al ofrecer al general HARISPE su casa para que ella se alojase! Las salas que los sirvientes a hollar no se atrevían sin antes descalzarse, vieron manchados los azulejos del pavimento con las botas del vencedor, en cuyas manos estaban la honra y la hacienda de un pueblo... ¡Del pueblo en el que, hasta entonces, sólo “LA MARQUESETA” señoreara...!



 Batalla de Castalla (Alacant)

 

 

GRAN ENCICLOPÈDIA VALENCIANA

Tom V, 1991, pàg. 106

 

[...] El 13 de abril de 1813 los generales británicos Wittingham y Murray vencieron a Suchet en la segunda batalla de Castalla, pero la victoria no fue total, ya que el ala que mandaba el general Elio fue derrotada. Esta fue la primera, y prácticamente la única, derrota del mariscal napoleónico en territorio valenciano, y no sirvió prácticamente de nada, ya que Suchet fortificó la línea del Xúquer, de modo que Elio fue nuevamente derrotado en Rotglà y el duque del Parque en Carcaixent, con lo que se tuvo que abandonar el territorio que se había ocupado después del segundo combate de Castalla...


EPISODIO

Estampa lírica en dos actos y tres cuadros

Eduard Soleriestruch

(1960)

Alzira, Graficuatre, 1993, 95 pàgs.

 

ESCENA SEXTA

 

Luego de prodigar la última sonrisa al postrer invitado, avanza María Antonia hacia el centro de la terraza, seguida de Harispe.

 

M.ª Antonia (ausente) ¿Decía usted algo, General?

Harispe Pues... no.

M.ª Antonia ¿De veras?

Harispe De veras...

M.ª Antonia ¡Cosa más extraña...! Como si hubiera oido... ¿De verdad no me ha llamado?

Harispe Puedo jurarlo... Aprovecho ahora la ocasión para deciros...

M.ª Antonia ¿Qué vais a decirme, General?

Harispe Sólo una palabra.

M.ª Antonia ¿Qué palabra?

Harispe ¡Adiós...!

M.ª Antonia Bien poca cosa es...

Harispe Y además... pediros perdón.

M.ª Antonia ¿Perdón...? ¿Y de qué, General?

Harispe De cuantas molestias os he ocasionado.

M.ª Antonia ¡No merece la pena!

Harispe También de haber sido la causa de que vayan ahora nuestro nombres en boca de todos...

M.ª Antonia ¿En boca de todos...? Bueno, y ¿qué puede decir nadie?

Harispe Poder, desde luego, no pueden...

M.ª Antonia ¡Entonces...!

Harispe Pero decir... ¡Vaya si dicen...!

M.ª Antonia Y ¿qué es lo que dicen, General?

Harispe Algo tan mezquino y tan bajo que no me atrevo a deciros...

M.ª Antonia Os hago gracia de ello... ¡Qué gano con saberlo ahora...! ¡Tiempo habrá para que la

noticia me ensucie los oídos...! Porque habrá sido mi gente... ¿no es cierto?

Harispe En efecto.

M.ª Antonia Pues... lo siento mucho, pero me importa poco.

Harispe No os comprendo.

M.ª Antonia Me basta con saberme limpia, General. Lo que diga la gente...

Harispe ¡Esa misma gente por la que expusisteis vuestra vida...!

M.ª Antonia ¡Qué se le va a hacer, General...! La gratitud no es cosecha que se de fácil en las multitudes... Un día arriesgáis vuestra vida por ellas... y al día siguiente ya andan buscando si no lo habrésis hecho con vuestra cuenta y razón...

Harispe Lamentable, pero cierto, Marquesa... Y perdonadme también...

M.ª Antonia ¡Más aún?

Harispe Si no tuve valor para deciros en el momento oportuno, que abandonaséis toda posible esperanza nacida en vuestro corazón... con motivo de mi galante deferencia...

M.ª Antonia ¿También eso he de perdonaros?

Harispe Acaso más que otra cosa, Marquesa.

M.ª Antonia Eso, pues... ¡no os lo perdono!

Harispe ¿Y me guadaréis eterno rencor?

M.ª Antonia ¡Os lo agradeceré toda mi vida!

Harispe ¡¡¡María Antonia!!!

M.ª Antonia María Antonia, sí... porque ahora es María Antonia... Esta pobre María Antonia, novia sin amor toda su vida... Ahora es María Antonia la que se goza lanzando a gritos su alegría de haberse sentido acariciada por el ala de seda del Amor que pasa, dejando en su alma ese estremecer tantas veces soñado en los instantes que fueron llenando sus años mozos... Ahora es María Antonia la que se anega en júbilo al estallarle la roja granada de su corazón repleta con los rubís de sus instantes apasionados... Ahora es María Antonia, la que deslumbrados los ojos por el fulgor del Amor que ha conocido... ya nunca más dará demasiada importancia a los sombríos cendales de la ingratitud, ni a la pestilencia de las aguas donde chapotean ruindades y bajezas... Y es ahora, General...

 

MÚSICA

 

M.ª Antonia Ahora son mis venas

cauces de diamante

que de luz van llenas.

Siento en la garganta

el trino de un ave

que, alocada canta...

y enciende en mis ojos

la dulce nostalgia

un fulgor remoto...

Harispe Nadie os ha querido

con esta nobleza

del corazón mío.

Nadie ha de quereros

como os ha querido

quien más no ha de veros...

M.ª Antonia De luz, una estela

dejará la ausencia

que a mi alma desvela.

Harispe Dios os acompañe

dándoos un cariño

que nunca os engañe.

Y ahora... ¡Adios, Marquesa!:

Harispe, al dejaros,

vuestra mano besa...”.

 

 

 

Fotos Riberaexpress.es


LA SENYORA

(Na Maria-Antònia Talens Mesquita,

“La Marqueseta”)

Josep Arminyana i Canut

Tradicions Carcaixentines. Toia de Glories

Feria y Fiestas de Carcagente

València, Imp. Torres (1970)

 

De rasos i de sedes ataviada

pel poble pregues al palau pairal;

al carrer, l’invasor acarnisat

de Napoleó, es val de l’encerada.

 

La vila tota trem! Tu, aviada,

als peus d’Harispe, general feral,

ta vida lliures senzilla i feminal

fent d’ella incomparable esllavisada.

 

Més sang no s’ha vessat. En mig de la plaça

romora el plec sublím, salvant la raça

de dols i rigors ta acció senyera.

 

Ta grandesa i blasó no menyspreuares

als peus d’aquell traidor; tant t’elevares

que ton nóm, d’allavors, tothom venera.

 

 

 La vila reial de Carcaixent a principis del segle XX

El Palau del Marqués de la Calçada a finals del segle XIX

L'antic carrer de les Monges, hui de la Marquesa de Montortal

El carrer de la Marquesa de Montortal a principis del segle XX

El Palau de la Marquesa de Montortal i l'Ajuntament vist des del Campanar

 

 

 La cuina del Palau del Marqués de Montortal

 L'Ajuntament i el Palau del Marqués de Montortal

 

 

 

JEAN ISIDORE HARISPE


Auñamendi Eusko Entziklopedia
Bernardo Estornés Lasa Fondoa

 

 

Mariscal de Francia. Nacido en Saint-Etienne-de-Baigorry (Baja Navarra) el 7 de diciembre de 1768, de una familia de comerciantes. Fue el mayor de la familia, formada por cinco hermanos y tres hermanas. Junto con sus hermanos se enrolará en una de las cuatro compañías de Cazadores Vascos, creadas a fin de defender la frontera pirenaica. Con ellas luchará entre el año 1792 y el 1801, y dos de sus hermanos, Timoteo y Pedro, morirán luchando en España. Al inicio de la campaña Jean-Isidore apenas contaba 24 años. Sin embargo, su juventud no le impedirá el ser pieza decisiva en varios hechos militares. Su jefe, el futuro mariscal Moncey, escribirá más tarde en un informe oficial:

"A Harispe se debe la conservación del valle de Baigorry".

Francia declaró la guerra a España el 7 de marzo de 1793. A partir de mayo la lucha se hizo muy fuerte, sobre todo en tres puntos: Arrola, Ispéguy y Berdaritz. En Arrola se distinguirá luchando contra el general español Caro. Harispe había sido elegido capitán de la primera de las compañías de Cazadores organizadas en Saint-Jean-Pied-de-Port a finales de 1792, más tarde incorporada en la división que mandaba el general La Genetière. En los enfrentamientos de Ispéguy compensará la inferioridad numérica de combatientes por el conocimiento del lugar. En enero de 1794 sus Cazadores le eligen jefe de batallón. El 3 de junio de 1794, un año después de Arrola, el joven jefe toma parte en el combate de Berdaritz. Una columna de 700 Cazadores, comandada por el general Lavictoire, comienza la ofensiva. Al ser herido Lavictoire, Harispe le reemplaza. Tanto en Berdaritz como en las Aldudes dejará constancia de sus dotes militares. Será en las Aldudes donde ganará el grado de coronel a sus 26 años. El informe de Mocey dirá:

"Es sobre todo en el ataque a las Aldudes donde ha mostrado cómo era digno de estar al frente de los soldados de la Patria".

La toma del campamento de Emigrés, próximo a Berdaritz, dio la posesión del Baztán (Navarra). Dicho triunfo fue el resultado de una maniobra conjunta entre la columna Harispe-Digonet, que atacaron de frente, y la columna La Tour d'Auvergne, que venía por Maya (Navarra). Tras la paz de Basilea (22 de junio de 1795), Harispe regresa a su punto de partida, Saint-Jean-Pied-de-Port. Su brigada será disuelta, siendo unida a otra afincada en Limoges. Bonaparte le encomienda entonces una misión de confianza: llevar al papa Pío VII los primeros documentos relativos al Concordato. En 1802 es encargado de comandar la Brigada 16 1/2, un gran regimiento distinguido en Marengo y Rivoli. Dos años más tarde (18 de mayo de 1804), se hacia la proclamación del Imperio. Harispe se pondría del lado del emperador, asistiendo el 2 de diciembre a la coronación de Napoleón I y apoyando sus ideas de conquista. En octubre de 1806 toma parte en la batalla de Jena, donde caen heridos tres de sus hermanos y donde al mismo general se le da por muerto, celebrándose incluso sus funerales en Baigorry y Saint-Jean-Pied-de-Port. Restablecido de sus heridas, a fines de enero de 1807 Napoleón le nombra general de brigada.

Un año más tarde partirá para España, participando durante cinco años en la guerra contra los españoles, al lado de Moncey, Junot y Suchet. En febrero choca con Espoz y Mina. Con el III Cuerpo luchará, bajo las órdenes de Moncey, en la batalla de Tudela (Navarra.) y, más tarde, figurará en el sitio de Zaragoza, a las órdenes de Junot. El 12 de octubre de 1811 es nombrado general de división, pasando a comandar las reservas en el bloqueo de Tarragona. Meses más tarde (2 de enero de 1812) entra en Valencia y captura a 18.000 hombres, 22 generales, entre ellos el general en jefe, y 42.000 fusiles. Su último triunfo en España lo constituiría la victoria de Yecla. Respecto a la campaña de Harispe en España diría en cierta ocasión el mariscal Franchet d'Espérey a un sobrino del Mariscal:

"He estudiado de cerca la campaña de vuestro tío en España y he admirado en él una ciencia sorprendente en el arte militar y especialmente en la guerra de sitio".

Sus servicios en la península le valieron, además de su grado de general de división, el título de barón, más tarde de conde del Imperio, aparte de una dotación sobre un dominio de Westphalia. Al final de la guerra de la Independencia, Soult, duque de Dalmacia, le reclama para la armada de los Pirineos. Harispe llega a Bayona el mismo día que Napoleón publicaba el tratado de Valencay. Aquí tomará parte en la lucha contra los ingleses. Se le confía el mando de la VIII división, instalándola en Irissarry. Su primer contacto serio con el enemigo tendrá lugar en Baigorry, produciéndose un encuentro muy violento. Algo más tarde, el 12 de febrero de 1814, el general inglés Hill ocupa Hasparren, Mendionde y Louhossoa, al frente de 24.000 hombres, a fin de atacar a la VIII división, que apenas si contaba con 6.000 hombres. Harispe, dándose cuenta de la maniobra, conseguirá alcanzar sucesivamente Saint-Palais y Sauveterre, llegando en su retirada a las puertas de Toulouse.

En las alturas del Calvinet cae herido por una bala en el pie derecho y es hecho prisionero por primera vez en su vida. Los ingleses le trataron con gran respeto, preocupándose personalmente por su estado el propio general Wellington. Durante la Restauración, el rey Luis XVIII le confió la comandancia de la XI división militar de Bayona. En 1821 compra en Lacarre una propiedad que constituirá su residencia. Más tarde es nombrado Inspector General de los Altos y Bajos Pirineos y el rey Luis Felipe lo elevará a la categoría de Par de Francia. Al estallar la guerra carlista fue encargado de la reorganización de la Guardia Nacional de los Bajos Pirineos. Celebró la Revolución del 48 asistiendo a la ceremonia de la catedral de Bayona. Se retiró en 1850, habiendo ocupado también los cargos de consejero general y diputado. Entre sus amistades más íntimas se encontraba la del mariscal Bugeaud, el cual le llamaba afectuosamente "su profesor de guerra".

El Vainquier d'Isly se entristecía porque había sido hecho mariscal antes que él. Harispe recibirá el bastón de mariscal tras el golpe de estado del 2 de diciembre de 1851, siendo homenajeado por Napoleón. El 26 de mayo de 1855 muere en el castillo de Lacarre, dejando tras de sí 22 años de campaña y 52 de servicio activo a la Patria. Su nombre y sus títulos de conde del Imperio y mariscal de Francia están inscritos en el Arco de Triunfo de París. Ref. J. B. Irigoyen: Le Maréchal Harispe, revista "Gure Herria",1933, XIII, pp. 152-156, 249-256, 361-367, 527-532; Haristoy: Recherches ..., t. II, pp. 221-244.

 


 Jean-Isidore Harispe de jove

 

 El baigorritar Jean Isidore Harispe que lluità al front dels Cazadors Vascos als Aldudes y Baztán entre 1793 i 1795 

Retrat póstum del Mariscal Harispe

Jean André RIXENS
Musée Basque et de l’histoire de Bayonne

 

 Jean-Isidore Harispe

 Saint-Etienne de Baïgorry (Htes-Pyrénées) 7 desembre 1768

26 maig 1855  Baïgorry

General de Divisió - Comte de l'Imperi Francés 

Gustave Ricard (Marseille, 1823-Paris, 1873)

Musée National des châteaux de Versailles et de Trianon

Castell de Lacarre residència del Mariscal Harispe 

Tomba del General Jean-Isidor Harispe

 
 
Paris. El mariscal Harispe a l'Arc del Triumf

 
 
 
 


[1] ARXIU HISTÒRIC DE LA PARRÒQUIA DE L’ASSUMPCIÓ DE CARCAIXENT, d’ací endavant AHPAC, Quinque Libri. Llibre de Bateigs 1776-1785, sig. 1.16.1, foli 187 v, part. 4.

[2] [...] que en virtud de haber mercado Miguel Piera de las Barracas de Aguas Vivas una casa (en la) calle de Santa Ana que era de Pascual Vernich con escritura que authoriso Yldefonso Talens vecino antes de esta Villa y en el día de Alcira con la obligación de quitar 428 £ dentro de 4 años que estos eran transcurridos y que habiéndole conminado al pago para que quitace expuso no tenía dinero en atención a el grande desfalco que havia tenido con el motivo de el Saqueo riguroso que havia tenido en su casa por las tropas francesas en el día del ataque de esta Villa 13 de junio del año pasado 1813...”. AHPAC, Actas Capitulares (1781-1831), tomo II, folio 132.

[3] “En veinte y sinco de octubre de mil setecientos ochenta, y uno, el infrafirmado Vicario de la Yglesia Parroquial de la villa de Carcaxente, bauticé solemnemente según ritu de la St.ª M.e Ygl.ª Chat.ª Rom.ª un hijo legítimo, y natural del Dr. Dn. Vicente Gibert, abogado, y de D.ª María Narcisa Colomina, consortes; habuelos Paternos Vicente Gibert, y Selma, ciudadano, y de D.ª Elvira Mariño, y Lobera: Maternos Francisco Colomina, ciudadano, y D.ª Francisca Garcia: Nombres Vicente Pasqual, Rafael, Benito, Buenaventura: Padrinos Francisco Colomina, ciudadano, y D.ª Narsisa Garrigues; nació día veinte, y quatro de los dichos á las tres y media de la tarde. Y en fe de ello lo firmo.- Dr. Jayme Albelda, vicario”. AHPAC, Quinque Libri. Llibre de Bateigs 1776-1785, sig. 1.16.1, foli 157 v, part. 166.

[4] AHPAC, Quinque Libri. Llibre de Matrimonis 1821-1826, sig. 1.23.3, fol. 131 v, part. 16.

[5] AHPAC, Quinque Libri. Llibre de Soterrars 1855-1859, sig. 7.1.0, fol. 50, part. 181.

[6] Les seues despulles foren traslladades del cementeri vell al nou l’any 1971.

[7] AHPAC, Quinque Libri. Llibre de Soterrars 1855-1859, sig. 7.1.0, fol. 261 v, part. 31.

[8] FOGUÉS JUAN, F., Historia y tradición de la Virgen de Aguas Vivas, Patrona de Carcaixent, Sueca, Imp. Palàcios, 1982, pàgs. 221, 292 i 294

[9] Notes facilitades per Joan Climent i Mollà.

[10] En l’original consta per errada el 16.

[11] En l’original consta duc de Parma. Dita errada fou continuada pel doctor Bernat Gil i Garcia i Eduard Soleriestruch, en tots els seus escrits.

[12] El número de víctimes fou de dotze com es pot vorer al Llibre Racional de la Parròquia de l’Assumpció. Els altres quatre foren:

- Pasqual Tormo i Cantó, de Benigànim, fill de Matíes i Humbana, orïunds de Relleu (Alacant), i marit d’Anna Maria Roig i Piera, orïunda de Manuel (València).

- Miquel Talens, vidu de Agnès Calatayud.

- Josep Navarro i Boygues, fill de Josep i Francesca, orïunds de Potríes (València). Vidu de Mariana Garcia.

- Vicent Benavent i Puig, fill de Josep i Antònia, de Quatretonda (València), marit de Vicenta Piera i Badenes.

Vegeu el meu article “Aportación al estudio de la batalla de Carcaixent en la guerra del francés y sus protagonistas”, dins Sant Bonifaci màrtir 1994, Confraria, s. pàg.

[13] En l’original: dieciséis.

 
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