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Monografía biográfica del Deán Navarro Darás, escrita por el Doctor Fogués Juan

Por: Antonio Sabater Mira | Publicado: 05/05/2012 18:43 |
 

 

 

MONOGRAFÍA BIOGRÁFICA

DEL ILUSTRE CARCAGENTINO

DOCTOR DON

JOSÉ MARÍA NAVARRO DARÁS,

DEÁN QUE FUE DE LA

SANTA IGLESIA CATEDRAL BASÍLICA

METROPOLITANA

DE

VALENCIA

 

 

 

Por el

Dr. Francisco Fogués

Cronista de la Ciudad

 


Obra premiada en el concurso organizado por la

“Sociedad Carcagentina de Cultura”

en 1928

 

 

       Per tal de recuperar la memòria del Degà Navarro Daràs, el més entranyable i carismàtic dels fills il·lustres de Carcaixent, l’Ajuntament acordà al plenari cel·lebrat el 28 d’abril de 2005 concedir-li la Medalla d’Or de Carcaixent a títol pòstum pels “... mèrits extraordinaris acumulats durant la seua vida, especialment en l’àmbit social i educatiu tant en la nostra població com a Almeria”. A més de l’acte d’homenatge, aquest aniversari també s’ha aprofitat per a la publicació d’un còmic, en el qual es recorda la vida i obra del degà Navarro Daràs, amb un ús didàctic, per tal de que la gent menuda puga conéixer-lo i estimar-lo. També s’ha aprofitat, per part dels seus familiars, per a fer donació al Consistori d’un magnífic llenç del Degà per tal que forme part del patrimoni historicoartístic de Carcaixent.

       Tammateix s’aprobà per l’Ajuntament la publicació d’una biografía del Degà, que fou escrita per Francesc Fogués Juan, fent-me l’honrós encàrrec de preparar-la. L’obra que fou presentada i guardonada l’any 1928 al concurs obert per la Sociedad Carcagentina de Cultura, sota el lema “Haz bien y no mires a quién”, es el llibre que ara tenim a les mans; amb la seu publicació l’Ajuntament de Carcaixent, acompleix dos objectius: la divulgació de la vida i obra d’un dels seus fills més il·lustres i la publicació d’una obra inèdita de gran interés d’un altre carcaixentí, no menys il·lustre, Francesc Fogués Juan.

       Al voltant del mecanoscrit que ha servit per la present edició, tenim que dir que es tracta d’una còpia que realitzà el seu autor i que fou dipòsitat a l’Arxiu Municipal per Eduard Soleriestruch, poc abans del seu trapàs. Hom va conèixer, abans de la riuada del 1982, un altra còpia a les depèndencies de l’Arxiu Municipal, quan rebuscàvem noticies amb la finalitat de publicar la Historia y tradición de la Virgen de Aguas Vivas, patrona de Carcagente, de la que també hi era autor Fogués Juan, de la que mai més sa sabut res. Els fulls d’aquesta còpia hi restaven sen-se encuadernar; recorde que quan vaig tornar a consultar-la, poc després, ja restava encuadernada. El text està mecanoscrit en quartilles apaisades, molt típic, als treballs de Fogués Juan.

Dr. D. Francisco Fogués Juan

       La publicació de la present obra romàn de la problemàtica de qualsevol publicació pòstuma. Com molt bé assenyala Víctor Oroval, en un article amb motiu de la publicació de l’obra dedicada per Fogués Juan a la Patrona de Carcaixent: “... cal tindre en compte que es tracta d’una obra pòstuma... i que, com la majoria de les obres que veuen la llum en eixes circumstàncies, la seua publicació está més exposada a apareixer amb incorreccions i altres deficiències que normalment esmena la revisió de l’autor, que ací no hi haurà, infortunadament”. De totes formes nosaltres em possat tot el nostre saber per superar totes estes possibles deficiències, per tal de fer una edició lo més acuradament possible. En la present edició hom a respectat al maxim les grafies i llengua original, tan sols hem inclós algunes notes que poden donar al lector més informació respecte de les noticies i personatges esmentades per Fogués Juan.

       I per finalitzar, agraïm la col·laboració de Maria Creu Trujillo, cap de l’Arxiu Municipal, i de Carolina Borredá, encarregada de la redacció de la revista Gent, i col·laboradora en les tasques auxiliars de l’Arxiu.

 

Bernat DARÀS MAHIQUES

Cronista Oficial de la Ciutat

 

 

Plan de la obra

 

I. Nacimiento y primeros años: 1. Nacimiento.- 2. Vela por él la Providencia.- 3. Síntomas de vocación.- 4. Constitución enfermiza.- 5. Anhelos infantiles.- 6. Su compasión.- 7. El pequeño maestro ....... Página 5 .

II. El Sacerdote: 1. Ordenes y primera Misa.- 2. Su celo apostólico.- 3. Su piedad.- 4. Gratitud.- 5. Caridad.- 6. Entereza.- 7. Humildad.- 8. Fortaleza.- 9. Amor filial ....................................................................... Página 11 .

III. El Pedagogo: 1. Escuelas Nocturnas.- 2. Colegio de S. Luis.- 3. Colegio de María Inmaculada.- 4. Vice-Rector del Seminario de Almería.- 5. Colegio de Jesús.- 6. Su incansable actividad por la enseñanza ..................... Página 35.

IV. El Hombre culto: 1. Estudios y Grados Académicos.- 2. Investidura de Doctor.- 3. Esclarecido Canonista.- 4. Publicista y Orador.- 5. El Financiero.- 6. Protector de Bellas Artes.- 7. Viajes ..................... Página 52.

V. El Patriota: 1. El porqué de su exaltado patriotismo.- 2. Amor a Carcagente.- 3. Parque Escolar.- 4. Protección dispensada a los carcagentinos ........................................................................................... Página 70.

VI. El Hombre ilustre: 1. Honores y dignidades.- 2. Deán de Almería.- 3. Deán de Valencia.- 4. El Santo Cáliz.- 5. Homenajes ...................... Página 81.

VII. Últimos años de su vida: 1. Muriendo y proyectando.- 2. El ocaso ...................................................................................................................... Página 93.

VIII. Sección documental: 1. Acta de Bautismo. 2. Mensaje dirigido por Carcagente a Navarro con motivo de su elevación al Deanato de Almería.- 3. Carta, contestación de Navarro con motivo del precedente mensaje. 4. Dedicatoria del álbum con que le obsequió Almería al partir para Valencia. 5. Acta del Ayuntamiento de Almería con motivo de partir Navarro para Valencia. 6. Carta del Ministro de Hacienda a Navarro en 1912. 7. Carta del Ministro de Hacienda al Obispo de Almería. 8. Carta del Obispo de Almería a Navarro. 9. Carta de Navarro al Deán Fogués sobre cierto Homenaje a Hijos ilustres de Carcagente. 10. Cláusula C) de su último testamento. 11. Acta del Ayuntamiento de Carcagente relativa a ciertos ofrecimientos de Navarro en 1903. 12. Acta del Clero de Carcagente relativa a un donativo de Navarro. 13. Carta de Navarro a D. Andrés Manjón. 14. Acta del Ayuntamiento de Carcagente relativa al Parque Escolar. 15 y 16. Dos cartas de Navarro relativas al mismo asunto.

 

Fuentes históricas

 

Biografía de Tudela y Apuntes históricos del Colegio Politécnico de S. Luis Gonzaga escritos para la Historia de Carcagente por el M. I. Sr. Deán Dr. D. José María Navarro Darás, Provisor y Vicario general de Almería.

Sermón de N.ª S.ª de Aguas Vivas predicado en 1888 por el Canónigo D. José M. Navarro.

Correspondencia dirigida a Navarro desde 1876 hasta la fecha.

Correspondencia del propio Navarro dirigida a diferentes personas.

Acta de la fundación del Colegio de María Inmaculada.

Correspondencia del Colegio de María Inmaculada.

Actas del Ayuntamiento de Almería, Benahadux y Carcagente. Y del Clero de Carcagente.

Testamento del Deán de 1924.

Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos.

Prensa de Almería, Valencia y Carcagente.

Títulos, nombramientos y relaciones hallados entre los papeles de Navarro.

Relaciones y anécdotas tomadas de la familia y de los amigos íntimos del biografiado.

 

I

 

Nacimiento y primeros años

 

1. Nacimiento.- 2. Vela por él la Providencia.- 3. Síntomas de vocación.- 4. Constitución enfermiza.- 5. Anhelos infantiles.- 6. Su compasión.- 7. El pequeño maestro.

1. Nacimiento. En Carcagente, el bello oasis levantino donde le plugo a Dios derramar toda hermosura y venero inagotable de riqueza, entre la inmensa sábana de esmeralda de sus huertos y bajo el purísimo cielo de su vega, en la laboriosa y ubérrima comarca del naranjo que ha llevado su fama hasta lejanas fronteras, simbolizando la selección de sus frutos con el popular adagio “De Carcaixent y dolces”, tuvo su cuna a mediados del siglo XIX un varón justo y timorato, todo bondad y amor, que si en virtud supo elevarse a una altura raramente superada, no fue a la zaga en el saber, el Excmo. Sr. D. José Mª Navarro Darás. Por méritos propios fue elevado a los más encumbrados puestos, y de tantos honores y dignidades fue investido que miró hacia abajo por no desvanecerse; quiso retroceder y no pudo, la sociedad acuciada por el bienestar que se prometía con el ejercicio de sus virtudes no lo consintió, antes al contrario, le empujó de nuevo para que llegara a mayor altura.


Iglesia Parroquial de la Asunción de Nuestra Señora de Carcagente

Nació en 8 de diciembre de 1845, de humildes y honrados padres que a la proverbial piedad del pueblo valenciano unían la legendaria abnegación de uno de sus antepasados, el mártir de la Independencia Bautista Darás, que supo ofrendar la vida por Carcagente antes que el invasor entrase a saqueo en la población. Llamábanse los progenitores de este varón esclarecido Antonio Navarro y Mariana Darás, quienes vieron con el nacimiento de este anhelado hijo la bendición del cielo ungiendo sus frentes. La circunstancia de venir al mundo en el día de la Concepción Inmaculada y el accidente sufrido por la madre antes de darle a luz, del que se libró por fortuna, fueron presagio de la grandeza de alma que había de tener aquel enfermizo niño.



Vista general de Carcagente (1905)

2. Vela por él la Providencia. Habitaba la familia Navarro en la casa nº 28 de la calle de S. Antonio, estando al cuidado del huerto de D. Pascual Garrigues, que existía adosado a la misma casa, en cuya área se ha levantado más tarde el Paseo de la Reina Victoria y calles que le cruzan.

Tranquila y sosegada se desenvolvía la vida de aquellos humildes artesanos en espera del fruto de bendición que no tardaría el cielo en otorgarles, cuando una noche, se vieron desagradablemente sorprendidos por la presencia de ladrones en la casa. Grande fue la impresión que recibiera la madre de Navarro con este accidente, impresión que desgraciadamente vino a repercutir en el niño que aún llevaba en su seno. Sobrevínole indisposición grave que hacía presagiar un desenlace funesto; esperábase que el niño naciera muerto. Viéndose la madre en aquel estado pensó que iba a morir, y el día de la Inmaculada, dirigióse a la Iglesia de S. Francisco para recibir los Sacramentos; como buena cristiana quería estar preparada para este trance. Estando aún en el Convento sintióse más enferma y regresó a casa; a los pocos momentos venía Navarro al mundo, más no vivo sino asfixiado; los fatales presagios se habían cumplido y la alegría y esperanza de los padres trocóse en pena y desengaño. Sin embargo estaba dispuesto que Navarro viviera, aunque enfermiza, vida larga y accidentada. La comadrona que asistía tomó al niño en brazos, procuróle artificialmente la respiración, y a los pocos momentos devolvíale a la vida.

Comentando este percance, decía Navarro más tarde con el gracejo e interés que sabia imprimir a sus relatos: “Me hallo enfermo desde el momento en que nací. Vine al mundo muerto, pero la mujer que asistía tomóme en brazos y dióme una paliza. A esta primera paliza le debo la vida”.

Por efecto de aquel percance, el niño nunca jamás gozó ya de salud, pues quedó con un pulmón atrofiado, siendo su respiración jadeante y fatigosa. Pasma el pensar que su azarosa vida y colosales empresas, capaces de por si a agostar la naturaleza más privilegiada, no hicieron más mella en aquel cuerpo enfermizo que la necesaria para marcar una nueva fase en su existencia de fe y ardimiento.


 

Vista parcial de Carcagente (1905)

3. Síntomas de vocación. El que más tarde debía ser la admiración y orgullo de Carcagente, mereciendo la predilección de su Prelado, el Cardenal Barrio[1], y la no menor confianza del Mártir de Cuba, Excmo. Sr. D. José Mª Orberá[2], no tardó, a pesar de sus tiernos años, en manifestar con su piedad y aficiones el amor al estado eclesiástico. La piedad acrisolada de sus padres, así como la proximidad de la Iglesia de S. Francisco, fueron el incentivo que le confirmaron en su vocación. Era Navarro concurrente asiduo a los actos de culto que en dicha iglesia se celebraban, los que eran organizados por el exclaustrado Fr. Dionisio Fabregat, único religioso que quedó tras la supresión de los Conventos en esta población.


Ex-convento de San Francisco de Asís, sede del Colegio Politécnico de San Luis

En dicha iglesia, pues, entrenábase en los ejercicios religiosos, y, cuando de vuelta a casa, veíase solo, sin el testimonio de miradas escrutadoras, lanzábase de lleno a su pasión favorita, dando rienda suelta a su novel fervor ante pequeño altar que levantara en oculta alcoba. Cuantas veces la madre, al notar la falta del hijo, preguntaba ansiosa por su paradero! —Y el chic, Toni; ahón está el Chic?—, preguntábale a su padre. Este, para quien no pasaba desapercibida la manifiesta inclinación del hijo, era siempre el encargado de devolver la tranquilidad. —Hara vorás Mariana, hara vorás—, decíale. Tomábala de la mano, conduciéndola hacía la alcoba-escondite del niño y, abriéndola de par en par, mostrábale a su José Marieta embebido en los ejercicios religiosos; con la gravedad de un anciano sacerdote iba repitiendo las diversas ceremonias de la Misa. Cual no sería el consuelo de la madre al presenciar estas ceremonias. Dios le llamaba para si y sin hacerse sordo a la vocación, comenzaba a prepararse para tan elevado ministerio con los escasos medios que tenía a su alcance.

4. Constitución enfermiza. La mortal asfixia que acompañó a Navarro en su nacimiento le siguió fatalmente como crepúsculo funerario durante su existencia. Lesionado en los bronquios, en los pulmones, con frecuentes ataques de disnea; lesionado en el corazón y predispuesto por la complexión y anemia a toda suerte de enfermedades arrastró una vida de sufrimiento físico al que no tardó en unirse el moral producido por los contratiempos de su azarosa vocación. Sin embargo, pudo vencer los rudos ataques de estos enemigos y llegó hasta los últimos días de la vejez. No puede concebirse mayor cantidad de espíritu en menor dosis de cuerpo. Feble y enfermizo desde los primeros años hubo de merecer los cuidados más solícitos de sus padres; paliducho, delgado y macilento era objeto de la compasión de cuantos le trataban, compasión que no tardaba a convertirse en aprecio y simpatía al admirar las nobles cualidades de que estaba adornada su alma. Ello fue el motivo de que las madres le propusieran por modelo a sus hijos en el cumplimiento de los deberes. —Mireu a José Marieta. Pareix un San Lluiset. Perqué no sou tan bons chics com ell?— . El candoroso José María no se hacía indigno de estos elogios, puesto que a diario se le veía postrarse por largas horas ante una imagen de este Santo abogado de la juventud, que había en una casa de la vecindad; más aún, el amor y respeto que profesaba a sus padres unido a la piedad que manifestaba en todos los actos fueron causa de que conquistase las generales simpatías.

El que ganaba en aprecio de sus paisanos por la bondad y sencillez de su alma no pudo ganar en salud para bien del cuerpo, y cuando ansioso de realizar los elevados proyectos que abrigaba determinóse en seguir la carrera eclesiástica a los diez años, sufrió la primera contradicción de la vida. Sus padres quisieron disuadirle del empeño ya que sus debilitadas fuerzas le impedían entrar de lleno en estudios superiores. Fue un compás de espera largo, muy largo, que se impuso a su ardimiento. José María, entre tanto, para tonificar y robustecer aquella naturaleza enclenque que le tocara en suerte, acompañaba a su padre en los quehaceres agrícolas, ayudándole en trabajos sencillos y de pura distracción. Muchos años después, al final de su vida, cuando se retirara a Carcagente, gozábase infinito con la visión y recuerdo de estos sus trabajos infantiles cuando era llevado al huerto de los suyos. “Este árbol, decía, plantéle yo ayudado de mi padre; estos injertos los acoplé después de ver como se realizaba dicha operación; podando estos naranjos que todavía eran muy pequeños, no dejé de darme algunos rasguños. Claro! Quería meterme en honduras y cosas que aún no entendía y no podían menos que salirme mal!. ¡Hermosa condición la de Navarro!; ¡ser siempre niño con el pensamiento y con el goce a pesar de su cabeza de anciano!. ¡Ello hizo que mirara la vida con optimismo!. ¡Fue la clave de todos sus éxitos!.

5. Anhelos infantiles. Navarro que supo sentir tan hondamente el patriotismo y realizar en obsequio de la ciudad natal loa mayores sacrificios, comenzó por donde principia todo buen patriota, por el respeto y amor a las tradiciones. Carcagente celebraba por aquella época solemnes fiestas a la Patrona en las que solía derrocharse la devoción, el arte y el entusiasmo. Cabía la gloria de organizarlas a tres significados carca-gentinos no menos dignos que piadosos: los médicos don Vicente Ferrús y don Francisco Bodí y el propietario Blas Timor. Entre los festejos que más llenaban la atención por la vistosidad y aparato así como por la simpatía que inspiraban sus actores, estaban los bailes de los niños: el dels Pastorets, Palos y Planches, Cuatre Parts del Mon y otros, que recorrían las calles, prestándoles animación con su algaraza y movimiento.

José María sentía deseos de representar al vivo la tradición; quería formar parte en aquellas comparsas y gozar su alegría; es lo más que podía hacer en obsequio de la ciudad nativa. Sus deseos no tardaron en ser satisfechos; la bondad y simpatía de su alma se hacían acreedoras a todo género de distinciones. Navarro fue elegido para tomar parte en la comparsa dels Pastorets y todos los años invariablemente, mientras duró su infancia, se renovó la elección. “Todavía no he olvidado, decía en su Sermón de Nª Sª de Aguas Vivas que predicara en Carcagente en 1888, a aquellos niños y niñas compañeritos míos de comparsa, vestidos a la antigua usanza, llenos de cintas y lazos, y rientes de inocencia, que por delante de la Virgen, en la procesión y el tablado bailaban infantiles danzas, dando animación a la fiesta, divirtiendo a los forasteros, y sobre todo siendo el encanto y hechizo de nuestras madres y abuelas”. Aunque entre líneas léase muy discretamente la inagotable bondad que dominó a Navarro durante su vida; recordaba con fruición y gozo estas sus primeras andanzas infantiles, más no para solazarse con el recuerdo de la satisfacción que a él le produjeran, sino con el de la alegría que proporcionara a sus padres y familiares.

6. Su compasión. Fue esta virtud la que con rasgos más vigorosos destacóse entre el cúmulo de las muchas que adornaran su alma. Sin duda que forjó estas lecciones del amor en el estudio de si mismo. Su cuerpo débil y enfermizo inspiraba ternura; su candor y benevolencia arrastraba a la simpatía. Y el pequeño José María, que no vislumbraba a su alrededor sino solicitud y cariño, acostumbróse a mirarlo todo a través del prisma de la bondad. Para él no había desgracia que no le acongojase, miseria que no le atrajese, pena que no consolase. Su corazón era grande, como grande pueda ser el de un santo.

Este sentimiento tan generoso en sus afectos como sublime en su origen, fue cultivado por Navarro desde la más tierna infancia. Sin duda que la misión que Dios le impusiera al venir al mundo no fue otra sino la de pasar por este valle de dolor derramando bienes, y fiel a su misión, supo cumplirla con escrupulosidad. Estudió las primeras letras en la escuela que dirigiera en Carcagente el prestigioso maestro D. Rosendo Pastor, y a ella acudía entre multitud de niños inquietos y vivarachos el pequeño José María; modosito y bueno, ayudando a sus compañeros en la solución de las dificultades literarias y dándoles hermoso ejemplo con el ferviente culto que dedicaba a las virtudes, no tardó en adquirir cierto ascendiente y admiración entre los suyos. Entre los concurrentes a la escuela, veíase a un niño que era la personificación de la miseria; sea porque no tuviere padres, sea por abandono de los mismos, lo cierto es que la criatura inspiraba lástima con sus harapos y suciedad, y era el blanco de las jugarretas de aquella endiablada turba de pequeños; huíanle, satirizábanle con palabras mortificantes, y no pocas veces hacían asomar las lágrimas a sus ojos. Solo Navarro asumía el oficio de ángel bueno, y tomando a aquel infeliz de la mano, sentábalo sobre sus rodillas. Cual pudiera hacerlo una solícita madre, peinaba a aquel pobre niño, colmábale de caricias, y entre mimos y halagos librábale de la miseria que se enseñoreaba de su cuerpo. Así procedía en su niñez el que más tarde debía ser aclamado por los menesterosos, el que había de prodigar a manos llenas entre los miserables los cuantiosos bienes que Dios le otorgara.



Don Rosendo Pastor Juliá


7. El pequeño maestro. El que ocupó su vida en el sacerdocio de la enseñanza de tal manera, que no parece sino que había nacido para modelar corazones, no tardó en exteriorizar esta inclinación pedagógica, manifestándose desde sus más tiernos años. El adagio valenciano, que tan familiar le era, de que “la puncha cuant naix ya puncha” vino a confirmarse una vez más en su caso. navarro fue pedagogo activísimo y de una intuición asombrosa, tan asombrosa, que penetrando en lo íntimo de los corazones infantiles adivinaba sus deseos y se percataba de sus aptitudes por ocultas e ignoradas que se hallaren. Ello fue la clave de sus rotundos éxitos en la educación; ello la causa de que desde su infancia dedicase a esta misión sublime toda su atención y cariño. Quería hacer el bien a sus semejantes, y el bien mayor que pueda recibir un hombre es el que se le haga útil a si mismo y a la sociedad, esto es: educar sus sentimientos y perfeccionar las aptitudes.

Cuando niño, pues, en aquellos años en que la inteligencia no se halla desarrollada suficientemente para comunicar a otros los rudimentos de la ciencia humana, tomaba por base la divina, y en ella se explayaba enseñando a sus compañeritos las nociones cristianas que el hombre debe conocer para cumplir su fin religioso. Todos los domingos, y aprovechando las horas de juego a que se dedicaban los niños, los reunía en los locales del ex-Convento de S. Francisco para enseñarles el Catecismo. Y era de ver la unción y sencillez con que resolvía sus tropiezos e inocentes dudas; una nube de chiquillos rodeábale dando rienda suelta a sus mal comprimidos deseos; acudían al señuelo de las estampas de la Inmaculada que sorteaba al fin de la lección y ninguno quería quedar sin correspondiente premio; y cuando al terminar la enseñanza salían los arrapiezos entre el griterío y algaraza, el alma de José María se inundaba de gozo, viendo colmadas sus aspiraciones de pedagogo que enderezaba como mejor podía y en consonancia con los anhelos, los de enseñar la verdad evangélica. ¡Lástima grande que en tiempos de su formación perfecta, y en vísperas de conseguir los más ruidosos triunfos pedagógicos, abandonara Carcagente! ¡El nivel cultural de la población se hubiera elevado a mayor altura!

 

 II

 

El Sacerdote

 

1. Ordenes y Primera Misa.- 2. Su celo apostólico.- 3. Piedad.- 4. Gratitud.- 5. Caridad.- 6. Entereza.- 7. Humildad.- 8. Fortaleza.- 9. Amor filial.

 

1. Ordenes y Primera Misa. Veinticuatro años contaba Navarro cuando fue admitido a los primeros Ordenes sagrados. El anhelo de toda su vida estaba ya en vías de realizarse. Gran vocación y entereza necesitaba para ello; era en los días en que nuestra patria se veía envuelta por las luchas intestinas, luchas político religiosas que desmoronaban su grandeza arrumbando con sus algaradas la rancia fe de los españoles. Valencia había sido teatro de cruentas luchas que hacían presagiar días de zozobra y angustia para la iglesia. Los aspirantes al sacerdocio debían disponerse, antes de ingresar en la jerarquía eclesiástica, a sufrir todo género de contratiempos y vejaciones, a arrostrar la misma muerte si fuere necesario. Los días difíciles que atravesaba la iglesia española obligaban a este sacrificio.

El 17 de septiembre de 1869 recibió Navarro la Primera clerical Tonsura con los cuatro Ordenes Menores. Antes de recibirlos, el Cardenal Barrio había reunido a sus aspirantes para anunciarles días de lucha y persecución. “Hijos míos, les había dicho, quien no se crea con valor para arrostrar el martirio aún tiene tiempo para retroceder, no pase adelante”. Nadie claudicó, pero al salir de la capilla arzobispal, hubieron de vestirse nuevamente el traje seglar por vía de precaución. Y no podía menos de ser así; la persecución religiosa que iniciara Peris y Valero se enconaba más cada día; se había llegado hasta el extremo de cometer las mayores abominaciones y sacrilegios de que fueron víctimas indefensos sacerdotes; el Cura de Liria había sido derribado de un certero balazo desde el púlpito donde se hallaba predicando. Más todo ello no fue óbice para que Navarro se prometiera llegar hasta el fin; antes al contrario, contribuyó a enfervorizarle más. Desde muy joven había abrigado la idea de marchar a Misiones para ofrendar su sangre por Cristo; no necesitaba, pues, en tales circunstancias, salir de su patria, ya que en ella podía hallar la corona del martirio. Con no menos fervor que edificación recibió los primeros Ordenes y al día siguiente, 18 de septiembre, se le confirió el Subdiaconado.

Esta consagración al estado eclesiástico le dio nuevos bríos para actuar en trabajos apostólicos, y así en el verano de 1870 sentó la base de todas las empresas y fundaciones, que en pocos años de estancia en Carcagente había de realizar, con la erección de la Congregación de S. Luis. De la trascendencia que tuvo esta fundación en el mejoramiento moral de Carcagente nos ocuparemos luego.

En 12 de marzo de 1870, con dispensa de intersticios, recibió el sagrado Orden del Diaconado, pero no en Valencia, sino en Córdoba, para lo que se le extendieron letras dimisorias, y en 24 de septiembre del mismo año fue ordenado presbítero a título de patrimonio.


Calicem Missæ primæ (25.9.1870) B. M. V. ad Aquas Vivas dicat  Joseph M. Navarro Darás Valentinæ decanus.

Había en Carcagente una señora de edad avanzada, que se llamaba D.ª María Garrigues de la Garriga[3]. Descendiente de linajuda estirpe y sin herederos forzosos, dedicaba cuantiosas sumas de su patrimonio al socorro de los necesitados y esplendor del culto católico. La actividad y celo de Navarro, de que tan hermosas pruebas había dado durante sus estudios, encantaron a la linajuda dama por lo que se dispuso a hacerlo su confidente e instrumento de sus caritativos sentimientos que abrigaba. Y así se hizo; no hubo obra de celo ni de piedad en que Navarro no interviniese, llevando la tácita representación de D.ª María que halló por este medio el recatado portillo para favorecer a los necesitados sin que sufriera su modestia.

El respeto y admiración que llegó a infundir con su discreción y virtudes encantaron de tal forma a la piadosa dama que se dispuso apadrinarle en su primera Misa y así se lo ofreció. Harto delicada era la proposición. Creería el vulgo que D. José María había ofrecido tal cargo para sonsacar ricos presentes y estuvo en un tris el que se negara aceptar el ofrecimiento. Pero no, tuvo una idea feliz en obsequio de la Parroquia y se dispuso a realizarla con la mayor discreción.

Mucho tiempo antes de que se celebrase su primera Misa, D.ª María le había preguntado varias veces cual sería el obsequio más de su agrado para este solemne día. Temeroso de la maledicencia del vulgo, siempre había contestado con evasivas a fin de que sin desairarla no llegara a realizar sus propósitos. Pero pensó de que pudiera aceptar alguno que fuera de utilidad a la Parroquia y así se dispuso a comunicárselo. En vez de hacerle presente alguno, podía regalar a la iglesia algún objeto del culto y bien pudiera ser una araña de cristal para el presbiterio. No desagrado a la señora el pensamiento y así mandó que inmediatamente se comprara una. No tardó muchos días en recibirse; era grande y esbelta, pero de poco mérito artístico, pero ante la premura del tiempo hubo de colocarse para su primera Misa. Más tarde fue cambiada por otra de rico cristal de Bohemia, que es la que en la actualidad se ve ante el altar mayor. Tal fue la feliz idea de Navarro para con su Parroquia que quedará como recuerdo perenne de generosidad en el venturoso día de tanto tiempo anhelado, el de la primera celebración del Santo Sacrificio.

Antes de su ordenación sacerdotal Navarro había ya recibido inequívocas muestras de distinción de dicha señora. Para el primer sermón que predicara con motivo de inaugurarse la Congregación de S. Luis, siendo aún Diácono, regalóle hermoso roquete y estola de irreprochable factura. Dicha estola venía precedida de triste historia. La había encargado a los talleres de Burillo de Valencia el último de los religiosos exclaustrados de S. Espíritu del Monte, quien al recibirla cayó gravemente enfermo y púsose para morir. Deseaba este con vivas ansias estrenarla para recibir el Viático, pero fue disuadido de su empeño, diciéndole que ofreciera este sacrificio por la Virgen, de quien era muy devoto. Murió este religioso y la estola fue devuelta. Adquirióla más tarde el Cura de Liria y a los pocos días fue herido mortalmente estando predicando en el púlpito. No llegó tampoco a estrenarla en la recepción de los Sacramentos para que no se manchara de sangre y volvió de nuevo a la casa donde se confeccionara. Ordenóse entretanto Navarro de Diácono y queriendo D.ª María obsequiarle con rico presente para que pudiera lucirla en el día de la fiesta de S. Luis, mandó traer de Valencia los mejores ornamentos; entre otros enviáronle la mentada estola que era en realidad una joya de primor. Los había de ricos y costosos pero ninguno como esta. Prendada pues de la misma compróla y se la regaló. Al regalo no había precedido consulta y Navarro reconocido a tanta delicadeza le aceptó con tanto mayor gusto cuando venia regada con la sangre de un mártir y perfumada con el aroma de virtud de un santo. Delicado obsequio que guardó consigo durante toda la vida.

Navarro no veía el punto y hora de celebrar su primera Misa, y al día siguiente de su ordenación sacerdotal, el 25 de septiembre de 1870, y con el esplendor propio de las grandes solemnidades, ofreció por primera vez la Víctima Santa en la iglesia parroquial de Carcagente a la vista de numeroso concurso de gentes, que quiso asociarse a la legítima satisfacción, al gozo cumplido que embargaba su alma.

2. Su Celo apostólico. Una de sus primeras manifestaciones de piedad en que puso todo su empeño y cariño fue la fundación de los Centros Catequísticos de Carcagente. Por el año 1862 había entrado esta población en una etapa de prosperidad y riqueza que aún perdura y que había de hacerla desenvolver tan rápidamente. El dorado fruto comenzaba a exportarse al extranjero a precios fabulosos, y a la vista de tan saneada ganancia no dejaron de concurrir gran número de logreros y trabajadores que doblaron el censo de población en pocos años. La Montañeta del tiro del palomo no tardó mucho en ver sustituidas sus largas hileras de olivos por espaciosas y flamantes calles, y hasta las Barracas de S. Antonio se sustituyeron rápidamente por obras de mampostería. Esta aglomeración de artesanos en barrios tan distantes de la Parroquia y sin servicio espiritual que pudiera moralizar sus costumbres, hizo pensar a Navarro, que a la sazón contaba 17 años, en la fundación de unos Centros Catequísticos donde se enseñara el Catecismo a los niños en los domingos y días festivos. Consultada la idea con el Párroco, D. Joaquín Solbes[4], y obtenida su aprobación, puso manos a ala obra con ayuda de los seminaristas D. Vicente Ribera[5] y D. Bernardo Taléns. Los resultados no pudieron ser más satisfactorios; los dos Centros que se fundaron en la Montañeta se vieron concurridísimos; la turba infantil acudía ansiosa de la verdad evangélica con el señuelo de premios y estampas, y aquellos niños que habían de reunirse en casas particulares y aún en plena naturaleza para ser catequizados, fueron los que más tarde lograron levantar la nueva ermita de S. Francisco de Paula en dicho barrio.

Las Barracas de San Antonio a principios del siglo XX

Tal fue la preponderancia que llegaron a adquirir dichos Centros que a poco hubieron de fundarse otros, entre ellos el de las Barracas, y confeccionarse banderas, blanca y azul, que aún subsisten, para sus solemnidades. Más aún, se organizaron las Doctrinas Nocturnas para aquellos que por su edad u ocupaciones no podían asistir a los Centros dominicales. El celo de Navarro previsor y activísimo todo lo abarcaba, atendiendo a los detalles más insignificantes.

Más el número de Centros que iban multiplicándose cada día, hizo que pensara en la creación de cooperadores que eran ya insuficientes para tal movimiento. La dificultad no tardó mucho en estar resuelta. La Congregación de S. Luis se encargó de proporcionarlos. Arriesgada era la empresa ya que las corrientes revolucionarias y antirreligiosas de la época eran un escollo para su realización, pero todo logró vencerse. Consultóse el caso con el cardenal Barrio; dio este su aprobación e instrucciones, y después de redactar el reglamento en consonancia con el fin que se proponía y atemperándose a las disposiciones del Gobierno que de una sola plumada había suprimido todas las Juventudes Católicas de España, se procedió a su erección. Cual fue la importancia de esta institución y frutos conseguidos nos lo dice el propio Navarro en su “Biografía del Colegio de S. Luis”. “El despotismo opresor, dice, con que a título de libertad de conciencia se prohibía a los católicos asociarse hasta para las obras de caridad más públicas, hizo necesario componer un singular reglamento, en cuyo articulado se ampliaran las prácticas usuales de esta índole de Congregaciones al tenor de las urgentes necesidades de propaganda católica”.


Título de Congregante

“El Párroco D. Joaquín Solbes, como Director de la Congregación, D. Enrique Gomis como Vicedirector, D. Vicente Ribera y el dicente como Conciliarios, emprendieron los trabajos preparatorios. Sacáronse primeramente la Bula de agregación a la Congregación Prima-Primaria de Roma; encargaron la estatua del Santo al piadoso artista Sr. Pastor Juliá, se labraron utensilios abundantes y se predicaron varias pláticas de propaganda”.

“El terreno estaba bien preparado. La Congregación de S. Luis Gonzaga nacía adulta y vigorosa. Más de doscientos jóvenes Congregantes formaron lujosamente en la procesión del día en que se celebró su inauguración canónica, habiendo autorizado el Arzobispo al diciente para que fuese el predicador de la fiesta, cuando no era más que Diácono”.

“Desde aquella fecha, 24 de junio de 1870, los jóvenes tenían sus pláticas y Comuniones mensuales en la iglesia parroquial. Se fundó entre ellos una nueva banda de música y se fomentó el compañerismo católico. Los niños y niñas tuvieron en abundancia catequistas que les enseñaban la Doctrina Cristiana en casi todas las ermitas de la villa y hasta en algunas partidas de los huertos. Los hombres, mujeres y el pueblo entero tenían ejercicios de Santa Misión, que famosos Misioneros venían a darles todos los años en época oportuna. Los Viáticos y entierros de los Congregantes celebrábanse con gran asistencia y no menos edificación. Bullían por todas partes las prácticas de piedad, y contra viento y marea de las generales corrientes racionalistas se conservó en Carcagente el acendrado espíritu religioso que le venía de abolengo, bajo el manto de su excelsa Patrona la Virgen de Aguas –Vivas”.

“En pocos pueblos se extendió y practicó con más sensatez la verdadera libertad social que en el nuestro, porque los prohombres de todos los partidos que gobernaban, eran, en medio de la discrepancia de sus ideas políticas, cristianos prácticos y personas de profundas convicciones religiosas, y sobre todo bien educados en los mutuos respetos”.

No pasaron desapercibidos al Prelado los esfuerzos apostólicos de Navarro en pro de la Congregación, por cuanto antes de fundarse nombróle su Director. La profunda humildad de este se vio sobrecogida por tal distinción; negóse a admitir el cargo que tan legítimamente tenía conquistado y declinó el honor en el Párroco.

El acto de la inauguración fue preparado convenientemente por medio de una Misión que se encargaron de dar los PP. Jesuitas. Con tal motivo, y para la concurrencia que asistía a los actos nocturnos no hubiera de transitar por calles obscuras, encargóse Navarro de recabar de casa lo necesario para el alumbrado público. Más de 7.000 pts. gastó de su peculio particular para la organización de la Congregación naciente: hiciéronse bancos en número de catorce para los actos que celebraban los Congregantes en la Parroquia, la imagen y andas del Santo con artísticos faroles, distintivos blancos y azules para los jóvenes y morados para las señoras protectoras, estampas y medallas de la Patrona para lo que mandó hacer un troquel, en una palabra, todo cuanto consideró necesario y útil para el gran movimiento de piedad de la juventud carcagentina, para lo que ni le dolió el trabajo ni el dinero. Sabía muy bien los óptimos y consoladores frutos había de conseguir y lo sacrificó todo para obtener tan noble ideal.


Estampa editada con motivo de la fundación de los Luises

Tales fueron las exuberantes muestras de celo que dio Navarro en los primeros años de clerical estado; su actividad y energías fueron creciendo en el transcurso de los años hasta el extremo de llegar a concentrarse en su persona todo el movimiento de piedad de Carcagente, circunstancia muy digna de ser atendida por cuanto no ejercía ningún cargo parroquial en esta población. Siguiéronse a estos sus trabajos de Almería, no tan intensos pero si tan continuados, pues los altos y comprometidos cargos que desempeñara le impedían dedicar a ellos cuanto tiempo deseara. Ello no fue óbice para que apoyara con su prestigio y ayuda canónica todas las iniciativas piadosas, y cuando en las Almadrabillas notó la deficiencia de servicio religioso, improvisó para sus pobres moradores anchurosa capilla que fue instalada en un almacén. Más aún, considerando la finalidad de sus múltiples fundaciones pedagógicas, hemos de reconocer que no tuvieron otro móvil que el celo apostólico; quiso proporcionar ante todo y sobre todo la educación cristiana a la juventud. Como buen sacerdote cuidó de proporcionar a sus subordinados el bien moral sin descuidar por ello el material que se deriva de los conocimientos humanos y progreso de las ciencias. Trabajó para que obtuvieran el reino de Dios en primer término, para que luego y por añadidura consiguieran la paz terrena.

3. Piedad. Navarro fue bueno y a esta bondad ingénita, sin dobleces ni engaños, sin alharacas ni ostentaciones, unía una fe viva y arraigada, la que heredara de sus mayores, cristalizando en los más puros y rendidos actos de religión. Ya desde niño dedicóse con ahínco a la práctica de la piedad; cuando joven entrenóse para el sublime ministerio hacia el que se sentía llamado con sus obras de celo, cuando sacerdote dio brillante ejemplo de piedad, la digna aureola que debe adornar a todo ministro del Santuario.

El amor a la Inmaculada echó hondas raíces en su alma. La circunstancia de haber nacido el ocho de diciembre, la de haberle consagrado su madre antes de que naciera a la Santísima Virgen, la de haberse insinuado en las prácticas del culto en la vecina iglesia del ex-Convento de S. Francisco, en donde se dedicaban solemnes actos al Misterio de la Concepción sin Mancha, y la de cursar sus estudios en el Seminario de Valencia, donde con tal tesón y entusiasmo se ha festejado siempre a la Inmaculada, fueron causas más que suficientes para que acreciera en él más este amor cada día. Sus trabajos para la fundación del Colegio de María Inmaculada de Carcagente fueron informados por el afecto a la Titular del Instituto, y por ello, así como por su amor a la enseñanza, realizó cuantos sacrificios pueden imaginarse.

La devoción tierna que profesara a la Concepción sin mancha de María llegó a constituir un símbolo de su piedad ferviente el que procuraba representar por cuantos medios tenía a su alcance, y eran el color, las flores, los lienzos, las imágenes, la ternura, amen de otros recursos, los rasgos característicos que exteriorizaban su afecto. No había en la Catedral de Almería ninguna imagen de la Inmaculada, sus naves amplias y sombrías no eran capaces de descifrar la placidez que en si encierra esta devoción santa y Navarro quiso animar su recinto con unas pinceladas de colorido y poesía. Mandó pues pintar un lienzo de la Inmaculada, esbelta y hermosa, cual solo ella pudo serlo. El encargo fue confiado al artista valenciano Eduardo Soler[6], y a poco tiempo celebrábase su inauguración con todo el esplendor y pompa. No hay porque decir que su cuidado, conservación y adornos lo reservó para si, destinando una parte de sus haberes al entretenimiento de esta su afición piadosa.

Pero llegó el quincuagésimo aniversario de la Declaración Dogmática de la Inmaculada. El orbe cristiano se aprestaba a celebrar con inusitada pompa esta fecha gloriosa, y mientras de todas partes se recibían noticias de los solemnes preparativos para conmemorar dignamente esta fecha, nada se hacía en Almería. Creía Navarro que alguno de los capitulares llevaba en secreto la misión de preparar los festejos; más próximo ya el día, y viendo que nadie se manifestaba en tal sentido se atrevió a abordar la cuestión. Que preparaba el Cabildo?; Almería no iba a distinguirse en nada?; acaso faltaban medios?. Pues él lo haría. Comisionado por el Obispo, dos días antes del señalado, para la organización del festejo, reclutó una tropa de trabajadores y con ellos dirigióse hacia las afueras de la ciudad. Cuanto hallaron a su paso, palmeras, olivos, pinos, acacias, amen de numerosos arbustos, fue raziado implacablemente y transportado a la Iglesia mayor. Y fue de ver la Catedral al día siguiente; no se diría sino que un frondoso huerto había sido trasladado por manos invisibles al sagrado lugar; los elevados pinos y palmeras parecían arraigados en el suelo tanto para hermosear el lugar como para sostener las elevadas columnatas; el resultado obtenido con este aparato fue maravilloso, los actos religiosos concurridos y solemnes. Es cierto que para ello hubieron de arrancarse numerosos árboles, cometer una alcaldada, como decía Navarro con su peculiar gracejo, pero improvisó un edén en pocas horas para representar al vivo la frase bíblica, Hortus Conclusus.

A pesar de ello, puede asegurarse que el amor dominante de toda su vida fue el que profesara a la Patrona de Carcagente, la Virgen de Aguas Vivas, Constituyó su obsesión en la juventud y primeros años, y cuando lejos de la ciudad natal sentó su campo de acción en Almería, la Imagen santa no se apartó un momento de su lado halló la fórmula de corresponder dignamente en un solo acto a los dos amores más elevados del alma, la Religión y la Patria.

Que hizo por la Patrona de Carcagente?. En la conciencia de muchos están aún vividas sus empresas y atenciones. Erigió la primera Congregación canónica de su nombre, la de Nª Sª de Aguas Vivas y S. Luis Gonzaga, interesóse sobremanera en la restauración de su Capilla de 1884, influyendo cerca de su entrañable amigo y entonces Ecónomo de la Parroquia, D. Enrique Gomis[7], para desarrollar el proyecto más rico adaptado a la potencialidad económica de Carcagente, contribuyó con donativo importante, con motivo de su elevación al Arcedianato de Almería, a dicha restauración, finalmente y por no hacernos interminables, cuando en 1888 se le ofreció el Sermón de las Fiestas de Octubre, a pesar de verse aquejado de grave enfermedad, aceptó el encargo y postrado en cama escribió aquella oración sagrada de pensamiento tan elevado y patriótico que luego imprimió la Junta de Fiestas.

La Capilla de la Patrona de Carcagente, antes de la restauración de 1905

Cual fuera el sentir de aquella alma enamorada para con su Patrona, nos lo dice la mentada oración: “¡Oh, María, amor de los amores!, exclama en el paroxismo de su entusiasmo, con todos los nombres títulos y advocaciones me encantas, pero con el de Madre o Fuente de Aguas Vivas me enamoras y embelesas; porque en ti veo a Dios con todas sus bondades; en ti veo a mis padres con toda su fe y carió; en ti veo a mi patria y queridos paisanos con toda su piedad y honradez; en ti veo a todo lo que amó y ama mi joven corazón, y en ti veo desde los primeros de nuestros antepasados que te festejaron como patriarcas y duermen ahora el sueño de los justos hasta los últimos de nuestros futuros descendientes, que en la postrer agonía te dirán: Adiós Madre de Aguas Vivas”.

Y luego ahondando más en el ferviente patriotismo que le inspira la Imagen continúa: “Os tengo presente ahora a todos vosotros, con toda la piedad que representáis en esta festividad; pero me ocurre lo mismo, siempre que me detengo en mirar aquella conservada estampa, que vela en mi cabecera. Esa capilla, ese altar, vuestras tristes rogativas, como vuestros alegres festejos, todo, todo se me representa al vivo, mirando la Imagen de la Virgen de Aguas Vivas; y en llegando este día, no sé que mezcla de alegría y de tristeza embarga mis potencias, que no puedo hablar con cuantos saben sentir como yo, sin que les diga pensativo y emocionado: ¡Hoy es la fiesta de mi pueblo! y me acuerdo de mi Patrona y de cuanto a Ella le rodea”. Ese era su sentir y esa la verdad de su pasión; por eso cuando hallaba ocasión para explayarse lo hacía volcando el corazón sobre la conciencia de quienes embelesados le escuchaban, y no había terneza, no había cariño, no había afecto que se igualara al suyo. Divisa santa con que inspiró sus actos, granjeándose la popular estima.

No eran pocos los cuidados que le retenían en el desempeño de sus cargos, suficientes para absorberle la atención por completo, sin embargo, su espíritu ordenador hallaba siempre, tras mil combinaciones, momentos libres que dedicar a su pasión favorita, la devoción eucarístico-mariana. Con exactitud matemática visitaba a diario las iglesia para explayarse en las prácticas de la piedad; las de S. Pedro y la Sagrada Familia en Almería, las del Salvador, Corpus Christi, Nª Sª de los Desamparados y Capilla del Santo Cáliz en Valencia, las de Corpus Christi, María Inmaculada y Capilla de la Patrona en Carcagente fueron a diario testigos mudos de esta su devoción fervorosa; y allá en los últimos años de su vida, cuando perdida la vista obtuvo la dispensa del Rezo Divino, supo agenciarse para suplir con creces esta omisión involuntaria; se aferró al Rosario como tabla salvadora y en el puso todo su corazón y anhelo; días hubo de rezar quince, y aún más, rosarios, considerando que con ello no estaba aún suficientemente pagado su obligación; por eso en la pintura de su último retrato se hizo acompañar de las postreras y más caras afecciones, la devoción de S. Domingo y el Santo Cáliz.

Ya en su ancianidad, decía con mucha gracia que había perdido de su fervor y piedad habitual, pues no era tan bueno como en los tiempos de novel sacerdote. Por eso en los últimos años de su vida, cuando sentía acercársele la muerte, escribía a su sobrino España[8] también sacerdote: “Por la misericordia de Dios vivo todavía, pero una vida fatigosa y decadente que apenas puede llamarse vida, pues vivo en la penumbra de la muerte, temiendo a todas horas que me ataque alguno de mis accidentes que no me dé tiempo para encomendarme a Dios, por lo cual mi preparación para la muerte es continua”. Esto es lo que escribía en sus últimos días y esto es lo que practicó también en el transcurso de su existencia. Su ejemplar vida de devoción le atrajo la admiración de los inferiores, el respeto de sus iguales y el cariño de los prelados. Navarro supo elevarse sobre las miserias de este mundo, manteniéndose en la dignidad que la perfección de su estado exigía, por eso mereció oír de boca de uno de los coríferos de la impiedad, Peris y Valero[9], las siguientes palabras que vienen a consagrarle en esta virtud: “Yo no odio a los sacerdotes, sino a los malos sacerdotes; a los buenos como V. los premio. Permita que le agracie en mérito a sus buenos servicios con una gran Cruz”.


 El siervo de Dios Eladio España Navarro, sobrino del Deán Navarro Darás

4. Gratitud. En un corazón bien nacido, como el de Navarro, la gratitud había de arraigar tan profundamente como el mayor de sus sentimientos. A todos amó, a todos benefició y perdonó ingratitudes, pero a los que le prodigaron atención y benevolencia les consideró sobremanera, pareciéndole poco todo cuanto en su obsequio pudiera realizar. Un favor recibido era motivo suficiente para encadenarse con la persona que se le otorgara de por toda su vida. Por eso sus manos derramaron incesantemente mercedes; unas eran para los que las necesitaban, otras para sus bienhechores.

De quien primero recibió protección y beneficio, como ya se dijo, fue de Dª María Garrigues, durante sus estudios y primeros años de ordenación sacerdotal. Ello fue lo suficiente para que jamás olvidara su nombre, que siempre pronunciaba con gran respeto, y para que el testimonio de gratitud fuere eterno, mandó pintar su retrato con la dedicatoria que vale por todo un panegírico de esta su virtud, Gran bienhechora de los pobres.

El Colegio de S. Luis que fundara en Carcagente, nació por la decidida protección del Ayuntamiento y supo corresponder dignamente a ocasión tan desinteresada. Nada organizó el establecimiento sin la aprobación y asistencia del Municipio, y en cuantos certámenes y actos literarios celebrara, más aún, hasta en las jiras campestres que organizaran sus escolares, el Ayuntamiento envió siempre una representación nutrida, a instancias de su Director. Nunca faltaron los consabidos y sabrosos obsequios a las Autoridades con motivo de fiestas y onomásticos.

Llegó Orberá a España, y apenas conoció las extraordinarias dotes de Navarro pensó sino en asociarlo a sus empresas. Propúsole que le acompañara a Almería. le ayudaría a reorganizar su seminario, cerrado desde 1868, y una vez conseguido podría regresar a Carcagente para continuar en su Colegio de S. Luis. Tal fue el pretexto de que se valió aquel grande hombre para arrancarle de su patria nativa; luego ideó otro para conservarle a su lado. A poco de llegar a Almería consiguió una canonjía de su Catedral y se lo comunicó. Grande fue la sorpresa de Navarro; no pocas lágrimas hubo de derramar para que se le relevara de la aceptación, más no pudo conseguirlo. Resistióse el Prelado con voluntad inquebrantable y hubo de aceptar, sacrificando sus amores patrióticos. Dios lo quería y no resistió más. I la gratitud para aquel hombre que quería elevarlo a los más codiciados puestos, le obligó a cooperar con el mayor entusiasmo en sus fundaciones, más aún, se impuso la obligación de terminar todas aquellas que dejó incompletas a su muerte y llevarlas a feliz término, y no cejó hasta conseguirlo. Por cuantos medios hubo a su alcance, trató de manifestar su reconocimiento: gestionó muy vivamente la elevación de su Prelado a la Sede Valentina, obsequióle con ruidosas fiestas con motivo de la gran Cruz con que fue agraciado en la epidemia colérica de 1885, mandó pintar su retrato en no pocas ocasiones para dedicarlo a las instituciones fundadas por el mismo, y cuando en uno de sus viajes a Madrid cae víctima de la traidora dolencia, allá corre desolado para prodigarle los últimos servicios y acompañar su cadáver hasta depositarlo en el sepulcro; y aún en el mismo sepulcro, hace que cuantas fundaciones realizara el santo Obispo, le dediquen sendas lápidas que él mismo se encarga de redactar. Con sobrada razón decía Samper en “La Independencia” del 11 de septiembre de 1912: “Como discípulo del bondadoso maestro Navarro Darás, muchas virtudes admiré en él, pero la que más me cautivó fue el heroísmo con que sacrificó su presente y porvenir solo por sacar a salvo la memoria inmaculada de su difunto bienhechor, el santo Obispo Orberá“. En efecto, en 1892 ofreciósele el Deanato de Valencia, más él estimó en más el reconocimiento que la dignidad, y optó por la renuncia antes que quedara incompleta la obra de su Prelado.

En el año 1909 fue elevado a este mismo cargo en Almería, recibiendo por ello inequívocas muestras de atención, especialmente de su ciudad natal que le envió sentido mensaje y que le llegó a lo íntimo de su alma. Quiso reconocer tanta distinción y delicadeza, y no hallando forma de agradecer más exquisita que la de desprenderse de sus más ricas prendas las remitió con la siguiente dedicatoria: “Si amor con amor se paga, decía al Clero parroquial, ahí les remito la expresión de mis más vivos amores: el del Sacerdocio y el de la Virgen de Aguas Vivas. Por esto en la solemnísima toma de posesión del Deanato de esta Sta. Iglesia Catedral sintiéndome conmovido por los extraordinarios testimonios de cariño con que mi patria querida ha honrado a un hijo ausente, representada en su Iltre. Ayuntamiento, Rvdo. Clero y sociedades de la vida popular, he querido corresponder con igual nobleza de sentimientos, y después de registrar mi corazón no he encontrado en él otras prendas más preciadas de mi alma que los que recuerdan los días más felices de mi vida: el cáliz y casulla blanca con que celebré mi primera Misa en esa iglesia de mi Bautismo; la encarnada, conmemorativa de la investidura del Doctorado de Sda. Teología que en esa misma iglesia parroquial y con inusitada pompa me dic el Excmo. Cardenal Barrio; y la morada que guardaba para mi mortaja en el día de las infinitas misericordia de Dios”. ¡Que grandeza de sentimientos; que nobleza de corazón inspira la lectura de estas líneas!. Las más insignificantes demostraciones de afecto fueron acogidas en su alma como las más gratas y extraordinarias; y volcó su afecto sobre quien le prodigaba cariño. Pero alma sensible y exquisita no quiso recibir como propias estas espontaneidades de la voluntad y las hizo derivar hacía causas más elevadas. Por eso decía a la primera autoridad carcagentina con motivo del mensaje que le enviara: “Siempre es grato a un hijo recibir las caricias de su madre, pero cuando ese hijo es bien nacido y ve honrada en él y por él a aquella madre cariñosa, entonces goza plenamente de doble felicidad, de la propia y la de la madre. Esto precisamente ha sido el goce que V. S. me ha proporcionado con su entusiasta mensaje de felicitación por mi promoción al Deanato de esta Sta. I. Catedral”.

Ya en los últimos años de su vida, cuando la Corporación Municipal de Carcagente acordó agradecer el donativo que había hecho en favor de los niños de las escuelas, se le entregó con extraordinaria pompa en el día de su Onomástico el título de Hijo Predilecto de la Ciudad. Tan extraordinaria demostración de afecto no pudo menos de herir las fibras más sensibles de su alma, y queriendo agradecer esta distinción inusitada ofrendóles un pedazo de su corazón. El rico álbum con que le obsequiara Almería en el día que partiera para Valencia y en el que estaban condensadas las páginas más gloriosas de su vida de apostolado avaladas por el sentimiento de gratitud de los andaluces quiso que se conservara en el Archivo Municipal e hizo inmediata entrega del mismo[10].

Próximo ya a morir, y queriendo corresponder dignamente a las atenciones que recibiera de su familia durante los pocos años de existencia en Carcagente lo repartió todo entre ellos, incluso hasta los propios muebles. ¿Puede darse mayor desprendimiento?. Con harta pena marchó al otro mundo por no poder pagar mejor cuanto en su obsequio hicieran los suyos. Quiso vender un cortijo que poseyera en la Fiñana para este objeto, pero quedó sin él; colocó sus ahorros en un Banco de la localidad y quebró. La fortuna le fue adversa en los últimos días de su vida. Después de poseer tantos y tan cuantiosos bienes murió pobre y sintió en el alma este contratiempo. La gratitud fue la característica de su vida. Por ella realizó las empresas más colosales y por ella sintió desgarrársele el corazón cuando le faltaron los medios de manifestarla con la munificencia a que estaba acostumbrado.

5. Caridad. El móvil de todas sus acciones fue el bien por el bien mismo. Pasó por el mundo derramando bienes, y aunque bien sabía que la ingratitud es la moneda con que la humanidad paga los beneficios, no cejo en su empeño y para mejor imitar al divino Maestro cuanto poseía desprendióse de ello mucho antes de su muerte. Ello fue causa de que su voluntad se viera sorprendida con frecuencia, pero hacía el bien sin mirar a quien, y su voluntad se vio harto pagada con la conciencia de haber cumplido con este divino precepto. Orberá fue un fiel trasunto de Sto. Tomás de Villanueva, su Patrono de Colegio, en la caridad para con los pobres y de éste bello modelo se valió Navarro para afianzar su virtud innata.

¡Que de prodigalidad y ternura para con los desheredados de la fortuna!. ¡Que de miserias socorridas!. ¡Que de necesidades saciadas!. No sin razón los miserables de Almería le honraban con el título de Padre de los pobres.

En el cólera de 1885 que tales estragos causó en Almería, Navarro multiplicose en la visita a los enfermos, consolando, socorriendo y prodigando cuantos cuidados pudiera proporcionar la madre más solicita. Efecto de su caridad abnegada cayó también víctima del contagio, tan gravemente, que desahuciado y abandonado estuvo en peligro de que le arrojaran al carro mortuorio, más advertido de que aún respiraba, por uno de los sepultureros, no pasó por el trance de ser enterrado vivo. Restablecido inopinadamente a los pocos días y familiarizado con el contagio, lanzóse con más ardor a la brecha, socorriendo nuevos apestados, hasta que desapareció la epidemia y se cantó el Te Deum.

Pasma el desprendimiento de Navarro en estas angustiosas circunstancias. Cuanta ropa tenía y pudo comprar la entregó a los pobres, llegando a privarse hasta de los colchones de la cama y ropa interior que llevaba puesta. Por eso al caer enfermo hubo de liarse con una manta, a falta de otra cosa con que tapar su desnudez y así le visitó el médico, a quien dijo, que por el gran frío que sentía se había visto precisado a arroparse de aquella forma.

Admirando tanta abnegación y desprendimiento, escribíale más tarde el médico de Huércal-Overa, D. Honorio Codina una carta en la que decía: “Le felicito, querido Arcediano, por su firmeza, poca aprensión y valor en medio de un campo de batalla lleno de muertos y heridos, probando de este modo que los valencianos no conocen el miedo y desafían las epidemias”.

En sus primeras empresas de Carcagente, ya dio pruebas de la inagotable caridad que le animaba. Para la Catequesis, Escuelas nocturnas y Congregación de S. Luis gastó cuanto tenía y aún pidió de prestado, y al erigir el Colegio de S. Luis inició una era de protección a los estudiantes pobres con la institución de varias famulaturas, sin contar los numerosos donativos que realizara para libros, matrículas y hasta vestidos. El caso de Pons[11] patrocinado y distinguido por Navarro, a pesar de la animadversión que hacia él sentía, dice mucho en su favor.

En la inundación de 1891, cernióse sobre Almería lúgubre manto de hambre y de miseria; las aguas habían arrastrado los pobres enseres del barrio obrero, dejándole en el mayor de los desamparos. Empresa sobrehumana era el remediar tanto mal. Navarro no se arredró. Visitando de casa en casa los menesterosos, proporcionoles vestidos, alimentos, socorros, habilitóles locales para albergarse, hizo cuanto pudo para aminorar la desgracia, y mientras la ola de miseria pasaba desapercibida para muchos, el héroe de la caridad era bendecido y aclamado con el título de Padre de los pobres.


Vista general de Almería desde la Alcazaba

Las Comunidades religiosas hallaron en él un decidido protector. ¿Cuantas necesidades remedió con su liberal mano en los establecimientos religiosos de Almería. Las Teresianas de Belén, las Concepcionistas, las Siervas de María, las de S. Antón y otras muchas hallaron un paño de lágrimas en su generosidad inagotable. Ello fue el motivo de que al instalarse las Hermanitas de los Pobres en el Barrio Alto de Almería, se le nombrase su Protector; y bien que supo corresponder al nombramiento, pues no contento en asegurar la vida de la fundación aún realizó mejoras y obras de ampliación en el edificio. Hasta la Casa de mujeres arrepentidas que se fundara en la capital andaluza en 1883, obtuvo su protección, a cuyo sostenimiento contribuyó con no pocas limosnas.

Pero el campo más vasto de su acción caritativa fue el Monte de Piedad. En el si que supo derramar a manos llenas ayuda y beneficios sin cuento. No contento en socorrer a los pobres, aún les proporcionaba comodidad para recibir la limosna. No quería que el desgraciado se avergonzase de recibir este don de Dios. Y allí, a la vista de tanta miseria y privación, cuando los pobres acudían desolados a implorar clemencia, suplicando algo más de espera para la subasta de sus empeños, pues carecían de medios para la renovación de las papeletas, el bueno de D. José María, el Director Gerente, era el encargado de renovarlas de su propio peculio y aún algo más, pues no eran pocas las ocasiones en que había de satisfacer los alquileres a los implacables caseros que amenazaban a los infelices en arrojarlos a la calle.

En 1901 compró varias casitas en Benahadux, el pequeño y tranquilo pueblecillo de Almería donde solía pasar sus convalecencias y tiempo de los rigores estivales. El motivo no fue otro sino el de socorrer dos necesidades apremiantes de sus moradores. El pobre Cura del poblado no tenía casa rectoral, cuya circunstancia venía a angustiar más su situación precaria; más aún, los niños de las escuelas, para quienes eran todos sus amores, asistían a unos reducidos y antihigiénicos locales, ya que el Municipio no contaba con medios para proporcionar otros mejores. Movido a compasión hizo de las casitas compradas dos soleados y hermosos edificios. Uno de ellos, destinado a casa rectoral, lo donó en 3 de mayo de 1903, poniendo por única condición que se celebrasen por su alma dos misas todos los meses, cuyas misas redujo más tarde a 6 cada año; el otro, destinado para escuelas con el nombre de Maristela, donólo también, aunque venía destinándose ya más de 10 años para este fin, al Municipio de dicho pueblo, en 1912. Como único gravamen impuso la obligación de que el aceptante pagara una reducida cantidad para la Fábrica de la iglesia, obligación que dejó sin efecto por el testamento que otorgara en 1924.


Benahadux (Almería)

Cuanta fuera la grandeza, y desinterés de su alma, cuanta su caridad inagotable, nos lo dice uno de los almerienses, D. Antonio Salas, en su artículo publicado en “La Independencia” de 11 de septiembre de 1912. “El, dice, ha sido todo de Almería y para Almería. Díganlo sino los interesados en las recientes oposiciones al Cuerpo de prisiones que por su influencia consiguieron beneficios y comodidades; los negocios resueltos conforme a sus peticiones en las altas esferas ministeriales; su apoyo a los Maestros en su brillante gestión de Vocal de la Junta Provincial de Instrucción Pública; sus luminosos informes en la de Beneficencia, sin contar los beneficios recibidos en particular que son incontables por su número”. Mucho dice este buen almeriense de la caridad inagotable de Navarro, pero con decir tanto no puede decirlo todo. Hay más, mucho más de cuanto hasta aquí se ha reseñado, pero su humildad sincera, ajena a todo elogio, supo ocultar esquivando las miradas de los hombres; sabía que quien había de recompensarlas era Dios y nada le importó el aplauso de la sociedad.

Incansable en prodigar el bien doquiera era necesario, nunca supo negarse a los clamores de la indigencia; y cuando de por si no podía solucionar lo que urgía, instaba una y otra vez de los demás hasta conseguirlo, aceptando con ello el papel de favorecido quien no era sino un tenaz favorecedor. Sus peticiones hallaron siempre eco en las alturas, pues no sabía pedir sino con justicia. Derramando bienes y olvidando agravios, se hizo superior a todas las miserias humanas, aunque se sorprendía de ver como continuaban atendiéndole aquellos a quienes con tanta frecuencia pedía, sin embargo no podemos menos de confesar que fuera así pues jamás pidió nada para él y si todo para los demás. La historia de la herencia de su padre de la que renunció en favor de sus hermanos es la que repitió, no pocas veces, en el transcurso de su vida. 

6. Entereza. Uno de los factores que contribuyeron muy eficazmente a los éxitos de Navarro en sus empresas fue la entereza de su carácter. Es cierto que se dejaba arrastrar irresistiblemente por el bien, influenciado por el sentimiento de caridad, pero cuando se trataba del derecho y de la justicia era inexorable; antes sucumbía que desertaba. No fueron pocos los sinsabores que le acarreara esta especial condición de su alma, pero quería pasar a la posteridad con el dictado de justo y nada le hizo retroceder de su propósito.

Con grandes contrariedades hubo de organizar el Seminario de Almería, desarraigando vicios de origen y contrariando voluntades indómitas. Todo lo sufrió, todo lo venció y consiguió llegar al fin. La consigna que Orberá le diera era la de abrir y mantener en estado floreciente este Centro de Estudios Eclesiásticos y a ello dirigió todos sus esfuerzos sin reparar en dificultades. Ello fue la causa de que este Prelado le escribiera repetidas veces en 1876, recomendándole la resignación en las contrariedades que recibiera, así como en el siguiente año, insistiendo sobre el mismo asunto, le dijera que tan pronto llegara a Almería resolvería lo del Seminario.

Esta entereza le dio valor en no pocas ocasiones para que sobreponiéndose a la humildad, exigiera el cumplimiento de la Ley y del derecho quienquiera fuere el que tratara de atropellarlo. Sus luminosos informes y convincentes razonamientos forzaban a abandonar posiciones inseguras y abrazar los principios de equidad con todas sus lógicas derivaciones. La aprobación de los Institutos de María Inmaculada y de las Damas Catequistas dan buena prueba de ello. Para conseguir la primera hubo de ponerse frente a una de las figuras de mayor relieve, para alcanzar la segunda venció la resistencia de su propio Prelado con razonado escrito que terció su voluntad hasta el extremo de convertirlo en uno de sus más fervientes defensores.

Entre los rasgos de entereza más dignos de ser tenidos en cuenta, tenemos a la vista el promovido con motivo de la ordenación del actual Primado de España, Dr. Reig y Casanova[12]. Reig había seguido sus estudios y obtenido una colegiatura en el Colegio Mayor de la Presentación de Valencia, pero era cardíaco, y esta circunstancia le hacía irregular para Ordenes. En consecuencia de ello hubo de abandonar la carrera eclesiástica y seguir nuevos derroteros. Cursó la Facultad de Leyes y contrajo matrimonio más tarde; pero Dios le tenía sin duda reservado para sí, por cuanto en el cólera de 1885 murió su esposa e hija y sintió de nuevo el espoleo de la vocación eclesiástica. Llamado por Orberá, trasladóse a Almería para desempeñar una cátedra en el Seminario, donde llegó a terminar sus estudios y creyendo llegado el momento de satisfacer sus anhelos pidió ser admitido al estado eclesiástico. Hay que notar que Reig, antes de trasladarse a Almería había hecho voto a S. José de que si no le repetían los ataques que padeciera en su juventud continuaría sus estudios para recibir los sagrados Ordenes. Sea por lo que fuere, los ataques no se repitieron. Terminó pues los estudios y pidió ser admitido para la ordenación. Con no poca extrañeza oyó de labios de Orberá la negativa, y es que le habían denunciado los ataques que padecía al corazón. ¿Que hacer?. Su asunto estaba completamente perdido, ya que un hermano de beca y de colegio se negaba a admitirlo al sacerdocio. Como último recurso recabó el apoyo de Navarro, y este, alma grande y generosa, tomó el asunto como propio. Presentóse al Prelado y con aquella ecuanimidad y entereza que le caracterizaban, solicitó varios pormenores de las Ordenes próximas. Porqué se denegaban las Ordenes a Reig?. Había causa justificada para ello?. Muy mucho se resistió Orberá en comunicarlo; el secreto de conciencia no debía asomar a sus labios. Ah, contestó Navarro, cuando un Secretario no ofrece suficiente garantía para guardar los secretos de su Prelado está de sobra; nada tengo ya que hacer a su lado.— Advirtióse muy pronto Orberá de su reserva, y dispuesto a atender a Navarro, a quien amaba entrañablemente, díjole al momento: “Es que se me ha denunciado que Reig es cardíaco” — “Pero tiene S. E. absoluta certeza de que aún se le repiten los ataques?” — “No, contestó el Prelado”. “Pues si no la tiene hay que procurarla. Que le reconozca un médico” — “Sea así, repitió aquel”. Reig fue reconocido. Los médicos dictaminaron que, en efecto, había indicios de que en algún tiempo había padecido dichos ataques, pero que en la actualidad estaba exento de ellos. Merced, pues, a la entereza de Navarro, el actual primado de España, Dr. Reig y Casanova, recibió las primeras Ordenes, que en Valencia se le habían denegado, e ingresó en el sacerdocio; más aún, como Reig se mostrara desconfiado por la excesiva protección que Orberá le dispensaba, el celoso Secretario hizo que el Prelado le comunicara por carta que no era su ánimo de que aquel quedara en Almería, sino de que consiguiera una cátedra en Valencia.

Finalmente, como consecuencia de los varios ofrecimientos de sedes vacantes que le hiciera el Gobierno, justo es consignar una de sus más resonadas renuncias en la que puso todo su valor y energía. Era en una de las ocasiones en que Navarro Reverter[13] puso todo su empeño para que aceptara el obispado de Segorbe. Resistíase el Deán a aceptar carga tan pesada, máxime cuando sus fuerzas veíanse ya en franca decadencia. Tanto insistió y con tales y tan irresistibles argumentos intentó forzar su voluntad que Navarro no pudo menos que decir: “Para ser obispo se necesitan tres cosas: virtud, ciencia y salud. Si tengo virtud o no, eso Dios lo ha de juzgar; la ciencia que poseo eso pueden saberlo los hombres, pero de la salud solo puedo juzgar yo y se que no tengo. Desengáñese D. Juan, dijo con la mayor energía; primero la tumba que la mitra”. ¡He aquí todo un carácter!. Reverter insistió aún en otras ocasiones, aunque más con el objeto de agradecer sus atenciones que por forzar su voluntad, pero siempre obtuvo el mismo resultado.


Firma autógrafa del Deán Navarro Darás

7. Humildad. De no haber arraigado tan profundamente la humildad en el alma de Navarro, hubiera podido conseguir los más elevados puestos de la jerarquía eclesiástica, pero hombre sencillo huyó todo conato de glorificación; rehusó aceptarlos y si llegó a admitir alguno fueron los que presentaban gran campo de acción para el desarrollo de sus actividades.

Fue humilde en la verdadera acepción de la palabra. Es cierto que en su ancianidad deseó un más elevado cargo, mas no por vanidad sino porque viendo que se le aproximaba la muerte, suspiró por reposar el sueño eterno en la tierra de sus mayores; quiso que cristalizara en la realidad el pensamiento patriótico que tantas veces había fluido de sus labios: “Haced Señor, que las tablas de mi ataúd se conviertan en polvo junto a las astillas de mi cuna”. Por este motivo decía su discípulo Villaespesa en “La Independencia” del 11 de septiembre de 1912: “ Así se explica que el que no quiso ascender a ese mismo cargo, hace ya más de veinte años, y el que ha rehusado varias veces la mitra que se le ha ofrecido ahora, en su última vejez, haya aceptado el cargo de Deán de la tierra de su nacimiento, en su patria chica”.

Y no es que le faltaran condiciones para desempeñar las más difíciles misiones, sino que la estima que de si propio tenía era tan modesta, tan sencilla, que cuanto se le otorgaba le parecía excesivo para remunerar sus trabajos. Al fundar la Congregación de S. Luis declina el cargo de Director con que le agraciara el Prelado, en el Párroco; cuando instituye el Colegio del mismo nombre, y correspondiéndole de hecho la dirección, propone para ella el exclaustrado franciscano D. Manuel Pavía, más a ello se opone Barrio y contra su voluntad tiene que ponerse al frente del mismo; cuando, finalmente, Peris y Valero quiere agraciarlo con una gran Cruz por la intensa labor pedagógica que realizara en las Escuelas Nocturnas, válese de todos los medios imaginables para que no se llevara a cabo tal distinción. Y esto lo hacía Navarro cuando joven, cuando los honores y dignidades ciegan más fácilmente; mas él fue siempre el mismo: humilde, modesto, sin más aspiraciones que la de satisfacer su actividad incansable, su deseo de laborar en pro de la humanidad. Y como en los cargos que se le otorgaron halló sobrados recursos para este objeto, no aspiró a conseguir mayores.

Metódico y frugal en exceso se privaba hasta de los más legítimos goces, atesorando para los pobres sobre quienes derramaba a manos llenas cuanto poseía. Mientras rodeaba de comodidades al menesteroso, al que acuciado por la necesidad se veía precisado a empeñar su pobre ajuar, el, humilde, descansaba en mísero jergón de paja y contentábase con la frugal vianda que una pobre anciana le preparaba. Su humildad discreta vedábale quejarse de la insipidez de estos guisos; pero no podía impedir que en llegando a la tierra nativa exclamase con todo el fervor de su sentimiento patriótico, a la vista de los que en aquella se preparan: “¡Que bó es asó! ¡Que bó!”.

Antes de que fuera propuesto por primera vez para el Deanato de Valencia, escribíale Navarro Reverter, admirando su humildad y justicia: “Si V., le decía, en vez de ser varón justo y santo fuera un adulador y apegado a las afecciones mundanas, andaría V. un poco mejor de intereses y de importancia, pero en cambio perdería la seguridad que ya tiene de una vida mejor y más larga que esta pasajera y fugaz de la tierra”. Y así era, pues no contento en renunciar a cargos más elevados, todavía derramaba sobre los miserables los emolumentos que le proporcionaban aquellos con que se le había agraciado y forzado en más de una vez a que aceptara remuneración.

Con motivo de su elevación al Deanato de Almería el Clero de Carcagente acordó colocar su retrato en el lugar más honorífico de la sacristía, y así se lo comunicó por medio de carta. Navarro no quiso aceptar la propuesta; confundiale tanto honor y así contestó a dicho Cabildo con la atención más discreta: “Como esa resolución la considero hija más del corazón que de la equidad, yo por lo primero (por la felicitación) les correspondo con todos los afectos más íntimos de mi alma, y por los segundo (colocación del retrato en la sacristía) les suplico sinceramente desistan de sus propósitos, siempre nobilísimos y plausibles cuando se honra a patricios de mayor relieve”.


Lienzo del Deán Navarro Darás, realizado por V. Lucas (1898)

Ayuntamiento de Carcagente

Una íntima y leal amistad le unía con el político y varias veces Ministro, Sr. Navarro Reverter. Le había librado en vísperas de un gran desastre, de que se precipitara en la desgracia, y Reverter le quedó reconocido de por toda la vida. El Ministro intentó pagar en repetidas ocasiones el inmenso favor que recibiera del modesto sacerdote, más no pudo conseguirlo; tropezó siempre con su humildad invencible. El Deanato de Valencia y la mitra, en no pocas ocasiones, le fue ofrecida, nunca quiso aceptar. No se creía digno de ostentar tales dignidades; pero en cambio, anheloso de las de las glorias para su patria nativa, propuso en sustitución suya al ilustre carcagentino y también Deán de Coria D. José Fogués[14]. Sus deseos no pudieron realizarse, ya que al poco tiempo sorprendió la muerte a dicho Deán. Navarro Reverter distinguió siempre al bueno de D. José María con la atención más delicada; varias veces estuvo en la capital andaluza para saludarle y pasar unos días a su lado, y cuando en las cartas quería reprender su obstinación en rechazar dignidades, dábale el dictado de Obispo. Sabía muy bien que no siendo procedía como el mejor de ellos.

Al retirarse a Carcagente quiso dar a la ciudad una nueva muestra de predilección, otorgando al Municipio unos campos de su propiedad para que en ellos se levantara un Parque escolar. La Corporación quiso agradecer tanta liberalidad y al efecto, propuso dedicar a su nombre la calle donde había nacido, designada con el actual de S. Antonio. Ciertamente que era digno de tal distinción, máxime cuando el nombre no se sustituía en toda la calle sino en una parte de la misma. Mas el acuerdo no pudo llevarse a efecto. No se había contado con la modestia del Deán y el proyecto hubo de fracasar, en efecto, temía aquella excesiva exaltación, ya que todo era superabundante para el mismo, y protestó del acuerdo por medio de razonada carta. “Tanto honor, decía, me ha confundido y exaltado mi corazón a tributarles las gracias más efusivas por sus nobles intenciones y por el espíritu altamente patriótico que tal acuerdo revela. Pero viniendo a la realidad comprenderá V., amigo mío, que dicho acuerdo tratando de esclarecer mi nombre, sería peligroso y hasta podría empañarle en la apreciación de muchos y restarme simpatías entre mis paisanos, y especialmente entre los vecinos de la expresada calle que verían heridos sus sentimientos tradicionales por el hecho antipático de ver despojado a un Santo para vestir a un pecador”. Más aún, queriendo que esta su voluntad fuera firme y respetada hizo se incluyera entre las condiciones de la donación la siguiente cláusula: “Si contra mi voluntad se pusiese mi nombre a esta u otra calle, quede retractada en su día esta donación y vuelva el campito de las escuelas (no el de la glorieta) a mis herederos, designados en mi testamento”.

Tal fue Navarro en la intimidad de sus actos, no como le quisieron ver algunos en las postrimerías de su vida. Llegaron a creer estos que la solemnidad y aparato con que se presentaba en las fiestas mayores, investido de su traje canonical y guarnecido el pecho de distinciones, era efecto de la vanidad, cuando en realidad lo era del sacrificio. Del sacrificio, si, porque supo sacrificar la humildad en honor del patriotismo, aportando méritos con que adornar el escudo de su ciudad nativa; para que los extraños no vieran en sus hijos sino valores reales y positivos, para que los suyos se movieran por la emulación a conseguir puestos y dignidades, para que se esclareciera el nombre de Carcagente. El que rechazó el cargo con que se le agraciara en los últimos días de su vida, el que despreció mitras y dignidades, el que vivió satisfecho en la oscuridad sin pretender encumbrarse, sacrificó su humildad en aras de la ciudad amada, de Carcagente, y ello lo hizo en las postrimerías de su existencia, cuando ninguna ventaja personal pudiera aportarle, cuando vióse ya en el borde de la tumba.

8. Fortaleza. Navarro dio prueba de un gran temple de espíritu. Pasma el pensar que en un cuerpo enfermizo y de constitución tan endeble pudiera desarrollarse una vida tan agitada y azarosa como la suya. Vino al mundo sin esperanzas de vida; franqueó la adolescencia bordeando los umbrales de la muerte, y llegó a la ancianidad después de verse amenazado por la parca en no pocas ocasiones. Sin embargo, tuvo energía para desarrollar los más vastos planes cual pudiera hacerlo una naturaleza privilegiada e incansable. Ello no se explica más que por la fortaleza extraordinaria que animó su espíritu y que le llevó al sacrificio de su hacienda, comprometiendo no poco su honor, en beneficio de la humanidad doliente.

Con un solo pulmón sobrellevo su fatigosa existencia, y cuando entrado de lleno en sus estudios, estaba próximo a ordenarse, hubo de suspenderlos para atender a su salud seriamente comprometida; la tuberculosis había comenzado a manifestarse. Más no se dejó arredrar por ello; fiel a su vocación instó una y otra vez que se le permitiera volver al Seminario. Tales fueron sus lágrimas, tantas sus súplicas, tal su contrariedad y agravación al verse coaccionado en sus inclinaciones, que la familia, compadeciéndose, hubo de dejarlo marchar. “Mort per mort, que muiga a gust” y Navarro volvió al Seminario. Su aspiración era celebrar una vez siquiera el Sacrificio de la Misa, aunque después hubiera de morir, y de aquí su deseo irresistible de volver a cursar sus estudios. Restablecióse un tanto, terminó la carrera y ordenóse sacerdote. Su aspiración quedó cumplida.

Gras las gloriosas empresas que realizará en Carcagente en pro de la Religión y la enseñanza cristiana, marchó a Almería para continuar sus trabajos con no menor éxito que satisfacción del Prelado que en el había puesto su confianza, el señor Orberá. Allí se encargó del Seminario, y cual sería su aspecto y la penosa impresión que producía, que los almerienses comentando las andanzas de su Obispo decían con su peculiar gracia andaluza: “Por los claustros del Seminario anda un cadáver desenterrao”. Sin embargo, aquel cadáver supo vivir y dar vida a lo que estaba muerto, ya que al poco tiempo consiguió el Seminario su esplendor primitivo; mas a los pocos años hubo de abandonar este cargo, pues la grave enfermedad puso en peligro su vida.

José María Orberá y Carrión, obispo de Almería

La complicación originada por la presencia de nuevas enfermedades y agravación de las crónicas, le obligaban muy a menudo a trasladarse a su ciudad nativa para encomendarse al cuidado de su familia. Los viajes que realizará en 1877, 78, 79 y 80 fueron motivados por su estado alarmante de salud y a tal estado llegó la postración, que Orberá, compadecido, le escribió en este último año desde Almería, diciéndole: “Puesto que el clima de esta población le es perjudicial, diga a que Metropolitana quiere ir de canónigo o de dignidad a una Sufragánea, pues quiero que salga de esta población con ascenso”. Navarro se hizo el sordo a esta indicación; estaba muy ligado a este santo Obispo para dejarle solo en sus empresas. Si era de Dios el que muriese, moriría, pero al lado de su bienhechor. Jamás desertaría del lugar donde Dios le había colocado. Y así lo hizo; cayendo y levantándose, postrado en el lecho del dolor continuó en Almería para abarcar mayores empresas cuando más numerosas eran las enfermedades que le asaltaban, y el bueno de Orberá tuvo el consuelo de retenerlo junto a sí y presagiar en él el continuador de sus fundaciones. Cupo a él la gloria de iniciarlas, a Navarro el de terminarlas y perfeccionarlas.

A sus inveteradas afecciones cardíacas y pulmonares añadióse más tarde la de los bronquios con frecuentes ataques de disnea. En 1881, 83, 85 y 89 se reprodujeron con alarmantes síntomas de gravedad, mas todo lo venció. No hacían mella en el enteco cuerpo tantos enemigos, pues si algún efecto causaban era el de entonarle, comunicándole mayor energía para el trabajo. Predicando un día en la Catedral de Almería, sintióse repentinamente enfermo y hubo de bajarse del púlpito acosado por grave dolencia. No poco tiempo estuvo luchando entre al vida y la muerte, y cuando vencida, la enfermedad, declaróse una convalecencia franca no buscó el retiro para el restablecimiento, sino que aún con las huellas visibles del dolor, entró de lleno en el torbellino de sus actividades, trabajando con más ardor que antes.

Llevaba sus dolencias con tal resignación y entereza, con tal temple de espíritu, que al hablar de ellas no parece sino que se ocupaba de desgracias ajenas. Por esta causa decía el Notario Eclesiástico de Almería D. Juan Pérez, en “La Independencia” del 11 de septiembre de 1912: “Conozco a D. José María Navarro desde que llegó a Almería delicado y padecido, pero con un espíritu inquebrantable. Muchas veces admiré con pasmo la resignación con que sobrellevaba sus crónicas dolencias y los remedios heroicos que se le aplicaban sin exhalar una sola queja. Pero ha sido más admirable en la paciencia con que ha sufrido en la Curia Eclesiástica a tantos infelices, a quienes para el colmo de sus desdichas, les faltaba también la educación para hacerse oír benévolamente”.

Sin embargo y a pesar de la postración en que le sumían sus continuadas afecciones, jamás perdió su buen humor. Cayó herido de muerte en 1910; temíase seriamente por su vida, esperando de un momento a otro que espirase. Varios del Cabildo velaban a la cabecera de la cama; hacían cábalas, a la vista de su gravedad, acerca de la provisión del cargo que dentro de poco dejaría vacante: El enfermo, en estado cataléptico, hacía muchas horas que había perdido la palabra y a la vista de pronto vieron como el Deán se incorporaba sobre el lecho; destósele la lengua, abriéronsele los ojos, y dirigiéndose a los circunstantes, dijo con toda la prosopopeya: “¡Señores! ¡No hay vacante”. El asombro y sonrojo de aquellos buenos prebendados no es para dicho. En medio de la gravedad no había perdido detalle de la conversación.

Cuando llegó a Valencia en 1912, se hallaba medio ciego por efecto de unas cataratas que se le estaban formando. Otro, a su edad, no hubiera pensado sino en conservar la poca vista que le quedaba y aguardar la muerte; mas él para quien la actividad había sido el elemento de su vida, no pudo pensar en semejante quietud. Creyóse más ágil y joven de lo que en realidad era y, pensando en nuevas empresas decidió operarse. En vano le disuadieron los médicos de Valencia, de aquella arriesgada operación por el inminente peligro de una hemorragia, pues marchó a Barcelona y allí sucedió lo inevitable; sobrevínole un golpe de tos, soltáronsele los puntos de la herida y apareció la hemorragia con todos sus caracteres alarmantes. Gracias a la pericia de los médicos pudo salvarse, pero quedó con un ojo menos, que hubo de sustituir por otro de cristal. De allí en adelante hubo de hacerse acompañar para asistir a los actos del Cabildo, de los que jamás quiso excusarse a pesar de su estado, y en cuantas solemnidades religiosas se celebraron en la capital levantina, allí y confundido entre los fieles, destacó la venerable y simpática figura del Deán de la Metropolitana. El cumplimiento del deber y de la piedad fue el móvil que le impulsó a manifestarse fuerte hasta en los últimos momentos de su vida.

Finalmente, en 1919, vino a caer de nuevo ante el fulminante ímpetu de la apoplejía. Gravedad desesperada y convalecencia inesperada siguióse a ella; pero quedó con medio cuerpo muerto y palabra balbuciente. vio que su carrera estaba terminada y obtuvo de Roma la dispensa de asistir a los actos del Cabildo. Entonces fue, cuando anhelando terminar sus días entre los suyos, trasladóse a Carcagente. Fueron desentumeciéndose las extremidades; probó a andar, y, cuando ya tuvo algún dominio de sus fuerzas, apoyándose de un cayadito, se dispuso a continuar su vida de piedad y devociones. De allí en adelante celebró todos los días en la Capilla de la Patrona la Misa de la Virgen, para lo que se le había autorizado en atención a su ceguera, y en las solemnidades eucarísticas, el bueno de D. José María se pasaba horas y horas ante Jesús Sacramentado, recitando rosarios que conmutaba por el rezo divino. Y no fue ello solo sino que, en medio de esta premiosa y sufrida vida aún le quedó tiempo para desentenderse de sus dolencias y dedicar la atención a uno de sus más fervientes amores, el engrandecimiento y prosperidad de la patria nativa.

Grande y elevado fue el espíritu de Navarro, grandes sus iniciativas, grandes sus empresas. A pesar de sus dolencias continuadas a todas pudo darles fin; y aún cuando por la gravedad de algunas hubo de decírsele la Misa de agonizantes por más de cinco veces y rogar por su alma, siempre reaccionó, engañando a los hombres y a la misma ciencia, y es que la fortaleza que animaba su espíritu fue tan grande, tan elevada que pudo de por si producir tales milagros, los que produce Dios cuando se vale de un instrumento débil para sus fines.

9. Amor filial. Con el mismo afecto y ternura que trató a los niños procedió con los autores de sus días. Todo corazón, sin dobleces, ni apostasías supo sacrificarlo todo en aras de tan sublime sentimiento. Por eso mereció la predilección especial de sus padres. Y ellos miraban a su José Marieta como el don más preciado que el cielo les concediera, pues con ser el consuelo eficaz de sus penas, era a la par una de sus satisfacciones más legítimas. Si alguna sombra venía a empañar la felicidad que embargaba el pecho de aquellos humildes artesanos, no era otra sino la preocupación, el malestar producido por la continua amenaza de la muerte que blandía su guadaña sobre aquella preciosa existencia.

A tan desinteresado amor correspondió el buen hijo con creces, y cuantas satisfacciones pudo proporcionar a los suyos procurólas con el mayor desvelo. Es verdad que le nacía del corazón, mas no por ello menos digno de alabanza.

El tierno afecto que profesara a su madre fue causa de que aplazara en 1875 la partida de Carcagente, según tenía concertado con Orberá. Dolíale tanto la separación; sentía tan hondamente el dolor que experimentaría la autora de sus días con motivo de su marcha, que aún a trueque de que se le tildara de indeciso, no se atrevió a partir. Aunque se sepultara y oscureciera, aunque no contara con más radio de acción que el que le prestaba su patria nativa, quedaría a su lado para alegarla en los últimos días de su vida, para prodigarle sus afectos postreros junto a la cabecera del dolor. Y así sucedió al año siguiente dejo de existir, y Navarro, cumplidos los deberes que le imponía la piedad filial, dispúsose a marchar a tierras andaluzas con el beneplácito de su padre.

Mucho tiempo antes ya había dado pruebas de la exquisita ternura de su alma, de este amor que tan hondamente sintió desde los primeros años de su vida Navarro vivía con sus padres en la casa donde naciera, frente al ex-Convento de S. Francisco, lo que no dejaba de ser una molestia para la pobre madre, vieja y achacosa, cansábase en extremo para llegar a la parroquia, donde acostumbraba practicar las devociones a diario. El buen hijo con la generosidad de corazón que le era característica, trató de remediar su sufrimiento, y así que hubo ahorrado lo necesario, después de celebrada su primera Misa, compró una casa muy próxima a dicha iglesia y dedicósela, como obsequio, en el día de su Santo. Cuanta fuera la satisfacción que produciría en la anciana madre acción tan desinteresada solo Dios lo sabe. Navarro entretanto esforzándose en prodigar cada día nuevas muestras de cariño; por eso, y cuando sus medios se lo permitían, acompañábala en sus viajes que no tenían otro móvil que la piedad y en ellos deshaciase en obsequios para con la autora de sus días.

Amigo de simbolizarlo todo llegó a representar el amor paterno por el culto tributado a los objetos de los suyos. Por eso cuando marchó a Almería quiso rodearse de buen número de objetos de su pertenencia, entre otros el reloj que su madre usaba. ¡Con que esmero y cuidado lo conservó!. ¡Cual si se tratara de la mas preciada joya, mostrábalo con orgullo!. Se forjó la idea de que al cuidarlo y respetarlo tributaba el cariño y veneración que se debe a los progenitores, y con generosidad desbordante hizo cuanto pudo para hacer gala de estos sentimientos.

Contadas eran las veces que su padre había salido de Carcagente. El apego al terruño y las múltiples atenciones que traen consigo los cuidados agrícolas le habían retenido siempre en la población. Navarro quiso dar a su padre una nueva prueba del tierno amor que le profesaba, y al efecto le invitó para que hiciera en su compañía un viaje a Roma. El gozo que experimentara el buen anciano con este motivo no es para dicho, y en junio de 1877, partieron ambos hacía la capital del orbe católico. Con todo lujo de detalles, y cual si se tratara de uno de los pequeñuelos que reuniera en el aula, fue mostrándole los monumentos más notables lugares y reliquias de mayor veneración. Nunca llegaron a gozar tanto padre e hijo como en esta excursión: el padre al ver las numerosas atenciones y caudal de conocimientos que poseyera su José Marieta, el hijo haciendo suya la alegría de su padre y viendo con ello suficientemente pagada su ternura. Sin incidentes de ningún género y con la mayor felicidad transcurrieron los días del viaje; y un día en que cansado el padre de los guisos extranjeros suspiraba por los de su país el bueno de Navarro dedicóse a recorrer mercados y friterías; halló unas naranjas y las compró a precio elevado; presentóselas al padre y conmovido este por tanta atención no pudo menos que exclamar: ¡Asó si que es bó José María! ¡Asó si que es bó!.

Tanta prodigalidad y cariño, tanta atención y afecto eran causa de que el padre mirara al hijo más que con amor con veneración. Poco antes de morir otorgó testamento y rogó a su hijo que lo redactara para que hiciera de los bienes la división que creyera más conveniente. Así lo hizo Navarro, pero con la particularidad de repartirlo todo entre los hermanos y no dejar nada para si. Cuando el buen viejo llegó a leerlo negóse a autorizarlo. Como acceder?. “Dirán de mi que soc un mal pare” — Si yo he de repartir luego estos bienes entre mis hermanos, objetábale el hijo. — “No vullc, repuso el viejo, que el fill que mes gust m’ha donat permaneixca desheretat en el testament!”.

Murió su madre, como ya se dijo antes de marchar a Almería, y no tardó mucho en seguirle el autor de sus días. Huérfano ya del cariño que recibiera de los buenos viejos, y no pudiendo prodigarles las atenciones, de que hizo gala cuando en vida, elevó al cielo constantemente sus plegarias por el eterno descanso de los suyos; y allá en el día en que la Iglesia dedica sus oraciones por todos los fieles difuntos, Navarro mandaba adornar con severos crespones y luces el altar del Colegio de María Inmaculada de Carcagente en el que hiciera destacara una imagen de S. José, y en el mandaba celebrar sufragios por su alma, y cual si ello fuera poco, en la Catedral de Almería, en el altar que erigiera a la Inmaculada, ofreciáles la misma oblación enriquecida con los méritos infinitos del incruento Sacrificio de la Misa.

 

 

III

 

El Pedagogo

 

1. Escuelas Nocturnas.- 2. Colegio de S. Luis.- 3. Colegio de María Inmaculada.- 4. Vice-Rector del Seminario de Almería.- 5. Colegio de Jesús.- 6. Su incansable actividad por la enseñanza.

 

1. Escuelas Nocturnas. Era por el año 1871. La atención de Carcagente estaba concentrada en la producción de su fruto dorado, que alcanzaba gran aceptación en el extranjero. Se laboraba frebilmente en el terreno económico, pero se holgaba con harta desdicha en el de la instrucción y enseñanza. Los estudios eran caros, aún para las gentes acomodadas, y la gente del campo, sin más tiempo que el necesario para cultivar sus tierras, en cuyos quehaceres se hacían ayudar de los niños, vegetaba en medio de aquel resurgir agrícola, mientras las dos únicas escuelas de la población eran sobradas para la escasa matrícula de sus escolares. Ello era motivo para que a Carcagente se le tildase con el baldón de ser el pueblo de más analfabetos de la provincia. No se vislumbraba solución para esta crisis de cultura. Navarro se aprestó a poner remedio y con el ardor que imprime todo ideal elevado, lanzóse a la empresa, luchó denodadamente, y el éxito clamoroso vino a coronar sus esfuerzos.

Así que hubo celebrado su primera Misa en 1870, puso manos a la obra. Había necesidad de escuelas y urgía el crearlas, más aún, precisaba inculcar el amor a este templo del saber so pena de condenar a los carcagentinos a aquella lobreguez indocta en que estaban sumidos. En consonancia con su estado, valióse de medios religiosos: durante sus estudios había ensayado la creación de unos Centros Catequísticos con notable éxito. A esta primera empresa no tardó en seguir otra, la de la Congregación de Luises a la que se alistaron en muy pocos días más de 500 jóvenes. La vista de aquella juventud fuerte y optimista pero completamente inculta le llegó a lo más íntimo del alma. ¡Pobrecillos, eran dignos de mejor suerte!. Simultaneando, pues la acción religiosa con la instructiva, hizo qué de la Congregación naciese la idea de unas Escuelas Nocturnas; ya hacía años que el Ayuntamiento, por motivos económicos, había suprimido las que antes funcionaban. Hombre febril y entusiasta, no tardó en llevar a cabo innovación tan deseada. Recabó la conformidad del Municipio para establecer estos Centros en los locales de las Escuelas Diurnas, encariñó en la idea a los maestros de la localidad D. Rosendo Pastor[15] y D. José Tomás, muy afectos a los Luises, hizo que la Congregación costeara el menaje y material pedagógico, consiguió del vecindario donativos para el alumbrado y, tras no pocas entrevistas y negociaciones, abriéronse las Escuelas bajo la dirección técnica de los mentados maestros con la colaboración de los Congregantes más aventajados.

La inauguración fue un éxito rotundo. Improvisóse un estrado en la plazoleta del Ex-Convento, contratóse a la banda de la localidad, y con asistencia de las Autoridades y enorme concurso, tuvo lugar la apertura en la que hicieron uso de la palabra los maestros y el propio Navarro. Los resultados no se hicieron esperar. Aquella florida juventud que llenaba las naves del templo parroquial en los actos de la Congregación, llenó también las del templo de la ciencia en las crudas noches de invierno, cuando agostada por el trabajo volvía con el cuerpo cansino hacia el hogar; su lema fue siempre el orden y la aplicación. Confundidos y en las mismas secciones, veíanse los padres y los hijos que acudían hambrientos de recibir el pan del saber. A más de 400 subió el número de matriculados en muy pocas semanas, y aquel pueblo que antes fue calificado con el estigma de ignorante y analfabeto mereció desde entonces que se le designara con el de pueblo con menos analfabetos de la provincia.

Ocupaba por entonces el Gobierno Civil de la provincia D. José Peris y Valero que, aunque si, ciertamente, era muy entusiasta de la enseñanza, no era menos enemigo de la Religión y sus sacerdotes. Por efecto de sus campañas antirreligiosas, no tardó mucho en llegar a sus oídos la noticia de que en Carcagente había un sacerdote joven que estaba soliviantando al pueblo por medio de unas escuelas que había fundado. Contrarióle ello grandemente, y dispuesto a castigar con mano dura tanta audacia marchó de incógnito a dicha villa con el decidido propósito de llevarse preso al Director de aquellas escuelas. No fue poca la sorpresa de los políticos carcagentinos reunidos en amigable tertulia en la Casa Consistorial, ante la inesperada presencia del Gobernador. Nada bueno se recelaban de aquella visita, y sus palabras vinieron a confirmarles en su presentimiento. — “Se, dijo este, que hay aquí un Cura que ha fundado unas escuelas y necesito saber donde están” — “Si S. E. quiere, le llamaremos ahora mismo, le contestaron” — “No, dijo; quiero sorprenderlo. Acompáñeme”. — Dirigiéronse hacía las escuelas y cuando el Gobernador se imaginaba encontrar un sacerdote enseñando ideas políticas y religiosas, se vio dolorosamente contrariado. No era sacerdote, sino dos maestros los que se habían encargado de la enseñanza; el orden más perfecto reinaba en aquellos amplios locales en que se veían confundidos padres e hijos. El sacerdote flamante y locuaz que esperaba ver no aparecía por ninguna parte; solo si, aparecía de cuando en cuando un pobre clérigo de sotana raída que con una alcuza en la mano, iba cebando los quinqués de petróleo y sirviendo a los alumnos el material escolar. “Quien es el que enseña en esta escuela”, preguntó el Gobernador a Navarro. —“Los maestros señor”, contestó este. — “Pues entonces V. que hace?”. — “Proporciono todo lo necesario para la buena marcha y orden de la clase, y los sábados explico Urbanidad a lo que añado un poco de Catecismo”. — “Está bien”. Admirado el demagogo del orden y disciplina que reinaba en aquella escuela, más viendo la aplicación de sus alumnos y que en ella no se propagaban ideas políticas, cambió de parecer, y el que iba dispuesto a castigar optó por premiar con distinción merecida. — “Dicen, exclamó Peris y Valero, que yo soy enemigo de los curas; no, Peris y Valero no es enemigo de los curas sino de los malos curas; a los buenos los admira y respeta, y como este es uno de ellos voy a premiarle con una distinción extraordinaria; le otorgo pues, una Gran Cruz, la de Carlos III”.

En grave aprieto puso al bueno de Navarro esta decisión del Gobernador: si aceptaba, claudicaba de sus ideales, recibiendo mercedes de los enemigos de la Iglesia; si no aceptaba se exponía a dormir en la cárcel: Huyendo del dilema, buscó la manera más ingeniosa de rechazar la Cruz. Púsose de acuerdo con el Alcalde, después de rogarle encarecidamente que se entrevistara con el Gobernador para disuadirle de su empeño. “Dígale, le inició, que el Cura de las Escuelas Nocturnas es un infeliz, y que si le otorga esa distinción no se lo agradecerá jamás. Que es un pobre hombre que va hecho una desdicha con la ropa llena de manchas y lamparones. El pueblo mirará con muy malos ojos que ese jovenzuelo ostente la Cruz que con tanta dignidad lleva su digno Juez Municipal, D. Vicente Taléns ; sería una irrisión. Lo que más agradecerá ése pobre diablo es que le envié una caja de material para las Escuelas y con ello quedará muy pagado y satisfecho”. La estratagema surtió su efecto. Merced al interesante informe del Alcalde, la Gran Cruz no fue otorgada y Navarro, libre ya del compromiso, recibió a cambio sendos cajones de material pedagógico, cuyo contenido vino a llenarle de mayor alborozo que la Gran Cruz para la que se le propusiera.

2. Colegio de S. Luis. La causa que precipitó a navarro en la fundación de este nuevo centro de enseñanza nos lo dice en su Biografía del Colegio. He aquí sus palabras: “Era el año 1872; Julio llegaba a su mitad, y la revolución político-religiosa del 68 marchaba en su apogeo cuando se presentaron a la puerta de la Casa de la Villa unos caballeros que se decían profesores de segunda enseñanza, los cuales, sabedores de la importancia e ilustración del pueblo, venían a plantear un Colegio de Bachillerato si se les apoyaba con subvención y local”.

“Aquel encuentro fue como juntarse el hambre con el apetito. Su boca era su medida, y solo faltaba para ultimar el contrato que se reuniese el Ayuntamiento en sesión y se acordasen las formalidades correspondientes. Una de estas fue, a insinuación de un concejal astuto, la garantía de competencia profesional y moralidad de sus enseñanzas, por ser gente desconocida. Temióse el edil no fueran aquellos caballeros unos famélicos andantes”.

“Celebróse previamente otra entrevista exploradora, en la los profesores fueron muy expansivos y se dieron a conocer de cuerpo entero. El concejal malicioso se equivocó, pero a medias. ¡Eran peores!. No se andaron con embozos. Creyeron que el mejor título de competencia era declararse librepensadores ante un Municipio liberal, y manifestar que la moral de sus doctrinas se funda en la universal moderna. Nada de misterios ni beaterías. Tanto deseo había de Colegio, que no los desahuciaron en el acto, sino que esperaron a cambiar impresiones con otros concejales para resolver en definitiva”.

“Pero el concejal previsor, que aunque liberal y médico fue cristiano muy práctico, midió de un golpe de vista los alcances de las discordias intestinas que en materia de religión iban a sembrar aquellos descreídos en el hogar pacífico de cada familia, y se apresuró a manifestar el peligro a quien esto escribe”.

“Solo veinticuatro horas de espera se le rogó para conjurarlo, y antes que se cumpliesen ya tenía en su mano la solicitud de los tres nuevos postores a la instalación del Colegio, con más garantías y menos subvención que los forasteros”.

“Los fundadores del futuro Colegio de S. Luis Gonzaga se habían entendido íntimamente. El concejal padrino de la nueva proposición, que lo era D. Constantino Garrigues, presentó y apoyó la proposición. El Ayuntamiento, por unanimidad, prefirió a los hijos del país”.

“Solo faltaba para asegurar su estabilidad la aprobación del Excmo. Sr. Arzobispo. Apresuróse el diciente a marchar a Teruel y a Torres de Albarracín hasta encontrar a su dignísimo Prelado para pedirle su anuencia y su bendición. Y con tanta cordialidad la otorgó que autorizó además, para que se consignase su protección en la portada del reglamento del Colegio, como de hecho así se imprimió”.

Navarro con sus consocios de fundación, el beneficiado de la Parroquia, D. Enrique Gomis y el maestro de la localidad D. Rosendo Pastor, y el como Director del nuevo centro docente recomendado por el Cardenal al Ayuntamiento, comenzó a desarrollar el plan den adaptación del viejo edificio de los franciscanos a las exigencias del Colegio; la Corporación Municipal había presupostado para el sostenimiento del edificio 400 pts. Las celdas y numerosos departamentos de la vieja fábrica fueron desapareciendo para dar lugar a nuevas clases, dormitorios, sala de visitas y cuantos locales fueron necesarios para su perfecta organización. Compráronse camas para los internos, numerosas láminas para las clases de solfeo y dibujo, mesas, bancos y tarimas, campana de órdenes, colocóse una bomba para el pozo, numerosas rejas y balcones, dotáronse de alumbrado de petróleo todas las dependencias y en la propia iglesia del edificio se añadieron cuantos ornamentos y objetos de culto faltaban, incluso una nueva campana para su campanil. El coro de la misma se habilitó para el servicio de los colegiales.

Para que el orden fuera perfecto, se estableció un modelo de uniforme para los colegiales consistente en traje de paño azul con botones de metal, cuello bordado, anagrama del título del Colegio en las solapas de la chaqueta, guantes y gorra con botón de oro en el centro, galón y escudo bordado.

El Colegio se anunció por espacio de 15 días en los periódicos de la Capital “Las Provincias”, “El Mercantil Valenciano” y el “Anunciador de Valencia”; editóse la conveniente propaganda por medio de prospectos y programas de inauguración, invitáronse a las Autoridades y clases sociales y después de incorporar el nuevo centro al Instituto de 2ª Enseñanza de Játiva, tuvo lugar su apertura el 13 de octubre de 1872. Dicho acto revistió solemnidad inusitada al que asistió la banda de la localidad dirigida por el Maestro D. José Fuset y del discurso encargóse el propio Navarro que con palabras llenas de fe y santo patriotismo auguró días de gloria y esplendor para Carcagente.

Aunque el cuadro de profesores fue muy reducido en un principio, ya que estaba integrado tan solo por los socios fundadores ya mentados, sin embargó los resultados obtenidos en los estudios del primer curso fueron altamente satisfactorios. Dicho profesorado fue ampliándose luego con la cooperación de D. José Alcaraz, catedrático de Latín y retórica, D. Francisco Juan, Vice-Director; D. Salvador Cogollos, D. José Fuset y el Catedrático de dibujo.

Además de los catedráticos, había un Inspector de estudios que en un principio fue D. Antonio Hernández, sucediéndole luego D. Antonio Sorita, un médico llamado D. Juan Suñer, cinco fámulos que eran otros tantos estudiantes pobres, un criado, una barrendera para el claustro y una cocinera con su ayudante. Días de fiesta eran para el Colegio aquellos en que, siguiendo la s añejas tradiciones de Carcagente, se celebraba la matanza. Los escolares gozaban con el espectáculo y el Director se sentía feliz al proporcionar a sus alumnos contados días de esparcimiento y alegría doméstica.

El tiempo era codiciosamente aprovechado por discípulos y profesores; buena prueba de ello son los numerosos y aventajados alumnos que de él salieron, algunos tan notables que su fama ha llegado a trasponer las fronteras, mereciendo el respeto de todo el mundo coetáneo.

El 3 de julio de 1873 se verificaron los primeros exámenes oficiales del Colegio que fueron presididos por los Catedráticos del Instituto de Játiva D. Luis Moreno, D. Ismael Fabra y D. José Cirujeda. El resultado no pudo ser mas satisfactorio; entre todos los colegios incorporados a Játiva, solo al de S. Luis le cupo la gloria de obtener el mayor número de aprobados con relación al de sus alumnos, y el abnegado Director, el modesto D. José María, tuvo el consuelo de ver coronados sus esfuerzos con el laurel de la victoria.

Las visitas giradas al Colegio de S. Luis por personalidades de relieve dan idea de la importancia que llegó a alcanzar en su tiempo. En 1873 fue visitado por el Cardenal Barrio que quedó admirado del orden y pulcritud de sus dependencias, así como del aprovechamiento de sus alumnos; en enero del año siguiente fue su huésped el diputado Sr. Santos[16], en cuyo obsequio se celebró solemne recepción y velada; en junio del mismo año recibió con todos los honores de la dignidad de su cargo al Capitán general, y en 1875, finalmente volvió a visitarlo el Cardenal, adornándose el patio con este motivo, en el que se improviso un jardín con plátanos y naranjos.

La vida del establecimiento desenvolvíase como en familia merced a las excepcionales cualidades de su Director; todo amor, todo solicitud y dulzura, cuidábase hasta de los detalles mas nimios para que la vida del colegial transcurriera con el mayor gozo dentro del cumplimiento del deber. Por esta causa decía Navarro aludiendo a esta solicitud y desvelo: “Las madres estaban satisfechas y descansadas por tener sus hijos en el Colegio, pues, como decían ellas, aventajándoles el Director en ternura y cuidado estaban de sobra”.

No hay porque decir que la educación religiosa fue cuidada con atención solícita; el móvil de la fundación no había sido otro sino el de preservar a la juventud de las nefastas y disolventes ideas de la época y hacía tan noble fin se dirigieron los esfuerzos de Navarro. Todos los días, invariablemente, oían Misa los colegiales desde el coro de la iglesia, después de haber hecho ofrecimiento de obras, ejercitándose durante el día con algunas prácticas de piedad, y anualmente celebraban con extraordinaria pompa el Triduo de Desagravios durante los días de Carnaval. La piedad era la característica de aquella institución modélica, y allí doquiera se celebrara una manifestación religiosas, allí acudían los colegiales de S. Luis con la insignia de la Congregación y bandera que ellos mismos costearan. Ningún año dejaron de asistir en formación correcta a las solemnes procesiones del Corpus y Nª Sª de Aguas Vivas. Nota vistosa de juventud y alegría que daba a Carcagente una importancia merecida, la que obtiene un pueblo por la cultura y piedad de sus hijos.

Muy de admirar es que Navarro, a pesar de su salud harto quebrantada y de las múltiples preocupaciones que pesaban sobre su espíritu, tuviera energía para soportar la carga agobiante de la dirección, y mucho más con la ternura y solicitud con que lo hacía. Todo pasaba por su manos, fiando solo en su discreción, y robando las horas al descanso, recostábase en un sillón, en el mismo dormitorio de los niños para velar más cerca el sueño de los escolares; y cuando algún golpe de tos venía a interrumpir su sueño, levantábase con presteza, acudía hacía el lugar de donde había partido el ruido y con amor maternal iba arropando a aquellos pequeñuelos que en nada echaban de menos el cariño de sus hogares.

La admiración sube de punto cuando nos detenemos a considerar la grandeza de miras en que se inspiró para desarrollar su misión educativa; dotado de una intuición y perspicacia finísima, supo descubrir las más ignotas cualidades de los niños para espolearlas y perfeccionarlas; la ternura y afecto con que los trataba era la piedad de toque de que se valía para ejercer sobre ellos una autoridad fascinadora. Y con ello obtuvo los más sorprendentes resultados.


Francisco Pons Bohigues, insigne arabista carcagentino

He aquí lo que dice Roca a este propósito en la revista de Archivos, Bibliotecas y Museos: “El arabista Francisco Pons mereció del Director del Colegio de S. Luis protección singular. Este sacerdote, muy solícito por la educación de la juventud, había adquirido, en fuerza del trato íntimo que en ella tenía en los centros piadosos e instructivos que había fundado, especial habilidad para adivinar pronto la índole y facultades de cada joven: al niño Pons, sin embargo, fue para él un enigma indescifrable, sintió hacía él profunda antipatía, y de seguro que otro que no hubiera tenido las levantadas miras del protector, hubiese dado al traste con la carrera que a Pons se le abría al paso. No fue así porque juzgando rectamente la injusticia de aquella aversión y que su amparo sería tanto más grato a Dios cuanto con mayores sacrificios lo dispensase, venció los impulsos de su corazón y le nombro su fámulo particular. Se le hizo el uniforme gratis, y pagándole los gastos de matrícula, libros, etc., etc. En tres años cursó Pons todas las asignaturas del Bachillerato por todo lo cual, aquel, a pesar de la antipatía que hacía él continuaba sintiendo, le incorporó a la 2ª enseñanza y lo pensionó con beca entera en el Seminario Central de Valencia, a donde su protegido deseaba ir, no sin antes de comenzar este sus nuevos estudios le propusiese la conveniencia de simultanear con los de Teología los de Leyes, por si algún día abandonaba la carrera eclesiástica”. Pons no quiso, pero a punto de ordenarse, y hallándose ya en la práctica de Ejercicios Espirituales que anteceden a estas, recibió un telegrama de su antiguo Director, rogándole suspendiera la ordenación. Quería que aquilatara la vocación, cursando entre tanto estudios diferentes de la Teología. Pons obedeció ciegamente; matriculóse en Derecho, y más tarde por insinuación del propio Navarro, trasladóse a Madrid donde no tardó en brillar como eminente arabista. Tal fue la confianza que este aventajado discípulo llegó a depositar en el Director de S. Luis, que al interrogarle sobre el estado que debía elegir y como no recibiese contestación satisfactoria, dejó en suspenso esta determinación; más aún hostigado por el propio Orberá en uno de sus viajes a Madrid para que terminase la carrera eclesiástica y se ordenase le contestó: “—¿Pero ha dicho Navarro que me ordene?.

Esto hizo el esclarecido Pons, uno de los talentos más privilegiados de su época, demostrando con ello la absoluta confianza que le inspirara su Director, confianza que depositaron en él cuantos pasaron por las aulas del Colegio de S. Luis.

Con motivo de trasladarse Navarro a Almería, comenzó la decadencia del Colegio, aunque este achacara el fracaso al establecimiento de los PP. Escolapios en Alcira, no podemos negar que la muerte de este glorioso centro de cultura carcagentina, acaecida dos años después, fue debida a la ausencia del que fuera alma y vida del mismo durante tres años, del propio Director.

 

3. Colegio de María Inmaculada. Aunque no fue ciertamente de la incumbencia de Navarro la dirección pedagógica de este nuevo centro de enseñanza para niñas, sin embargo hay que reconocer que su erección a él se debe, puesto que con interés y constancia, con voluntad y discreción supo aunar voluntades y encauzar deseos, forzando el lugar de su empla-zamiento y arrastrando al pueblo y autoridades para cooperar a la erección. Por eso decía el P. Paladio Curríus, Vicesecretario que fue del arzobispo Claret y Director espiritual de las religiosas de este Colegio que: “El Sr. Director del Colegio de 1ª y 2ª Enseñanza de S. Luis, D. José María Navarro, que es un modelo de caridad para todo el mundo, con un celo que le consume y devora por la enseñanza verdaderamente cristiana, es el que tiene la parte principal en esta fundación”.

Era D. José Mª Orberá Vicario capitular de Santiago de Cuba, persona digna de todo respeto y consideración por las nobles cualidades que adornaban su alma, pero ello no fue obstáculo para que con motivo del cisma de Llorente, que se produjera en aquella capital, se opusiera tenazmente a las maquinaciones del intruso. Ello le valió meses de cárcel, destierro y amenazas de muerte; pero no le desamparó el cielo, pues que en tan críticas circunstancias fue atendido solícitamente por las religiosas de la Enseñanza de Santiago. Alma buena y agradecida, no echó en olvido tanta fineza, y así formó el propósito de fundar a aquella benemérita Comunidad un Convento-Colegio en la provincia de Valencia, de España. Pasaron aquellas anómalas circunstancias, triunfando la justicia sobre la iniquidad, y Orberá volvió a la patria. Ya en ella tuvo ocasión de comunicar su proyecto en Madrid a una amiga de su hermana[17], la Sra. Dª Isabel Soriano[18], que dirigía entonces una escuela de niñas en la Corte. Dicha señora, carcagentina de corazón y muy entusiasta de las andanzas pedagógicas de Navarro, recomendó eficazmente a Orberá que eligiera para la fundación a Carcagente, ya que en esta población había un sacerdote joven gran entusiasta por la enseñanza y de gran actividad y prudencia que cooperaría muy eficazmente a su deseo.

Con tales y tan buenos informes marchó a Carcagente el Vicario Capitular de Cuba, quedando admirado de la importancia y riqueza de la población. Ciertamente que esta villa merecía mayor atención en el problema de la enseñanza y Orberá se dispuso a prestársela. Entrevistóse con los fundadores del Colegio de S. Luis, y viendo los grandes triunfos que estaban consiguiendo con el establecimiento de este centro, propúsoles el proyecto. Algo de grande y extraordinario debió de ver en Navarro cuando le dijo: “Si Carcagente saca teja por teja tantos pesos duros como yo, hago aquí la fundación”. Navarro se comprometió a conseguirlos; era en efecto el ideario de sus sueños, el complemento de la gran obra que llevaba entre manos, extender la obra regeneradora y de educación a las niñas. Allá en su mente vio a todo el pueblo interesado en la obra, vio levantarse un grandioso edificio a la que cooperaban desde las autoridades hasta el último de los vecinos, y no se equivocó.

Convocada una Junta general de Autoridades y primeros contribuyentes, Orberá expuso su pensamiento. Con unánimes elogios fue aprobado, comprometiéndose no pocos a contribuir con capital y trabajo para que la fundación se realizara cuanto antes. La obra comenzaba bien y no había sino que sostener este entusiasmo y de ello se encargó Navarro. Orberá marchó de nuevo a Cuba dejando en manos de este la realización de su pensamiento y una vez que llegara a su Diócesis, envió de allí, para comenzar, 12.500 pts. Bien sabía que esta cantidad era insuficiente para tal empresa, pero con un elemento como el Director del Colegio de S. Luis, sobraba, y no se equivocó.

Tarea ímproba era para un hombre solo esta colosal empresa y Navarro procuró ayudarse de los más adictos y entusiastas. Merecen citarse entre ellos a D. Rosendo Pastor, brazo derecho de todas sus empresas, y los Sres. del Ayuntamiento Crespí y Vernich. Comenzaron las gestiones para el emplazamiento, surgiendo no pocas dificultades, tantas, que el propio Orberá se vio tentado en trasladar la fundación a Sueca, sin contar que los de Alcira reclamaban para si tan importante mejora. Con la constancia discreción y alteza de miras de Navarro todo pudo allanarse, y se adquirió el campo donde debía emplazarse el edificio.

En junio de 1875 dio permiso el Nuncio para la fundación, interesándose en ella no poco el propio Cardenal Barrio, que recomendó muy eficazmente la obra a la que no dejó de contribuir también con cierta cantidad mensual. Como se ve pues, la empresa comenzó bajo los mejores auspicios; la escritura del campo se había firmado en 21 de enero de dicho año y en él había ya gran acopio de materiales. Solo faltaba que la Fundadora del Instituto, dando de mano al recelo que sentía, se decidiera venir. ¡Que de instancias y recomendaciones para este objeto por parte de Navarro!. Temía que se apagara el fuego del entusiasmo que con la presencia de las religiosas era tan fácil de sostener. “Toda demora en su venida, decía en una de sus cartas a la M. Antonia, es pérdida de dinero y materiales aquí, porque una vez enardecido el entusiasmo es preciso ir echando pábulo para que no se extinga, antes que la gente se incredulice y nos crea visionarios”.

Por fin vencióse la resistencia y las religiosas encargadas de la fundación salieron de la Casa de Reus. El 2 de septiembre de 1875 llegaron a Carcagente la M. Antonia de S. Pedro[19], Gertrudis de S. Felipe y las HH. Pilar de S. Bartolomé y Serafina de S. Lucas. Les habían acompañado desde Valencia el propio Navarro, D. Vicente Ribera y los familiares de Orberá, y en la estación de dicha Villa fueron recibidas por inmenso concurso de gente con las Autoridades a la cabeza que les acompañaron a su provisional morada la que con antelación había señalado el Cardenal Barrio, el Colegio de S. Luis.


La sierva de Dios María Antonia París de San Pedro

No fue poca la preparación que hubo de realizarse para instalar a las religiosas en dicho Colegio. Tomaronse parte de los locales del primer piso, en ellos fueron instalándose las clases, dormitorios para las religiosas y cuantas dependencias fueron necesarias, supliéndose con la voluntad lo que de si no podía dar un local harto mermado. El coro de la iglesia quedó de uso de las religiosas, en donde se instaló el Reservado, y los colegiales de S. Luis comenzaron a utilizar desde entonces la capilla llamada de la T. O. A partir desde entonces las religiosas comenzaron a dedicarse a sus trabajos de enseñanza y educación; abrióse la matrícula de niñas que no tardaron en llenar las clases, y cuando al final del curso vióse la insuficiencia del local, el otro, el definitivo, el proyectado por Orberá llevado a la práctica por Navarro, estuvo en disposición de recibir a la Comunidad y Colegialas, la nueva generación incubada con la mayor solicitud y esmero cabe al Colegio de S. Luis.

Con la llegada de las religiosas y actividad previsora de Navarro que puso a contribución de la obra todas sus energías, señalóse la fecha de la colocación de la primera piedra del edificio. Tuvo lugar el 12 de septiembre del mismo año, a las 5 de la tarde, y estuvo abrillantada con la presencia del Cardenal Arzobispo de Valencia. A dicha hora salió S. E. revestido de Pontifical de la parroquia para el lugar de la ceremonia. Grande fue la concurrencia que presenció el acto, hasta el extremo de impedir que la comitiva llegara al punto señalado, lo que pudo conseguirse tras grandes esfuerzos. Pronunció el Cardenal sentido discurso encomiando la trascendencia y necesidad de la obra, y al terminar regresaron de nuevo cuantos habían formado en la procesión, hasta el templo parroquial, entonando el Magnificat. Entre tanto, y en honor de S. E. celebróse una recepción en el Ayuntamiento, siendo obsequiado más tarde por los ediles. Barrio visitó al día siguiente los locales donde se había instalado la Comunidad de religiosas y el Colegio de S. Luis; el 14 regresó a Valencia.

Conocedoras las religiosas de las exigencias y necesidades que consigo trae aparejadas un Colegio, montado en la forma con que quería establecerse en Carcagente, dieron normas concretas para la confección del plano, y así que fue aprobado por Orberá, que lo remitió a Balaciart[20] de Alcoy para que hiciera una copia, comenzóse la obra. Antes, ya, en 18 de julio del mismo año, comenzó a prepararse el solar para este objeto, segando la cosecha de maíz de que estaba plantado y arrancando las moreras que lo circundaban.

No fue ciertamente grande la cantidad que el fundador enviara desde Cuba para la obra, las 12.500 pts. que remitiera se invirtieron en la compra del patio y algunos preparativos. La junta organizadora quedó pronto sin fondos; comenzaron los días de escasez, y aquí es cuando Navarro dio muestra brillante de la abnegación y grandeza de su alma. De puerta en puerta y con el pañuelo en la mano fue pidiendo a diario lo que necesitaba para cubrir los jornales de la semana; cuando ya había recaudado lo suficiente hacía alto y al día siguiente comenzaba por la casa inmediata. Y así corrió una y otra vez las calles de la Villa pidiendo para los niños caridad y amor. Más ello no era suficiente, y cuando venían facturas de materiales, las deudas de mayor cuantía, tocaba el corazón de los adinerados, hacía resaltar la importancia de la empresa y la necesidad de terminarla cuanto antes y los donativos venían a cubrir las necesidades más perentorias. Uno de los caballeros que más pródigamente contribuyó a la terminación del edificio, fue D. José Ribera con cuyos donativos salvóse no pocas veces las obra de las crisis que comenzaba a atravesar. Y caso admirable; el edificio que comenzara en 1875 con una cantidad irrisoria, la que Orberá enviara desde Cuba, fue creciendo y elevándose hasta el extremo de que al año siguiente se valuara su fábrica con el precio de 150.000 pts. ¡Cuanto puede un hombre de buena voluntad!. ¡Que de sacrificios no hubo de realizar Navarro para llevar adelante empresa tan gigantesca!.

Si los progresos realizados en la construcción del edificio eran grandes, no eran menores los deseos que sentía Orberá de admirarlos, ya que nombrado Obispo de Almería, había partido de Cuba con una despedida tan entusiasta como cariñosa en enero de 1876. Con vivas instancias escribía a Navarro, diciéndole que viera en adelantar las obras para que pudiera inaugurarse el 15 de octubre inmediato; que lo techaran y que tapiaran los huecos con el último donativo del Sr. Ribera, que dejaran tan solo una puerta, las divisiones interiores no precisaban de momento; las paredes se adornarían con cubrecamas y ello serviría de capilla provisional. Aquel hombre, todo bondad y deseo, ansiaba cuanto antes ver terminada su obra; pero desconocía aún la grandeza de Navarro, no sabía de cuanto era capaz su rendimiento y confianza, y aún a trueque de su salud y fortuna, el Director del Colegio de S. Luis pudo terminar otro Colegio dignamente, sin que trasluciera tanto la necesidad y pobreza, el de María Inmaculada.

El 14 de diciembre de 1876, vieronse colmados los deseos de Orberá y Navarro, tal fue el día señalado para la inauguración del edificio. A las 10 de la mañana numerosa y selecta concurrencia integrada por el Obispo de Almería, Gobernador de Valencia, Marqués de Campo, Canónigos de Valencia, Clero, Municipio y pueblo dirigióse hacía el Convento de S. Francisco para recibir a las Religiosas y colegialas; incorporadas estas a la comitiva dirigiéronse hacía la Parroquia donde se celebró una Misa de Pontifical, ocupando la sagrada cátedra el Dr. D. Vicente Ribera; cantóse el Te Deum, y cuando hubo terminado trasladáronse todos los invitados y concurrentes hacía el nuevo edificio, llevando el Obispo a S. D. Majestad bajo palio; reservóse el Santísimo en el sagrario, quedando las Religiosas en clausura y dióse por terminada la fundación.

A tan solemne acto no pudo estar presente Navarro, ya que ineludibles y delicadas atenciones le retenían en Almería a donde Orberá le había llevado como Secretario de Estudios y Vice-Rector del Seminario; sin embargo preparó y activó cuanto fue necesario para su mayor grandeza. Aunque separado por la gran distancia, continuó protegiendo y laborando por la institución naciente de enseñanza, tanto es así que después de Orberá ha sido considerado siempre como el ángel tutelar de la fundación. El decorado de la capilla, los lienzos de sus altares costeados en gran parte por el mismo, la inauguración de la misma capilla celebrada en 1878 y cuantas obras complementarias se realizaron luego fueron debidas a su constancia e interés, que supo valerse, para llevarlas a la práctica, de la generosidad y entusiasmo de su mejor amigo, el Dr. D. Enrique Gomis.

El cariño y protección que dispensó desde su fundación al Colegio de María Inmaculada no decayó jamás; por eso escribía en los últimos años de su vida al Sr. Gomis, su antiguo fámulo, capellán de la iglesia de Monserrat de Roma, recomendándole que tomase bajo su protección al Instituto de Religiosas de la Inmaculada: “Estoy próximo a cumplir 80 años, decía, y espero que muy en breve Dios me llame. Solo me amarga una pena que tu sin duda eres el llamado a poderla consolar y es que la bendita Comunidad de monjas de María Inmaculada quedaría huérfana de valioso protector”. El piadoso deseo de Navarro halló eco en el corazón de este benemérito carcagentino, y su alma libre ya de esta preocupación suspiró gozosa, pensando que otro vendría a ocupar el lugar para dispensar protección al Colegio de sus amores, la última institución que realizara en Carcagente.

4. Vice-Rector del Seminario de Almería. El Mártir de Cuba, así llamado por el Pontífice, Orberá, triunfó del cisma de Llorente y fue restituido a su Sede Capitular por Pío IX para quien no habían pasado desapercibidos los sufrimientos y penalidades que este atleta de la fe en defensa de los fueros de la Iglesia, quiso premiar tanto heroísmo y le preconizó Obispo de Almería. Su consagración tuvo lugar en 12 de marzo de 1876 y apenas tomó posesión de su Sede, no pensó sino en asociar a Navarro a sus empresas apostólicas. Conocía cuanto valía y el bien inmenso que se conseguiría, de tenerlo a su lado, para aquella Diócesis que suplicó una y otra vez su ayuda hasta que dobló su voluntad. Este deseo ya lo había apuntado en 1875 por medio de carta que le dirigiera desde Cuba. “Ya quisiera yo, decía, tener en Almería algunos hombres como V., pues sin que se ofenda su modestia, porque al fin es un don que Dios le ha concedido, he de confesar que no se encuentran con facilidad personas del celo, actividad y desprendimiento de que V. está dando tan relevantes pruebas”. En mayo de 1876 otorgóle licencias para confesar, celebrar, predicar y absolver reservados en la Diócesis de Almería, y al mes siguiente, invitóle para que le acompañara a la Visita Pastoral que iba a girar en aquellos días. Cuantas serían las instancias, cuantos los deseos de aquel santo Prelado para conquistar la voluntad de Navarro, solo Dios lo sabe, lo cierto es que con sus magnos proyectos, muy especialmente pedagógicos, se adueño de su corazón.

Ciertamente que el lema de Navarro no era sino el de todo sacerdote bueno, trabajar por la gloria de Dios. Allí donde Dios le llamara, allí estaba dispuesto a marchar; por eso cuando Orberá con tales instancias le suplicó su ayuda, no pensó sino en seguir la voluntad de lo alto, manifestada por uno de los pastores de la Iglesia; pero pesábale el bagaje de dos elevados sentimientos: el tierno y cariñoso que profesara a sus padres y el solícito y desinteresado con que distinguiera al Colegio de S. Luis. Que hacer con aquella rémora que le pesaba y oprimía?. Difícil le hubiera sido a él mismo resolverse, pero Dios vino en su ayuda. La madre solícita, la cariñosa y tierna que se oponía tenazmente a su partida falleció a los pocos meses y Orberá creyendo con ello dar pábulo a su pasión pedagógica nombróle Vice-Rector del Seminario de su Diócesis y propúsole la fundación de un colegio de 2ª enseñanza en aquella capital andaluza; su acción docente en estos centros sería mas gloriosa y fructífera que en el de S. Luis; además de que dentro de poco podría regresar a Carcagente.

Navarro, pues, se dispuso a marchar. Obtenida la aprobación de su padre, solicitó la anuencia del Prelado. Bien sabía este las raras dotes de que se hallaba investido el fundador de la Congregación de S. Luis, pero atendiendo a la sincera amistad que le unía al Mártir de Cuba, se dispuso a otorgarle cumplida venia. Solo restaba al nuevo Vice-Rector del Seminario de Almería despedirse de sus paisanos y lo hizo por medio de respetuoso oficio dirigido a la Corporación Municipal; a tal oficio se le contestó por otro no menos expresivo y lleno de gratitud: “Que alcance, decía, tantos triunfos pedagógicos como ha conseguido en su ciudad natal”. La población querida le acompañaba en su partida y deseábale tanta gloria como en ella pudo cosechar. El 11 de septiembre de 1876, sintiendo en el alma el dolor de la separación, partió de Carcagente, la bien amada, la ciudad a quien consagrara todos sus amores y desvelos; tomó el tren para Cartagena, y en su puerto embarcóse para Almería, el nuevo teatro de sus andanzas apostólicas.

Cuando llegó a esta capital el Prelado se hallaba ausente con motivo de la Santa Pastoral Visita, pero halló una carta con instrucciones concretas respecto al Seminario. “Lo del Seminario, decía, es muy sencillo; ya se lo dije a D. Antonio. El nombramiento de Rector se lo haré al Lectoral, pues se lo he prometido, pero le he retrasado de propósito para que sin atenerse a él ni a nadie mas que a mis instrucciones, deje en marcha el Colegio”. Al mismo tiempo el Sr. Orberá, de quien era la precedente carta, enviaba una nota al Seminario en que confirmaba las anteriores disposiciones. “Si llegó, decía, el Sr. Navarro, de Carcagente, que se ocupe exclusivamente y él solo, es decir, como cabeza de todo lo tocante al establecimiento, según mi pensamiento que le tengo explicado”. De lo anteriormente expuesto se deduce la omnímoda confianza que había depositado en Navarro el Prelado almeriense, y aunque ciertamente, se había visto precisado a dar el rango de Rector a un prebendado, por no ser este aún capitular, sin embargo, toda la dirección y autoridad fue asumida por el ilustre carcagentino.

Navarro había salido de Carcagente con el título de Ecónomo de Lubrín de la diócesis andaluza, sin obligación de residir en dicho poblado, más aún, con el carácter de Familiar del Prelado y luego con el de Secretario de Cámara, pero muy especialmente como el de Vice-Rector y Secretario de Estudios del Seminario, que era precisamente el punto hacía el que debía de enfocar todas sus energías y facultades. El Seminario de Almería hallábase cerrado desde 1868 con motivo de la revolución político-religiosa; gran desmo-ralización había seguido de ello, hasta el extremo, de que gran parte del Clero abandonara los hábitos talares y los contados jóvenes que se preparaban para el sacerdocio, hubieran de hacerlo en casas particulares. Urgía poner remedio a tal desorden, y Orberá, juzgando que los estudios eclesiásticos podrían reorganizarse al pronto, montando en el mismo Seminario un Colegio al estilo de S. Luis de Carcagente, pensó que nadie mejor que Navarro podría llevar adelante la empresa por sus excep-cionales condiciones para la dirección y enseñanza. Forzaba más esta decisión, el caso de que en todas la diócesis no hubiera seminaristas teólogos ni aún de Filosofía; era probable que los hallare, si no era bajo la forma de Bachillerato incorporado al Instituto provincial, por lo que se dispuso a llevar a la práctica este pensamiento con toda urgencia.

Navarro, pues, tomó posesión del cargo dispuesto a secundar las nobles iniciativas de su Prelado, montó en el Seminario un internado para estudiantes del Instituto; de este internado iban seleccionándose los jóvenes que se crean con vocación al sacerdocio, logrando reunir en poco tiempo una porción escogida. El mismo Orberá nombróle catedrático de varias asignaturas que explicaba con suma afición y deleite, y caso digno de loa: la retribución que le correspondía por la explicación de dichas asignaturas no la quiso, renunció a su derecho en beneficio de los estudiantes pobres. Tal fue el entusiasmo que desplegara al frente de este cargo, tantos los méritos conseguidos, que al poco tiempo, después de su nombramiento de capitular de aquella Catedral, fue elevado al cargo de Pre-Rector, cuyo cargo no pudo desempeñar por mucho tiempo, pues grave enfermedad le obligó a retirarse de la enseñanza.

Con la intensa y fructuosa labor de Navarro abrióse de nuevo el Seminario de Almería, después de estar cerrado cerca de dos lustros; los colegiales, informados del mejor espíritu comenzaron a animar las aulas, y la Sede almeriense pudo admirar el primer beneficio de los muchos y que a manos llenas había de derramar un ilustre carcagentino, la de dar a su primer centro de Estudios eclesiásticos el esplendor e importancia que obtuviera en sus mejores tiempos. 

5. Colegio de Jesús. Fue esta la institución que dióle mayor renombre en Almería pues a parte del triunfo pedagógico que consiguiera en ella, fue cuna de la mayor parte de las empresas que realizara en aquella ciudad y que a tal altura realzaron su prestigio. Su edificio, el más suntuoso que construyera para la enseñanza muéstrase aún con orgullo por los almerienses, y en sus dependencias vino a instalarse más tarde la Diputación Provincial.

Consecuente en su plan grandioso de regeneración social por medio de la educación, y para desquitarse de la modestia y angostura de su primer Colegio de S. Luis, concibió la idea de un vasto y monumental edificio a quien debía de bautizarse con el nombre de Jesús Maestro, dedicado a la enseñanza de la juventud y la realizó. Gastó en su construcción cuanto tenía, sacrificó la herencia de sus padres, comprometió su crédito con enormes empréstitos y cuando la aureola de fama se había cernido sobre el establecimiento, vino un decreto del Gobierno que le hizo imposible la vida. El Colegio de Jesús hubo de cerrarse para dejar paso a otras instituciones hijas de su facundia; murió por efecto de una disposición gubernativa, pero la grandiosa mole de su fábrica continuará pregonando a través de las generaciones la grandeza de miras y desprendimiento de su fundador.

En 6 de agosto de 1888, y para contrarrestar las corrientes de enseñanza laica que se acentuaban más cada día, Navarro, en colaboración con D. José Rocafull, D. Antonio Amat y D. Pascual Visconti, inauguró un Colegio de 1ª y 2ª enseñanza a quien dio el nombre de Jesús, incorporándole al Instituto Provincial de Almería. Los éxitos que consiguiera en el de S. Luis no tardaron en seguirse en este, su fama se afianzó más cada día, el número de alumnos creció de un modo asombroso, y Navarro que se había visto obligado a renunciar a la Dirección del Seminario por la penosa enfermedad que puso en serio peligro la vida, gozó de nuevo, viéndose otra vez engolfado en la enseñanza, su pasión favorita.

Viendo la favorable acogida que obtuviera el establecimiento, no solo en la Capital sino también en la provincia, decidióse a levantar un edificio de planta según las modernas orientaciones pedagógicas. Antes disolvióse la sociedad fundadora, tomado a su cargo no solo la propiedad sino también todos los créditos del Colegio. En 3 de mayo de 1894 bendijo la primera piedra D. Santos Zárate, y a partir de aquella fecha la vida del fundador no fue sino una obsesión de la magna obra emprendida. Seis años duraron las obras; lo más rico, lo más sólido, lo más acabado, lo más moderno es lo que se dic cabida en su fábrica y a tanto se elevó su presupuesto que tras agotar su patrimonio hubo aún de hacer un empréstito de 86.000 pts.; su escalera chapada de mármoles fue valuada en 20.000 pts., y al tenor de esta dependencia fueron fabricadas las otras. Ello puede dar idea de la grandiosidad e importancia del edificio. Por eso decía Villaespesa en su artículo de “La Independencia” del 11 de septiembre de 1912: “El que se entregó de lleno a hacer el bien y sacrificó todo su cuantioso capital, se encontró con su honra inmaculada, pero con su fortuna completamente pérdida”.

No pocos sacrificios le acarreó tan colosal empresa, pero fueron compensados por el gozo que le proporcionaban sus continuados triunfos académicos. La multitud de colegiales animando sus aulas, los hermosos resultados que obtuviera en su formación moral, los adelantos científicos, la valoración creciente de aquella juventud estudiosa fueron el premio que obtuviera con sus continuos afanes y desvelos. Y no contento con ello, queriendo extender su radio de acción hasta los necesitados, creó una sucursal gratuita del mismo Colegio en el barrio de pescadores de las Almadrabillas, y allí, en anchuroso almacén, dotado de competente profesorado, dióse enseñanza diurna para los niños y nocturna para los padres, más aún, para que la acción fuera completa, improvisóles una capilla en el mismo local donde los humildes obreros pudieron cumplir con sus deberes religiosos.

Entretanto, en la anchurosa capilla del Colegio, dióse cabida a las Conferencias de S. Vicente de Paúl, celebráronse actos de resonancia, numerosos cultos y cuando por nuevas leyes de enseñanza hubo de cerrarse el establecimiento, allí quedó la capilla como testigo mudo de la abnegación y caridad de aquel hombre que no dudó en sacrificar su fortuna por el porvenir ajeno, por el bien de la humanidad. Almería debe estarle perpetuamente agradecida. 

6. Su incansable actividad por la enseñanza. Con ser muchas y extraordinarias las empresas pedagógicas hasta el presente reseñadas, no fueron suficientes para agotar el espíritu de aquel hombre extraordinario; con el continuo ajetreo y preocupaciones sentíase remozado, forzábanse sus bríos y multiplicábase la energía hasta el extremo de simultanear varios de sus proyectos para llevarlos a la práctica. El caso de los primeros años de su actividad en el que logró realizar al mismo tiempo las mayores empresas de Carcagente, repitióse con harta frecuencia en el transcurso de su vida. Su fecundidad inagotable nunca desmayaba, y cuando el cuerpo, resentido por la enfermedad, era forzado a postrarse en cama, una fuerza extraña le daba alientos para levantarse y ampliar la esfera de acción con nuevos y extraordinarios derroteros. Cual ave fénix, surgía con mayor vigor de las propias cenizas, del abatimiento y consunción en que le sumían las enfermedades.

Comenzó a organizar la vida del Seminario de Almería, tarea no poco difícil y espinosa por las circunstancias políticas de la época, y siendo poco para absorber su atención semejante empresa, fundó a la par, dentro del establecimiento, un internado para institutistas y carreras especiales, escogiendo el profesorado del mismo que desempeñara esta función en el Instituto Provincial. Más aún, movido a compasión de los numerosos barrileros del puerto, que ante el defecto de escuelas veíanse sumidos en la mayor ignorancia, fundó en los bajos del Seminario una Escuela Nocturna para adultos, cuyas clases se vieron concurridísimas. Dicha Escuela se transformó más tarde en diurna para la enseñanza gratuita de los hijos de estos obreros. Con la grave enfermedad de Navarro, que le obligó a renunciar al cargo de Pro-Rector, vinieron a clausurarse.

El Colegio de la Compañía de María que tal importancia logró conseguir en la capital andaluza, a nadie más que a Navarro debe su creciente éxito. Es cierto que la fundación de este establecimiento fue realizada por Orberá, pero poco después de haber llegado estas religiosas falleció el Prelado cuando la construcción del edificio no llegaba aún a la mitad. Navarro recibió con amor filial la bendita herencia que le legaba su bienhechor. Con sobrehumanos esfuerzos saldó cuantos créditos habían pendientes contra la casa, terminó el edificio, levantó su esbelta capilla, amplió sus jardines, añadióle nuevos patios y después de dotarle de clase de externas redimió la propiedad del establecimiento en favor de las religiosas.

Era Benahadux el pequeño pueblecillo, cercano de Almería, donde se recogía para descansar y recobrarse en sus convalecencias, así como para huir de los rigores estivales y en el había puesto su atención y cariño. Benahadux no tenía escuelas; mejor dicho, los locales dedicados para la enseñanza de los niños eran insalubres y reducidos; compró pues unas casas, levantó un edificio capaz y soleado y lo dedicó a escuelas; cuando partió para Valencia lo regaló a su Ayuntamiento.

Cuantas fundaciones realizaron las religiosas de la Enseñanza en la diócesis de Almería fueron apoyadas, protegidas o recomendadas por Navarro. En 1880 acompañó a las religiosas de este Instituto que salieron de Carcagente para fundar en Almería, en 1887; se interesó muy vivamente por la fundación que las mismas habían de realizar en Vélez-Rubio y cuantas dificultades o inconvenientes se opusieron a su funcionamiento fueron resueltas siempre favorablemente por tan generoso protector.

Estableciéronse las Escuelas Dominicales para sirvientas y operarias de talleres en la capital andaluza, y teniendo en cuenta que nadie mejor que Navarro podía encargarse de su dirección por sus especiales aptitudes educativas, fue nombrado Director de la establecida en la ermita de Belén. Más tarde, en 1900, incoa el expediente y se interesa vivamente por el establecimiento en la misma ciudad de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, lo que no tarda en conseguir merced a los buenos oficios de su amigo el fundador de las Escuelas del Ave-María, D. Andrés Manjón[21]. La admiración y cariño que profesaba a tan genial pedagogo, hizo que ensayara el establecimiento de su método en Carcagente. Ello fue la causa de que apoyara desde un principio las escuelas que estableciera en el barrio de la Montañeta el Presbítero D. Vicente Castelló[22]. Siguiéronse a ellas las que a instancias suyas fundara en la misma población, siguiendo el método manjoniano, Dª Isabel Soriano Pallasar; en dichas escuelas, dotadas de capilla y hermosos patios de recreo, vino a establecerse más tarde, también por insinuación de Navarro, una Preceptoría de Latín para aspirantes al Sacerdocio, que dotó a la población de buen número de seminaristas. Finalmente, cuando fue nombrado Deán de Valencia, se interesó vivamente cerca del Ayuntamiento de su ciudad natal para que se construyera una escuela con todas las exigencias modernas en el edifico existente junto a la ermita de Sta. Bárbara para que los numerosos pobres de aquella Barriada recibieran instrucción en la misma; hízose el expediente con los correspondientes planos, llegando a estar muy adelantados los trabajos, pero en uno de los frecuentes cambios políticos quedó arrumbado el proyecto y ya no se volvió a hablar de él. Finalmente, en 1924, hizo donación de unos campos de su propiedad para construcción de unas Escuelas Graduadas, y esta idea ha sido tomada con tanto calor por el actual Ayuntamiento que después de encargar un soberbio proyecto al arquitecto Mora[23], está gestionando muy activamente su aprobación.

 

 

IV

 

El hombre culto

 

1. Estudios y Grados Académicos.- 2. Investidura de Doctor.- 3. Esclarecido Canonista.- 4. Publicista.- 5. El Financiero.- 6. Protector de las Bellas Artes.- 7. Viajes.

 

1. Estudios y Grados Académicos. La vasta erudición y extensa cultura de Navarro tuvo por base una preparación sólida, aparte de la intuición sorprendente que le caracterizaba. Tuvo la suerte de tropezar en un excelente maestro, que supo estimularle en el estudio, y ya nada más necesitó. Y de tal manera llegó a fomentarse su aplicación, que con la ayuda de su inflexibilidad y energía, logró obtener un dominio extraordinario sobre todas las Ciencias y Artes. Su humildad le hizo decir que los triunfos obtenidos en el Colegio de S. Luis se debían, más que al trabajo científico, al sondeo y exploración de las aptitudes escolares por parte del profesorado. Sin embargo, hay que confesar que la exposición metódica y clara de las ciencias fueron la causa de que sus alumnos progresaran tan sólidamente en sus estudios y lograran remontarse a la envidiable altura, que muchos han conseguido, con no poco prestigio del Politécnico de S. Luis.

Cursó las primeras letras en las escuelas del Ex-Convento de S. Francisco, siendo unos de los discípulos más queridos y aventajados del que por tantos años fue maestro de Carcagente, D. Rosendo Pastor Juliá. Siguiéronse los estudios de enseñanza superior, y Navarro que había mostrado desde su más tierna infancia una gran afición a las cosas de la Iglesia, decidióse a seguir la carrera eclesiástica cuanto apenas contaba 10 años. No gozaba de perfecta salud para comenzar un trabajo de esta índole por los que sus padres lograron entretenerle por algún tiempo hasta que cumplidos los 14 y siendo irresistibles sus deseos diéronle su aprobación. Comenzó pues, los estudios de Latín y Humanidades en el Aula que explicaba el P. Antonio Cortés[24] en la ex-ermita de N.ª S.ª de los Desamparados de Carcagente.

De este centro de enseñanza superior, único en su género en toda la Villa, escribía Navarro lo siguiente: “Al traspasar la mitad del siglo pasado, un exclaustrado franciscano, fácil predicador y buen humanista, el P. Antonio Cortés, mi venerado preceptor, reunió en su aula de la Virgen de los Desamparados (hoy escuela de Beneficencia) unos veinte alumnos, de los cuales una tercera parte eran de Alcira, que se venían por la mañana y se volvían por la tarde”.

“En esta aula no había cursos ni matrículas. Se enseñaba a destajo los dos primeros años de Latín y con muchas huelgas la Geografía e Historia, que ya nos las sabíamos de la escuela. Llegada la época de los exámenes, el que estaba listo se presentaba al Seminario Conciliar y se examinaba de uno o de los dos cursos y el que no lo estaba seguía estudiando hasta que se le daba por útil”.

“No había más que pedir al buen exclaustrado; pero en punto a latines era terrible como su inquina contra Espartero. En tocándole la degollina de los frailes y quema de los conventos, ya no dábamos lección ni había progresista que lo resistiese.. En cambio nos quería mucho, no lo digo por los escapularios y roscos de monjitas que nos daba, sino porque era muy modesto en cuanto a los honorarios, puesto que con dos o tres pesetas al mes, un bizcocho en el día de su Santo, amén de alguna otra frutilla y un gallo por Navidad, le quedábamos muy bien pagados y muy rumbosamente cumplidos”.

La aplicación al estudio y bondad de carácter granjeáronle muy pronto el aprecio de sus compañeros, aprecio que le siguió por todas partes y en todas las fases de su vida por lo que el Fiscal Eclesiástico almeriense pudo decir de él “que por su bondad puede contarse entre los pocos que nunca tuvieron enemigos”.

Cursando el Latín y Humanidades en el Aula del P. Cortés, pasó a matri-cularse al Seminario de Valencia donde recibió merecido galardón a sus trabajos. De 1859 a 62, obtuvo la aprobación de estos estudios con la nota de Sobresaliente. A estos se siguieron los de Filosofía y Ciencias durante los años 1862 a 65, mereciendo la misma calificación, y en los siete cursos de Teología fue galardonado con la nota de Meritissimus, los que terminó en 1871. teniendo en cuenta su aplicación, no fueron pocas las veces que sus profesores le confiaron el desarrollo y demostración de algunas tesis cuya gestión realizó siempre con no menor admiración que aplauso de maestros y condiscípulos.

¡Pero a cuantas torturas hubo de sujetar su cuerpo para que no decayera el espíritu!. ¡Con que tenacidad combatía el cansancio cuando se apoderaba de sus miembros!. ¡Que de robar horas al sueño!. ¡Que de sacrificar los gustos y expansiones más inocentes!. Cuando precisaba profundizar en alguna materia y no había tiempo para ello, acostábase rendido por el trabajo, más no se despojaba de los zapatos, sino al contrario, metíase con ellos en la cama, después de haberlos amarrado fuertemente a los pies, para que con el dolor pudiera despertarse antes. Tan excesivo y continuado trabajo no podía menos de producir lamentables efectos en su organismo. Por eso, en los últimos años de la carrera hubo de dejar precipitadamente los estudios para atender a la salud harto comprometida. Se decía y no sin razón que había contraído la tuberculosis. Recluido en casa y bajo el solícito cuidado de sus padres no observaba ningún adelanto; así pues, decidió volver de nuevo al Seminario y comenzar las tareas literarias, y caso raro, a poco de seguir aquella vida que le precipitara en enfermedad grave, notó que el cuerpo reaccionaba y en poco tiempo quedó restablecido.

No se contentó Navarro con los estudios necesarios para el ministerio sacerdotal, y así en junio de 1871, recibió los grados de Bachiller y licenciado en sagrada Teología, doctorándose en dicha Facultad en junio del año siguiente, con la nota de Nemine Discrepante, más aún, queriendo prepararse suficientemente para la dirección del Colegio Politécnico, en 1874, aprobó en el Instituto de Játiva el grado de Bachiller en Artes. Más tarde, y estando ya en Almería, recibió el grado de Bachiller en Derecho Canónico en su Seminario con la misma nota de Nemine Discrepante, en el año 1880. En el mismo año doctoróse en dicha facultad en Valencia, desarrollando la siguiente proposición: “La Iglesia puede establecer impedimento derimentes del matrimonio y no erró al establecerlos”. 

2. Investidura del Doctor. Para premiar los servicios que Navarro había prestado a la Iglesia en plena revolución de 1868, el Cardenal Barrio concibió el proyecto de celebrar en Carcagente un acto sin precedentes en su historia, la Investidura del Doctorado en Sagrada Teología con toda pompa y aparato de que es capaz esta elevada consagración. El alma de esta fiesta había de ser el novel sacerdote a quien acompañaría también para recibir la misma distinción, otro sacerdote de quien se había servido como brazo derecho en todas sus empresas, el presbítero carcagentino D. Enrique Gomis.

El doctor Mariano Barrio Fernández, arzobispo de Valencia

El propio Navarro, queriendo escribir una página gloriosa de la historia patria, hizo una reseña de esta solemnidad en su Biografía del Colegio Politécnico, página brillante, llena de fe y optimismo que augura días mejores para Carcagente. dejemos, pues, que él, como autor principal de la misma, nos la describa con el colorido y fluidez de su lenguaje:

“Era en los primeros días de marzo de 1872, cuando S. E. se encontraba en Carcagente, y quería celebrar la fiesta privilegiada antes de regresar a la metrópoli. Esto era legalmente imposible, porqué si bien D. Enrique Gomis tenía de antes concluidos sus estudios, no así el diciente, que se había graduado de la Licenciatura en el curso anterior y no podía aspirar al Doctorado hasta el junio siguiente, en que terminaría el 7º año de Teología que a la sazón estaba estudiando”.

“No importa. La corona de la ley son los privilegios. El Arzobispo dic un decreto especial facultando al M. I. Sr. Rector del Seminario para que anticipase dicho examen y se convocase al Claustro de Catedráticos para que recibiesen los ejercicios de prueba de Grados a ambos laureados. Así se cumplió, y el 9 de marzo la fiesta del Doctorado ya era legal y académicamente posible”.

“Mucho revelaban estas gracias extraordinarias la efusión de alma con que el Arzobispo quería honrar a Carcagente en las personas de dos de sus hijos; pero dicen mucho más los tonos brillantes que imprimió a la fiesta, pues invitó por su parte a todo el Claustro de Catedráticos con su Secretario de Estudios y bedel para que, con traje académico, se dignasen concurrir a dar con su presencia mayor realce a la ceremonia de investidura”.

“Así mismo quiso que se invitase a todos los Licenciados y Doctores de las distintas Facultades que había en la población, para que oportunamente se proveyesen de sus correspondientes togas, mucetas y birretes de academia, a fin de que alternasen con el Claustro Conciliar”.

“El Clero parroquial y el ilustre Ayuntamiento se hicieron cargo de la situación, y por lo mismo hicieron también como suya la fiesta. De aquí que mientras el primero desplegó en la iglesia toda la pompa y aparato que las circunstancias exigían, el segundo hizo punto de honor correspondiendo a las distinciones del Arzobispo con la más cordial acogida y francas atenciones. Ambas corporaciones se colocaron a la altura de sus prestigios”.

“Dicho y hecho. El 12 de marzo, a las ocho de la mañana, el Excmo. Prelado, celebró Misa en la sala donde yacía postrada la noble Sra. Dª María Garrigues Gisbert, en cuya casa había pernoctado S. E. a su regreso de Alcira en el día anterior, con el premeditado objeto de tributarle este piadoso consuelo en reconocimiento a su celebrada caridad y celo por el esplendor del culto divino”.

“Durante el Santo Sacrificio la banda de música de la Villa tocó selectas piezas apropiadas al acto, y en el entretanto llegó de Valencia el tren de convidados”.

“Con este motivo, la casa blasonada con el escudo heráldico de los Garrigues de la Garriga, más que solar de una familia ilustre, recordaba un Rectorado de las antiguas Universidades en las fiestas de apertura”.

“Por todos sus salones se veían trajes académicos de varios colores, distintivos de sus respectivas Facultades, y en todos sus corredores y escaleras se tropezaba con Canónigos, Catedráticos, Abogados, Médicos, pajes y colegiales”.

“La calle de Sta. Ana hasta la plaza mayor se iba llenando por momentos de espectadores de todas clases, y en la iglesia parroquial era muy difícil penetrar bastante antes de la hora”.

“Sería la de las 10 cuando un vuelo general de campanas y los acordes de la música anunciaban al vecindario la salida del Excmo. Sr. Arzobispo de la morada de los Garrigues de la Garriga”.

“Despejaban la carrera guardias civiles montados”.

“Abría la marcha de la procesión el Bedel de nuestro Seminario con pértiga y traje oficial. Seguían los seminaristas de sobrepelliz, varios eclesiásticos de manteo, alternando con los invitados, que vestían de etiqueta. Aseguida continuaban las filas, formando por orden de categorías todos los Licenciados y Doctores de la población con sus trajes académicos. Por el mismo tenor seguía el Claustro del Seminario, cuyos Catedráticos eran en su mayoría Canónigos y Doctores en dos Facultades. Tras de esta serie respetable de hombres de carrera, veíanse los maceros de la Villa con mazas de plata y tradicionales gramallas de rojo carmesí y terciopelo granate, dando significación oficial a la presencia del Ilustre Ayuntamiento en aquel acto público. Y por último presidía tan esclarecida comitiva el Excmo. Sr. Arzobispo Dr. D. Mariano Barrio, puesto de capisayos, llevando a la derecha e izquierda al Cura párroco D. Joaquín Solbes y al Alcalde D. Agustín Taléns Blay, dignísimo patricio”.

“Aquel público había visto muy notables procesiones cívicas y religiosas, pero la procesión de la Ciencia.... eso jamás. Las fiestas académicas no las conoce el pueblo. Así se explica la nimia curiosidad con que escudriñaban todos los distintivos de aquellos hombres de letras, que, revestidos con sus trajes emblemáticos aparecían a su vista como seres muy superiores y dignos de admiración y disculpable envidia”.

“La iglesia parroquial con lujosos estrados, el presbiterio con alto solio pontificio de terciopelo y brocado; la jura y profesión de fe católica; los ilustres padrinos presentando los doctorandos al Excmo. Prelado; la imposición de los bonetes borlados de blanca seda; el anillo de oro con que se les desposaba con la Ciencia de Dios, y aquel público de excepcionales circunstancias, compuesto de nuestros ancianos padres, que nos dieron el ser y la carrera; de nuestros Maestros y Catedráticos, que nos hicieron hombres; de nuestro paternal Prelado, que nos consagró Ministros del Altísimo; de nuestros queridos hermanos, parientes, amigos, condiscípulos y paisanos que en la niñez nos colmaron de caricias y halagos y en la juventud formaron nuestras purísimas delicias, todos palpitaban de emociones inefables y reprimían lágrimas de complacencia”.

“Con este escogido auditorio de circunstancias patéticas, ¿quien es capaz de retratar el triunfo ruidoso que alcanzó en el púlpito nuestro queridísimo amigo de la infancia Dr. D. Vicente Ribera Tarragó a quien el Arzobispo había encomendado el discurso de la solemnidad?”.

“Vive por dicha nuestra todavía, y Dios le retarde por muchos años el día de las Alabanzas; pero al menos debía serme ahora permitido consignar para entonces que en aquel sermón se pudo decir de él lo que de los príncipes de la elocuencia: comenzó su carrera del púlpito por donde acaban los grandes oradores, esto es, por dominar al auditorio y sentar fama”.

El Claustro de Doctores que solemnizó con su presencia el acto de la investidura estuvo integrado por los Canónigos Arteaga, García, Navarro, Tarín Gestor y Badal, los Catedráticos Palmero, Campo, Lolumo, García Ribera y Gomis, así como también por todos los doctores y licenciados residentes en la Villa cuyo contingente vistoso y brillante vino a dar a la población, aunque en breves momentos, el aspecto de pequeña Corte.

La procesión de la Ciencia penetró en el templo parroquial, y después de sentarse los concurrentes en los estrados y el Prelado en el solio, los nuevos Doctores, apadrinados por los Canónigos D. Máximo Navarro y D. Telésforo Crespo, hicieron solemne profesión de fe ante el altar mayor. Cuando hubieron terminado, el cardenal les impuso el birrete anillo y muceta, siguiéndose luego el sermón que versó sobre el siguiente tema. ”El Evangelio es el alma y la vida de los pueblos y sociedades”. Aseguida organizóse de nuevo la procesión que se dirigió hacia la iglesia de las Dominicas donde el Secretario Sr. Palmero leyó en alta voz el acta de proclamación de los Doctores, dándose por terminado el acto.

La solemnidad de este espectáculo, raramente superado en grandeza y vistosidad llenó a Navarro de una satisfacción tan íntima que guardó de ella fiel recuerdo durante su vida, por eso la evocó en los momentos más felices, y es que más que el honor propio vio el que se tributaba ala ciudad querida, a Carcagente. 

3. Esclarecido canonista. El perfecto dominio que hubiera de las leyes eclesiásticas, unido a la entereza y percepción clara le hicieron insustituible para los cargos de mayor confianza de la diócesis almeriense. Orberá fue el primero en aprovechar estas aptitudes y tras él, todos los Prelados y Vicarios Capitulares que se siguieron. Por tal motivo y en sucesivos pontificados, confirmósele en cargos tan espinosos, mereciendo, a pesar de su labor ingrata, el aplauso de vencidos y vencedores.

Ello fue motivo de que se le encomendara la solución de las más arduas cuestiones de Almería. Sus cargos de Provisor y Vicario General del Obispado, Presidente de la Junta local de Beneficencia y de 1ª Enseñanza y Director de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad forzaban a depositar en él toda confianza. Sus gestiones fueron coronadas siempre por el éxito, y si en el orden eclesiástico, sus sentencias jamás fueron revocadas por el Tribunal Metropolitano, en el civil se le prodigó de continuo aplauso y admiración unánime. Por eso decía el Fiscal Eclesiástico D. Fernando Alonso en “La Independencia”, con motivo de su traslado a Valencia en 1912: “Sus sentencias, nunca revocadas, se leen con fruición así por la doctrina que contienen como por el estilo con que las adorna”.

Siendo Orberá el primero en descubrir las cualidades de aquel gran carácter, fue también el primero en explotarlas. Hizole ir a Almería para encargarse de la dirección técnica y administrativa del Seminario en 1876 y más tarde, en 1881, confióle el cargo de Secretario de Cámara y Gobierno que desempeñó hasta la muerte de tan bondadoso Prelado; siguióse luego el de Fiscal Eclesiástico en 1886, y cuando todos creían que con la muerte de Orberá sería relevado de estos puestos para que vinieran a ocuparlos hombres nuevos, vierónse sorprendidos con la disposición del Vicario Capitular D. Eduardo Valverde que, reconociendo que nadie mejor que él podía continuar desempeñándolos le confirmó en la Fiscalía.

Sucedíanse los hombres de aquella Curia, cambiaban las situaciones, tomaban posesión de la sede nuevos Prelados y contra lo lógico y acostumbrado, Navarro permanecía inalterable en sus puestos; habíalos conquistado en buena lid por su competencia reconocida y se le respetaba en los mismos. Y no podía menos de procederse así con el hombre modesto que sacrificara hasta sus goces más legítimos en bien de la Iglesia. Por eso decía Orberá en carta con motivo de su elevación a la Fiscalía: “Respecto a la Fiscalía lo regular es que si se cobra poco cobre V. poco, y si mucho, mucho, y así no habrá agravio de nadie; pero que sea V. el que más trabaje y sea el último en ser retribuido no es justo”. Navarro, llevado de su desinterés y gratitud para el Prelado negábase a recibir ninguna recompensa por sus trabajos.

Con el advenimiento de D. Santos Zárate a la Sede de Almería no sufrió menoscabo el buen concepto que conquistara en el Pontificado anterior, antes al contrario, se acrecentó, puesto que fue comisionado repetidas veces para el desempeño interino del Provisorato y Vicaría General hasta que se le nombró en propiedad en 1903.

Por muerte de este Prelado obtuvo la Vicaría Capitular, Sede Vacante, el Sr. D. José Antonio de Rojas, quién no contento en confirmarle en los cargos mencionados le comisionó para que durante sus largas ausencias de 1906 y 7, se encargara del Gobierno de la Diócesis, como ya había hecho Orberá durante su enfermedades y viajes. A ello se siguió otro cargo de no menos confianza, el de Ecónomo de la Mitra para el que fue nombrado en 1907, que desempeño con general aprobación hasta la llegada del nuevo Obispo D. Vicente Casanova y Marzol. De él decía más tarde este Prelado con motivo de extenderle las Letras Testimoniales: “Durante el Economato de la Mitra realizó reformas muy trascendentales en el Palacio, así para la conservación del edificio como para la amplitud y decorado de las oficinas del Prelado y Curia Eclesiástica, siendo todos de nuestra completa aprobación”.

El Dr. Casanova nombrólo también en propiedad para los cargos que desde tanto tiempo venía desempeñando, el de Provisor y Vicario General, y por si todo ello era poco, agrególe el de Gobernador Eclesiástico, Sede Plena, que desempeñó durante sus ausencias; y con tal tino y discreción supo ejercerlo, que el mismo Prelado alabando su gestión, dijo: “Se conquistó las generales simpatías y respeto del Clero y fieles diocesanos, sin que jamás se le haya revocado sentencia alguna por el tribunal Metropolitano”.

Cuantas iniciativas y reformas de trascendencia se realizaron en la Diócesis almeriense todas pasaron por su mano; por eso, cuando en 1885 Orberá indica la conveniencia de proceder a un arreglo parroquial, Navarro es nombrado Vocal ponente de la Junta de Capitulares y sobre el cae todo el peso de la labor. Cuantas fundaciones tuvieron lugar en esta Diócesis, organización de festejos, concurso de Curatos de 1901 y hasta la concesión de ferrocarril para Almería fueron activados e intervenidos por Navarro y siempre con creciente éxito, de aquí el porqué de que esta ciudad se mostrase unánime en manifestarle homenaje de admiración y respeto en el día que partiera para Valencia.

Estas felices disposiciones, con que Dios le había dotado, púsolas siempre a disposición de su patria chica, consiguiendo singulares privilegios para la misma, por eso, con motivo del viaje que realizara a Roma en 1877, instó vivamente de las Congregaciones Romanas ciertas gracias espirituales que le fueron concedidas, la facultad de lucrar ciertas indulgencias plenarias en determinados días del año en la ermita de S. Vicente de esta ciudad, como se lucran visitando las Basílicas de la Capital Eterna.

Más lo que viene a consagrarle como Canonista esclarecido son los triunfos que obtuviera con la aprobación pontificia de dos Institutos: el de María Inmaculada y el de las Damas Catequistas. Sabido es que Orberá fue el fundador o iniciador del Convento-Colegio de religiosas de la Enseñanza de Carcagente. Este Instituto no había obtenido aún el Decretum Laudis. Su fundadora, la M. Antonia de S. Pedro, alma de gran temple y vocación, sintiendo las dulzuras de la vida contemplativa, y llamada por vocación a la activa de la Enseñanza, quería que sin dar de mano la primera se llevara también con toda escrupulosidad la segunda. Tan ocupada vida, que llenaba casi por completo las horas del día y de la noche, era imposible de seguir por las religiosas, de aquí el que muchas de ellas muriesen ante la imposibilidad de llevar vida tan dura. Sin embargo, Orberá había intentado en repetidas ocasiones la aprobación del Instituto, según el pensamiento de la Madre Fundadora. Tarea inútil!. Cuantas veces se enviaron preces a Roma otras tantas fueron devueltas sin la aprobación. Ratos de amargura debió pasar este Prelado bondadoso, viendo su obra a punto de desmoronarse. Como último recurso, confió la solución a Navarro, ya que hasta entonces había llevado el asunto sin intervención de su Secretario. Con amplios poderes marchó este a Carcagente y convocó a Capítulo General. Espinosa se presentaba su gestión, ya que grave obstáculo se oponía tenazmente a toda intromisión en las Constituciones. Navarro pidió a Dios de todo corazón que removiera esta dificultad y Dios le oyó benignamente. Tres días tardó en reunirse el Capítulo por ciertos inconvenientes; entretanto desapareció el obstáculo. Así que se reunieron las religiosas, pidió las Constituciones, tachó cuanto de la vida contemplativa pudiera oponerse a la activa de la Enseñanza y redactó nuevo Estatuto. Este, juntamente con las preces, fue enviado a Roma, y al poco tiempo recibióse contestación favorable. El Instituto de religiosas de María Inmaculada había obtenido ya la aprobación pontificia tan deseada.

La aprobación conseguida para el Instituto de Damas Catequistas por su mediación, no es menos digna de consignarse. Fue la fundadora del mismo la virtuosa señora Dª Dolores A. Sopeña, oriunda de Almería, y aunque la institución se había propagado con admirable rapidez por varias capitales de España, sin embargo, no había podido desarrollar su acción fructuosa en dicha capital. El Prelado de la Diócesis almeriense miraba con cierto recelo el ir y venir y entremezclarse en el elemento obrero de dicha Damas; ello era motivo, a su entender, de que les denegara el permiso para establecerse en ella. Navarro que conocía el admirable fruto que conseguían dichas señoras con su actuación apostólica se aprestó a salir en su defensa. Redactó, pues, un voluminoso informe con todo lujo de argumentos y demostraciones; entrególo al Obispo Santos Zárate, y así que este le hubo leído depuso la actitud intransigente, alabó como el primero dicha Obra y remitió el escrito al Primado para que concedieran el Decretum Laudis. Sancha que leyó la hermosa apología del Instituto, la trascendencia y precisión de sus irrefragables argumentos dijo: “Este es el documento que yo necesito para la aprobación general”. Cambió, pues el nombre de Almería por el de España, enviólo a Roma y poco tiempo después el Instituto de Damas Catequistas fue aprobado. 

4. Publicista y Orador. Mucho escribió Navarro y no poco dio a la estampa durante su larga y azarosa vida de actividad. Y esto lo hizo, robando el tiempo a sus ocupaciones preferentes, para dar solaz a su espíritu y cumplir con los deberes que la gratitud, el amor patrio y celo apostólico le reclamaban. ¡Lástima grande que no se hayan coleccionado todos sus trabajos!. Pulidos y esmerados, al correr de la pluma, deslizaba un sin número de pensamientos tan brillantes, tan atildados, con una concatenación tal, que no se diría sino que cada uno de ellos es una bien combinada serie de silogismos para demostrar un axioma. La facundia de su intelecto, la riqueza de imágenes, la corrección del verbo y el matiz atrayente de máximas y sentencias era la característica de usos escritos. Allá en su Biografía del Colegio de S. Luis, cuando dice que tiene esperanza de que resurja su Colegio, lo hace con tan brillantes pensamientos, con imágenes tan vivas, que uno se siente subyugado por la emotividad de dicción tan pulcra. “Quien sabe, dice, si bajo aquella calientes cenizas se oculta todavía el fuego sagrado que en un día menos pensado explotará como volcán, y de entre sus llamas resucitará el Fénix de mi amadísimo Colegio; que abra su pecho para nutrir con su sangre otra generación de paisanos ilustrados y también ilustres?”. “Por lo que pueda ser, yo ruego por piedad a los que creen que el Colegio ya murió, que sobre su losa sepulcral no escriban aquellas tres letras funerarias R. I. P. Más si os empeñáis en ponerlas, no las traduzcáis con el sentido de requiescat in pace; no me quitéis el consuelo de la esperanza y traducidlas mejor así: “Resurget in perpetuum”.

Muy poco es lo que se conserva de cuanto escribió y publicó Navarro; la circunstancia de enviar a la prensa la mayor parte de sus trabajos ha sido causa de que se extraviaran en su mayoría. Bien merecía, para evitar su total pérdida, que se reuniera en un volumen para honra de Carcagente y modelo de literatura los pocos que se conservan!. He aquí sus títulos: 

I. Biografía del M. I. Sr. Dr. D. Vicente Tudela y

II. Memoria del Colegio Politécnico de S. Luis. Ambos en 4º, de 79 páginas el primero y 30 el segundo, impresos en la Tipografía Moderna de Valencia.


III. Homilía sobre la Dominica IV, de Adviento predicada en la Santa Iglesia Catedral de Almería en 1881 y dedicada al Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo de Granada D. Bienvenido Monzón con motivo de su visita al Excmo. Sr. Obispo de Almería Dr. D. José María Orberá y Carrión. Impreso en Almería por Joaquín Robres, en 4º en dicho año.

IV. Sermón de la santísima Virgen de Aguas Vivas, Patrona de Carcagente, predicado en su festividad principal el 16 de octubre de 1888, impreso a expensas de la Junta de Fiestas en la imprenta de José Ortega. Año 1889, en 4º.




V. Altar y trono. Artículo dedicado a los mártires de la Independencia con motivo del Centenario celebrado en Carcagente en 1908. Se publicó en el semanario “Alma Joven” el 14 de junio de dicho año.

VI. A la memoria del venturoso joven D. Juan Perpiñá en la traslación de sus restos mortales de Valencia a Carcagente. Artículo encomiástico publicado en forma de tríptico para repartirlo en la Velada necrológica que en honor de este mártir se celebró en Carcagente el 13 de junio de 1911.

VII. Gran receta. Artículo publicado en “La Crónica Meridional” de Almería el 2 de noviembre de 1896.

VIII. La cuna y el ataúd. Artículo publicado en el diario “La Provincia” de Almería el 1 de noviembre de 1897.

IX. La última vanidad. Artículo publicado en “La Crónica Meridional” de Almería el 1 de noviembre de 1897.

X. Gratitud estéril. Artículo publicado en “La Provincia” de Almería el 22 de noviembre de 1897.

XI. Hay gratitud estéril?. Artículo publicado en “La Provincia” de Almería el 23 de noviembre de 1897.

XII. Hoy para mañana. Artículo publicado en “La Independencia” de Almería el 8 de diciembre de 1909.

XIII. La alcancía y la moralidad. Articulo publicado en “La Independencia” de Almería el 25 de diciembre de 1909.

XIV. Hoy para mañana. Artículo publicado en “La Independencia” de Almería el 31 de diciembre de 1909.

XV. Memorias del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Almería de 1909 y 1910. Impresas en la Tipografía la Modernista de Almería, en 4º, en los años antedichos.

Además de los artículos mentados publicó otros muchos en dichos periódicos, así como también en “El Diario de Almería” que fundara Orberá y en “El Regional” de la misma localidad, cuyos artículos desperdigados en las colecciones de dicha prensa desaparecerán como ya han desaparecido muchos, con notable fallo de las glorias carcagentinas.

Eso en cuanto publicita, pues en cuanto orador logró alcanzar lugar muy distinguido. Quien también escribía no podía hablar peor. Su palabra, adornada con pensamientos tan brillantes como sus escritos, era la admiración de cuantos tenían la satisfacción de oírle; subyugaba y convencía, deleitando. De él decía el Licenciado Ledesma en “La Independencia” de 11 de septiembre de 1912 que “Como orador es incomparable. Díganlo sus elocuentísimos sermones que bien merecen servir de texto en la enseñanza de la Oratoria Sagrada”. Y en efecto así era. Su doctrina abundante, las citas evangélicas y el celo con que fluía de la palabra de sus labios convertían sus discursos en oraciones verdaderamente apostólicas. Por eso decía su Prelado, el Sr. Casanova y Marzol en las Letras Testimoniales: “En distintas ocasiones ha dado Ejercicios Espirituales a seminaristas, ordenandos y Congregaciones religiosas, y ha predicado con mucho aprovechamiento así en la Santa Iglesia Catedral como en las parroquias de la capital, en las que ha dado novenarios de conferencias científico-morales según las exigencias de actualidad”.

Y pensar que aquella alma varonil de temple de acero y voluntad titánica había de realizar todos sus trabajos oratorios con un solo pulmón!. Y pensar que en hartas ocasiones subía al púlpito muriéndose hasta el extremo de que en una de ellas, predicando en la Catedral de Almería, hubo de bajarse del púlpito gravemente indispuesto hasta el extremo de estar luchando por espacio de algunos días entre la vida y la muerte. Nada le arredraba, todo lo vencía, y es que su voluntad enérgica arrollaba cuanto encontraba a su paso, hasta las mismas enfermedades.

En 1888, cuando se le confió el sermón de Nª Sª de Aguas Vivas de las fiestas de Carcagente, hallábase convaleciendo de una grave enfermedad que puso en serio peligro su vida. Bien pudiera haberse excusado por motivos de salud, pero no lo hizo. Pudo en él más el amor y gratitud a su patria chica y amantísima Patrona que el cuidado de si mismo, y sentado en el lecho del dolor escribió esta hermosa oración sagrada, y desde el lecho marchó también a Carcagente para derramar a raudales desde la cátedra santa toda la ternura y cariño de su elevado corazón.

Que más?. Cuando por dispensa pontificia pudo retirarse a Carcagente para buscar el descanso de su cansino y agobiado cuerpo, cuando la quietud y sosiego deberían ser el premio a su azarosa vida, ni aún entonces supo sustraerse a los ímpetus de su espíritu juvenil, y en cuantas ocasiones le brindaron motivo para exteriorizar los anhelos de su alma no pudo, no quiso rehuirlas. Forzaban más en su alma el reconocimiento a las atenciones y el deseo de complacer, que los achaques y agotamiento físico.

Carcagente fue elevado al rango de ciudad, y culminando con ello la satisfacción de uno de sus más ardientes anhelos, asocióse al festival con el atavío de sus más honrosas distinciones; estrenó para aquel acto la Gran Cruz y banda de Isabel la Católica con que el Gobierno de S. M. la había agraciado por aquellos días. Celebróse con tal motivo solemne acto religioso al que acudió la Corporación Municipal y Navarro, rogado por el Municipio para que prestara su concurso oratorio a dicho festival, ocupó la sagrada cátedra. De él decía el “Diario de Valencia” en su edición del día siguiente: “Ocupó la sagrada cátedra dicho señor Navarro Darás, quien con la dulzura de su palabra, con el fuego de su entusiasmo y con la claridad de su concepto, hizo ligero bosquejo de la historia de Carcagente, y después de haber dado gracias en nombre de todo el pueblo a las Autoridades por tan feliz éxito, terminó su discurso exhortando a todos los presentes a profesar de todo corazón los tres amores que ha de tener todo hombre honrado: el amor a Dios, el amor a la patria y el amor a los padres”.



Gran Cruz de Isabel la Católica

Inaugurose en dicha población el servicio de aguas potables que realizara una sociedad carcagentina, y Navarro, siempre dispuesto a abrillantar con su presencia las solemnidades de su patria chica, previa invitación de los organizadores, concurrió al acto. Su emoción al inaugurarse este nuevo servicio hubo de traducirse en lágrimas y palabras, y allí, sobre el banquillo de piedra que bordea la ermita de S. Antonio, frente a la cual se había levantado el elevado depósito de las aguas, dirigió a la multitud sentida arenga saturada de entusiasmo y amor patrio.

Fue un día, cuando el Ayuntamiento presidido por el Sr. Donat acordó testimoniarle su acendrado cariño, ofrendándole rico pergamino con el título de Hijo Predilecto, distinción con que ya lo había agraciado el Ayuntamiento presidido por el Sr. Hernández en 1909. La Corporación bajo mazas acudió en el día de su Onomástico a su domicilio, en manifestación solemne y regocijada para hacer entrega del mismo, y cuando Navarro recibió de manos de la primera Autoridad el sentido mensaje no pudo menos de prorrumpir en llanto y con palabras entrecortadas por la emoción y gratitud manifestó el sentir de su alma, glosando este pensamiento: “Haced Señor que las tablas de mi ataúd se conviertan en polvo junto las astillas de mi cuna”.

Finalmente, en 1922 y con motivo del Congreso de Obreros Católicos celebrado en Carcagente, fue delegado para que en representación del Prelado pronunciara el discurso de clausura. A pesar de hallarse en la penumbra de la muerte no quiso rehuir el compromiso; habló pues, y habló con aquellos tonos levantados y perfecto dominio de la ciencia social con que pudiera hacerlo el más aventajado sociólogo. Pocos días después, al hacer la reseña del acto una revista de la localidad decía lo siguiente: “El Sr. Deán, a pesar de sus años, tuvo alientos juveniles para pronunciar un discurso todo lleno de amor patrio que conmovió a la muchedumbre y le arrancó una ovación clamorosa, en cuyos aplausos iba significado el cariño y estima que se le profesa en su Ciudad natal”.

Tal fue Navarro como publicista, tal como orador. Sus escritos repletos de pensamientos concisos, brillantes y correctos se insinuaban, adueñándose del corazón de quién los leía, pero cuando fluían de su palabra rica y armoniosa, eran irresistibles, suscitando todo género de emociones y sugestionaban a la multitud que embelesada pendía de sus labios. 

5. El Financiero. Aunque, Navarro fió para todas sus empresas en el Banco de la Divina Providencia, no olvido, sin embargo, el antiguo adagio castellano de “A Dios rogando y con el mazo dando”. Buena prueba de ello nos dan los numerosos libros de cuentas haladlos entre sus papeles, así como los cuantiosos y frecuentes empréstitos que hubo de realizar para llevar adelante sus empresas. Y no es que contara con una posición desahogada, no. Cuanto hubo de sus padres se reducía a un huerto de naranjos, llamado dels Cuatre Camins, situado en Carcagente, y una casa en la misma población, enclavada en la calle de S. Cristóbal, la que hoy lleva el número siete, y aún esta fue anteriormente suya, pues compróla de sus ahorros para obsequiar a su madre poco antes de partir para Almería. Sin embargo, pudo realizar empresas tan gigantescas como el Colegio de Jesús, que fue el pasmo de la capital andaluza, y aunque hubo reveses de fortuna que le obligaron a buscar apoyo extraño todos los sorteó manteniendo incólume su espíritu emprendedor. Los años de su vida pueden contarse por el número de empresas y fundaciones que realizara, y aún en los últimos años, cuando forzado al descanso por las dolencias que se extremaban, recibió la triste nueva del desastre de cuantos bienes le quedaban en Almería, aún fulguró en su mente un divino destello, el genial proyecto de unas Escuelas Graduadas que con su instalación espléndida hermosearan a su ciudad nativa y forjaran los valores morales de la misma, la modelación de su juventud intrépida y vigorosa, consciente e instruida, educada y religiosa.

No escapaba a los almerienses el tacto y delicadeza con que trataba las administraciones y asuntos financieros. Buena prueba diera de ello, durante el pontificado de Orberá y aún durante el tiempo que ostentara el cargo de Ecónomo de la Mitra, sin contar las numerosas obras que llevara adelante desde la llegada a aquella Diócesis. Por esta razón encomendábale el cabildo de aquella Iglesia Catedral los negocios más difíciles y aventurados, y sin defraudar las esperanzas de aquellos buenos capitulares, salió airoso en todos ellos, mereciendo el aplauso y admiración unánimes.

Una buena señora de Almería, Dª Francisca Giménez de Acilú legó a su muerte sus cuantiosos bienes para el establecimiento de un Monte de Piedad en aquella capital. En el testamento nombraba albacea de su última voluntad al Obispo de la diócesis; la obra era cristiana y a nadie mejor que a un Pastor de la Iglesia podía competir su realización. Tras no pocos inconvenientes y pleitos dióse comienzo a la obra y el Obispo D. Santos Zárate comisionó para su realización a Navarro, a quién nombró Vocal de la Junta de Gobierno de la nueva institución en 7 de marzo de 1900.

La elección no pudo ser más acertada, tanto es así que el Consejo de Gobierno depositando en él toda su confianza, le nombró Director Gerente. Cuanto bien realizara desde tan comprometido cargo nos lo dice el testimonio unánime en Almería refrendado por su Obispo y Cabildo Municipal. Este último, deseando exteriorizar la manera más franca y desinteresada la gratitud con que los almerienses estaban obligados al Padre de los Pobres, acordó tributarle con motivo de su traslado a Valencia sentido homenaje de despedida, dando a la par su nombre a la calle de la Hermosura, la misma donde había establecido la Caja de Ahorros y Monte de Piedad.

La gestión de Navarro al frente del establecimiento fue fructífera y bienhechora para la entidad y para los pobres. Bajo la fina inspección del gerente, fueron acreciendo los valores de la caja, socorridas las necesidades de los menesterosos; un relativo bienestar inundó las desvencijadas guaridas de la clase obrera, y por si fuera poco, el propio Gerente, sacrificando sus haberes cumplió con las imperiosas exigencias del reglamento de la institución sin desairar el precepto de la caridad con que estamos ligados al desgraciado, pagó no pocas veces por los infelices lo que debieran de sus empeños.

Mas la obra no era completa con el socorro de las necesidades; urgía el prevenirlas, y Navarro, con aquella clarividencia con que profundizaba todas las cuestiones, vio que el remedio estaba en ensanchar la acción benéfica del establecimiento, así pues, propuso crear una sección nueva, la Caja de Ahorros. No pocas dificultades hubo de vencer para realizar su idea, pero convencida la Junta General de su utilidad no tardó en prestar su consentimiento. He aquí lo que nos dice Navarro acerca de ella en la memoria del Monte de Piedad de 1909: “Circunstancias propicias de Caja y tiempo abrieron franco paso al remedio de tan urgente necesidad, tantas veces frustrado. Y la Junta General en feliz acuerdo de 6 de marzo de 1909 autorizó al Director Gerente para la construcción de un nuevo edificio de tres pisos, contiguo al solariego del de la fundadora Dª Francisca Giménez de Acilú, que fuera destinado a Caja de Ahorros, salón de subastas, depósito de máquinas de coser y almacenes suplementarios de ropas”.

“La compra del caserón conveniente al efecto, su derribo y comienzo de las obras han tenido lugar en el mismo año, y a la presente fecha hallase ya techado el edificio y no lejano el mes en que podamos inaugurarlo”.

“Su basamento, frontispicio, nervios de la obra y cornisamento son de cantería labrada, y todos sus muros de ladrillo y fuerte mampostería. Sus pisos van montados y extendidos sobre columnas y viguería de hierro. Y, últimamente, se utilizará el mármol del país para el zaguán y escalera principal”.

“Además, para darle carácter especial, que a primera vista enseñe su objeto y origen al transeúnte, no solo se ha puesto sobre el dintel de la puerta de entrada la muestra tallada en piedra que expresa lo que es: CAJA DE AHORROS, pero también en el friso del balcón principal se ha esculpido en alto relieve la divisa que le es propia: HOY PARA MAÑANA. Y en el antepecho del ventanal gemelo del tercer piso se ha dado cabida en airoso pedestal al símbolo del ahorro, que es la ALCANCÍA en la forma que la usa el vulgo”.

“Y, para perpetuar la memoria de origen, a la vez que como justo tributo de gratitud y recordación, destácanse con lacónica inscripción a un lado y otro de la gran alcancía los nombres de los insignes Fundadores, que la apadrinan: OBISPO SANTOS ZÁRATE a la derecha, y, PROVISOR RUÍZ VELASCO a la izquierda. Campeando en el tímpano del ventanal el número 1900, que fue la fecha de la fundación”.

La descripción de tan hermoso edificio, que limita en lo anteriormente trascrito a la parte externa la termina en la memoria del año siguiente:

“A la presente fecha, dice, hemos logrado que aquel soñado local que con tantos anhelos hemos perseguido año tras año, ya le vemos felizmente terminado, salvos pequeños detalles”.

“Su aspecto, sin ser monumental, ni mucho menos, tiene la fisonomía propia, que le distingue de todas las construcciones de la capital. Su estilo sobrio y correcto le da aires de serenidad y elegancia. Los toques epigráficos, que resaltan en el frontispicio, a guisa de ornamentación, son la característica de toda la obra y la filiación de su genealogía. Y la totalidad de su perspectiva resulta sencilla, atrayente y bella”.

“En su interior no se da paso sin placenteras impresiones. Su puerta de entrada armada en roble, blindada de gruesa plancha de acero bronceado, está decorada con grandes clavos dorados, y da acceso al zaguán, solado de mármol blanco del país y escayolado hasta el techo. Es esta entrada la clave de distribución de todo el edificio”.

“Tiene al frente tres puertas de rico nogal combinado con pinotéa, y con absoluta independencia abren paso: la de la derecha al salón de máquinas de coser; la de la izquierda al salón de subastas, vitrinas y estantería para la exposición de alhajas y ropas, montacargas y escalera de operarios; y la del centro ofrece la subida a la escalera del público”.

“Está toda ella construida en mármol blanco con barandal de fundición dada al aluminio, y, completando esta tonalidad de viveza y buen porte, están sus paredes estucadas de blanco con cenefas crema e inundadas de espléndida luz cenital, que inducen en el ánimo placidez y alegría”.

“En la meseta del piso principal aparecen dos puertas talladas en preciosas maderas que dan entrada exclusiva; la de la derecha al salón de Juntas del Consejo, severamente decorado y amueblado con veinte siglas de nogal para otros tantos Consejeros, y gran mesa y solio presidencial para el Ilmo. y Reverendísimo Sr. Obispo; la de la izquierda es la propia de la Caja de Ahorros, y da entrada a una sala rectangular, dividida por un mostrador y taquillas de cristales en dos compartimientos: uno para el público y otro para el Contador y Oficiales de Caja, destinando todo el resto del piso a estanterías de ropas, con escalera interior e independiente”.

“En el tercer piso, dominando el inmenso panorama del mar, la ciudad y la vega, ocupan una parte las habitaciones del Contador, quedando el resto para almacén suplementario de los antiguos, que son insuficientes”.

“Y, por último, el terrado, que es un miramar encantador, ofrece el previsor detalle de haberse solado con azulejos blancos de Valencia, a fin de que, así como deslizan rápidamente las aguas pluviales sin dar tiempo a que se filtren las humedades, así también con tal intensidad rechazan los rayos del Sol que apenas penetran y calientan la techumbre, evitando así la polilla de las ropas en verano”.

“Todo el edificio es modesto sin llegar a ser pobre, y es rico sin pecar de fastuoso. La ruda solidez y la utilidad positivista de su objetivo se han podido suavizar con la buena presentación artística para conseguir un efecto armónico”.

En 1910 abrióse al público la nueva Caja de Ahorros de Almería, y en el mismo año comenzaron a tocarse sus resultados benéficos: multiplicáronse sus operarios, fue ascendido su crédito, forzó a clausurar la mayoría de los establecimientos de usura y cuando al finalizar el año, llegó el momento de practicar el balance vióse con sorpresa que el superávit arrojaba una cifra mayor de la que esperaban en efecto, el movimiento en caja ascendía a más de cuatro millones de pesetas. Navarro lo había predicho. Obra tan cristiana y tan caritativa no podía sino merecer la bendición de Dios. Las Memorias y balances que fueron publicándose en años sucesivos, demostraron una vez más la intuición y clarividencia de navarro para negocios financieros.

A la vista del consolador resultado que estaba dando la caja de Ahorros, salvando de la usura al pormenor a numerosas víctimas, por la clausura de todos los establecimientos de esta índole de la capital, intentó ampliar su acción beneficiosa hasta los agricultores, fundando en sociedad anónima, al amparo de la Ley Agraria de Gaset, el Banco Agrícola de Levante. Los resultados que se prometía de esta fundación eran admirables ya que atajaba de raíz la penuria rústica con préstamos al por mayor y mínimo interés, por eso no vaciló en comprometer su fortuna y en gestionar un préstamo de varios miles de pesetas del Banco Hipotecario con garantía del Colegio de Jesús. En el primer piso de dicho Colegio vino a establecerse el nuevo Banco, y cuando todo parecía augurar una época de prosperidad y abundancia en la campiña almeriense, un revés de fortuna vino a echar por tierra tan hermoso proyecto. Receloso el banco Hipotecario del rival invencible que se presentaba con el Agrícola de Levante, influyó cerca del Ministro de hacienda para que desbaratara la ley de Gaset. La iniquidad triunfó y el Banco Agrícola de Levante hubo de disolverse como todos los similares de España. Esta grave derrota infligida a los intereses de Navarro, vino a acentuarse con el desfalco de que le hiciera víctima uno de los consejeros, y a privarle de la posesión de su estimado Colegio de Jesús, el que había presentado como garantía de la sociedad bancaria. Ni entonces, ni más adelante pudo hallar en Almería una buena alma que le ayudara a levantarse de su postración. Navarro quedó sin bienes, pero con la conciencia tranquila y el alma inmaculada. 

6. Protector de Bellas Artes. Por efecto de la respuesta que diera a Navarro el sobrino de D.ª María Garrigues con motivo de su visita a Albaida, y que tanto llegó a herir su sentimiento patrio, formó el propósito de formar una pinacoteca de ilustres carcagentinos, con cuya exhibición pudieran enorgullecerse sus paisanos. Navarro, pues, convirtióse en entusiasta protector de las Bellas Artes en virtud de un sentimiento más elevado, el que la patria chica le inspirara.

El primer trabajo que encargó para este objeto fue el del Lectoral de Málaga, D. Vicente Tudela. Como y porqué le sugirió la idea de encargar este retrato nos lo dice en la Biografía del mentado Lectoral: “Solo existe en Carcagente, dice, del Canónigo Tudela un retrato original al óleo, debido a que en el año último de su vida, presintiendo su fin próximo, hizo el viaje de despedida de su patria y de su amadísima Patrona, y con este motivo tuve la dicha de tratarle familiarmente como pudiera hacerlo un nieto con su abuelito, y tan prendado me quedé de aquel sabio edificante, que al advertirme pocos meses después se hallaba en peligro de muerte en Málaga, quise perpetuar su memoria, mandándolo retratar, cosa que jamás había consentido”.

Tal retrato fue pintado por el artista malagueño, Emilio Ocón[25] por el precio de 10.000 reales en 1874. Desde Málaga se remitió el lienzo a Valencia, consignado a nombre del dorador Sr. Andrés, en donde quedó en depósito hasta que su dueño pasara a recogerlo. No tardó mucho Navarro en ponerse en camino, máxime cuando le pareció excesivo el precio que le pedía, para consultar con dicho Andrés si debía aceptarlo. Hallábase este a la sazón en su casa rodeado de varios contertulios de la Academia de S. Carlos que no tardaron en interesarse en el asunto. Vamos a comprobarlo, dijeron los artistas, y acto seguido comenzaron a deshacer el embalaje. Rasgóse un trozo del papel que le envolvía, apareció una de las manos de la figura, y, cual no sería la sorpresa de los presentes al ver tan acabada obra de arte que uno de ellos propuso comprar la mano por el precio de toda la figura. Cuanto le piden por él, le preguntó a Navarro? —Diez mil reales— Ah!, pues calle y dé lo que le piden ya que no llega a pagar la mano.— Navarro no necesitó de más razonamientos, puesto que a la vista del lienzo convencióse de su valor. Marchó a Carcagente, remitió el importe y se hizo cargo del primer lienzo de la pinacoteca carcagentina.


Don Vicente A. Tudela Vallo, lectoral de Málaga

Copia del mandado pintar por el Deán Navarro (Ayuntamiento de Carcagente)

El retrato fue colocado primeramente en la sala de Dirección del Colegio de S. Luis y cuando Navarro partió hacía Almería llevólo consigo. Allí lo retuvo hasta el año 1903 en que se celebró en Carcagente una velada en honor de dicho Canónigo. Navarro lo remitió entonces juntamente con una lápida conmemorativa de su casa natalicia y lo donó luego al Clero parroquial para que lo custodiase en la sacristía. Juntamente con este lienzo envió también el retrato del Arzobispo García Abella, que había mandado hacer por ser el Prelado que influyó vivamente para que N.ª S.ª de Aguas Vivas fuera declarada Patrona de Carcagente. Como el anterior lo donó también al Clero para que lo conservara en la sacristía de la capilla de dicha Imagen.

Don Pablo García Abella, arzobispo de Valencia

A estos retratos siguióse el de D.ª María Garrigues, la gran bienhechora de los pobres y espléndida protectora del culto católico. Este lienzo que le conservó a su lado toda la vida por la inmensa gratitud que profesaba a dicha señora, lo donó a su muerte a la Parroquia para que lo añadieran a la pinacoteca. En la actualidad lo conserva su sobrina D.ª Encarnación Navarro.

Su artista predilecto fue el pintor valenciano D. Eduardo Soler Llopis, a quién encargó varias obras. Entre ellas se conocen las siguientes: el lienzo de la Muerte de S. José, existente en la Capilla del Colegio de la Inmaculada de Carcagente, pintado en 1881, el de S. Francisco de Paula, que posee su sobrino Tomás Navarro, el ya mencionado de D. Pablo García Abella, existente en la parroquia y su retrato de Deán de Valencia, que a su muerte lo donó la familia a la misma iglesia.

En 1878, poco después de tomar posesión de la canonjía de Almería, mandó hacer su primer retrato al artista Estruch[26], y el último, dedicado al Colegio de María Inmaculada, encargólo al artista alcireño, D. Vicente Palau[27].

 José M.ª Navarro Darás, canónigo de la Catedral de Almería

Lienzo realizado por J. Estruch Martínez (1878)

Colección particular

No fueron pocas las obras pictóricas que encargara, durante su estancia en la capital andaluza, por títulos de gratitud, y benevolencia para con los establecimientos que fundara. En 1884 fue hecho el del Obispo Orberá, que legó más tarde a la Parroquia de Carcagente; para el Colegio de Jesús mandó hacer otros dos lienzos: el de Jesús rodeado de los niños y el de la Multiplicación de los panes y los peces. Al clausurar el establecimiento los remitió a Carcagente; uno para la capilla de las Escuelas del Ave María fundadas por D.ª Isabel Soriano, y otro para su sobrino Tomás Navarro. El Episcopologio Almeriense fue iniciado y costeado por el mismo, y en su partida de la capital andaluza, regalado a la catedral. En esta misma Catedral, finalmente, mandó colocar una gran lienzo de la Inmaculada, que encargó a reputado artista y de cuya conservación y adorno quedó obligado por cuanto tiempo permaneció en aquella Diócesis.

No se limitó su gusto artístico a la obras del arte moderno; tuvo especial cariño, también, por el arte antiguo, llegando a adquirir valiosos ejemplares. Entre ellos conocemos una tabla de la Encarnación, que fue retocada en 1879 por Borrás, y un S. Pablo en actitud orante y Cuatro tablas atribuidas a Joanes, las que antes de su muerte regaló al Colegio de María Inmaculada de Carcagente, cuya Comunidad, con motivo de las bodas de oro de la fundación del Establecimiento, mandó que se adosaran al antepecho del púlpito de su capilla.


Imagen y andas de San Francisco de Paula, de Modesto Pastor

A más de la pintura tuvo también predilección por la escultura y arquitectura, contribuyendo a la fabricación de hermosas obras y mandando hacer otras por su cuenta. La soberbia fachada del Colegio de Jesús, el mejor edificio de Almería y suntuosa escalera con profusión de talla y mármoles, el sobrio y significativo edificio de la Caja de Ahorros de la misma capital con una concluyente prueba de lo dicho. En 1881 encargó dos bellas esculturas del Niño Jesús para obsequios de familia; por el mismo tiempo mandó hacer una imagen del Crucificado, de mármol de Macael, la que regaló a la iglesia de la Barraca con motivo de la elevación al Deanato de Almería, adquirió objetos y muebles de refinado gusto para sus habitaciones, contribuyó con generoso donativo a la fabricación de la imagen de S. Francisco de Paula de Carcagente, obra del genial artista Modesto Pastor, y más tarde, cuando su entrañable amigo y paisano, el Ecónomo de la Parroquia de Carcagente, D. Enrique Gomis, se propuso realizar la primera restauración de la Capilla de la Patrona, coadyuvó felizmente a tan gran proyecto en el envio de respetable suma, conmemorando con ello su elevación al Arcedianato de la capital andaluza.

Juan Perpiñá Sebastía, el Mártir de la Inmaculada

Hundióse su fortuna en Almería cuando aún le faltaban realizar numerosos proyectos de glorificación patria; contábanse entre ellos los retratos de dos hijos ilustres: Perpiñá, el Mártir de la Inmaculada, y el Deán Fogués. El primero tuvo aún el consuelo de verlo realizado y ocupar un lugar preferente en la sacristía parroquial, merced a la delicada atención de sus hermanos; más no así el segundo; a pesar de recomendarlo vivamente a los suyos, no fue atendido, y murió con pena pensando que el nombre de este ilustre patriota llegara a oscurecerse.


Dr. D. Francisco José Fogués Cogollos, deán de Cória (Cáceres)

7. Viajes. Con la agobiante y no interrumpida labor que pesara sobre Navarro en Almería, apenas si le quedó tiempo para realizar algún viaje de recreo, donde a la par diera descanso a su trabajado cuerpo, confortara su espíritu con la perspectiva de nuevos horizontes y nutriera la inteligencia a la vista de las maravillas del hombre. Cuanto supo y valió Navarro podemos decir que lo adquirió por el reposado estudio de gabinete. Algunos viajes realizó, es cierto, pero forzado, por los interminables asuntos que llevara y por otro motivo más trascendental, para atender a su salud harto quebrantada.

En 1875, ya escribía a la M. Antonia de S. Pedro, diciéndole que acababa de llegar de un viaje que realizara con su madre por motivos de salud y piedad. El único viaje que hizo de recreo, fue el que efectuara en 1877 a Roma con su padre, del que tan gratos recuerdos guardó durante toda su vida.

Con motivo de la enfermedad que sufriera en 1881, y que puso en serio peligro su vida, marchó a Uberruaga de Ubilla, donde tomó los baños; y con tal motivo visitó a las poblaciones limítrofes y cercanas: Ondarroa, Deva, Loyola y S. Sebastián. De regreso, se detuvo en Madrid para prestar el juramento necesario para tomar posesión del cargo de Capellán de Honor de la Reina.

Pocos años después, en 1887, y con motivo de los repetidos ataques de disnea que venía sufriendo, marchó a Fortuna y de allí a Overa y el Saliente.

En diciembre de 1884 estuvo en Orán. Alguna misión importante debió llamarle a aquellas tierras africanas cuando se vio precisado a marchar en pleno invierno, pero no se ha podido desentrañar la causa.

En octubre, finalmente, de 1888, marchó a Barcelona para visitar su Exposición y resolver algunos asuntos de las religiosas de la Enseñanza de Reus, pero a los pocos días cayó enfermo y hubo de regresar cuanto antes.

A más de ello, visitó con frecuencia su ciudad natal, sobre todo, en los primeros años de su estancia en Almería. Luego, perdidos ya los padres y sufriendo no pocos disgustos y contratiempos de los suyos, lo hizo más de tarde en tarde.

No quiso perder el contacto con su centro de acción y actividades, y por eso, sus viajes de recreo fueron sustituidos por las tranquilas y metódicas vacaciones estivales de Benahadux. Su afición a la vida campestre hizo que viviera en este bello rincón como el mejor de los mundos; y allí estableció su laboratorio para preparar por el estudio las empresas más enérgicas y admirables, los trabajos más pulcros y atildados.

 El Deán Navarro Darás



V

 

El Patriota

 

1. El porqué de su exaltado patriotismo.- 2. Amor a Carcagente.- 3. Parque Escolar.- 4. Protección dispensada a los carcagentinos.

 

1. El porqué de su exaltado patriotismo. Navarro alcanzó en su juventud a un Carcagente activo y emprendedor, piadoso y morigerado, pero con sus miras poco elevadas de cultura le hacían aparecer como la cenicienta ante las progresivas poblaciones del contorno. No se avenía él sin embargo a esta postergación humillante, y con su temperamento exaltado para el culto de todo lo ideal y sublime se impuso la misión de regenerarlo. Deseaba para su amada Villa los títulos y grandezas más encumbrados; no podía resignarse a que fuera “a rastras de la civilización y entre la befa y escarnio de los pueblos adelantados”, como decía en su proyecto de Fiesta del árbol, y muy joven comenzó a laborar ya en este sentido. Los Centros Catequeticos, las Escuelas Nocturnas, el Colegio de S. Luis y el de María Inmaculada fueron las primicias de su fervor. Más lo que hizo acrecer su entusiasmo patrio, hasta el extremo de convertirlo en divisa de su misión bienhechora, fue un motivo circunstancial y fortuito que en buen hora vino a herirle en la fibra más sensible del alma.

Por la piedad y discreción de que Navarro estaba adornado, así como por la actividad y celo con que desarrollaba sus empresas mereció la consideración de D.ª María Garrigues, dama, como ya se dijo, de virtud acrisolada y caridad inagotable. Dicha señora, atendiendo a las dignas condiciones que le adornaban, solicitó del Prelado le concediera el consuelo de tener un capellán al servicio de su oratorio proponiendo para ello al novel sacerdote. Concediólo el Arzobispo y Navarro Pasó desde aquel momento a desempeñar el cargo de capellán de la linajuda familia de los Garrigues. Vivía en compañía de la dama un sobrino suyo, médico, hijo de Albaida, con el que alternaba el capellán en las sobremesas, girando de ordinario la conversación sobre la importancia de las poblaciones de donde eran oriundos cada uno de ellos. No parecía sino que, dentro de los límites de la amistad y buena educación, el médico se había propuesto soliviantar de continuo a Navarro atacándole por el punto más flaco, por su excesivo amor a Carcagente. Raro era el día en que no se tocaba el tema obligado, y Navarro que no podía sufrir se emitiera ante su presencia ningún juicio despectivo de su patria chica, saltaba con denuedo para rebatir las afirmaciones gratuitas. Dióse el caso de que Navarro tuviera que hacer un viaje a Albaida y entonces el joven médico, queriendo corroborar sus asertos, le dijo: “No deje D. José María de visitar cuanto hay de notable en mi población, sobre todo la pinacoteca de Hijos ilustres que existe en la iglesia parroquial”. Así lo hizo el capellán, y en verdad que quedó sorprendido ante aquella pléyade de hijos esclarecidos que con tanto orgullo mostraba aquella población industrial. Cumplido el objeto que motivara el viaje, regresó a Carcagente, y con la ingenuidad que le caracterizaba alabó sobremanera el acendrado patriotismo de los hijos de aquella población. Con harto dolor lo reconocía, pero Albaida sobrepasaba a Carcagente bajo este punto de vista. — “Pero como ha de dar Carcagente, dijo el médico, tantos hijos ilustres, si de Carcagente solo salen cosas redondas, naranjas y melones”. Tal respuesta le desconcertó, porque si su patria contaba también con valores positivos no podía mostrarlos, y no tuvo más remedio que asentir a aquel sarcasmo.

Este trallazo de reconvención dado en pleno postre, aunque inconscien-temente de quien ponía todo su afán en encumbrar a su Villa no fue sino el botafuego que sirvió para tonificar una voluntad decidida y enérgica. Como consecuencia de ello inició al poco tiempo la pinacoteca de Hijos Ilustres, que tan adelantada dejó a su muerte, comenzando por los retratos del Lectoral Tudela y de Dª María Garrigues, inició la idea de reseñar las gestas de su patria chica por medio de documentada historia, cuya misión encargó al Deán Fogués, aportó datos preciosos para ala misma con luminosas biografías de Tudela y el Colegio de S. Luis, proyectó, facilitó y puso de su parte cuanto pudiera contribuir al engrandecimiento moral y económico de Carcagente, y si en algo sintió el contratiempo que experimentara su fortuna en Almería, fue por no poder llevar a cabo las reformas que planeara sobre su patria nativa, la ciudad amada. 

2. Amor a Carcagente. Cual hijo cariñoso que se enorgullece de la fama y hechos legendarios de sus mayores y pone todo el empeño en acrecerlos con sus virtudes, Navarro trabajó como bueno, consiguiendo tras no pocos esfuerzos días de gloria para la población ribereña. Mucho hizo y no poco conquistó con su entusiasmo, y si algo dejó por hacer fue porque le abandonaran las fuerzas. Cuando al final de su jornada podo hacer el recuento de sus fervores patrióticos, pudo observar con halago que el solo, sin más ayuda que la de su corazón optimista y victorioso, había conseguido más triunfos en este sentido que cuantas generaciones le habían precedido desde el siglo XVIII.

Salió de Carcagente con el empeño nobilísimo de estimular a sus compatricios, según dice en la Biografía del Colegio de S. Luis, en el amor a la patria nativa. Por eso salió de ella en medio de la plenitud de sus triunfos, para aceptar los cargos con que el Obispo Orberá quiso distinguirle; quería decorar con nuevos timbres de gloria la corona de Real Villa.

A pesar de las múltiples ocupaciones que le retenían en la capital andaluza, nunca olvidó que se debía en cuerpo y alma a su patria nativa, y no contento en encauzar y sostener el entusiasmo de las mayores empresas de la misma, todavía las animaba con su presencia y ponía a contribución de ellas su propia hacienda.

Salíale este afecto de lo íntimo del alma, y cuanto pudiera desvirtuar este amor y este entusiasmo parecíale vicioso y censurable. Por eso justificándose del apasionamiento con que escribiera la Biografía de Tudela, decía en tono del mayor reconocimiento: “Entendemos y sentimos en el fondo de nuestra alma, que no es digno de tener padres, ni patria, ni todo hombre que no se entusiasme al celebrarse las glorias de su patria y no todo hombre cuyo corazón no se desborda al publicar y agradecer a Dios misericordioso sus beneficios infinitos”.

Navarro vio en Tudela a uno de los hijos esclarecidos de Carcagente y quiso que la fama de su memoria esclarecida fuese pregonada. Por eso, cuando perdió las esperanzas de que otro pudiera hacerlo, el mismo se encargo de escribir su biografía, y en este escrito, saturado de santo optimismo y sublimes enseñanzas, derramó toda la ternura de su corazón.

En tratándose de Carcagente todo lo hallaba digno, todo justo, todo elevado. Por eso exclamaba, al finalizar su sermón de N.ª S.ª de Aguas Vivas de 1888, después de dedicar sendas alabanzas a la memoria de Tudela: “Oh!, perdóneme alguno si cree que mis elogios son excesivos!. Se trata de un hijo ilustre de esta Villa, de un paisano mío que ya es difunto, y más quiero pecar por exceso que por defecto de justicia a sus merecimientos. Basta que sea un hijo de mi pueblo, para que honre su memoria; porqué quien honra a los suyos, se honra a si mismo, y el que a los suyos no honra, el mismo se deshonra. Pero sobre todo, porque no es digno que los extraños celebren más que nosotros a los de la nuestra misma casa, cuando aún ahora no se pronuncia su nombre ilustre en el Seminario de Valencia sin que resuenen por aquellos claustros los ecos de su fama, como por las arcadas de la Catedral de Málaga y entre muro y muro de la Capilla Real de la Corte, donde el profundo orador valenciano era llamado el Pico de Oro”.

Y el que sentara, como axioma indiscutible, el principio de que “Los huesos de los hombres ilustres, según su esfera, sembrados en tierra cultivada por el patriotismo, son semilla de emulación, son gérmenes de nuevas grandezas, son raíces vitales de gloriosos retoños”, quiso recabar para Carcagente tanta ventura y gestionó con el Cabildo de Málaga la cesión de los restos de Tudela “para que el Rvdo. Clero de esta Villa les diese honorífica hospitalidad en uno de los muros de la capilla de la Santísima Virgen de Aguas Vivas”. No le acompañó el éxito en esta empresa, por cuanto el Sr. Naranjo, Deán de aquella Catedral, le escribió al poco tiempo diciéndole, que sentía en el alma el no poder atender a sus legítimos deseos; los restos del Sr. Tudela habían sido inhumados del cementerio común y trasladados, juntamente con los de otros capitulares, a la capilla de S. Francisco de la Catedral, por lo que se hacía imposible el poderlos distinguir. Ante la imposibilidad de realizar este levantado pensamiento, recomendó muy vivamente al Cronista de la Ciudad que redactase la Biografía de este Hijo esclarecido, cuyo trabajo hubo de realizar más tarde el mismo Navarro; más aún, deseando que el nombre y virtudes del Lectoral de Málaga fuera conocido por todos los carcagentinos hizo que se organizara una velada necrológica con tal objeto, y que tuvo lugar en los locales del Círculo Católico de dicha Villa, para la que envió el lienzo pintado por Ocón que debía ocupar la presidencia, así como también una lápida que debía de colocarse en su casa natalicia. La redacción de dicha lápida, obra de Navarro, es como sigue: “En esta casa nació a 17 de febrero de 1803 el Ilmo. Dr. D. Vicente Tudela y Vallo, de la Orden de Predicadores, Canónigo Lectoral de Málaga, Historiador Magistral, Clásico Humanista, Gran Maestro Escolástico, Pico de Oro por su elocuencia sagrada, Periodista Católico y Cantor dulcísimo de las Glorias de la Santísima Virgen de Aguas Vivas”.

Dicha lápida no llegó a colocarse en la casa natalicia de Tudela por ciertas dificultades que surgieron, por lo que Navarro mandó se depositara en el Archivo parroquial hasta tanto llegara el día en que pudiera hacerse. En 1926, y con motivo de rotular la calle de la Carnicería con el nombre de Cabo Lloret, se dispuso también la colocación de la mentada lápida y a dicho acto concurrió numeroso público con el Ayuntamiento en pleno y autoridades eclesiásticas.

Navarro recordaba que Carcagente había dado una gallarda muestra de heroísmo en la Invasión francesa, con motivo de la acción desarrollada en medio de sus calles el 13 de junio de 1813; trece de sus paisanos, entre ellos su abuelo Juan Bta. Darás, habían perecido en la contienda, y para que la memoria de tal hazaña no quedara en el olvido; más aún, para que su población aportara al magno certamen del Centenario de la Independencia, cuantos méritos y valores poseía, excitó el espíritu patriótico del Deán Fogués, nombrado recientemente Cronista de la Villa, para que organizara con este fin extraordinarios festejos. Con la iniciativa de uno y desmedido entusiasmo del otro pudieron realizarse, y a ellos se unió con interés la población. Navarro se sintió feliz con este bello resurgir de su Villa, y no pudiendo contener en su alma el entusiasmo escribió para “Alma joven”, semanario de la localidad, un bien pensado artículo que tituló “Altar y trono”. Aquella sarta de bien hilvanados pensamientos en que fulguraba de continuo el santo llamear del patriotismo, terminaba con estos hermosos períodos: “Y tu, Juan Bta. Darás joven abuelo mío, que caíste en la brecha, como los fuertes de Israel, justo es, y nadie sabrá importuno en la presente ocasión, que tu nombre, reservado en mi corazón como en un sagrario, lo ponga hoy de manifiesto al patriótico entusiasmo de mis paisanos y al cariño de tus descendientes”.

“Tu que enardecido con los sublimes amores de la Religión y la Patria, te hiciste superior a los del tálamo nupcial y a los de las deliciosas primicias de la paternidad; tu, que antes de inmolarte en el ara del altar y del hogar, salvaste los vasos sagrados de la iglesia en las tinajas subterráneas del aceite turbio de tu morada; tu, que al toque del somatén del 13 de junio aciago, pusistes precipitadamente a salvo la honra y la vida de varias niñas y ancianas, escondiéndolas en alta cámara ignorada de la calle del Cadirer, y para cortar toda subida hundiste al instante la escalera de mano en pozo oscuro; tu, que sin tiempo a dar el último beso al angelito de tu alma, te lanzaste al combate, más fiado en tus bríos juveniles y potencia atlética que en la superioridad de tus armas; tu, que luchando a pecho franco contra veteranos de perfecto armamento caíste al fin acribillado a balazos con otros muchos denodados compañeros; tu, abuelo mío, que perdiendo una vida mortal, ganastes una inmortal dichosa, pide a Dios que los hijos de Carcagente no degeneren jamás de su castiza prosapia, y a todos, pero especialmente a tus nietos, biznietos y tataranietos que hoy vivimos, infunda en sus almas la virtudes cívicas que nos hagan dignos patricios, y el valor de confesar y defender sin cobardías aquella fe entera de nuestros aborígenes, que engendró mártires para la gloria del cielo y héroes para la historia de mi patria amada”.

Como complemento a las fiestas centenarias de la Independencia, en las que Carcagente puso de manifiesto sus fervores patrióticos, Navarro propuso la erección de un monumento a los mártires de la defensa nacional, ofreciendo para su emplazamiento uno de los campos que más tarde donó para Escuelas graduadas; pero surgieron algunas dificultades y no logró realizar el pensamiento.

Ya se ha dicho que en cuantas ocasiones se le ofreciera la mitra rehusó a ella, fundándose en motivos de salud, aunque realmente fuera la causa su humildad. Pues bien, el que movido por tan elevado sentimiento, supo negarse a aceptar tal honor, pensó con el tiempo que robaba a su patria uno de sus más justos laureles, y así discurrió en declinar tal honor en otro de sus hijos esclarecidos, el Deán Fogués más no llegó a realizar su deseo; a poco de haber iniciado la idea en la esfera de las elevadas influencias murió el Deán de Coria. A Navarro quedósele clavada en el alma una espina, la de no haber realizado antes tal pensamiento. Carcagente hubiera podido contar entre sus hijos a in Príncipe de la Iglesia.

Juan Bta. Perpiñá[28], llamado el Mártir de la Inmaculada, por haber sido asesinado por las turbas revolucionarias en la procesión del año jubilar de la Inmaculada es considerado en el orden religioso como una gloria de Carcagente, y a este trabajo de glorificación no fue ajeno Navarro. De acuerdo con el Deán Fogués, gestionó el traslado de sus restos a la patria nativa, organizándose con tal motivo solemnes actos a que concurrieron representaciones de varias capitales y pueblos de la provincia, publicó un sentido artículo que se repartió en la velada necrológica que se celebrara con tal objeto e inició la idea de inhumarlo en uno de los muros laterales de la capilla del Colegio de María Inmaculada, pero surgieron ciertas dificultades y hubo de ser colocado provisionalmente en un panteón de distinguida familia de la población. Navarro murió con el deseo de que sus restos fueran trasladados a dicha capilla, y entre tanto, y para que su memoria permaneciera viva entre los carcagentinos, hizo que su familia mandara pintar su retrato que fue colocado más tarde en la sacristía de la Parroquia.

En 1903 tenía el Ayuntamiento el proyecto de ampliar el camino del Barranquet. Habían de enajenarse para ello ciertas parcelas de terreno del deán Navarro y así se le comunicó por medio de atento oficio. navarro a quien nada dolía para su patria no solo aprobó la idea, sino que aún regaló el terreno y ofreció más parcela para que se hicieran amplios andenes laterales. El Ayuntamiento, agradeció el ofrecimiento, otorgándole sentidas gracias y a propuesta suya se rotularon algunas calles con los nombres de Hijos ilustres. 

3. Parque escolar. Después del cierre del Colegio de S. Luis, que tuvo lugar dos años después de haber partido para Almería, Navarro no pensó sino en sustituirlo con otra institución análoga con la que la juventud carcagentina pudiera conseguir nuevos laureles literarios. Es cierto que su atención, durante todo el tiempo que permaneció en la capital andaluza, fue absorbida por las numerosas fundaciones, tanto propias como de su prelado, que en aquella realizara, pero con su venida a Valencia y libre ya su espíritu de la deuda de gratitud que con aquel santo Obispo había contraído, no pensó sino en satisfacer este su anhelo, logrando en muy pocos años que se multiplicaran los establecimientos docentes.

Ello fue la causa de que en el primer año de estar en la Sede Valentina, influyera cerca de D.ª Isabel Soriano para que fundara en Carcagente en sus Escuelas del Ave María una sección de estudios de 2.ª enseñanza. Su deseo fue cumplimentado, así como ya se cumplimentara antes la fundación de este centro de enseñanza, según el método manjoniano, pero no dic el resultado apetecido. Faltaba el alma y sostén del mismo que no podía ser sino el de Navarro, quien malamente podía darle a su avanzada edad desde el Deanato de Valencia. A pesar de su buen deseo, así como el propósito de complacerle por parte de la fundadora, la sección de 2.ª enseñanza hubo de limitarse a una preceptoría de Latín para aspirantes al sacerdocio.

Murió entretanto en Carcagente un rico hacendado de la población llamado D. Agustín García Oquendo[29], quien legó todos sus bienes para fomento de la enseñanza de la juventud, de la que debía encargarse la Orden Franciscana. Desde aquel momento Navarro no cesó de forjar planes para el porvenir y soñar con los resultados que pudiera reportar un establecimiento de esta índole. Por eso fue para él un día de gozo inefable aquel en que la Comunidad franciscana tomó posesión del edificio destinado a Colegio. Su aspiración de que se montara en la población un Colegio de 1.ª y 2.ª enseñanza dirigido por religiosos, por ser los únicos que están en condiciones para soportar indefinidamente la espinosa labor de la formación escolar, estaba cumplida. El epitafio que grabara sobre el de S. Luis “Resurget in perpetuum” estaba en vías de realizarse; llevaría otro nombre, pero que importaba ello?; produciría el mismo milagro.

Sin embargo, no le satisfacían por completo los resultados prácticos que se obtuvieran de la enseñanza. Deseaba algo más para el crecido censo escolar de la población. Las escuelas nacionales y municipales carecían de condiciones pedagógicas; se necesitaban nuevas escuelas y que estuvieran orientadas según las normas de la ciencia de la educación. Que hacer?. El no contaba con medios para empresa tan gigantesca, pero le sobraban arrestos para iniciarla y así lo hizo.


Don José Donat Sanz, alcalde de Carcaixent

Con motivo de la visita que hiciera en 1921 el entonces Alcalde, D. José Donat[30], para suplicarle que señalara un tema para los Juegos Florales que habían de celebrarse en las Fiestas de Octubre, Navarro le comunicó otra idea de largo tiempo acariciada, la cesión de unos campitos de su propiedad para que en ellos se estableciera un Parque Escolar. “Anheloso, como decía él, de la cultura infantil de sus paisanos” quería que se transformara uno de dichos campitos en “jardín de esparcimiento y escuelas al aire libre, según los preceptos de la moderna Pedagogía, para los niños de las escuelas naciones y municipales”, y el otro en “glorieta pública, plantada de árboles de sombra y apoyos o bancos de piedra, a fin de que los desheredados de la fortuna, que no tienen ni un palmo de tierra propia donde solazarse, tengan en aquella un asiento, donde libremente puedan descansar, sin que nadie los moleste por mejor derecho, salvo los casos en que por cívica educación quisieren brindarlo a la ancianidad o sexo dignamente honorable”.

Esta espontánea manifestación de liberalidad no pudo menos de satisfacer a la Corporación Municipal, que reconociendo el alto ejemplo de civismo que con ello daba el Hijo ilustre, se dispuso a galardonarla dignamente, y al efecto, en la sesión que celebrará el 26 de agosto de dicho año, acordó por unanimidad aceptar el donativo y patentizar el agradecimiento. A propuesta, pues, del concejal Sr. Gabriel, se acordó rotular con el nombre del donante una de las calles de la población, el trozo de la calle de S. Antonio comprendido entre la de Julián Ribera y paso a nivel de la línea de Gandia. Mas no se contentó con ello la Corporación; quiso exteriorizar en forma más sensible su gratitud, y al efecto, dispuso que fuera nombrado Hijo Predilecto, cuyo título ya se le había otorgado en 1909, con motivo de su elevación al Deanato almeriense, pero que a causa del incendio de la Casa Consistorial de 1911, había desaparecido su memoria. A la entrega del título de Hijo Predilecto, redactado en artístico pergamino, había de añadirse la colocación de una lápida conmemorativa en su casa natalicia y con tal motivo se proyectaba hermoso festival, que indicara una vez más el sentimiento de admiración y respeto que Carcagente sentía por su Hijo ilustre.

El Ayuntamiento, animado de los mejores deseos para honrar a Navarro había contado con una dificultad, su extrema humildad. El que había pedido, como única recompensa a la donación, y esto en tono de humilde ruego, “que en el aniversario del primer año de su muerte, (por una sola vez, para molestar más), se invitara a los niños de las escuelas nacionales o municipales, para que asistieran a la Misa que en dicho día se celebrará en la Parroquia, pero que no se les obligue a concurrir a dicho acto, porque a las almas nobles, basta que se les indiquen los deberes de gratitud para que los cumplan espontáneamente y con gusto, puesto que los corazones bien nacidos son siempre agradecidos”, no pudo aceptar tanto honor, ya que se lo vedaba su modestia. “Tanto honor, decía en carta que dirigiera al Alcalde, ha exaltado mi corazón a tributarles las más efusivas gracias por sus nobles intenciones y por el espíritu patriótico que tal acuerdo revela” y luego continuaba de esta forma: “El Sr. Alcalde, exaltado protector de la cultura infantil, no se manifestó muy claro y propicio a mis ruegos, por lo que temiendo yo, que si no ahora, alguna vez más tarde antes o después de mi muerte se lleve a efecto el referido acuerdo, me veo obligado a ser precavido y pedir a V. (el Notario) que consigne en la escritura que si contra mi voluntad se pusiese mi nombre a esta u otra calle, quede retractada en su día esta donación y vuelva el campito de las escuelas (no el de la glorieta) a mis herederos, designados en mi testamento”... “Lo que más importa no es mi nombre, sino el Parque de escuelas y la glorieta pública para lograr con ambas mejoras el doble efecto que más me agrada, a saber, la higienización de la niñez escolar y ornato público en un punto de lo más visibles de nuestro querido Carcagente”.

La irrevocable negativa a todo honor hizo que el Ayuntamiento dejara en suspenso el acuerdo de los homenajes. La escritura de aceptación del legado, hízola la Corporación Municipal en 1923; imprevistos cambios políticos habían impedido su realización, viniendo a entorpecerse de nuevo con el alzamiento del 13 de septiembre del mismo año. Navarro, sin embargo, no dudó de que con el tiempo llegaría a realizarse su proyecto, y con aquella intuición propia de su genial espíritu fió en su obra y puso en ella tal confianza que se dispuso a ampliar la donación con un nuevo legado. Tenía la convicción de que con el tiempo se realizaría y no se equivocó.

El 31 de julio de 1924 otorgó su último testamento. En virtud del mismo hizo donación de cuantas tierras había junto a la vía férrea de Gandia a la Corporación Municipal para que en su recinto se levantaran nuevos y soleados pabellones para escuelas, constituyendo el Grupo escolar y Parque para los niños en el que tanto tiempo soñara. Dicho proyecto está en vías de realizarse gracias a dos factores de capital importancia: uno por lo bien jalonados que dejó Navarro todos los extremos para la realización de la idea, otro, y quizá el más principal, porqué uno de sus queridos discípulos, que siempre manifestó por el la veneración más rendida desempeña actualmente el cargo de la Alcaldía, el honorable y caballeroso D. Sebastián C. Hernández[31], el autor del homenaje que se tributara al Hijo esclarecido con motivo de su elevación al Deanato de Almería y del primer nombramiento de Hijo Predilecto.

Concordando con dicho Parque escolar, dejó escrito en el testamento un detallado programa de la Fiesta del Árbol donde con la mayor escrupulosidad atendía a los más nimios detalles: “Si alguno, decía, pensara despectivamente que este boceto de la fiesta es muy pueril, le agradece la lisonja el otorgante, porque ello será señal de que por lo menos, en esta vez, ha estado acertado, ya que la experiencia le ha demostrado que para el feliz éxito de la educación infantil hay que tener corazón de niño y cabeza de viejo”. Hermoso pensamiento, que a la vez demuestra su previsión pública muy altamente su amor a la niñez, los bellos ángeles que pueblan la tierra.

4. Protección dispensada a los carcagentinos. Llevado de su fervor patriótico y por a la enseñanza, Navarro realizó un gran bien fomentando los estudios entre los humildes de su ciudad natal. Puso a contribución de los mismos sus economías, y cual si ello fuera poco, aún les dic el corazón, al que hubo de sacrificar con frecuencia para hacerse superior a ciertos impulsos. La eficacia de esta acción bienhechora nadie mejor que los mismos protegidos pudiera demostrarla; sería la prueba más concluyente de gratitud para con su venerable protector; mas unos murieron, otros se alejaron de estas tierras levantinas, otros, finalmente, permanecieron ignorados, aún para aquel desinteresado corazón que después de haber practicado la caridad, ya nunca jamás se acordó del favor prestado.

Con motivo de establecer el Colegio de S. Luis, comenzó a dispensar esta protección entre los indigentes, aunque antes, en las Escuelas Nocturnas ya había sacrificado todos sus haberes. vio en efecto que muchos niños con especiales condiciones para los estudios, no podían seguirlos por falta de medios, y una de sus primeras providencias fue el establecer cinco famulaturas para estudiantes pobres; y no fue ello solo, sino que, considerando que eran muchos más los que necesitaban de este auxilio, a cuantos pudo y sus medios económicos le permitieron, les ayudó en el pago de matrículas y adquisición de textos. Ello fue causa de que la juventud carcagentina consiguiera por el estudio los más codiciados puestos, desparramándose por todas partes para pregonar con sus triunfos la fama de Carcagente, el sueño dorado de Navarro.

Entre los escolares más aventajados, mereció su protección a pesar de la antipatía natural que hacía él sentía, el malogrado arabista Francisco Pons. Nacido de humildes padres y presentando hermosas condiciones para el estudio, no tardó en merecer el apoyo del Director del Colegio. Este que auguraba en él niño grandes triunfos académicos no se equivocó. Tras brillantes calificaciones en sus estudios eclesiásticos, cursó Leyes, logrando descollar más tarde como eminente arabista bajo la dirección de Codera[32]. Pons hallóse ya encauzado en la senda del triunfo y de la popularidad científica, más no fue por ello abandonado por Navarro, sino que quiso seguirle de cerca y saborear con el mismo sus laureles; por esta causa, en 1905, editó una de las obras que había traducido, avalada con prólogo de Menéndez y Pelayo, “El Filósofo autodidáctico”.

El capellán de la iglesia de Monserrat en Roma, D. Antonio Gomis[33] fue otro de los carcagentinos que tomó bajo su amparo. De joven llevóselo a Almería donde cursó los estudios como fámulo suyo. Despertó su inteligencia y descubrió sus aptitudes. Gomis supo aprovecharse de aquellas enseñanzas, y anhelando horizontes más vastos, no tardó en trasladarse a Roma donde consiguió a poco una capellanía en la iglesia de Monserrat; con su actividad y aptitudes no tardó en abrirse camino, consiguiendo colaborar al poco tiempo en los periódicos de mayor circulación de Roma, así como en las propias Congregaciones Romanas. Conocedor de estos sus triunfos, Navarro, poco antes de morir, escribióle para pedirle nota de sus cargos y dignidades, quería en efecto, que la biografía de este su aventajado discípulo y protegido no cayera en el olvido con merma de las glorias carcagentinas, y se la suplicó con la mayor delicadeza. Poco tiempo después, volvió a escribirle para que tomase a su cargo los asuntos del Colegio de María Inmaculada. Era su última voluntad, y como última, no dudaba que la cumpliría el discípulo; y consta que el Sr. Gomis aceptó el encargo no solo con gusto sino hasta con honor, ya que nacía de un corazón tan grande y generoso, el de su protector querido.

También cursó parte de sus estudios en Almería el carcagentino Pascual Lloret[34], quien recibió el grado de doctor en Teología, pero que murió muy joven. Siguió a este otro paisano, llamado José Selléns[35], para quién alcanzó el cargo de inspector en la sucursal del Seminario que se estableciera de S. Juan de dicha capital. terminados sus estudios, graduose en Sagrada Teología, pasando luego a Valencia donde obtuvo uno de sus mejores curatos, en el que falleció no hace mucho.

Más no era esto solo; no contento en llevar el mayor número de carcagentinos a aquella capital andaluza para que cursaran la carrera eclesiástica, en su Seminario, aún a los que estudiaban en Valencia protegía con frecuentes donativos. Por eso, en 1887 le escribía el seminarista carcagentino Romualdo Vayá[36], dándole las gracias más rendidas por la ayuda que le prestaba; y esta ayuda púsola siempre a disposición de cuantos carcagentinos se sintieran con vocación al sacerdocio.

Reciente está en la conciencia de muchos la protección que dispensó a sus paisanos con motivo de la elevación al Deanato de Valencia. De ellos han salido discípulos activos y aventajados que merecieron señalados lauros en reñidas oposiciones, y a todos amparó en su hogar de la capital. Tanto bien no podía quedar sin la debida correspondencia; aunque póstumamente, el pueblo sabe agradecer los beneficios, y tanto los que los recibieron como los que presenciaron aúnan sus voces para bendecir la memoria del bienhechor. Carcagente ha sabido traducir con palabras y obras de gratitud para con el Hijo Predilecto, el Deán Navarro.

Mas no fueron siempre satisfacciones lo que recibiera de este su desinteresado proceder. En 1911, tuvo que sufrir la solapada campaña que iniciara un diario republicano de Almería con motivo de ciertas necedades propaladas por cierto exclaustrado[37], que se valió del carácter de carcagentino para captarse su protección. Es cierto que el honor de Navarro quedó incólume a través de esta burda falsa, más no dejó de sentir en el fondo del alma la ingratitud de los hombres que pagan con el desvío los mayores beneficios.

Navarro fue amante de todo lo que evocara a su amado Carcagente, y no solo con los estudios, sino en todos los órdenes de la vida convirtióse en esforzado paladín y protector de los carcagentinos; por cuantos medios tuvo a su alcance, contribuyó al florecimiento de sus hombres y sus cosas estaban informadas por el elevado espíritu de patria chica que a él le animaba; por eso su vida fue fructuosa y abundante porque vivió y obro por Carcagente.

 

VI

 

El Hombre ilustre

 

1. Honores y dignidades.- 2. Deán de Almería.- 3. Deán de Valencia.- 4. El Santo Cáliz.- 5. Homenajes.

 

1. Honores y dignidades. Merced a la fecunda e incesante labor que Navarro desarrollara, así como también por las especiales condiciones que poseía para llevar a cabo las más difíciles y espinosas misiones, fue adornado con todo género de honores y distinciones, distinciones que no sirvieron sino para encumbrarle, pero el cerró el paso a toda mayor elevación en miras a la gratitud y humildad, considerándose suficien-temente pagado con el deseo que los demás manifestaban de honrarle.

Sólida había sido su preparación para el sacerdocio, por lo que el dominio que poseía de las ciencias eclesiásticas era perfecto. Esta su competencia científica fue reconocida por gran número de Prelados españoles que se dispusieron a testimoniar el elevado concepto que de el tenían por medio de otorgamiento de licencias ministeriales, concedidas sin restricción y aún extendidas a la absolución de reservados. En 1877 se las concedió el Obispo de Guadix D. Vicente Pontes, en 1876 el Vicario Capitular de Valencia D. Lorenzo Carcavila, en 1878 el Arzobispo de Valencia D. Antolín Monescillo, en 1879 el Obispo de Málaga D. Manuel Gómez-Salazar; en 1881 el Vicario Capitular de Teruel D. Tiburcio Ráguna; el Obispo de Oviedo Sanz y Forés, el Obispo de Santander D. Vicente Calvo y el Obispo de Teruel D. Antonio Ibáñez; en 1882 el Arzobispo de Granada D. Bienvenido Monzón; en 1884 el Auditor General Castrense D. Cándido Ortíz para todas las iglesias de su jurisdicción; en 1885 el Arzobispo de Granada D. José Moreno, en 1886 el Obispo de Orán D. Gerardo Soubrier y su predecesor en el mismo Obispado D. Naral Gaussail; en 1887 el Obispo de Cartagena D. Tomás Bryan, en 1888 el Obispo de Almería D. Santos Zárate (del Obispo Orberá las recibió antes de salir de Carcagente para tomar posesión del cargo de Vice-Rector del Seminario); en 1899 el Arzobispo de Zaragoza, Cardenal Soldevilla, en 1902 el Obispo D. Salvador Castellote y en 1903 el Obispo de Cartagena D. Juan Gallardo.

Mas no fueron tan solo estas distinciones con que reconocieron su competencia gran número de Prelados, al cargo de Examinador Provincial, harto codiciado y tan solo reservado para los más doctos y prudentes, ostentóle con dignidad en varias diócesis y a él se hizo acreedor por sus relevantes méritos. Ya en 1876 y con motivo de su cumpleaños, otorgóselo Orberá, pocos meses después de haber llegado a Almería; en 1877 se lo concedió el Obispo de Guadix D. Vicente Pontes, en 1882 el Arzobispo de Granada D. Bienvenido Monzón, en 1884 el Obispo de Málaga D. Manuel Gómez-Salazar y el de Santander D. Vicente Calvo; en 1883 el Arzobispo de Granada D. José Moreno; en 1888 el Obispo de Almería D. Santos Zárate, en 1903 el Obispo de Cartagena D. Juan Gallardo; en 1911 el Obispo de Almería D. Vicente Casanova y en 1912 el Arzobispo de Valencia D. Victoriano Guisasola.

Navarro marchó a Almería en 1876 para desempeñar los varios cargos con que Orberá le había agraciado, Ecónomo de Lubrín, Vice-Rector del Seminario y Familiar suyo; conocía de cuanto era capaz el novel sacerdote y no dudó en colmarlo de toda suerte de distinciones. Por esta causa y a los pocos meses de permanencia en aquella Diócesis, le agració con una canonjía en su Iglesia Catedral de la que tomó posesión en enero de 1887. A esta distinción honrosa siguióse otra de no menor importancia, la de dignidad de Arcediano, para la que fue promovido por R. O. de 19 de septiembre de 1884. Gran empeño puso en conseguírsela su Prelado para pagar de algún modo sus buenos servicios, y a ello contribuyó muy eficazmente el entonces Director general de Registros y Notariado D. Cirilo Amorós[38], que mereció la felicitación más entusiasta del senador D. Bernabé Morcillo, a quién comunicara por carta la feliz nueva el Ministro de Gracia y Justicia.

Todas estas distinciones no sirvieron a Navarro sino para ligarle más íntimamente con Orberá, que era precisamente lo que este Prelado se proponía. Por este motivo le distinguió también con varios cargos de la Curia de que ya se hizo mención, Secretario de Cámara, Provisor y Vicario General etc. cuyos nombramientos no vinieron sino a poner una vez más de manifiesto sus excepcionales cualidades para el gobierno de la Diócesis. Todo era poco para Navarro, y por eso Orberá, aprovechando una de sus breves estancias en la Corte influyó para que se le concedieran nuevas dignidades. Y así se hizo. Por R. O. de 14 de junio de 1881 fue nombrado Predicador supernumerario de S. M. y Capellán de Honor de la Reina; prestó juramento en 28 de agosto del mismo año y a continuación se le impusieron las insignias. Antes de ello, en 1877, la Sagrada Congregación del Índice le autorizó para leer y retener libros prohibidos, y en 1879, otra Congregación Romana, la de Propaganda Fide, nombróle Misionero Apostólico. En virtud de ello se le concedió indulto personal de altar privilegiado, facultad a dar la bendición con Indulgencia Plenaria a los agonizantes y licencia de bendecir objetos piadosos aplicándoles indul-gencias.

A la muerte de Orberá fue agraciado con nuevos cargos de la Curia hasta el extremo, de considerársele como insustituible para algunos, como el de Fiscal Eclesiástico, y es porque ponía en su desempeño todo el interés y celo, el que guiaba siempre, por las normas de la más estricta justicia. En 1886, el Gobernador Eclesiástico del Obispado, D. Modesto Badal, nombróle Visitador extraordinario del Monasterio de Sta. Clara, y en 1907, el Cabildo, durante la Sede Vacante, le eligió Ecónomo de la Mitra, de cuya actuación pronunció frases muy lisonjeras el Obispo Casanova.

En 28 de octubre de 1912 es nombrado Consiliario de la Asociación de Católicos de Valencia, en 1919 y con motivo del V Centenario de la muerte de S. Vicente Ferrer, es nombrado miembro de la Junta organizadora y en el IV Congreso regional de Obreros Católicos de Levante, celebrado del 28 de abril al 1 de mayo en Carcagente, presidió las sesiones de apertura y clausura en nombre del Arzobispo de Valencia.

Finalmente, el elemento civil tuvo también muy en cuenta sus relevantes condiciones y el mucho bien que pudiera realizar al frente de carac-terizados organismos. Por eso en 1901, la Real Sociedad Económica de Amigos del País le nombró socio de número; por R. O. de 24 de enero de 1902 nombrósele Vocal de la Junta Provincial de Beneficencia, para cuyo cargo fue reelegido en diciembre de 1907; por la R. O. de 9 de abril de 1908 se le nombró también Vocal de la Junta de Patronato, y en el mismo año, y por otra R. O. de 25 de enero se le nombró Vocal, en concepto de Delegado Diocesano de la Junta Provincial de Instrucción Pública, para cuya designación contaba con sobrados méritos. Ya retirado en Carcagente, cuando por imposibilidad física hubo de abandonar la capital levantina para atender tan solo al cuidado de su salud quebrantada, el Gobierno de S. M. le otorgó otra preciada distinción, de la que pudo enorgullecerse justamente su ciudad natal, la Gran Cruz de Isabel la Católica, cuya cruz y banda inauguró en el solemne acto de proclamar Ciudad a la Villa de Carcagente. Dichas insignias fueron regaladas, como última prueba de distinción, por su entrañable amigo el ex-Ministro Navarro Reverter.


Don Juan Navarro Reverter


2. Deán de Almería. El cúmulo de merecimientos que pesaban sobre Navarro, así como su humildad y modestia le hicieron acreedor de la más elevada dignidad eclesiástica de Almería, después de la pontifical, el Deanato. Tan acertado nombramiento fue recibido con general aplauso, dando pábulo con motivo de su posesión a que se exteriorizara la simpatía que conquistara con la larga y fructífera labor desarrollada en la capital andaluza.

Por muerte del Deán de Almería D. José Antonio de Rojas y Solís fue promovido para ocupar su vacante por decreto del 27 de junio de 1909 el Sr. D. José María Navarro Darás. No dejó de influir ciertamente en ello su Obispo el Dr. D. Vicente Casanova y Marzol, reconociendo en ello la abnegación y grandeza de miras de aquel hombre extraordinario; el mismo le dic la posesión en presencia de las Autoridades, actuando como testigos el Excmo. Sr. D. Ramón Salvador Celades, Gobernador Civil de la provincia, D. Eduardo Pérez Ibáñez, Alcalde Presidente del Excmo. Ayuntamiento y D. Lorenzo del Fresno, Presidente de la Audiencia. El acto de la posesión fue de lo más solemne y extraordinario que se ha conocido en Almería; buena prueba de ello fue el acta que levantó el Cabildo, cuya copia se remitió a su ciudad natal. Carcagente no pudo menos que unirse a esta explosión de afecto, y por iniciativa de su Alcalde D. Cándido Sebastián Hernández se le envio sentido mensaje. Antes ya se le había remitido entre otros, el siguiente telegrama: “Corporación Municipal felicita al Ylustre hijo de Carcagente que acaba de ser nombrado Deán de ese Cabildo en justa recompensa a sus merecimientos y virtudes. Carcagente no olvida al Patricio eminente que es honra del pueblo que le vio nacer.- Alcalde”.

Formando caravana y para entregar a mano el mensaje de felicitación, salieron de Carcagente los ciclistas Teobaldo Daries Rodríguez, Jaime Iranzo Navarro, Bernardo Roselló Llinares, Elías Oliver Navarro y Eduardo Soler Bordería[39]. Para facilitarles su cometido el Alcalde les proveyó de salvoconducto para los pueblos del tránsito; pero aún así y todo, no dejaron de sufrir algunos percances, ya que en algunos pueblos llegaron a detenerlos por sospechosos, con motivo de los sucesos de la Semana Roja de Barcelona, hasta que consultadas las autoridades del punto de origen se desvanecía la idea de que pusieran ser revolucionarios. Cuando la caravana tocó el límite de la Provincia de Almería varió la situación; los pueblos por donde pasaban salían a recibirlos, después de echar las campanas al vuelo, y al llegar a Benahadux, donde fueron recibidos por las Autoridades, se les brindó hospedaje y obsequió con un refresco. Desde Benahadux a Almería los mensajeros carcagentinos fueron escoltados por dos largas filas de ciclistas almerienses y al entrar en la capital fueron recibidos con una ovación continuada. Navarro esperólos en el Colegio de Jesús y después de abrazarlos efusivamente y darles la bienvenida con emocionante discurso, los llevó a Palacio para saludar al Prelado, quién se gozó sobremanera en el relato de las peripecias que habían sufrido por el camino.

Los carcagentinos fueron objeto de la atención y curiosidad de los almerienses durante los breves días que permanecieron en aquella capital, y a su regreso, que efectuaron por mar para lo que les obsequió el Deán con pasaporte de primera, fueron recomendados muy eficazmente al capitán del buque, recomendación que surtió su efecto al llegar a Valencia. En efecto, Navarro les había entregado al salir de Almería una porción de ornamentos y objetos de culto de su uso particular para que hicieran donación de los mismos a la Parroquia e iglesia de la Barraca en Carcagente, pero cuando tocaron el puerto de Valencia, los de la aduana, considerando que la procedencia no era muy limpia trataron de detenerlos, lo que no llegó a realizarse por la oportuna intervención del capitán.

Navarro, en efecto, vivamente agradecido por las extraordinarias demostraciones de afecto que le había dado su ciudad natal con motivo de la elevación al Deanato, quiso manifestar profunda gratitud, y no contento con dedicar sendas epístolas al Clero y Ayuntamiento en donde se traslucía la nobleza y bondad de su alma; dándonos las gracias y considerándose indigno de tanta atención, quiso refrendar con obras estos sus sentimientos. Envió, pues, el cáliz y casulla de su primera Misa, otras casullas morada y encarnada, simbolizando cada uno de los momentos más felices su existencia, y las remitió con la comisión portadora del mensaje.

La carta dirigida al Clero en que hacía donación de algunos de los objetos que enviara para la Patrona, llegó a Carcagente el 15 de octubre, víspera de N.ª S.ª de Aguas Vivas, momentos antes de que el Clero entonase la antífona de Vísperas Omnes Sitientes. La oportunidad y esplendidez del donativo hizo que se desbordara el entusiasmo entre los asistentes que desde aquel momento trataron de agradecer tal fineza. Con tal motivo reunióse el capítulo parroquial el 20 de octubre y a propuesta del beneficiado Sr. Noguera[40] se acordó comunicarle las gracias por oficio y colocar su retrato en el lugar mas preferente de la sacristía. Ya se dijo que a esta disposición se opuso Navarro por considerarse honrado suficientemente con las gracias que le prodigaban, por lo que no pudo llevarse a cabo, pero que tuvo realidad después de su muerte, ya que el último retrato que se hiciera y que obraba en poder de la familia, fue regalada por esta al Clero para que lo depositaran en la dependencia que creyeran más conveniente. 

3. Deán de Valencia. Navarro veía aproximarse su fin. La penosa labor que se impusiera a la muerte de Orberá de terminar su obra estaba cumplida; la deuda de gratitud estaba saldada; lo deseaba, si, porqué quería que sus huesos reposaran cabe la fosa de sus mayores; sentía más que nunca el ferviente anhelo de “que las tablas de su ataúd se convirtieran en polvo junto a las astillas de su cuna”, y suplicó una y otra vez a sus amigos y admiradores se le concediera éste último consuelo. La ocasión no tardó en presentarse.

El 20 de julio de 1912, murió el Deán de Valencia D. José Cirujeda y Ros. Una vacante de tal naturaleza, como no era menos de esperar, produjo alto revuelo en las esferas políticas acosadas por sinnúmero de peticiones; sin embargo Navarro Reverter tenía una deuda de gratitud que saldar con el Deán de Almería a cuyo cumplimiento se había opuesto siempre éste con entereza por lo que se dispuso a darle cumplimiento ya que no se mostraba entonces tan reacia su voluntad. A pesar del gran número de aspirantes a tan codiciada prebenda, entre los que se hallaban no pocos valencianos y algunos Deanes de Metropolitanas, Navarro fue elegido, y cuando después de designación tan honrosa, se dictó la R. O. del nombramiento, el Ministro de Gracia y Justicia, Arias de Miranda recibió no pocas felicitaciones por el acierto con que el gobierno había procedido en aquella ocasión.

Mas si Navarro estaba de plácemes, no así Almería que iba a perder uno de sus hombres más activos y virtuosos: el Padre de los Pobres marchaba a lejanas tierras donde en adelante no podría escuchar los lamentos de la clase menesterosa; la Curia eclesiástica perdía uno de sus valores más activos y las letras uno de sus más esforzados paladines, por eso el Obispo en sentida carta, dirigida a Navarro, decía, que no podía menos que acceder a la separación de su Deán querido, insustituible para la ayuda en el gobierno de la Diócesis, pues la consideraba justa en atención al descanso que merecían sus quebrantadas fuerzas. Navarro partió de Almería el 11 de septiembre de 1912 y en extraordinaria manifestación acudieron a despedirle al puerto las Autoridades civiles y eclesiásticas con la banda municipal y un inmenso concurso de gentes.

Carcagente, su patria chica, no dejó de sentir uno de sus orgullos más legítimos con la distinción elevada que le otorgaran; por ello, y después de exteriorizar en manifestaciones públicas, la alegría que embargaba a la población, el Ayuntamiento, en sesión celebrada el 3 de agosto de dicho año acordó: “Hacer constar en acta la satisfacción que había producido a la Corporación Municipal tan acertado nombramiento; que por la presidencia se dirija entusiástico oficio de felicitación, y, una vez posesionado de dicho cargo, se traslade una comisión presidida por el Alcalde a Valencia para darle la más cordial enhorabuena en nombre del Ayuntamiento”.

Pocos días después de salir de Almería, Navarro tomaba posesión del Deanato de la capital levantina. Con tal motivo, vióse el Coro de la Catedral repleto de amigos y admiradores, que conociendo el prestigio de que venía precedido el nuevo Deán, venían a testimoniarle su admiración y respeto. Cuando al terminar recibiera los plácemes y felicitaciones de cuantos habían presenciado la ceremonia, tuvo una de sus felices frases, tan concisas como brillantes, con que solía salpicar la conversación: “No se alegren Vdes., decía, no; yo no he venido a vivir a Valencia, yo he venido a morir”. Efectivamente, su cuerpo, rendido por el trabajo y las dolencias, estaba pidiendo como suprema recompensa a sus actividades el descanso. Sin embargo, no fue así; el que vino para morir en la tierra de sus amores reaccionó de su agotamiento y no solo supo vivir sino que vivificó también lo que estaba muerto, instituyó y vigorizó determinadas instituciones del primer templo de Valencia.

Una de ellas fue la devoción de los Siete Domingos de S. José. A pesar de que en todas las iglesias de la capital levantina se celebraba este devoto ejercicio, el Cabildo no se atrevía a practicarlo por creerlo incompatible con la severidad del culto de la Metropolitana. Dióse pronto cuenta de ello Navarro y trató de corregir esta deficiencia. Instó a los Prebendados para que se estableciera este Ejercicio con la pompa que correspondiera al primer templo mas no pudo conseguir sino una descorazonadora negativa. No se arredró por ello; requirió el auxilio del beneficiado organista y se dispuso a practicarlo por su cuenta; él mismo decía la Misa para este acto en el altar de S. José y a continuación se leían los Dolores y Gozos del Santo. Tal innovación no pudo menos que escandalizar a los Capitulares que aferrándose al pretexto de la seriedad del culto catedralicio, la prohibieron. Navarro, entonces, siguió otra táctica; fue ganándose uno a uno a todos los Canónigos y cuando se consideró ya en terreno firme presentó al Cabildo su proposición: “Podía practicarse por vía de ensayo el Ejercicio de los Siete Domingos de S. José para el que debía utilizarse el libro compuesto por el Canónigo Sr. Sanchis Sivera”. Por unanimidad fue aprobada la idea; más aún, el Sacristán se dispuso a poner de su parte cuanto fuera necesario para el mejor éxito. Desde aquel entonces comenzaron en la Catedral los Siete Domingos y al retirarse Navarro a Carcagente, tuvo el consuelo de observar que el primer templo de Valencia era también el que con mayor pompa y aparato celebraba esta devoción josefina.

Existe en la Catedral de Valencia un altar dedicado a la Santísima Trinidad para el que consiguió gran número de privilegios el Beato Juan de Ribera, algunos de ellos tan importante como el de que cada Misa que se celebrara en el mismo tenga el mismo valor en orden a los sufragios por las almas del Purgatorio, que el trentenario de misas llamado de San Gregorio. Navarro tenía indicios de estas gracias y para asegurarse más en su presentimiento consultóselo al eminente historiógrafo valenciano, Canónigo Sanchis Sivera. Este le remitió a un opúsculo que había publicado sobre los privilegios que dicho altar en donde vino a confirmarse en la gran importancia que tenía aquella capilla abandonada. En efecto, desde la muerte del Canónigo Sr. Badal que por devoción celebraba todos los días la Misa en la misma, no se había vuelto a abrir su verja de hierro. Navarro, gran devoto de las Almas del Purgatorio tomó sobre si la tarea de publicar el gran tesoro espiritual que se encerraba en la Catedral Basílica: dispuso que se adecentara la capilla, comenzó a celebrar a diario en la misma la santa Misa; editó estampas de la Sma. Trinidad con un resumen de los privilegios concedidos por los Romanos Pontífices, consiguió del Cabildo que invirtiera la cantidad necesaria para la restauración de su altar, y tal maña e interés se dic en divulgar el gran tesoro de indulgencias que podían lucrarse con los actos celebrados en esta capilla, que al poco tiempo, logró que fuera la más visitada de la Metropolitana. A partir desde entonces la triste y abandonada capilla vióse animada y concurrida con la no interrumpida celebración de actos de culto. Hoy en día es el altar de la catedral donde mayor número de misas se dicen a diario, pues, exceptuando las horas de coro, desde el amanecer hasta el mediodía no cesan de celebrarse, hasta el extremo de que, para encargar una Misa en esta capilla precisa que se avise en tres meses de anticipación. El Cabildo valenciano, agradecido a la iniciativa del Deán, le guarda grato recuerdo, considerando el altar de la Sma. Trinidad como un archivo donde se conservará perenne el nombre de Navarro Darás.

Otro proyecto acarició, insinuándolo repetidas veces al actual Primado Sr. Reig y Casanova, para que lo realizase. Quería que el entonces Arzobispo de Valencia habilitase el santuario de Agullent como asilo de sacerdotes pobres y en él labrase su mausoleo. Inspirábanle lástima los ministros del Santuario que, habiéndose imposibilitado para el servicio tenían que vivir de limosna. Con el producto que se consiguiera de este santuario, convertido en casa de Ejercicios, cuya importancia crecería al establecer él el mausoleo, sin contar con algunos legados que se alcanzarían, sería lo suficiente para sostener esta institución caritativa. A pesar de su buena voluntad y de su entusiasmo no lo pudo conseguir; no contaba con sus arrestos juveniles para hacerlo y había que esperar de la buena voluntad de otros; cúpole, pues, la gloria de iniciarlo y de buscar los medios para que se realizara.


El Santo Cáliz de la Cena del Señor


4. El Santo Cáliz. Uno de los gloriosos proyectos que llevó a cabo en la Catedral valenciana fue el autentificar de forma incontrovertible y dar a la pública veneración el Santo Cáliz de la Cena, custodiado en dicha Metropolitana.

Tal fue la idea dominante que trajo desde Almería y a desarrollarla se encaminaron todos sus trabajos apenas tomó posesión del Deanato de Valencia. Para adelantar en la obra necesitaba cuanto antes el que se obtuviera una certeza histórica de la reliquia, misión que encargó al Sr. Sanchis Sivera, notable historiador valenciano y autor de varias obras relativas a la Catedral. Puso manos a la obra con gran cariño dicho Prebendado y a pesar de tener publicado un trabajo sobre el particular, consiguió al poco tiempo adquirir tal arsenal de datos y demostraciones, tal certeza de su autenticidad que pudo sentar la siguiente conclusión: Si se niega la autenticidad del Santo Cáliz de la Cena, que se conserva en la Metropolitana de Valencia, se ha de negar también, forzosamente la de las demás Reliquias de la Pasión que se veneran en el mundo, ya que todas ellas no presentan tal cúmulo de pruebas y tan concluyentes, como la reliquia de la Catedral valenciana. Navarro que tenía una fe ciega en la autenticidad del Santo Cáliz, al saber que históricamente estaba demostrado ser el mismo que usó el Salvador en la última Cena, saboreó una de sus más legítimas satisfacciones; había conseguido el primer triunfo en la magna empresa que se proponía.

Ahora bien, por la deficiente demostración que había hasta entonces de su autenticidad, así como también, por el percance que sufriera la reliquia en una de las ocasiones en que se sacara, en la que, por caérsele de las manos al Canónigo que la llevaba, se quebró en varios fragmentos, había entre el Cabildo cierta repugnancia en mostrarla a la pública veneración. Navarro, pues, se propuso desde entonces el desvanecer tales escrúpulos. Valióse de luminoso informe del Sr. Sanchis Sivera, y recomendando demostrando y exigiendo el culto que se debía dar a la reliquia insigne de la Pasión, consiguió del Cabildo, del Prelado y hasta del mismo pueblo tal adhesión y entusiasmo, que a los pocos años tuvo el consuelo de ver sus esfuerzos coronados por el éxito. Por acuerdo del Cabildo de la Metropolitana, y con aprobación del Prelado, se dispuso que la santa Reliquia se expusiese a la pública y diaria veneración de los fieles en la antigua Aula Capitular de la Basílica.

Valeriano Menéndez Conde, Cardenal-Arzobispo de Valencia

Con extraordinaria solemnidad y aparato celebróse la fiesta del traslado del Santo Cáliz desde el relicario existente en la Aula Capitular moderna a la antigua, el día 6 de enero de 1916. Ofició de Pontifical el Sr. Arzobispo Sr. Menéndez Conde y ocupó la sagrada cátedra el Dr. D. Justo Martínez Alcaine; acto seguido tuvo lugar la procesión claustral, a la que concurrieron todos los Cleros de la Capital quienes alternaron con la Capilla de Música de la Basílica el canto del Credidi. Para dicho acto estrenóse el motete “Calicem quem benedicimus”, obra del Mtro. Juan Bta. Pastor[41], dedicado al Sr. Deán, y al terminar el traslado, rememorando la antigua costumbre carcagentina de pasar rosarios y objetos piadosos por la imagen de la Patrona, hizo también Navarro, se permitiera que pudiera tocarse la Reliquia con objetos piadosos, contribuyendo de esta manera a activar la devoción de los fieles.

Con la exposición del Santo Cáliz a la veneración pública vino también la necesidad de propagar su devoción. Navarro quería que la Reliquia fuera conocida de todo el mundo y se dispuso a realizar cuantos sacrificios fueran necesarios para conseguir su objeto. Mandó imprimir estampas, acuñó medallas, hizo una gran tirada del ejercicio devoto que compuso, titulado “Visita al Santo Cáliz de la Cena” y cuando se disponía a hacer enorme tirada de nuevas estampas y medallas en varias casas alemanas para producir una verdadera inundación de las mismas en Europa y América, vino la Guerra Europea y con ella el entorpecimiento de comunicaciones que desbarató su vasto proyecto.

No le aminaló este contratiempo, y esperando días mejores, continuó trabajando en, la difusión de esta devoción, atemperándose al pequeño campo de acción que le era dable usar. Celebráronse numerosas y extraordinarias Comuniones generales en la Capilla del Santo Cáliz, a la que concurrían semanalmente y por orden de Parroquias, las varias Asociaciones establecidas en las mismas, hizo que el Cabildo costeara un trono de gloria, sobre el que debía colocarse la Reliquia, con el que se adornó el nicho de piedra alabastrina que existe en el Aula capitular antigua, rogó a los Prebendados Sres. Sanchis Sivera y Olmos Canalda que escribieran sendas reseñas de la Reliquia en los periódicos, como así lo hicieron en “Las Provincias” del 6 de enero de 1916 y el “Diario de Valencia” de la misma fecha, lo mismo también que el artículo histórico de la revista “Blanco y Negro” del 16 del mismo mes, ilustrado con profusión de grabados de indiscutible mérito; mandó traducir al valenciano el Himno oficial del Congreso Eucarístico que imprimió y repartió profusamente entre los fieles; rogó al P. Calasanz Rabasa compusiera un Himno del Santo Cáliz, que se publicó en el “Diario de Valencia” del 14 de septiembre de 1916 y en los Juegos Florales de Lo Rat Penat de dicho año, a insinuación suya, presentóse un trabajo relativo al Santo Cáliz, titulado “Misteri d’amor” que fue premiado.

Y para que la obra fuera completa, quiso dar a esta devoción la mayor importancia, congregando alrededor de la Reliquia a toda la Nobleza valenciana. A tal efecto, fundó la Hermandad del Santo Cáliz en la que solo podían figurar los nobles, y en ella se inscribieron todos los títulos de la capital levantina. Entre las prerrogativas que se concedieron a esta Hermandad naciente, figura el privilegio de poder sentarse sus Hermanos juntamente con los Prebendados en la vía sacra.

En 1 de mayo de 1919, con motivo de las fiestas centenarias de S. Vicente Ferrer, vino a Valencia S. A. R. la Infanta Isabel, y al penetrar en la catedral, donde le esperaba la Hermandad del Santo Cáliz, después de haber recibido del Deán el agua bendita, penetró en la capilla donde se venera la Reliquia, donde, después de breve oración, besó el santo Graal pasando luego su rosario por el pie del mismo.

La munificencia del culto que quería implantar en la capilla de la Reliquia hizo que pensara en la necesidad de poner a un sacerdote dedicado a su servicio, así como también gestionar que todas las peregrinaciones que nacieran o pasaran por Valencia hicieran la visita oficial al Santo Cáliz; más aún, para consagrar al culto de la Reliquia la piedad del pueblo valenciano, avalada por la jerarquía, los muchos Obispos valencianos que en aquel entonces ocupaban varias diócesis tuvo la idea de construir una lámpara gótica que había de colocarse en la capilla y de la que solo existen tres ejemplares en el mundo. Encargo el boceto al artista valenciano Sr. Aixa[42]. Según este, dicha lámpara tendría tres metros de diámetro con una corona de cincuenta centímetros de altura. En dicha corona, dividida en cinco secciones, y sobre afiligranados doseles, se colocarían las imágenes policromadas de santos valencianos; dichas secciones se dividirían por los 7 escudos de los otros tantos Prelados oriundos de Valencia. Los santos serían costeados por los feligreses de las parroquias en que fuesen venerados para lo que contribuirían con donativos no mayores de diez céntimos, a fin de que todos pudieran contribuir a la realización de tan grandiosa obra de arte. A pesar de haber sido terminados los planos Navarro, no pudo realizar tan bello pensamiento, pues penosa enfermedad que le llevó al borde de la tumba, dejándole medio paralítico, se lo impidió. Sin embargo, allá en su retiro de Carcagente continuó pensando en la devoción de su amada Reliquia; hízola pintar a su lado en el último retrato que le hicieran y recomendó muy eficazmente que a los bautizados se añadiera el título de Santo Cáliz al nombre que se le impusiera.

5. Homenajes. No fueron pocos los homenajes que se tributaron a Navarro en el transcurso de su larga y azarosa vida; fue el explícito reconocimiento a su bondad y actividades, y ¡cosa rara! se le tributaron unánimemente y con general aplauso, y es que nunca tuvo enemigos. Fue el primero de ellos el que le dedicó el propio Cardenal Barrio, con motivo de la investidura de Doctor en Sagrada Teología, para premiar los relevantes servicios que había prestado a la iglesia valenciana durante la revolución de 1868. De este ya se hizo una descripción detallada al hablar de sus estudios, por la que puede colegirse la grandiosidad e importancia que revestiría, importancia que sube de punto al considerar lo desusado de la ceremonia y que nunca jamás se a vuelto a repetir después de aquella ocasión.

Siguióse luego el de Benahadux, el pequeño pueblecillo de la capital andaluza. Benahadux, en efecto, había sentido en harta frecuencia las tiernas muestras de prodigalidad. Cuantas necesidades habían sentido sus habitantes habían sido satisfechas por la caritativa mano de Navarro, y si un día faltaba casa para el Párroco, solo él era el encargado de labrarla; y si otro faltaba escuela para los niños, el bondadosa Arcediano se encargaba de remediar esta deficiencia. A tal cúmulo de bondades no pudo menos de corresponder dignamente el pueblo, y así no contento en declararle Hijo adoptivo de la población quiso perpetuar su nombre; para ello, por acuerdo tomado en el Ayuntamiento, dióse a la calle y plaza de la Constitución una grata y altisonante dedicatoria, la de Paseo de Navarro Darás.

Por su ascenso al Deanato de Valencia disponíase a dejar la capital andaluza y la población, reconociendo la intensa y beneficiosa labor que en la misma había desarrollado se dispuso a testimoniarle su simpatía por medio extraordinario festival de amor. Nombróse para ello una Comisión organizadora presidida por el Prelado de la Diócesis, y después de una serie de artículos publicados en la prensa de aquella capital por uno de sus más entusiastas discípulos, el Sr. D. Vicente Villaespesa Calvache, se organizó el homenaje. El día de la partida publicó el diario “La Independencia” de aquella capital, un número extraordinario en el que estamparon sus firmas y pensamientos cuanto de notable y distinguido había en Almería; acudió la Corporación Municipal bajo mazas a despedirle al puerto y entre los prebendados, amigos y gran concurso de humildes marchó Navarro hacía Valencia, mientras la Banda Municipal, que había concurrido al acto, con sus alegres sones dábale el postrer adiós, ahogando los sollozos de los que quedaban. Abrióse una suscripción y con el producto de ella labróse un primoroso álbum donde los almerienses fueron estampando sus firmas como prueba de su afecto y reconocimiento; luego se le remitió a Valencia. Dicho álbum, encerrado en lujoso estuche de dos cierres va encuadernado de rico tafilete; lleva cantoneras y cierre de plata y sobre su cubierta ostenta una hermosa placa del mismo metal con aplicaciones de oro, que se ve coronada por el escudo de Almería y los simbólicos ramos de laurel y olivo; en el interior de dicha placa se lee la siguiente dedicatoria: “Almería al M. I. Sr. Navarro Darás. 11 de septiembre de 1912”. Si rico es el álbum en el exterior, no lo es menos en el interior, ya que cada una de las páginas es una primorosa obra de arte; en ellas se admiran acabadas acuarelas con alegorías de las virtudes, fundaciones y obras benéficas del homenajeado. Dicho álbum que Navarro conservó siempre como una de sus más preciadas joyas, pues que era el recuerdo viviente de la gratitud andaluza, a instancias de la Corporación Municipal de Carcagente, lo regalo para su Archivo, donde se conserva, juntamente con la pluma de que se valió para firmar la escritura de donación de terrenos para el Parque Escolar.

No dejaban de repercutir gratamente los triunfos de Navarro en su patria nativa que los celebraba en alborozo, enorgulleciéndose del hijo ilustre que tal fama le otorgaba. Por eso se sucedían los telegramas de felicitación de sus autoridades para entregarle a mano el mensaje de felicitación con motivo de su elevación al Deanato de Almería; por lo mismo repetiánse con harta frecuencia su nombre en términos encomiásticos en los libros de actas del Ayuntamiento, por este motivo, finalmente, el Clero de la parroquial iglesia acordó colocar su retrato en la sacristía, a cuyo acuerdo se opuso con tal entereza, como ya se dijo.

Hizo donación de sus campos al Ayuntamiento para que los destinara a Parque Escolar y la Corporación, reconocida, pensó dedicarle un homenaje, ante el defecto de no poder realizar otros pensamientos de glorificación por oponerse el propio Navarro. El homenaje consistió en la entrega del título de Hijo Predilecto de la Ciudad, y tuvo lugar en el día de su Santo. El pergamino en que estaba redactado el nombramiento, obra del artista valenciano Sr. Carot, tenía pintados a la acuarela varios motivos del renacimiento que enlazaban los escudos de la Ciudad, Colegio de S. Luis y de María Inmaculada, ambas fundaciones suyas, y en el centro se leía la siguiente inscripción: “La Corporación Municipal de Carcagente, reconociendo la grandeza de miras con que se inspiró siempre en pro de los intereses culturales de la Ciudad el Excmo. Sr. Deán de la Metropolitana Basílica de Valencia Dr. D. José María Navarro Darás, sabio fundador del Colegio Politécnico de S. Luis, incansable cofundador del de María Inmaculada y generoso iniciador y donante del Parque escolar de su nombre, viene a nombrarle, como preciado galardón a su patriotismo, Hijo Predilecto de la Ciudad. Carcagente 26 de agosto de 1921”.

Para la entrega del pergamino, el 19 de marzo de 1923 salió de la Casa Consistorial el Ayuntamiento bajo mazas, llevando dos alguaciles el nombramiento, que iba encuadrado en lujoso marco belga, y se dirigió hacía el domicilio del homenajeado. Ya en la casa y entre el entusiasmo del numeroso público que se congregó para presenciar el acto, el Alcalde Sr. Masip[43] dic lectura al título, haciendo inmediata entrega del mismo. A continuación hicieron uso de la palabra el Sr. Donat, el Cronista de la Ciudad y el propio Navarro, que con lágrimas en los ojos y visible emoción hizo gala de sus pensamientos, agradeciendo con tanto amor como ternura tan delicado obsequio. Con motivo del homenaje publicaron números extraordinarios los periódicos de la localidad “El Ramillete Parroquial” y “Juvenal”, quién insertó algunos de los artículos debidos a la genial pluma de Navarro.

 

VII

 

Últimos años de su vida

 

 

1. Muriendo y proyectando.- 2. El ocaso.

 

1. Muriendo y proyectando. La deficiente y harto quebrada salud de Navarro vino a sufrir un rudo golpe que le llevo al borde de la tumba con el ataque apopléjico de 1919. La larga postración en que le sumiera, le obligó, muy a pesar suyo, a pensar en el descanso. Gestionó pues, se le dispensara de la residencia a la Santa Sede, y así que lo hubo conseguido, marchó a su ciudad natal, instalándose en la casa de sus sobrinos Cuenca Navarro. Allí fue recobrando paulatinamente las fuerzas y cuando se creyó suficien-temente aliviado, comenzó una nueva vida de actividad consagrada al culto de sus fervientes amores patrióticos y a su propia santificación acompañado de algunos familiares, dirigíase a diario hacía la Parroquia para celebrar la Misa en la Capilla de la Patrona. Allí pasaba largas horas ocupadas en la oración y el rezo del santo rosario que computaba por el oficio divino que se le había dispensado a causa de la ceguera; y cuando volvía a casa, hacíase leer la prensa, interesándose sobremanera en el movimiento y política general de España y el extranjero, sobre cuyos acontecimientos tenía atisbos geniales y acertados juicios. No era poca, también, la satisfacción que le producían las vidas de las personas distinguidas y caracterizadas ya que con ello tomaba ocasión para explayarse sobremanera en sus anhelos y pensamientos; el tiempo pasaba insensiblemente mientras surgía de su imaginación las reformas locales con una ilusión pasmosa, mientras alababa a su solar bendito. Y era de ver como brotaba mágico influjo de su palabra un Carcagente rico y progresivo y optimista. Cuantas dificultades pudieran oponerse a sus anhelos los desvanecía rápidamente con sobradas y convincentes razones, y era tal el tono de convicción en que hablaba, que cuantos le oían quedaban subyugados por la seguridad de sus afirmaciones; dejándose arrastrar por su frase favorita: “Un loco hace ciento”.

Navarro tuvo la genialidad de despertar aptitudes dormidas y por ello consiguió uno de sus éxitos más rotundos, el de formar una generación de hijos ilustres y esclarecidos que tal importancia han venido a dar a Carcagente. Con el afán de que esta ciudad progresara en armonía a la constante evolución de los pueblos más adelantados, su imaginación calenturienta no cesaba de forjar proyectos y más proyectos que se acrecían y multiplicaban durante las largas horas de insomnio y en horas de soledad. Es verdad que sus medios económicos no le permitían realizarlos, pero gozaba en su planteamiento y desarrollo; sentía necesidad de comunicarlo a los amigos por si algún día alguno de ellos tocado por el mismo amor y entusiasmo, pudieran llevarlos a la práctica. Para que no caigan en el olvido, así como también para que siempre pueda patentizarse el amor y predilección con que Navarro distinguió a su ciudad natal transcribiremos algunos de los muchos proyectos de reforma y embellecimiento que ideó para Carcagente.

Junto a la línea del Norte y entre esta y las últimas casas de la población existe una porción de terrenos húmedos y de poco valor a los que dan vista los corrales de la calle de S. Vicente. El aspecto pobre y antiestético que presenta esta parte de la Ciudad, que por cierto es la única que se distingue desde el terraplén de la vía, produce una mala impresión de la misma entre los viajeros que a miles transitan a diario por tan importante línea. ¿Porqué, decía Navarro, no se urbanizan estos terrenos?. ¿Porqué no se forma de ellos una alameda y se establece una ronda paralela a la misma por donde podría desviarse el tránsito rodado que hoy irrumpe en la población con notable perjuicio de sus vías principales y no poco peligro de los viandantes?. El establecimiento de tal paseo obligaría a los dueños de las casas colindantes a que sustituyeran los vetustos corrales por hermosas fachadas, y la impresión que recibiría el viajero ante el espectáculo que ofrecía esta amplia alameda que se vería continuada por el realce y hermosura de los huertos que se suceden a lo largo de la línea férrea, sería imborrable. Bajo tal aspecto Carcagente se presentaría con los atavíos de las modernas y juguetonas ciudades que embelesan al viajero al mostrarle el alma por los ojos.

Frente al Colegio de María Inmaculada existe una irregular manzana de casas que viene a constituir un taponamiento para el numeroso tránsito que procedente de los huertos del término y de Gandia se dirige hacía esta población, sin contar el pobre aspecto que presenta con su irregularidad y modesta construcción de las viviendas; pues bien, Navarro, deseoso de que se diera el ensanche necesario a este punto y se urbanizara su situación, consiguiendo una hermosa perspectiva del Colegio que se levanta frente al mismo, ideó e inculcó el pensamiento de un jardín; se emplazaría en el lugar que ocupan las casas de dicha manzana y además de los árboles y alumbrado conveniente se le dotaría de varios bancos. Mandó hacer un proyecto, gestionó del Ayuntamiento su aprobación y realización, pero como la situación del erario público no era bastante desahogada, no pudo realizarse.

Existe en el Valle de Aguas Vivas, muy próximo a Carcagente, un campo denominado de la Mare de Deu, en el que existe un olivo bajo el que, según la tradición fue hallada N.ª S.ª de Aguas Vivas, Patrona de dicha población. Dicho campo se halla desde ya hace muchos tiempo en lamentable estado de abandono, y Navarro movido de su ferviente devoción a dicha Imagen pensó en urbanizar dicho terreno mediante el desarrollo de un vasto y genial proyecto. Según este se enajenarían algunas parcelas de terreno colindante y en el área resultante se emplazaría, en recinto cerrado, un cementerio para devotos de la Virgen y junto al mismo y en el propio terreno donde se halla emplazado el olivo se erigirían los quince casalicios para los otros tantos misterios del rosario; bancos y andenes completarían el adorno de esta sección, que se uniría al camino de Gandia por amplia avenida sombreada por árboles de hoja perenne. Comisionó a uno de sus sobrinos para que adquiriera los campos necesarios y obtuvo de la familia Jofre la cesión del campo del hallazgo; pero surgieron no pocas dificultades y no pudiendo resolverlas de por si, pues había de valerse de sus familiares, hubo de abandonar el proyecto. En su consecuencia, el campo de la Virgen fue devuelto de nuevo a sus últimos dueños.


Romería al Valle de Aguas Vivas en 1921

Con motivo de la grandiosa Romería que celebraron los carcagentinos en 1921 para visitar el Valle de Aguas Vivas, donde se hallan emplazados el mencionado campo y el Convento de Agustinos donde por tanto tiempo se veneró la imagen de su Patrona, gozó el Deán, que quiso asistir a tal acto, una de las emociones más puras y tiernas de su vida; por este motivo decía al terminar aquella jornada gloriosa que: “Había sido para él, este día el más feliz de su vida”. Pues bien, encantado de la belleza y sublimidad de esta manifestación, pensó en instituir una fundación para que por quinquenios se celebrara dicha Romería al Valle. Cuanto pudo ahorrar dedicólo a la compra de acciones de un Banco de la localidad, pensando que con los dividendos podría asegurarse la celebración de este su proyecto; pero vino la quiebra de dicha entidad bancaria y en sus ruinas arrastró el capital ahorrado y el proyecto.

Las bodas de plata de su ordenación sacerdotal, a pesar de hallarse en Almería fueron celebradas en Carcagente con alegre concierto musical que tuvo lugar frente a la casa de su hermano Francisco. En las de oro hallábase en su ciudad natal puesto que tuvieron lugar en 1920. Para la celebración de las mismas había ideado antes de que le sorprendiera el ataque apopléjico, una hermosa y popular fiesta. Aparte de la solemnidad religiosa habría algunos festejos populares, entre ellos pasacalles de dulzaineros y bandas de la localidad con disparo de varias tracas. Así mismo saldrían de varias ermitas e iglesias siete rosarios que concurrirían a la vez al templo parroquial. Su pensamiento no pudo realizarse; el ataque de apoplejía le postró en cama imposibilitándolo por más de un año, y cuando llegó el día, ya trasladado definitivamente a su ciudad natal, celebróse sencilla y conmovedora ceremonia de la que fue protagonista aquel simpático viejecillo, arrancado no ha muchos meses de los brazos de la muerte. Celebró la Santa Misa en la capilla de la Patrona, ayudado del Cura D. Tomás Aracil[44] y el Decano-beneficiado D. José Noguera investidos de pluvial; a la comida sentó a su mesa a dos estudiantes carcagentinos, hoy sacerdotes: su sobrino D. Eladio España y D. Salvador Fons[45], y al terminar y como recuerdo de este su feliz día, les donó dos de sus mejores ornamentos: el sobrepelliz de nipis que en tanta estima tenía y el capirote de doctor en Derecho Canónico. Pasó su vida, dando al que necesitaba, y por eso quería terminar de la misma forma. Mucho antes de morir dic a los suyos cuantos muebles y ropas tenía, y tan pobre quedó, que hubo de pedir de prestado el sillón en que descansaba y la estola para recibir los últimos Sacramentos.


El Deán Navarro Darás

Cuantas solemnidades se celebraron en Carcagente fueron abrillantadas por su presencia, sin que pensara jamás en los achaques y accidentes que pudieran sobrevenirle por eso acudía a las procesiones con hábitos corales acompañando a las imágenes hasta que le pedían las fuerzas a los pocos pasos; y cuando ya casi imposibilitado no se sentía con valor para andar este pequeño recorrido, rendía pleitesía y homenaje desde la puerta de su casa de pie y adornado con sus mayores distinciones, mientras sosteníanlo por los brazos dos de sus familiares. Fue amparador de toda empresa noble y desinteresada y nunca dejó de prestarles ayuda a medida de sus fuerzas. Contribuyó como el primero de los accionistas al espacioso Campo de Deportes que se levantara en dicha ciudad, donó su biblioteca al Círculo Legitimista para instrucción de los socios, bendijo la capilla e imagen de N.ª S.ª de las Tres Avemarías, devoción exótica introducida en el ex-Convento de S. Francisco, bendijo e inauguró la suntuosa escalera del Hospital Municipal y cuando, finalmente, Carcagente quiso dar una muestra de su cultura, organizando los Juegos Florales de 1915 y 21, convirtióse Navarro en su más entusiasta y decidido propulsor. 

2. El ocaso. Tiempo hacía que Navarro se preparaba para la muerte. Con virtud acrisolada y resignación santa había visto acercarse la parca hasta muy cerca de si mismo, pero nunca la había sentido tan próxima como en los últimos años de su vida. Por eso pensaba de continuo en las postrimerías humanas, cuyo pensamiento traslucía en sus escritos y conversaciones; así se explica que escribiera a su sobrino España por este tiempo, manifestándole las inquietudes y temores acerca de su fin último. Su vida metódica y tranquila, entregada a la piedad por completo no tenía más contratiempo que el que le producía el paro forzoso, ocasionado por su extenuación y achaques. Pensó que iba a morir y se abrazó a este último paso como se abrazara en los años juveniles a uno de sus proyectos más ardorosos. Miró a la muerte y la deseó con cariño; su carrera estaba terminada; tenía ya pues, bien ganado el descanso. Por eso en las largas horas de soledad dejaba correr su pensamiento que se encariñaban con esta idea para concretarla en sentidos versos: 

“La muerte fue para el viejo

siempre su maestra y guía;

para el joven sin consejo

es verdugo de su vida”. 

Esta y otras composiciones poéticas no menos bellas, fueron halladas entre sus papeles después de su muerte.

Hombre sumamente sufrido, evitó cuanto creía que pudiera molestar a los suyos, abdicando de sus costumbres y manera de ser distinguida; y para que nada hubiera de preocuparse la familia después de muerto, procuróse cuanto era necesario para este trance, sin que llegaran a enterarse los suyos. La segunda mortaja, puesto que la primera la regaló con motivo de su elevación al Deanato de Almería, la confeccionaron las religiosas del Colegio de María Inmaculada. Encargó la ataúd para guardarla en casa como armario de su ropa hasta el momento en que fuera necesaria para depositar su cadáver, y hasta escribió una breve composición poética para que se grabaran en su lápida funeraria. Tal composición es como sigue: 

“Sin querer ni no querer

Nacemos y hay que vivir,

Vivimos y hay que morir,

Y envidie el que más viviere

A quien más pronto y bien muere

Que esto solo es gran saber”. 

Estando en Almería y por la gran devoción que profesaba al santo Obispo Orberá, mandó labrar su panteón junto al de su bienhechor, en la cripta del Colegio de las Concepcionistas. Dicho panteón pensó instalarlo en el cementerio de Carcagente cuando se trasladó a Valencia, pero ante la dificultad y excesivo coste, desistió de la empresa.

En 24 de febrero de 1922 otorgó testamento y en 31 de julio de 1924 volvió a otorgar otro. En este último confirmaba la mayoría de las cláusulas del primero y añadía otras nuevas, entre otras, la cesión de terrenos para Escuelas Graduadas y el establecimiento de la Fiesta del Árbol. Tres meses después caía anonadado en el lecho del dolor para ya nunca más levantarse. A este propósito decía el diario “Las Provincias” en el artículo necrológico que publicó al día siguiente de la muerte de Navarro: “Desde octubre pasado que dejó de celebrar la santa Misa, pero comulgaba con mucha frecuencia. Las cinco enfermedades crónicas que venía padeciendo minaron su existencia y el día 30 de marzo, al anochecer, el Cura párroco D. Salvador Faus, acompañado del Clero y numerosos seglares, le administró el Santo Viático y Extremaunción. Los recibió con resignación y emoción santa. El domingo pasado ya no pudo comulgar, y ayer lunes, a las seis de la mañana, sin agonía, con la paz de los justos, entregó su alma al Señor”.

El 5 de abril de 1925 dejó de existir el Hijo Predilecto de Carcagente, el sabio y virtuoso Deán de la Metropolitana Basílica de Valencia, sumiendo a la población y a cuantos habían tenido el consuelo de tratarle en la mayor tristeza. La noticia cundió como reguero de pólvora por toda la Ciudad, acudiendo por grupos incesantemente cuantos le habían conocido y recibido beneficios de su mano, que a no dudar era toda la población; era el último homenaje de admiración y respeto que le tributaban. No tardó a divulgarse entre el pueblo la noticia de que había legado todas sus tierras para la construcción de Escuelas y Parque Escolar, y ello hizo que acreciera aquella manifestación de gratitud que comenzaba a manifestarse en tan extraordinaria forma. El Ayuntamiento tomó a su cargo los gastos del entierro y cuantas cartas, telegramas y esquelas mortuorias fueran necesarias. Al día siguiente a las 11 de la mañana, organizóse la fúnebre comitiva en la casa mortuoria situada en la calle de Mendizábal[46], y a ella asistieron la Corporación Municipal bajo mazas, una representación del Cabildo Metropolitano, los niños de las escuelas nacionales y municipales, nutridas representaciones de todas las entidades de la población y gran número de amigos y admiradores suyos, venidos para este triste acto.

El duelo se despidió a la puerta del templo de María Inmaculada, descansando el cadáver entretanto dentro del recinto sagrado, sin embargo siguieron todos tras aquellos venerandos restos para acompañarlos hasta el mismo cementerio. Era el postrer tributo de admiración que le tributaba Carcagente y no quisieron sus hijos desertar del puesto de honor.

Pocos días después, celebróse suntuoso funeral en la Parroquia al que acudió la población en masa. No muchos días después, recibió la familia del finado la copia del acuerdo tomado por el Ayuntamiento de Benahadux. El pueblecillo hospitalario, objeto del amor y cariño de Navarro pagábale aún después de muerto con la gratitud más sincera; por acuerdo de la Corporación Municipal se había celebrado un solemne funeral en la Parroquia al que había acudido toda la población para rogar por su alma. Entre todos, y aunque pequeño, supo distinguirse este pueblecillo como el mejor.

Con la muerte de Navarro perdió Carcagente una de sus glorias más legítimas y positivas. El encumbramiento moral y espiritual a que esta población había llegado a él se debe. Sus hijos ilustres, el desentrañamiento de la historia, los varios establecimientos de cultura, las nuevas modalidades del progreso fueron obra de su actividad incesante animada por el sacro fuego del patriotismo: Corazón valeroso con temple de acero y voluntad intrépida, cuanto se propuso y podía redundar en beneficio de los suyos no tardó en llevarlo a la práctica. Más quisiera haber hecho por Carcagente pero una deuda de gratitud que le impusiera un hombre todo virtud y bondad le tuvieron apartado por largos años de su patria nativa, mas ello no sirvió sino para publicar más altamente las glorias de los carcagentinos esclarecidos.

Murió Navarro, pero su memoria se conserva fielmente como uno de los recuerdos más piadosos en el alma popular; su cuerpo fue encerrado en lujoso ataúd que le regalaron los señores del Concejo, y cuando al contemplar dentro del féretro los entecos restos que con titánica energía tales prodigios supieron realizar en vida, no pudo menos de venir a nuestra mente aquella hermosa composición escrita en el aposento del Escorial donde falleciera Felipe II: 

“Fue tan alto su vivir

Que solo en alma vivía

Y apenas cuerpo tenía

Cuando acabó de morir”.

 

 

 

SECCIÓN DOCUMENTAL

 

I

 

Partida de Bautismo

 

En la villa de Carcagente, yo don Pascual Rubio, vicario de esta Parroquia bauticé solemnemente a José María Navarro que nació el día 8 de diciembre a las 8’30 de la noche, es hijo de Antonio y de Mariana Darás; abuelos paternos Tomás Navarro y Josefa Alborch; ídem. Maternos: Juan Bautista Darás y María Rosa Catalá, todos de ésta; el bautizo se celebró en la Parroquia de la Asunción, siendo padrinos José Armengol y María Rosa Carmona a quienes advertí el parentesco espiritual y obligación que por él contrajeron de enseñarle la doctrina Cristiana; y para que conste extendí y autoricé la presente partida en el libro de bautizados a los nueve días de diciembre de 1845.- Pascual Rubio, Vicº. Rubricado. 

(Archivo Parroquial de Carcagente. Libro de Bautismos de 1845, folio 34)

 

II

 

Mensaje dirigido por Carcagente a Navarro con motivo de su elevación al Deanato de Almería

 

Al M. I. Sr. Dr. D. José María Navarro Darás, Canónigo Deán del Cabildo de Almería.

Ilustrísimo Señor: El pueblo de Carcagente ha recibido con inmenso júbilo la noticia de vuestro nombramiento de Deán de esa ilustre Corporación y ruega al Altísimo os conceda largos años de vida para desempeñar tan elevado cargo. Los hijos eminentes honran a la patria en que nacieron y este pueblo, que para dicha suya, fue vuestra cuna, se siente orgulloso de encontrar entre los suyos al esclarecido varón que ha sido agraciado por parte del Gobierno de S. M. con el nombramiento de un cargo que tan distinguidamente os corresponde y que sabréis desempeñar con el acierto de los grandes hijos de la Iglesia, cual registeis los centros de ilustración que aquí fundasteis. Recibid Ilustrísimo Señor el parabién afectuoso que este pueblo os envía por nuestro conducto. Carcagente 20 de julio de 1909. Alcaldía Constitucional, Rectorado de la Parroquia de la Asunción, Juzgado Municipal, Círculo “La Unión”, Esperanta Grupo, Sociedad musical “La Primitiva”, Sindicato Agrícola, Sociedad “El Porvenir”, Sociedad “Cooperativa Obrera”, Unión de Trabajadores “La Progresiva”, Juventud Artística, Solidaridad Cooperativa de Albañiles, Junta Administrativa y de Gobierno de la Acequia, Círculo Católico, Sindicato de la Comunidad de Labradores, Casino Carcagentino.


III

 

Carta contestación de Navarro con motivo del precedente Mensaje

 

Sr. Alcalde de Carcagente.

Muy señor mío: Siempre es grato a un hijo recibir las caricias de una madre, pero cuando ese hijo es bien nacido y ve honrada en él y por él a aquella madre cariñosa, entonces goza plenamente de doble felicidad: de la propia y de la de su madre.

Este, precisamente, ha sido el goce inefable que V. S. me ha proporcionado con su estimado mensaje de felicitación por mi promoción al Deanato de esta Santa I. Catedral.

Como representante de mi patria querida, ha asumido V. S. los benévolos sentimientos de mis paisanos y me ha colmado de honor y nobilísimos afectos. Pero como más hace el que siente que el que piensa, con tal expresiva forma lo ha efectuado que su realce excepcional ha cautivado la admiración y simpatías de esta culta capital en favor de esa Villa amante de sus prestigios y timbres; contribuyendo con ello a entusiasmarla más y más en el general aplauso con que han coronado mi toma de posesión de la primera dignidad capitular.

Al ver aquí los patrióticos acuerdos de esa Ilustre Corporación Municipal; su artístico, sentido y altamente inspirado mensaje de felicitación; la animosa comisión popular que en peligroso sport se ha impuesto tantas molestias por la complacencia de traerlo a la mano; y al admirar en él la unánime concurrencia de todas las Sociedades, Círculos y Centros de acción social que revelan la cultura de un pueblo ilustrado, todo ese conjunto de armonías cívicas le ha presentado a Carcagente con los esplendores e importancia de una ciudad digna de los predicamentos más lisonjeros.

La Comisión portadora del mensaje ha dado ya cuenta a V. S. de como se le ha obsequiado desde que puso pie en territorio de esta Diócesis hasta que lo levantó para regresar a su país.

La pleitesía de tanto homenaje tributado a mi Madre-Patria en la representación de sus Comisionados, me ha ufanado y hecho más feliz que las innumeras distinciones dispensadas a mi humilde persona que no ha hecho otro papel que el de causa ocasional de tan justas revelaciones para que nuestra privilegiada Villa alcance el relieve social que se merece no bien conocido hasta el presente.

También la prensa periódica de la capital, sin distinción de matices políticos ha tomado parte muy principal en esta especie de plebiscito de simpatías y le habrá informado de la inusitada solemnidad que se ha dado a este acto ceremonial, y últimamente para satisfacción de V. S. tengo el honor de acompañar copia del Acta Capitular, donde se da detalle y fe de mi toma de posesión en términos tan desacostumbrados como honrosos.

Con tan grato motivo reitera a V. S. las seguridades de su más profundo reconocimiento su affmo. capn. y paisano que les desea todo bien. José María Navarro. Almería 25 de agosto de 1909.

 

IV

 

Dedicatoria del álbum con que le obsequió Almería al partir para Valencia

 

Ilmo. Señor: No sintiéndose satisfechos sus amigos y admiradores con la honrosa y merecidísima distinción que el Excmo. Ayuntamiento le otorgó el dar su nombre a una de las calles de esta Ciudad, unánimemente convinieron en ofrecer a V. S. un obsequio con el cual pudieran expresarle los sentimientos de amistad, amor y veneración que por V. S. sienten sus corazones. Y como juzgaron que con ninguna otra cosa, aunque fuese de más valor, podrían llegar a este fin, determinaron ofrecerle sus propios nombres, contenidos en un álbum.

Claro está, que mucho más merece el ejemplar y venerable sacerdote, el publicista insigne, el ciudadano probo y benemérito, el bienhechor incansable de los pobres, el despreciador de altas y merecidas dignidades, el que no omitió sacrificio alguno de energías, de fortuna, de vida, para realizar en esta Ciudad una labor inmensa y prodigiosa en pro de la cultura, de la beneficencia y de la religión; pero aunque nuestra ofrenda no responda a los merecimientos de V. S., no dudamos de que habrá de satisfacerle; porque las letras de los nombres que aparecen aquí insertos van como soldadas con el calor de nuestro cariño, calor que ciertamente habrá de percibir el alma de V. S. cuando en las horas tristes de su vida hojeé las páginas de este álbum.

Dígnese V. S. aceptarlo, viendo con él, más que su valor material, su inmensa moral significación. Es un homenaje con el cual honramos a V. S. y nos honramos lo enaltecemos y nos enaltecemos; porque si con él se demuestra la excelsitud de las virtudes de V. S. también se descubren nuestros laudables sentimientos. Bien sabe V. S. lo que Plotino dijo: “Para entender la hermosura es necesario ser hermoso”. Si nosotros hemos llegado a comprender la grandeza de V. S. buena prueba damos con ello de que no somos pequeños.

Tenga V. S. en cuenta esta consideración y ella le servirá de estímulo para que se decida a recibir benévolo nuestro obsequio. Vicente Obispo de Almería, Braulio Moreno Alcalde de la Ciudad, Ramón Laynez Comisario Regio de Fomento etc. etc.

 

V

 

Acta de la Sesión Municipal de Almería de 9 de septiembre de 1912

 

Yo, el secretario del Excmo. Ayuntamiento de esta capital.

Certifico: Que en la sesión ordinaria celebrada por esta Corporación Municipal en el día de hoy, fue leída la siguiente moción del Excmo. Sr. Alcalde Presidente.

Excmo. Sr.:

Los altos prestigios personales del M. I. Sr. Dr. Don José María Navarro Darás, Deán de esta Santa Iglesia Catedral de Almería y electo para la misma Silla de la Metropolitana de Valencia, su amor a la enseñanza, su generosidad para con los desvalidos, sus brillantes iniciativas al frente del Monte de Piedad, cuya gerencia ha desempeñado, su prudencia, su cultura y su virtud, la afabilidad de su carácter y su modestia ejemplar, han logrado inspirar a nuestro pueblo una muy sincera e intensa simpatía.

Próximo el día en que el ilustre sacerdote ha de abandonar nuestra ciudad para tomar posesión de su nueva Prebenda, la Alcaldía presidencia, cree obligado proponer a V. E. se rinda un homenaje de afecto y consideración a quien ha ejercido entre nosotros tantas y tan meritorias virtudes, y a este efecto tiene el honor de proponer a V. E. se sirva acordar:

1º. Que los señores Concejales como representantes legítimos de la ciudad asistan al acto solemne de despedir al ilustre viajero.

2º. Que la banda de música municipal asista al mismo acto, para rendir al Prebendado los honores debidos a su alta jerarquía.

3º. Que se de el nombre de Navarro Darás a la calle de la Hermosura, donde se halla instalada la Caja de Ahorros del Monte de Piedad, cuyo florecimiento es debido principalmente a la brillante gestión del insigne sacerdote.

4º. Que se consigne en acta el sentimiento de la Corporación por la ausencia del Sr. Navarro Darás.

Casa Consistorial de Almería a 9 de septiembre de 1912. Braulio Moreno.

También certifico: Que la moción presente fue aprobada por el voto unánime del Ayuntamiento en la sesión referida. Y para hacerlo constar en forma auténtica expido la presente certificación, por orden del Sr. Alcalde Presidente y con su visto bueno y sello, y le firmo en esta Ciudad de Almería a nueve de septiembre de mil novecientos doce. David Estevan. Vº Bº Braulio Moreno.

 

VI

 

Carta del Ministro de Hacienda a Navarro en 1912

 

El Ministro de Hacienda. Agosto 13/912.

Ilmo. Sr. D. José M.ª Navarro Darás. Mi querido Deán. Puesto que Vd. no ha querido ser Obispo ya no se lo llamaré más.

Su carta dietario nos ha llenado de inmensa satisfacción, porque palpitan en ella una alegría tan grande, un bienestar tan hondo, que espero en Dios ha de producirle el traslado y las demostraciones de afecto que esos fenicios le prodigan ahora, beneficiosos efectos en la salud y una larga vida.

Me decía ayer el Ministro de Gracia y Justicia que la opinión es tan unánime en su favor, que él mismo ha recibido felicitaciones por lo acertado del nombramiento. Alguna vez se habían de reconocer públicamente en este planeta los merecimientos de la virtud, del sacrificio, y no digo del talento por que Vd. no lo ha tenido al enterrarse durante 36 años en esa tierra, dejando en ella el patrimonio, fortuna, y quien sabe si hasta el honor.

Nuestra alegría iguala a la suya, y no le pido sino que los dos telefonemas adjuntos sean el anverso y reverso de un cuadro que tendrá Vd. en su despacho para perpetua memoria: el primero representa la desconfianza de Vd. en el mejor de sus amigos, su casi hermano; el segundo el triunfo de la justicia sobre las armas tenebrosas de la influencia.

Y allá va un abrazo muy cariñoso de su amigo. Navarro Reverter.

 

VII

 

Carta del Ministro de Hacienda al Obispo de Almería

 

El Ministro de Hacienda. Julio 31/912.

Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo de Almería. Mi querido amigo: Recibo su sentido telegrama y comprendo muy bien el sentimiento que ha de causar a Vd. la separación de su virtuoso y sabio Deán. Pero recuerdo muy bien que en una de nuestras conversaciones, para mi muy gratas, que celebramos en Madrid durante su breve estancia, me habló V. con tan noble desinterés y con tanta cristiana abnegación de este asunto que sus palabras encadenaron mi gratitud y llegaron a conmoverme. Sacrificaba Vd. su quietud, su descanso y la tranquilidad de su espíritu en el gobierno de la Diócesis a la salud, harto quebrantada, de nuestro querido Navarro Darás, y ahora que hemos tenido la suerte de encontrar en él una situación libre de las pesadumbres y compromisos de una mitra y al propio tiempo tan honrosa y elevada como es el Deanato de la metropolitana de su propia tierra, llega el instante de que Vd. se imponga aquel sacrificio, que Dios premiará como lo hace con toda obra buena. Entretanto y siempre, sabe que le estima y le admira su muy afmo. amigo q. b. s. m. Navarro Reverter.

 

VIII

 

Carta del Obispo de Almería a Navarro

 

Obispado de Almería. 30-7-12.

M. Y. Sr. Deán.

Mi muy querido amigo: Ya ve Vd. como se van realizando las cosas según yo me temía. Desde luego vi que Vd. se marchaba de entre nosotros, con gran sentimiento mío, ahogándolo en mi pecho, porque comprendo que es en beneficio de Vd. el acercarse a su familia y patria chica y de gran honra para todos el que V. presida el Cabildo de aquella gran Basílica Catedral.

A mi si que se me presenta un problema difícil; pero, si Dios lo quiere, lo afrontaremos, El me sacará de cuantas dificultades se presenten. No es pequeña la del Deanato; para mi es más grave el nombramiento de un Provisor de confianza. Que sean competentes algunos Iltres. Capitulares, no lo dudo; que aún entre el Clero parroquial hay algunos capaces de desempeñar tan importante cargo lo se; pero que lo quieran llevar con el celo, lealtad y acierto, con que V. lo ha hecho durante tantos años puede ser que los haya, pero no lo espero. ¡Ojala me equivoque!

Antes de ayer escribí al Sr. Arzobispo de Valencia, ya puede V. figurarse en que sentido. Bendícele su afmo. El Obispo.


IX

 

Carta de Navarro al Deán Fogués sobre cierto Homenaje

a Hijos ilustres de Carcagente

 

El Provisor y Vicario general de Almería. 4/912 junio.

Sr. D. José F. Fogués. Carcagente. Mi queridísimo amigo: Me agradan tus iniciativas patrióticas y siempre la he secundado con el mayor entusiasmo. Consecuente con mis espontáneos sentimientos, te escribí ayer asociándome en absoluto al homenaje que tratáis de ofrecer a nuestros ilustres paisanos D. Julián Ribera y D. Modesto Cogollos por sus extraordinarios triunfos últimamente alcanzados en sus carreras.

Todo me parece muy bien y reitero mi aplauso. Pero si no te causara molestia y mi opinión fuese oportuna, yo quisiera que en prueba de nuestra alteza de miras se ampliase a nuestro honorabilísimo paisano D. José Hernández Cogollos, que hace poco ha sido ascendido a Comandante, grado que pocos carcagentinos han escalado.

En caso de vuestra aprobación se le podría invitar al homenaje y de no poder concurrir personalmente que delegase su representación en su hermano Cándido.

Dispénsame esta impertinencia en gracia al espíritu de entusiasmo patriótico que la inspira. Tuyo afectísimo que te desea todo bien y se encomienda a tus oraciones. José María Navarro.

 

X

 

Cláusula C) de su último testamento

 

Deseoso de contribuir aunque sea en parte mínima al embellecimiento, higiene y obras públicas de Carcagente, lega en perpetuo y absoluto dominio a su Ilustre Ayuntamiento todo el terreno actualmente en propiedad del otorgante y el que en lo sucesivo pudiere pertenecerle, situado en el ensanche de esta población, comprendido entre el campo del Asilo de Nª Sª de los Desamparados y la vieta de Gandia, incluso el campito exterior de la curva de esta vía que ya el verano próximo pasado tuvo el honor el compareciente de ceder graciosamente de palabra y por mis misivas al señor Alcalde y Corporación Municipal para glorieta pública, juntamente con el interior destinado a Parque Escolar nacional o municipal.

Bien sabe el testador que este legado parecerá a muchos hoy por hoy ineficaz y estéril atendidas la potencia económica y marcha ordinaria que, salvas excepciones se han seguido hasta el presente la generalidad de nuestro municipio; mas no importa, pues no duda el otorgante que las mejoras públicas, el desarrollo de nuestra población y el avance de su cultura necesariamente exigen tarde o temprano, que se hagan porque la humanidad con sus vicisitudes prósperas y adversas camina infatigable hacía su perfeccionamiento moral y material y aquellos pueblos indolentes que no son los primeros en subirse al carro triunfal de la civilización y de los adelantos modernos quieran o no tendrán que marchar también por la fuerza irresistible del progreso general; pero marchan arrastrados de la culata de este y con el vilipendio de los de arriba. Por esta razón no se desanima el compareciente y confía que si el actual Ayuntamiento hace lo que puede otro después vendrá que hará lo que debe, tárdense veinte cincuenta o cien años porque veinte años para la vida de un pueblo es como uno para la vida del hombre: por cuyo atento y lo que ahora muy bien puedo es sencillamente plantar de eucaliptus todo el terreno, formando calles y plazuelas acomodadas al plano de urbanización y en espera de mejores tiempos cuidar de su crecimiento y vida para que, cuando llegue el deseado Ayuntamiento de propicias circunstancias no tenga mas que arrancar los árboles necesarios para emplazar las futuras construcciones populares o las que gradualmente haya lugar. Con esta ocasión se atrevería el testador a indicar al Ilustre Ayuntamiento que podría organizarse una gran fiesta infantil, alegre, muy simpática barata y altamente educativa cual es la Fiesta del árbol; para lo cual solo basta que con la protección del Ayuntamiento le sea encomendada al celo y entusiasmo que los maestros de vocación sienten por los niños.

Sin embargo, con el beneplácito de los señores maestros, se permite el testador plantar algunos jalones de tan alborozada fiesta, a saber: 1º El señor Alcalde ordenará quince días antes de la fiesta señalar, numerar y contar los hoyos que pueden caber en la plantación. 2º Dar cuenta de este número a los señores maestros para que estos por sorteo o elección nombren dos padrinitos para cada eucaliptus. 3º A estos padrinitos se les autorizará para plantar su respectivo arbolito, regarlo y cuidarlo como luego se dirá. 4º Con la antelación de un mes se reunirán los niños de las escuelas para aprender y cantar el Himno del Árbol, aprovechando para ello los domingos y jueves por la tarde sin perjuicio de que este ensayo se haga en cada escuela en particular. 5º También se dará oportunamente la partitura a la Música para concertarla con el canto de los niños. 6º En la víspera de la fiesta se abrirán los hoyos y mediante pregón se convocará a todos los niños para que al día siguiente y hora fijada concurran a la plaza mayor de la Ciudad a fin de formar allí la interminable ruta que se dirigirá al campo de la plantación, abriendo la marcha la bandera escolar de la clase de párvulos siguiendo las demás. 7º Como quizá los padrinitos no puedan formar dentro de la ruta llevando su respectivo arbolito se cargarán estos en carros empavesado y distribuidos de trecho en trecho en la ruta. 8º Mientras los maestros presidirán sus escuelas, una Comisión del Ayunta-miento acompañada del señor Cura Párroco o de quien este delegare, presidirán la totalidad de la ruta, cerrando con la Música de la Ciudad. 9º Una vez llegados al campo, se repartirán las parejas de padrinos cada uno en su hoyo y arbolito. 10º Punto seguido el Párroco o su delegado bendecirá con altar o sin él y conforme al ritual los arbolitos de la plantación. 11º Al tiempo de terminar esta la multitud de niños con la Música entonarán el Himno del Árbol y mientras tanto los padrinos con sus propias manitas y ayudados de algún hermanito o persona mayor plantarán el arbolito que les haya cabido en suerte. 12º A los padrinos se les autorizará para que alrededor del arbolito planten tablillas, cañas o listones para su defensa. 13º Se les concederá regar a sus arbolitos cuando sea necesario por un año solamente a cantaritos de agua, aunque el campo la tiene de pie a fin de que con esta gimnástica campestre de riego y juego se procure la higiene y desarrollo de sus energías físicas a par de que se logre que todos los niños de toda condición social y buena índole confraternicen desde la niñez entre si. 14º Para estimular a los niños al cuidado amor y respeto a los árboles podrían distribuirse al fin del año diplomas de honor para aquellos niños que más se hayan esmerado en el cultivo de su ahijado; este premio es de gran éxito si los maestros le acompañan haciendo a los niños la apología de los árboles que tan múltiples beneficios nos prestan vivos y muertos desde la cuna hasta el ataúd. 15º Y últimamente, terminado el canto del Himno del Árbol, terminara en un ¡Viva Carcagente! con el cual se dará por terminada la Fiesta del Árbol.

Si alguno dijere despectivamente que este boceto de fiesta es muy pueril le agradece la lisonja el otorgante porque ello será señal de que por lo menos esta vez ha estado acertado ya que la experiencia le ha demostrado que para el feliz éxito de la educación infantil hay que tener corazón de niño y cabeza de viejo.

Por otra parte, también el Ayuntamiento con alguna vigilancia podría hacer mucho en bien de los niños concediéndoles por de pronto este campo como heredad y lugar libre para sus juegos, quitándoles así de los peligros que tienen en las calles, de las molestias que con sus juegos ocasionan al vecindario hasta tanto que criados los árboles y adquiridos unos campitos intrusos en las tierras del compareciente (dado que no sean ya de su propiedad cuando tenga lugar la efectividad de este legado y queden en él comprendidos según ordena el principio de la presente subcláusula) se complete esta obra de Pedagogía y embellecimiento y desde entonces sería este paraje sencillamente hermoseado con asientos y estos vivos el punto favorito de la ciudad para paseo, ferias, conciertos musicales al aire libre y para otras expansiones populares.

El otorgante ha preferido el eucaliptus a los demás árboles ornamentales pero sin perjuicio de que puedan plantarse en minoría otros que también agraden a los señores Concejales de este Ayuntamiento. Porqué el eucaliptus además de sus propiedades medicinales es el árbol más privilegiado de todos por sus virtudes higiénicas, puesto que por sus raíces es muy activo desecante del subsuelo húmedo e insalubre y por sus hojas es eminentemente purificador del ambiente benéfico absorbiendo y destruyendo no solo los miasmas palúdicos pero también otros muchos con que nutre en parte su frondosa vegetación, ofreciéndonos así puro y vivificador el oxígeno que todos los árboles de la creación nos exhalan perfumando con los aromas de sus hojas y flores infinitas.

 

XI

 

Acta de sesión del Ayuntamiento de Carcagente relativa a ciertos

ofrecimientos de Navarro en 1903

 

Don Salvador Sabater Tarín, Abogado, Secretario del Ayuntamiento Constitucional de la villa de Carcagente.

Certifico: Que en el acta de la sesión ordinaria celebrada por esta Corporación Municipal en el día 3 de los corrientes consta el siguiente

Particular: “El Sr. Alcalde Presidente participó al Ayuntamiento con suma satisfacción haber recibido una carta de D. José María Navarro Darás, Provisor y Vicario general del Obispado de Almería ilustre y esclarecido hijo de esta población a la que añadiendo una prueba de su cariño a la misma y desinterés que les peculiar en todo lo que se relaciona con ella, ofrece espontánea y gratuitamente todos los terrenos de su propiedad que fueren necesarios para mejorar el camino del Barranquet, así como cede también de sus referidos campos la anchura que crea conveniente para construir paseos laterales al mismo desde la salida del pueblo hasta la rampa del tranvía cuya mejora embellecería la entrada a la población por dicho punto. El Ayuntamiento estimó en cuanto vale el ofrecimiento del Ilustre Doctor D. José María Navarro Darás tributándole por unanimidad los elogios a que se ha hecho acreedor y acordando que conste en acta la satisfacción y gratitud imperecedera de esta Corporación al más esclarecido de los hijos de esta población, remitiéndole como pálido testimonio de aquella una certificación de este acuerdo con adjunta y cariñosa carta que refleje el entusiasmo y cariño que le profesa esta población representada por el Ayuntamiento”.

Concuerda literalmente con su original a que me remito.

Y a los efectos acordados expido la presente que autoriza con su visto bueno de ello el Sr. D. Sebastián C. Hernández Cogollos, Alcalde Constitucional. En Carcagente a 18 de noviembre de 1903. Vº Bº El Alcalde S. Hernández. Salvador Sabater.

 

XII

 

Acta Capitular del Clero de Carcagente, agradeciendo el donativo que hiciera Navarro con motivo de su elevación al Deanato de Almería

 

Don José Garrigues Fogués, Pbro. Beneficiado Archivero de la parroquial Iglesia de Carcagente, Certifico: que en el libro de Actas del Rvdo. Clero de la misma, folio 5 vuelto, se halla la siguiente:

En la villa de Carcagente á los veinte días del mes de octubre de mil novecientos nueve, reunidos los señores sacerdotes que forman el Clero beneficial de esta Parroquia, bajo la presidencia del Sr. Cura regente D. Francisco Ortí Mas, y abierta la sesión expuso el Sr. Presidente la necesidad de contestar la hermosa carta del Sr. Deán de Almería en la que manifiesta á este Clero hacer donación por conducto del mismo á Nuestra Excelsa Patrona la Virgen de Aguas Vivas, de un cáliz de plata dorado, una casulla blanca tejida de oro, recuerdo de la celebración de su primera misa; una casulla encarnada en conmemoración de su investidura en el doctorado, y otra casulla morada que tenía reservada para que le sirviese de mortaja.

Por unanimidad se delega al beneficiado D. José Noguera Cogollos para que en nombre de esta comunidad escriba al Dr. D. José M.ª Navarro Darás, manifestando la agradable sorpresa que tal donativo ha causado en el ánimo de los señores que componen este Clero.

A continuación y á propuesta del referido beneficiado Sr. Noguera, se acuerda colocar en la Sacristía y en lugar preferente, el retrato del Sr. Canónigo, Deán de la S. Y. Catedral de Almería, solicitando de dicho Señor su correspondiente conformidad.

Y no habiendo otro asunto de que tratar, el Sr. Presidente reza las preces de costumbre y levanta la sesión. Carcagente veinte de octubre del año mil novecientos nueve.- Francisco Ortí.- Salvador Gomis.- Vicente Maseres.- José Noguera.- Domingo Bisquert.- Bonifacio Serra.- Pascual Timor.- Pascual Bolinches.- José Garrigues.- Vicente Castelló. Concuerda con su original. Carcagente a diecinueve de enero de mil novecientos diez. José Garrigues Pbro. Rubricado.

 

XIII

 

Carta de Navarro a D. Andrés Manjón, fundador del método

de enseñanza llamado del Ave-María

 

Sr. D. Andrés Manjón. Granada.

Mi estimado amigo: No me he muerto, ni olvidado de V. que desde su carta de mediados de junio ha sido mi sombra chinesca urgiéndome contestarle. pero ¡que quieres! Imposible. Como actúa el Frégoli en todos los fregados de por aquí, y creyendo ya por mi mismo en la metamorfosis danzante.

Mucho le agradezco su gestión con el Sr. Secretario de la Universidad por estos Hermanos de la Doctrina Cristiana; pero a pesar de las promesas de pronto despacho, espero sentado. Corren malos vientos para los Institutos religiosos y por cualquier pelillo les obstrucciona.

Con mucho entusiasmo y detalles me han relatado la fiesta escolar de sus reclutas macabeos, pero no ha faltado una dentellada para el andante caballero de la burra diciéndome: ¡que lástima que este ingenioso aventurero no haya conquistado unos metros de tela de colorines y les hubiere uniformado! ¡Entonces presentarían un efecto deslumbrador y correctísimo!. Bueno, pues oído a la caja.

En el próximo pasado domingo dimos otro mensaje a los aletargados católicos, promoviendo una gran función de desagravios en la catedral y de protesta en el Palacio Episcopal. En mucho ajetreo metimos a la turba pía, que satisfizo a la gente de horchata. A mi no. Porque le digo a V., amigo mío, que yo renegué de los curas como un convencido clerófobo. Son aquí los que menos foguean a los tibios y los que más se cuidan de las buenas digestiones.

Que importa tener un brioso general si su oficialidad no sirve más que para el rancho?. Dios lo ve y por esto ha puesto la escoba de su justicia en manos de los liberales.

Hombre, vaya entre col y col una lechuga tan fresca como son ellas. Pues es el caso que ayer y anteayer nos ha salido en “La Independencia” un Cantaclaro, que debe ser un pajarraco de mucha cuenta. Le aseguro a V. que debe ser exótico y que cantatas como las suyas no se han oído después de que disecaran a Mateos Gago.

Figúrese V. que, por primera sinfonía se arranca con 34 bombas contra Canalejas, que lo deja acribillado como arnero. Lo trata con tal crueldad y alevosía que no falta sino que ventar el polvo de sus huesos pecadores. ¡Vaya un tío! (el de la bombas). Pero, póngase V. a remojo, porqué su silueta perfila mucho la de V. y podría producirse una bestial equivocación en los clerófagos.

Su affmo. que le desea todo bien. José María Navarro. 8/910 julio[47].

 

 

XIV

 

Acta del Ayuntamiento de Carcagente relativa al Parque Escolar

 

Miguel Ferrer Morant, Secretario del Ayuntamiento de Carcagente. Certifico: Que en el Libro de Actas de las sesiones que celebra la expresada Corporación Municipal aparece una de fecha 26 de agosto último, que contiene entre otros pormenores el del tenor siguiente:

Por el Sr. Presidente se expuso, que con motivo de la visita que hizo al Excmo. Sr. Dr. D. José M.ª Navarro Darás, Canónigo Deán de la Metropolitana Catedral de Valencia invitándole a que diera un tema para los Juegos Florales que se proyecta celebrar en las próximas fiestas, manifestó, entre los asuntos tratados en la visita, su deseo de ceder al Ayuntamiento unas tierras de su propiedad para Escuelas o expansión de los niños que a ellos asisten, cuyo deseo culmina de una manera espléndida en la carta que con dicho motivo remite al Señor Alcalde.

El Señor Alcalde, después de enaltecer tan espléndido donativo manifiesta que la vida de dicho señor siempre ha estado llena de actos benéficos realizados en favor de los pobres de esta ciudad habiendo también en otras ocasiones puesto a contribución su inteligencia y su dinero en provecho y utilidad de la cultura general de la población, propuso que fuera aceptado el mencionado donativo y que se estaba en el caso de adoptar algún acuerdo que hiciera patente el agradecimiento de este Ayuntamiento hacia el Doctor Navarro. Aceptado por unanimidad el donativo dicho, el concejal Sr. Gabriel propuso que se diera el nombre del Canónigo Navarro a una de las principales plazas o calles de la ciudad y después de señalar varios de los señores concejales presentes la vía pública que debiera ser objeto de tal distinción, se acordó por unanimidad aceptar la designada por el concejal Sr. Giner que era la calle de S. Antonio, en el trozo comprendido entre el final de la calle de Julián Ribera y el cruce de la vía del ferrocarril de Carcagente a Denia.

También se acordó por unanimidad a propuesta de la Presidencia, declarar hijo predilecto de la ciudad al mencionado Doctor Navarro, nombramiento que se le comunicará por medio de un artístico diploma y colocar una lápida conmemorativa en la casa donde nació tan esclarecido patricio. Por último se acordó conceder al Sr. Alcalde Presidente de esta Corporación D. José Donat Sanz el poder necesario para que en su nombre y representación otorgue la escritura, aceptando la donación ya mencionada. Y para que conste libro la presente con el visto bueno y sello del Sr. Alcalde, en Carcagente a primeros de septiembre de 1921. Vº Bº El Alcalde José Donat. Rubricado. Miguel Ferrer. Rubricado.

 

XV

 

Carta de Navarro relativa al Parque Escolar de Carcagente

 

Sr. D. José Donat, Alcalde de Carcagente.

Muy distinguido señor mío y paisano: A fin de que la donación de mis campitos se exprese en la escritura conforme a mi mente, me permito apuntar la fórmula con que podrá extenderse, cuando V. quiera, la correspondiente escritura, sin perjuicio de que el Notario la acomode a su redacción protocolista. Véala aquí.

Don José Mª. Navarro etc., dice; que en el término municipal de Carcagente, partida de la Coma, sitio del Puente de la Gabacha, y punto donde se verifica la primera curva del tranvía de esta ciudad a Gandia, tiene dos campitos uno interior y otro exterior en dicha curva, y anheloso por la cultura infantil de sus paisanos, se complace en cederlos graciosamente al Ylustrísimo Ayuntamiento de esta Ciudad, representado por su Presidente D. José Donat y ... a fin de que transforme y acomode el primero, esto es, el interior, a jardín de esparcimiento y escuelas al aire libre, según los preceptos de la moderna pedagogía, para los niños de las escuelas nacionales o municipales.

Y en segundo lugar, que el campito exterior se transforme en una glorieta pública, plantada de árboles de sombra y apoyos o bancos de piedra, a fin de que los desheredados de la fortuna, que no tienen ni un palmo de tierra propia donde solazarse, tengan en aquella un asiento donde libremente puedan descansar, sin que nadie les moleste por mejor derecho salvo los casos en que por cívica educación, quisieren brindarlo a la ancianidad o sexo dignamente honorable.

Últimamente, me permito manifestar, que aunque fuera de los límites de la donación, no pongo condición alguna, sin embargo, me atrevo a hacer un humilde ruego al Ylustre Ayuntamiento, si no le fuera desagradable, y es; que en el aniversario del primer año de mi muerte, (por esta sola vez para no molestar más se invite a los niños de las escuelas nacionales o municipales, para que asistan a la Misa, que dicho día se celebrará en la Parroquia, pero que no se les obligue a concurrir a dicho acto, porque a las almas nobles, basta que se les indiquen los deberes de gratitud, para que los cumplan espontáneamente y con gusto, puesto que los “corazones bien nacidos son siempre agradecidos”.

Si a V. se le ocurriera hacerme alguna observación, tenga la bondad de manifestármela para atenderla prontamente como procediere. Suyo affmo. capellán que le desea todo bien.- José M.ª Navarro. Carcagente 20 de agosto de 1921.

 

XVI

 

Otra carta de Navarro relativa al mismo asunto

 

Sr. D. José Donat, Alcalde de Carcagente 4/9/1921.

Muy señor mío y distinguido amigo: En fecha dos del presente dirigí a D. Ramón Mas notario de esta ciudad la siguiente carta:

Carcagente 2 de septiembre 1921. Sr. D. Ramón Mas pte. Muy señor mío y amigo: Siendo V. el Notario público que está redactando, conforme a una minuta que le ha entregado a V. el Sr. Alcalde, de donación de unos campitos para parque de esparcimiento y escuelas al aire libre de las nacionales de esta ciudad, y uno de aquellos para glorieta pública, me apresuro a manifestarle, que se me ha participado por labios del mismo Sr. Alcalde, que este Ylustre Ayuntamiento reconocido a mi modesto obsequio, que a todos les ha sido simpático, por su finalidad, acordó por unanimidad en la sesión del 26 de agosto próximo pasado, dar mi nombre al trozo de la calle de San Antonio comprendido desde su comienzo frente al campo de Brú hasta el paso del tranvía de Denia; y además declararme hijo predilecto de la ciudad. Tanto honor me ha confundido y exaltado mi corazón a tributarles las más efusivas gracias por sus nobles intenciones y por el espíritu altamente patriótico que tal acuerdo revela.

Pero viniendo a la realidad, comprenderá V. amigo mío que dicho acuerdo tratando de esclarecer mi nombre, sería peligroso y hasta podría empañarle en la apreciación de muchos y restarme simpatías entre mis paisanos, y especialmente entre los vecinos de la expresada calle que verían heridos sus sentimientos tradicionales, y por el hecho antipático de ver despojado a un Santo por vestir a un pecador.

Yo confieso que me considero satisfecho y extraordinariamente galardonado con el nombre de hijo predilecto que significa la suma de todo respeto y admiración. Por estos motivos rogué al Sr. Alcalde que tuviese la dignación de dejar sin efecto dicho acuerdo para evitar sus enojosas consecuencias. El Señor Alcalde, exaltado protector de la cultura infantil no se manifestó muy claro y propicio a mis ruegos, por lo que temiendo yo, que si no ahora, alguna vez más tarde, antes o después de mi muerte, se lleve a efecto el referido acuerdo, me veo obligado a ser precavido y pedir a V. que si en un principio no ponía ninguna condición a mi donación, fuera de los fines de la fundación, ahora sobrevenido este incidente, consigne V. en la Escritura que agradezco muchísimo los dos acuerdos mencionados pero no puedo aceptar el 1º. por las razones apuntadas y si el 2º. por considerarme en él superabundantemente premiado. Y por tanto haga constar que si contra mi voluntad se pusiera mi nombre a esta u otra calle quede retractada en su día esta donación y vuelva el campito de las escuelas (no el de la glorieta) a mis herederos designados en mi testamento. Suyo ... Ahora bien, enterado el Señor Alcalde de la preinserta carta, espero lo hará V. conocer a la Ylustre Corporación, de cuya bondad confío será complaciente conmigo, desistiendo en parte de sus propósitos; por que lo que más importa no es mi nombre, sino la pronta realización del parque de las escuelas y la glorieta pública para lograr con ambas mejoras el doble objetivo que más me agrada, a saber, la higienización de la niñez escolar y ornato público en un punto de los más visibles de nuestro querido Carcagente.- Suyo affmo. capellán que le desea todo bien. José Mª. Navarro.

El Ayuntamiento, después de deliberar extensamente sobre el contenido de la transcrita carta, sintiendo mucho que dicho Señor, llevado de su extensiva modestia, prive al vecindario de ver a una de sus principales calles rotulada con su nombre, evocador de las grandes virtudes que le adornan, pero no queriendo contrariarle en sus deseos tan rotundamente expresados, acordó por unanimidad, dejar sin efecto el acuerdo adoptado en 26 de agosto último referente a dar el nombre del Canónigo Navarro a una parte de la calle de San Antonio.

 

 

 

 



[1] Mariano Barrio y Fernández (Jaca, 1805-Valencia, 1876). Estudió la carrera eclesiástica en Huesca. Sacerdote en 1830 fue consagrado obispo de Cartagena-Murcia (1847) y Arzobispo de Valencia (1861). Asistió al Concilio Vaticano I convocado por Pío IX. En 1873 fue nombrado cardenal. En 1864 visitó Carcaixent con motivo de la riada de San Carlos. Del 28 de octubre al 4 de noviembre de 1871, confirió el sacramento de la Confirmación en la Parroquia de Carcaixent y en el oratorio de la casa de María Garrigues Gisbert. 

[2] José María Orberá y Carrión (Valencia, 1827-Madrid, 1886). Cursó sus estudios eclesiásticos en el Colegio de la Presentación y Santo Tomás de Villanueva, y fue ordenado sacerdote el 1 de diciembre de 1850. Fue capellán de la Colegiata de San Isidro de Madrid. El año 1861 fue nombrado Provisor de la Diócesis de Santiago de Cuba, de la cual fue también Vicario Capitular y Gobernador eclesiástico. El 12 de marzo de 1876 fue nombrado Obispo de Almería. Con motivo de las varias visitas a nuestra población confirió el sacramento de la Confirmación el 27 de marzo y del 11 al 15 de diciembre de 1876.

[3] María de la Concepción Garrigues y Gisbert (Carcaixent, 1787-1874). De estado noble. Era hija de Pascual Garrigues y García, de Valencia, y de Vicenta María Gisbert y Gisbert. Contrajo matrimonio el 13 de abril de 1810, con José García y Guerola (Carcaixent, 1795-1858), regidor perpetuo de Carcaixent. La casa solariega de esta familia estaba situada en la calle de Santa Ana (actual Colegio-Convento de San Antonio de Padua), y fue heredada por Agustín García Oquendo, quien a su muerte, la legó a los padres franciscanos que se establecieron en ella, el 18 de mayo de 1923. La nueva capilla del convento, de gran belleza y mérito artístico, fue inaugurada el día 23 de diciembre de 1923, celebrando en ella la primera misa el Deán Navarro Darás.

[4] Joaquín Solbes Melió (Altea, Alacant, 1813-Carcaixent, 1878). El año 1841, siendo diácono se encargó de la iglesia de Quatretondeta (Alacant). Tomó posesión de nuestra parroquia, el 1 de enero de 1866. Según Soleriestruch “(...) Ha estat, posssiblement, un dels rectors que més ha estimat la nostra població. Va ésser-ne tan ben caigut, que renuncià voluntàriament a un bon càrrec que li havia estat assignat a la parròquia de Sant Bertomeu en València, per restar-hi a Carcaixén”

[5] Vicente Ribera Tarragó (Carcaixent, 1847-Valencia, 1912). Ordenado de presbítero 1887, fue doctor en Sagrada Teología y Derecho Canónico. En el Seminario Conciliar Central de Valencia fue catedrático de Hermenéutica, Patrología, Teología Pastoral, Historia Universal, Aritmética, Álgebra, Fisiología e Higiene, Historia Eclesiástica, Disciplina Eclesiástica, Arte Cristiano, Historia del Derecho Canónico, Instituciones Canónicas y Arqueología. Prefecto del Seminario, Juez de Grados, Secretario de Estudios y pertenecía al Colegio de Doctores; censor de la revista médica Archivos de la Medicina valenciana (1881); presidente de las conferencias del “Círculo Católico de Obreros de San Vicente Ferrer” (1884); director de la Asociación Teresiana de la Parroquia de San Bartolomé Apóstol de Valencia (1893); examinador sinodal del obispado de Coria (Cáceres), el 1897, y de Segovia (1900); director de la Congregación de la Virgen de la Luz y San Felipe Neri del Santo Hospital General de Valencia (1903); vocal de la Junta Diocesana del Jubileo de la Inmaculada Concepción (1903); comisario de la V.O.T. de la Virgen del Carmen del Convento de la Encarnación de Valencia (1905); prior de los Huérfanos de la Junta de Gobierno de la Cofradía de la Virgen de los Desamparados (1905). Junto con su hermano José, costeó en 1905 la restauración de la Capilla de la Virgen de Aguas Vivas, en las que fueron invertidas 35.000 pesetas. En 1909 fundó la capellanía del Sagrado Corazón de Jesús y San Vicente Ferrer en la ermita de la Muntanyeta, y con el legado dejado a su muerte, la de San Antonio de Padua en la ermita de les Barraques, en 1924, llevada a término por su sobrino José Ribera García.

[6] Eduardo Soler Llopis (Alcoi, 1840-Valencia, 1928). Pintor. estudió en la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia y en la de San Fernando de Madrid, en donde fue discípulo de Carlos Ribera y Federico Madrazo. En 1864 obtuvo por oposición la cátedra de dibujo de la Escuela de Cádiz, pasando, por traslado, a ocupar la de Valencia poco antes de 1868. Por negarse a jurar la Constitución surgida de la Septembrina, fue cesado en la cátedra, motivo por el que se trasladó a Roma, ciudad en la que pintó al papa Pío IX y el cuadro histórico-religioso: Entierro del papa San Esteban en las catacumbas. Al proclamarse la I República (1873), fue reincorporado a la cátedra, desplegando una gran actividad, tanto en el terreno de la enseñanza como en numerosos encargos, oficiales y particulares. En 1878 ingresó como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. Pintó, preferentemente, temas hagiográficos, entre los que cabe citar, además de los ya mencionados: Jesús y la madre de Santiago y de san Juan, que se encuentra en el Museo del Prado; un Corazón de Jesús y un Corazón de María, para la parroquia de Santa María de Alcoy; El nacimiento del Señor, El triunfo del Sacramento, Calvario, para diversas parroquias de la ciudad de Cádiz. Decoró la antigua parroquia de San Bartolomé de Valencia. A. ESPÍ VALDÉS, Gran Enciclopedia de la Región Valenciana, 1972, tomo XI, pág. 68. 

[7] Enrique Gomis Garrigues (Carcaixent, 1841-1912). Ordenado de presbítero en 1866, fue doctor en Teología y Camarero Secreto de Su Santidad. Beneficiado de la Parroquia de Carcaixent, fue nombrado Ecónomo (1878-79) y Regente (1892-93). Con la subvención de 10.000 pesetas, obtenida del Gobierno, promovió las obras de alineación del edificio de la parroquia por la parte del antiguo cementerio (plaza de Quevedo) y la restauración de la Capilla de la Patrona. También hizo la balconada de hierro que recorre la cornisa de la nave central y la cúpula. En 1893 fue nombrado párroco de la Parroquia de San Bartolomé de Valencia. Legó a la Parroquia de Carcaixent su biblioteca.

[8] Eladio España Navarro (Carcaixent, 1894-1972). Ingresó en el Seminario de Valencia el 27 de septiembre de 1912. Fue ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1923. Ejerció su labor pastoral en Jesús Pobre (Dénia), Relleu y Alzira. En 1927 fue nombrado Colegial Perpetuo de la Real Capilla y Colegio Seminario de Corpus Christi (El Patriarca). En los comienzos del establecimiento del Opus Dei colaboró con San Josemaría Escrivá de Balaguer, encauzando a muchos jóvenes para que ingresaran en esta obra. Colaboró eficazmente en que se hiciese realidad la canonización de San Juan de Ribera, que tuvo lugar el 12 de junio de 1960. Eladio España fue, a través del confesionario y de la dirección espiritual, testigo excepcional de la misericordia divina y de la capacidad de Dios para transformar las almas. Iniciado en 1995, el Arzobispado de Valencia clausuró el proceso de beatificación y canonización sobre “la vida, fama y virtudes” del siervo de Dios Eladio España, el 10 de abril de 1999. 

[9] José Peris y Valero (Valencia, 1821-1877). Político y abogado. Llevado de su ideología liberal, tomó parte, en la milicia, a los dieciséis años, en la primera de las guerras carlistas, combatiendo a Cabrera. Redactor del diario progresista La Tribuna, defensor de Espartero, le llevó en 1854 a la dirección del periódico, también progresista, El Justicia, junto con Pascual y Genís y Guas. Diputado a Cortes por Valencia (1858) y Sueca (1871 y 1872), su intensa labor se materializó en la mejora y creación de numerosas escuelas y carreteras, siendo nombrado alcalde de Valencia en 1856, durante el bienio progresista. Con la llegada al poder de la Unión Liberal con O’Donnell, en 1864, inició y dirigió la publicación del periódico Los Dos Reinos, órgano del partido progresista, que destacó por su amplia difusión, así como por la violencia de sus campañas, que motivaron la marcha al exilio de Peris y Valero. De vuelta en Valencia, y triunfante la revolución en 1868, fue nombrado presidente de la Junta Revolucionaria y gobernador civil de la provincia (1868-69). Posteriormente desempeñó diversos cargos oficiales, entre ellos el de director general de Beneficencia y Sanidad, retirándose de la política activa con la abdicación de Amadeo de Saboya en 1873. De su producción literaria destacan: Justicia Humana (1839), Poesías (1839), El Ultramontanismo y la guerra civil (1876) y Los Borbones (1876).

[10] El mismo Fogués en sus inéditas Crónicas de la Ciudad (1922-1935) nos dice: “...sabiendo que dicho señor conservaba en su poder un álbum, verdadera alhaja, en el que se ve de manifiesto la intensa labor cultural y cívica que dicho señor realizó en Almería, el alcalde D. Vicente Masip, pidió al mismo para el Archivo Municipal a fin de que siempre y en todo tiempo constaran a la Ciudad las elevadas dotes de su Hijo Predilecto. A dicha petición accedió el Sr. Deán, regalando al Municipio dicho álbum.

Con este motivo se expidió el siguiente oficio: “Excmo. Sr. Dr. D. José Mª. Navarro Darás. En sesión celebrada el día 30 del pasado mes de marzo, la Corporación Municipal que presido, altamente satisfecha por el generoso obsequio, con que se ha dignado favorecerla, al recibir para su Archivo el valioso álbum que le dedicó la ciudad de Almería, como último tributo de admiración y respeto, al partir de aquella hospitalaria tierra y en el que figuran los nombres de los distintos organismos y personalidades de la misma, unidos por el sentimiento común de gratitud hacía tan esclarecido patricio, siente viva satisfacción al comunicarle por mi conducto, las gracias más rendidas, las que uniéndose a sus preclaros méritos y acendrado patriotismo, vengan a orlar su frente con el laurel de la inmortalidad. Dios guarde a V. muchos años.- Carcagente 5 de abril de 1923. El Alcalde, Vicente Masip”.

[11] Francisco Pons Bohigues (Carcaixent, 1861- 1899). Según una biografia publicada l’any 1922, “... cursó las primeras letras en la escuela de su pueblo, y tales fueron los adelantos que hizo, que el director de un colegio de primera y segunda enseñanza establecido en Carcagente se ofreció a costear gratuitamente su educación, y luego le obtuvo una beca para el Seminario de Valencia, donde hizo brillantemente sus estudios, pero no llegó a ordenarse. Por entonces entabló amistad con el arabista Codera y Zaidín, por consejo del cual se trasladó a Madrid y se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras, en la que se licenció en 1885, al mismo tiempo que se materializaba con el idioma y literatura árabes al lado de su protector, y seguía los cursos de la Escuela Superior de Diplomática. Al año siguiente ingresó por oposición en el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, y después de prestar algún tiempo sus servicios en el Archivo de Alcalá de Henares, fue trasladado al de Madrid en 1888. De carácter humilde y retraído, Pons y Boigues se dedicó exclusivamente al estudio y al morir dejó una parte de su modesto patrimonio a una hermana pobre y la otra a su villa natal para satisfacer los gastos de la carrera eclesiástica a dos jóvenes pobres de Carcagente. Publicó notables y eruditos estudios en la revista “El Archivo”, unos interesantes “Apuntes de un viaje por Argelia y Túnez”, en la “Revista Contemporánea”, de Madrid; varios artículos en el “Courrier Espagnol”, de París; otros en el “Boletín de Archivos, Bibliotecas y Museos”, de Madrid, y el importante “Ensayo biobibliográfico sobre los historiadores y geógrafos arábigo españoles”, que fue premiado en concurso publico por la Biblioteca Nacional en 1893 y publicado a expensas del estado (Madrid, 1898). Esta obra debía ir seguida de un “Ensayo biobibliográfico sobre los médicos y naturalistas arábigo españoles”, que quedó inédita. Débesele, igualmente, unos “Apuntes sobre las escuelas mozárabes toledanas que se conservan en el Archivo Histórico Nacional (Madrid 1897) ” .

Colaborador en la revista El Archivo, dirigida por el canónigo Roque Chabàs, publicó: “Escuela de Abú Alí en Játiva” (Tomo II, 1887, pág. 2-5), “Jalaf ben Soleiman ben Fathon de Orihuela y su hijo Mahamed (Tomo II, 1887, pág. 5-7), “Anécdotas de un aventurero musulmán de Tortosa” (Tomo II, 1887, pág. 25-27), “Morabutos y santones musulmanes” (Tomo II, 1887, pág. 27-29), “Trabajos arábigos en tiempos de Carlos III” (Tomo II, 1887, pág. 73-77), “La Inquisición y los moriscos de Valencia” (Tomo II, 1887, pág. 230-232, 251-258 i 309-314) i “Retazos moriscos” (Tomo III, 1889, pág. 131-134)... Sus restos mortales descansan en el cementerio de Carcaixent junto con el Deán Navarro Daràs. Además de la calle, el Ayuntamiento puso su nombre al colegio público que fue inaugurado en octubre de 1974 en la calle de Murillo por el gobernador civil Enrique Oltra Moltó, siendo alcalde Carlos Albelda Climent.

[12] Enrique Reig y Casanova (Valencia, 1859-Toledo, 1927). Estudió la carrera eclesiástica en el Colegio de la Presentación de Valencia y la de Derecho en la Universidad de la misma ciudad. Dedicado por completo a la jurisprudencia, abandonó sus estudios en el Seminario y contrajo matrimonio. Al perder a su familia en la invasión del cólera de1885, decidió tomar los hábitos, lo que hizo en Almería un año después. En el Seminario de esta ciudad desempeñó la cátedra de Historia Eclesiástica, hasta trasladarse a Mallorca, en cuya diócesis ejerció como Secretario de Cámara y Gobierno, Provisor y Vicario General. En 1896 obtuvo por oposición una canonjía en la Catedral de Palma de Mallorca. En 1900 marchó a Toledo para hacerse cargo de la cátedra de Sociología en su Seminario, siendo nombrado Arcediano de su Catedral (1903) y Auditor del tribunal de la Rota (1904). Durante esta etapa fundó la Revista Parroquial y fue director de Paz Social. Fue rector de la Academia Nacional Universitaria Católica, presidente del centro de Unión Católica y profesor de la Escuela Superior de Magisterio. En 1914 fue nombrado obispo de Barcelona, donde permaneció hasta 1920 en que pasó a regir el arzobispado de Valencia. Durante su pontificado tuvo lugar la Coronación de la Virgen de los Desamparados. Fue creado Cardenal por el papa Pío XI y poco después elevado a la Sede Primada de Toledo. Fue senador del Reino y académico de las Reales Academias de Historia y de San Fernando de Madrid. Entre sus escritos destacan los pastorales: La justicia y la paz, Sobre los debates sociales de la hora presente, Principios y bases de reorganización de la Acción Católica Española, La acción católica en España..., y las obras: Elementos de Religión y Moral, Presente y porvenir de la Iglesia, Concepto de la ley según Santo Tomás de Aquino, El derecho Canónico no escrito...

[13] Juan Navarro Reverter (Valencia, 1884-Madrid, 1924). Ingeniero de Montes y político. Realizó sus estudios en Valencia, e ingresó con el número uno en la Escuela de Ingenieros de Montes de Madrid. Finalizada su carrera, retornó a Valencia colaborando con la Sociedad Económica de Amigos del País. De nuevo en Madrid en 1868 fue nombrado profesor de Geodésica, Mecánica y Química de la Escuela de Ingenieros de Minas, siendo jurado español en la Exposición Universal de Viena en 1873. Desempeñó la dirección de numerosas empresas valencianas, así como la presidencia de algunas exposiciones nacionales y universales. Su vida política se inició en 1886, al obtener un escaño en las Cortes por Segorbe, con el Partido Liberal Fusionista. Posteriormente, cuando militaba ya en las filas del partido conservador, desempeñó diversos cargos, entre ellos el de presidente del Consejo de Estado en 1887, y el de ministro de Hacienda en varias ocasiones (1895, 1897, 1906 y 1912), ingresando años más tarde en el Partido Demócrata. Con ayuda de Cirilo Amorós y de Eduardo Pérez Pujol, formuló, desde la Sociedad Económica de Amigos del País, el Reglamento de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Valencia. Fundó la Sociedad Valenciana de Tranvías. En 1890, fue Director General de Contribuciones Indirectas con el gobierno de Cánovas del Castillo. Fundó la compañía de gas de Alcoi y construye el ferrocarril Carcaixent-Gandia-Dénia. Director gerente del Banco Peninsular Ultramarino. Colaborador asiduo del periódico “Las Provincias”, perteneció a las Reales Academias de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 1894 y a la de la Lengua Española en 1907. En 1903, fue designado Senador vitalicio por el gobierno de Silvela, ocupando un puesto en la Cámara Alta hasta el golpe de Estado de 1923. Obtuvo numerosas condecoraciones nacionales e internacionales. En 1911, fue embajador en el Vaticano. La Diputación de Valencia lo nombró Diputado Provincial Honorario, rindiéndole homenaje junto con el Ayuntamiento de Valencia en 1909, que le nombró Hijo Predilecto de la Ciudad. Publicó, entre otras, las obras: Del Túria al Danubio (1873), Teodoro Llorente, su vida y su obra (1907), El renacimiento de la poesía provenzal en España (1914), Páginas escogidas (1912), y El impuesto sobre la renta.

[14] Francisco José Fogués Cogollos (Carcaixent, 185-Cória, Cáceres, 1913). Ordenado de presbítero en 1878, se doctoró en Teología y Derecho Canónico- Fue vicario de Carcaixent i ecónomo de Alfafar, durante la invasión colérica de 1885. Catedrático y Prefecto del Seminario de Valencia. Fue Secretario del Obispado de Coria (Cáceres) en 1894, canónigo, deán y prelado de S.S. El Ayuntamiento de Carcaixent le nombró primer cronista oficial (1902). Es autor de numerosos escritos. Está enterrado en el cementerio de La Pobla Llarga.

[15] Rosendo Pastor Juliá (El Palomar-Albaida, c. 1826). Maestro de la Escuela Superior. Contrajo matrimonio con la carcaixentina Virginia Canut Aliaga, el 28 de julio de 1851. Fue hermano de los escultores Modesto y Damián. El Ayuntamiento de Carcagente le dedicó una calle.

[16] José Emilio de Santos (Albacete, 1820-?). Diputado a Cortes por el distrito de Alzira en mayo-junio 1872 y 1876-1878. Residente en Cuba, donde fue Intendente de Hacienda, estaba vinculado a los intereses coloniales antirreformistas. V. SANZ ROSALÉN, Diccionario biográfico de políticos valencianos, 1810-2003, pág. 509.

[17] María Orberá Carrión (Valencia, 1829-?). Escritora. Especialista en obras de tipo educativo, fue autora de La joven bien educada (1875) y Nociones de Historia de España (1878), premiadas ambas en la Exposición Pedagógica de Madrid. Con posterioridad publicó sus Oraciones en verso, La moral de la infancia, así como el drama Nacimiento de Jesús.

[18] Isabel Soriano Pallasar (Carcaixent, 1835-1917). Maestra destinada en Madrid, regresó a Carcaixent con la aspiración de hacer una escuela; para hacer realidad su sueño compró unas casas en la calle de San Antonio y visitó el 25 de septiembre de 1905, junto con el deán Navarro Darás, al padre Manjón en Granada, regresando entusiasmada de la visita a las “Escuelas del Ave María”. En el curso 1908-09, abrieron las “Escuelas del Ave María” en Carcaixent, enviando el padre Manjón a los maestros Rafael Fernández y Sebastián Hernández Segura, con el objeto de orientar la nueva fundación en la pedagogía manjoniana. Con la muerte de la fundadora, se hicieron cargo de la vida de las escuelas los albaceas, hasta el 20 de enero de 1920, en que formalizada escritura pública delante del notario de Carcaixent, Ramón Más Algarra, fue constituida la “Fundación benéfico-docente titulada Escuelas del Ave María”.

[19] Antonia París de San Pedro (Vallmoll-Tarragona, 1813-Reus-Tarragona, 1885). Fue superiora del Convento-Colegio de María Inmaculada de Carcaixent desde 1876 a 1880. Según su biógrafo:

... Su infancia y juventud transcurrieron casi totalmente en Tarragona.

En enero de 1850 tuvo lugar su primero y providencial encuentro con mosén Claret, recientemente nombrado arzobispo de Santiago de Cuba.

Años más tarde, llamada por el Santo Arzobispo, fundan entrambos el Instituto Religioso de Enseñanza de María Inmaculada. Concretamente, el 25 de agosto de 1855.

Desde entonces, la vida de la M. Antonia discurre toda ella entregada al gobierno, formación espiritual y apostólica y propagación de su Instituto; en Cuba, primero, y en España, más tarde.

Entre los varios colegios que deben a ella su origen se encuentra el de Carcagente, quedando constituida la Comunidad el 12 de septiembre de 1875.

[20] Daniel Balaciart (Barcelona, 1837-Valencia, 1904). Escritor. Se trasladó a Valencia en 1867, donde fundó las Escuelas de Artesanos. Más tarde desempeñó el cargo de gobernador de Tarragona y Huelva. Al regresar a Valencia, publicó el periódico El Clamor de la Patria. escribió los dramas: La calle de la balconada (1875), En aras de la justicia (1875) y Al pie del cadalso (1876).

[21] Andrés Manjón Manjón (Sargentes-Burgos, 1846-Granada, 1923). Pedagogo. Catedrático de Derecho canónico por la Universidad de Santiago (1879) y Granada (1880). A los 41 años obtuvo por oposición una canonjía, ordenándose sacerdote intra annum. Manjón creó las llamadas Escuelas del Ave María, la primera de las cuales fundó en el barrio del Sacro Monte de Granada (1889). Imbuidas de un fuerte espíritu tradicional cristiano, las Escuelas del Ave María presentaban la novedad de introducir en España los principios de la educación activa. No menos importante fue la creación de las colonias escolares permanentes, o escuelas al aire libre, equivalentes a las escuelas naturalistas que se habían creado en Europa y especialmente en Suiza y Alemania. Con el fin de poseer un profesorado adecuado, Manjón fundó en Granada un magisterio en régimen de internado. Desde 1905 publicó las Hojas del Ave María, mediante las cuales explicaba sus principios pedagógicos. Entre sus principales obras pedagógicas se cuentan: El pensamiento de las Escuelas del Ave María (1900-03), Las escuelas laicas (1910), El maestro mirando hacia adentro (1915), El maestro ideal (1916)... Las escuelas de Manjón se extendieron por toda España. El 25 de septiembre de 1905, según consta en el Diario del Padre Manjón, Navarro Darás acompañado de Isabel Soriano, “... visitan detenidamente las Escuelas del Ave María, porque piensan hacer algo en Carcagente”. Según consigna el mismo P. Manjón en 1916 visitó nuestra población: “Carcagente.- Ya hace años que de esta hermosa población se nos pidió por el Sindicato de Labradores un maestro del Ave María, quien trabaja de día y de noche y dirige las secciones que en las escuelas del Ave María hay establecidas para los hijos de los socios principalmente. El maestro que hoy desempeña este trabajo es don Sebastián Hernández, que es modelo de hombres por su formalidad.

En La Montañeta, barrio de pobre de dicha población, ha fundado, dirige y sostiene un sacerdote amigo, tan laborioso como humilde y celoso, otro grupo escolar, al cual acuden muchos niños distribuidos en varias secciones. Estas escuelas viven de limosna y las dirige don V. Castelló”. MONTERO VIVES, J., Las escuelas del Ave María. Una institución al servicio de los pobres, 1998, pág. 56 y 81. 

[22] Vicente Castelló Valiente (Carcaixent, 1867-1935). Ordenado de presbítero en Murcia (1892), tomó posesión de la capellanía del Sagrado Corazón de Jesús, establecida en la ermita de San Francisco de Paula de la Muntanyeta el 14 d’octubre de 1909. Actuó de delegado del Arzobispo de Valencia en la constitución de la Fundación benéfico-docente titulada Escuelas del Ave María. Fundó la escuela del Ave María de este barrio que más tarde pasaron a ser municipales (Escoleta del Clot).

[23] Francisco Mora Berenguer (Sagunto, 1875-Castellón de la Plana, 1961). Arquitecto. Estudió en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, en donde fue discípulo de Gaudí. Después de un corto tiempo como arquitecto de Gandesa y Tortosa, se instaló en Valencia (1901), en donde fue profesor de la Escuela de Artes e Industrias y Arquitecto Jefe del proyecto del Ensanche de la ciudad. Tomó parte en la realización de la Exposición Regional Valenciana (1909), para la que construyó el Pabellón Municipal. Sus obras supusieron una aportación fundamental al modernismo valenciano, y entre ellas cabe destacar, en la ciudad de Valencia, la nueva fachada del Ayuntamiento, en colaboración con Carlos Carbonell (1915); el mercado de Colón (1914-16), el asilo de San Juan de Dios (1908), la iglesia de San José de la Montaña, el monumento al pintor Sorolla en la playa de la Malvarrosa (1933), los edificios del banco Hispano Americano (1926) y del cine Coliseum. Desempeñó numerosos cargos oficiales y perteneció a las Academias de San Carlos de Valencia y de San Fernando de Madrid.

[24] Antonio Cortés Cantó (Relleu-Alacant, c. 1797-Carcaixent, 1872). Franciscano. Exclaustrado de la Orden, fue nombrado vicario de Cogullada el 24 de octubre de 1851. A la muerte de D. Antonio Roselló, fue nombrado ecónomo el 5 de noviembre de 1855 hasta el 3 de diciembre de 1857. En 1863, siendo nuevamente vicario de Cogullada, se hizo el traslado al cementerio de Carcaixent de los restos del cementerio que había al lado de su iglesia.

[25] Emilio Ocón y Rivas (Peñón de la Gomera, 1848-Málaga, 1904). Pintor especialista en marinas. Discípulo de A. Maqueda y A. Romero, fue nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes de Málaga (1882). Entre sus obras destaca: Calma en la desembocadura del Escalda, presentada a la exposición Nacional de Bellas Artes de 1871. Diccionario enciclopédico Salvat Universal, 1986, tomo 15, pág. 283.

[26] Antonio José Estruch Martínez (Sant Joan de l’Énova, 1835-La Pobla Llarga, 1907). Pintor y dibujante. estudió en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, donde fue discípulo de Francisco Martínez. Se dedicó a copiar originales de pintores valencianos e italianos. Influenciado por la corriente neorreligiosa surgida en contraposición al academicismo valenciano, su obra original es reflejo de esta tendencia y de los clásicos renacentistas que estudió en Italia. Sus obras pictóricas mas destacadas son: La Sagrada Familia (catedral de Valencia) y La Virgen con el niño, que le valió una medalla de plata en la Exposición Regonal de 1867. Se dedicó también a la ilustración cómica, imprimiendo a sus dibujos un carácter moralista y pedagógico. Sus grotescas caricaturas de personajes peculiares fueron bien acogidas entre la sociedad madrileña. 

[27] Vicente Palau Gómez (Alzira, 1871-1936). Cursó sus estudios de Bellas Artes en Valencia. Fue un pionero de la fotografía.

[28] Juan Bautista Perpiñá Sebastiá (Carcaixent, 1875-Valencia, 1904). Estudió en las Escuelas Pías de Alzira y Valencia. Cursó Derecho en la Universidad de Valencia y ganó las oposiciones a Notarias (1902). Cuando murió era secretario paricular de José Alberola Serra, presidente de la Diputación Provincial, y secretario del Círculo Católico Obrero de San Vicente Ferrer. Murió el 13 de diciembre a consecuencia de unos tiros que le dieron cuando iba en la procesión de la Inmaculada, el 11 del mimo mes, frente a la iglesia de San Martín, Obispo.

[29] Agustín García Oquendo (Carcaixent, 1850-1913). En virtud de su legado, tiene lugar la fundación del Colegio de San Antonio de Padua (PP. Franciscanos), el 12 de noviembre de 1923. 

[30] José Donat Sanz (Ontinyent, 1876-?) Abogado. Contrajo matrimonio con Josefa Sanz Lloret. Fue un destacado lider republicano de Carcaixent. Participó en las elecciones del 12 de abril de 1931 dentro de la candidatura republicana, la cual agrupaba a todos los partidos de orientación antimonarquica. Fue el primer alcalde republicano de Carcaixent (1931-32). Las discusiones internas dentro de la candidatura republicana influyeron en su evolución política. Así perteneció al Partido Republicano Radical Socialista, pero en las elecciones de febrero de 1936 su opción política se decantó por el partido de Azaña. Fue concejal del Ayuntamiento de Carcaixent (09-11-1913 / 01-01-1916 i 22-05-1922 / 11-01-1923); alcalde (01-06-1921 / 22-05-1922; 11-01-1923/13-02-1923 y 16-04-1931/19-10-1932). Finalmente, ocupó la presidencia de la Diputación Provincial de Valencia (1936-1937). 

[31] Sebastián Cándido Hernández Cogollos (Carcaixent, 1864-Alzira, 1936). Abogado. Fue alcalde (...1903..., ...1909..., 01-01-1914 / 15-01-1915 y 09-12-1923 /02-12-1927); síndico (01-01-1912 / 03-01-1914) y concejal (01-01-1916 /24-12-1916; 01-01-1916/24-12-1916, y 02-12-1927/05-10-1928). También desempeñó el cargo de síndico de la Real Acequia de Carcaixent (...1920... y ...1928/...1929). Murió asesinado el 8 de octubre. El Ayuntamiento de le dedicó una calle el 16 de febrero de 1948.

[32] Francisco Codera y Zaidín (Fonz-Huesca, 1836-1917). Arabista. Catedrático de árabe en la Universidad Central (1874 a 1902). Es el fundador de la escuela de Arabistas Españoles. En su extensa bibliografía destacan: sus estudios sobre numismática, Elementos de Gramática Árabe (1886), la colección de textos árabes titulada Bibliotheca Arabico-Hispana (1883-95) y Estudios de historia árabe-española (1903-17). De entre sus discípulos merece especial mención Julián Ribera Tarragó. 

[33] Antonio Gomis Ginestar (Carcaixent, 1860-?). Presbítero. Capellán Real y Ecónomo de la Iglesia Nacional Española de la Virgen de Monserrat de Roma (1893).

[34] Pascual Lloret Bargues (Carcaixent, 1858-1898). Fue vicario en Xàtiva y Carcaixent, desde el 13 de octubre de 1884. En Carcaixent fundó la Cofradía de la Virgen del Carmen (1887). Tomó posesión del Beneficio de la Virgen de la Esperanza, el 13 de octubre de 1895. 

[35] José Hermenegildo Selléns García (Carcaixent, 1859-Benimamet-Valencia, 1913). Fue ordenado presbítero en 1881. Cuando murió era párroco de Benimámet.

[36] Romualdo Vayá Gomis (Carcaixent, 1866-Valencia, 1944). Fue ordenado de presbítero el año 1898. Doctor en sagrada Teología. A los veinte años, cuando aún no era sacerdote, tomó posesión de un beneficio en la Parroquia de San Nicolás, Obispo, de Valencia, donde consagró ”... su larga vida sacerdotal al servicio del culto divino, del que ha dejado la memoria edificante de sus propias virtudes”.

[37] Se trata del religioso capuchino, Fr. Miguel de Carcagente, en el siglo Joaquín Climent. Vid. Boletín Oficial del Obispado de Almería, nº 17, 1911.

[38] Cirilo Amorós Pastor (Valencia, 1830-1887). Político y jurisconsulto. En 1852 obtuvo la licenciatura de Derecho de la Universidad de Valencia. Ingresó en el partido moderado, llegando a ocupar la presidencia de su Consejo Provincial. En 1865 alcanzó el cargo de Gobernador Civil, durante el cual solicitó permiso para derribar la muralla que circundaba la antigua ciudad de Valencia. Concedido éste por la reina Isabel II, procedió seguidamente a su ejecución, favoreciendo la expansión urbana. Ocupó diversos cargos, tanto en el ámbito político como jurídico; fue elegido diputado a Cortes por Llíria y Xàtiva (1881 y 1886) y ocupó el decanato de abogados de Valencia. Tras la revolución de 1868 (la Gloriosa), participó activamente a favor de la Restauración, dejando patente su fidelidad a la monarquía con la fundación del primer Círculo Alfonsino de Valencia y apoyó el pronunciamiento de Sagunto, donde el general Martínez Campos restauró la Dinastía Borbónica (1874). Rehusó el título nobiliario que le ofreció Cánovas. Fue elegido miembro de la Junta de Notables que redactaría la Constitución de 1876. Abandonó la política hasta que los conservadores retomaron el poder, incorporándose en 1884 a la Dirección General de Registro y la Subsecretaría del Ministerio de Gracia y Justicia, cuyo titular era Francisco Silvela. Profesionalmente ejerció como letrado y asesor de José Campo, y en calidad de tal perteneció al Consejo de administración de la Compañía de Ferrocarriles de Almansa a Valencia y Tarragona. Se vinculó al movimiento literario valencianista de Lo Rat Penat, sociedad de la que al fallecer era presidente.

[39] Padre de Eduard Soleriestruch.

[40] José Noguera Cogollos (Carcaixent, 1858-1926). Fue ordenado presbítero en 1886. Beneficiado del Beneficio de Santa Margarita, desde 1895. Se encargó del órgano de nuestra Parroquia. Su nombre ha quedado unido para siempre con el Dr. Fogués Juan y la Virgen de Aguas Vivas por la música del Himne Oficial. Compuso también, entre otros, el himno de la Asociación de las Camareras de la Virgen, erigida canónicamente en el Colegio de María Inmaculada, cuatro Trisagios, tres Rosarios, varios motetes dedicados a la Virgen y una colección de misterios del Rosario, que no fueron publicados y desaparecieron para siempre en 1936, juntamente con el órgano. El Ayuntamiento le dedicó una calle en 1960 en el distrito de San Bonifacio Mártir (Quatre Camins).

[41] Juan Bautista Pastor Pérez (Bocairent, 1859-Valencia, 1927). Músico y compositor. Formado musicalmente por José María Úbeda, se ordenó sacerdote en 1888 y pasó a ser organista de la parroquia de San Valero de Valencia, cargo que dejó en 1893, al ganar la oposición a Maestro de Capilla de la Catedral de Valencia. En el archivo de la misma se conservan siete de sus misas, cuarenta salmos y otros tantos motetes. CLIMENT BARBER J., Enciclopedia de la Región Valenciana, 1972, tomo 8, pág. 201.

[42] José Aixa Iñigo (Valencia, 1844-1920). Escultor. Fue profesor de arte decorativo y de escultura y dibujo académico (1901) de la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, de la que había sido alumno. Realizó gran número de bustos, estatuas, relieves, entre los que destaca la de Luis Vives (Universidad de Valencia) y la del Padre Jofré (antiguo Hospital General). Se encargó de la restauración de la Lonja y de las Torres de Serranos (1890), por lo cual fue nombrado restaurador artístico de monumentos municipales. Es autor de las vidrieras de la catedrales de Valencia y Segorbe.

[43] Vicente Masip Claramonte (Castelló de la Plana, 1881-Carcaixent, 1940). Comerciante de naranja. Fue concejal (01-01-1918/01-04-1920 y 16-04-1931/....); síndico (01-04-1920 / 16-04-1921); primer teniente de alcalde (16-04-1921 /13-02-1923) y alcalde (13-02-1923/01-10-1923). Contrajo matrimonio con Julia Uriós Rodríguez, de Valencia. 

[44] Tomás Aracil Vilaplana (Alcoi, 1864-Carcaixent, 1922). Ordenado de presbítero (1877), fue doctor en sagrada Teología y Bachiller en Artes. En el año 1913 fue nombrado Párroco de Carcaixent.

[45] Salvador Fons Burchés (Carcaixent, 1898-Valencia, 1964). Fue ordenado de presbítero (1922), siendo nombrado coadjutor de la Parroquia de San Juan Bautista de Alzira (1922-1925); regente de la Parroquia de Santa María de Planes (1925); ecónomo (1925-1929) y párroco (1929-1931). Regente de la Parroquia de la Asunción de Vilanova de Castelló (1931-1939). Ecónomo de la Parroquia de San Salvador y Santa Mónica de Valencia (1939-1942) y párroco (1942-1964). En 1957, fue nombrado arcipreste de los Santos Patronos.

[46] Actualmente del Pintor Sorolla.

[47] Esta carta inspiró a Soleriestruch la estampa El Deán. Vid. Estampas biográficas de la villa de Carcagente, 1950, pág. 143.

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